miércoles, 29 de agosto de 2012

ENTREVISTA A MAURICIO ROSENCOF

Mauricio Rosencof nace en el departamento de Florida en 1933, en el seno de una “familia obrera de inmigrantes judíos”, que dejó Polonia escapando del nazismo y las peripecias económicas, para establecerse en Uruguay en 1932.








lunes, 20 de agosto de 2012

¿TE ANIMÁS A DESNUDAR TUS PEORES DEFECTOS?

Virtudes y defectos nos definen diariamente como seres humanos, pero ¿somos conscientes de aquellos que inciden negativamente en nuestra actitud de vida?

El tener conocimiento de la existencia de nuestros defectos no es lo mismo que ser conscientes, pues en este caso se trata de una actitud en la cual ponemos todos nuestros sentidos y nuestra razón a funcionar para tomar contacto con una realidad que muchas veces es dolorosa, difícil de aceptar, y por ello, nuestro inconsciente se ocupa de ubicarla en el lugar donde menos molesta.

Siempre es más sencillo reconocer cualidades que defectos, porque ellos conllevan a asumir que somos imperfectos y que en algunos puntos fallamos. La mayoría de las personas tendemos a esconderlos en un mero afán de no culpabilizarnos o por no reconocer que así somos.

Ese primer paso es ser leal con uno mismo y asumir cómo somos, de este modo podremos brindarnos a nuestros semejantes con transparencia y honestidad, por supuesto dentro de lo que nuestra propia consciencia nos permita.

En un mundo donde los defectos predominan, y las virtudes escasean, no es excusa suficiente para detenernos y no intentar cambiar, aunque esta decisión quizás sea dura y compleja, merece la pena el intento, porque “más se perdió en el diluvio”.

El intentar reconocer nuestras debilidades, y dejarlas al desnudo, es el primer paso, luego en un lento proceso asimilaremos ¿qué es posible cambiar?, o al menos modificar de tal forma que nuestra vida sea más grata.

Casi siempre es más sencillo como dice el refrán “ver la paja en el ojo ajeno” que en el propio. Y es que cuando miramos a quienes nos rodean es fácil convertirse en jueces, pero cuando los que debemos ser juzgados somos nosotros mismos, las cosas se complican, surge entonces una mano blanda, cargada tantas veces de compasión y miramientos.

Y al ser benévolos con nuestros defectos, en realidad los estamos enmascarando, escondiendo por miedo a desnudarlos. Quizás si invirtiera la pregunta y dijera ¿te animas a enumerar tus virtudes?, la respuesta sería más sencilla y espontánea.

En el caso de los defectos, generalmente nos acompañan de por vida, aunque con mucha paciencia y tesón se pueden corregir algunos, pero se debe estar más que convencido, y además poner todo de sí, con mucho esfuerzo, siendo consciente de querer cambiar.

Los defectos más notorios de nuestros días son la impaciencia, que aparecerá apresurada de la mano de la intolerancia y del egoísmo. El famoso “ya, ya” o “para ayer”, son expresiones muy corrientes de escuchar, pero si nos detenemos a pensar “sin calma, pero con prisa”, seguramente no llegaremos a un buen destino.

Y dentro de los cotidianos, surgirá la vanidad sentada junto al orgullo, ambos cargados de altanería viendo cómo el resto de los defectos caminan tras su presa, ellos están más que seguros de ya haberlos alcanzado.

La cobardía no se queda atrás, caminará rápida y solapada, escondiéndose detrás de cada árbol que encuentra para buscar a quién hacerle compañía, para luego no permitirle tomar cartas en ningún asunto, porque el miedo siempre estará presente.

Con su máscara de colores, aparecerá la crueldad intentando ser simpática y complaciente, para aprovechar el menor descuido con tal de que alguien tropiece, caiga o se detenga. Su principal cometido será desgarrar el alma.

La obstinación y la necedad andarán de la mano, y así, sin dar el brazo a torcer, intentarán seducir a sus presas, que una vez en su compañía no detendrán su paso ni oirán razones.

La mentira y el engaño, primos hermanos, uno detrás del otro, caminarán haciéndose compañía, y aunque son buenos para esconderse, suelen a la larga ser descubiertos cuando menos lo esperan.

Y no querrá compartir, ni su tiempo, ni su asiento, la avaricia. Ella permanecerá de pie y si es posible descalza para no gastar sus zapatos. No se apiadará de nada, ni de nadie, su insensibilidad la mantendrá inmune a todo.

También nos toparemos con la ingratitud, desconforme con todo, no habrá situación, personaje, ni lugar que le convenga, todo tendrá su punto en contra, y con su amargura intentará penetrar para hacer cómplice de su negatividad a todo aquel con quien se tropiece.

Detrás de la ingratitud, el negativismo caminará rápido, con su sobretodo oscuro y su paraguas en mano, anunciando mal tiempo con mala cara.

Incapaces de perdonar, ni olvidar, aparecerán el odio y el rencor, que intentarán convencer que es necesario siempre mirar hacia el pasado, con obstinación y sin ánimo de crecer ni superar las etapas vividas.

En un intento por no dejar nada sin criticar surgirá la envidia, solapada, artera, mirará de reojo a todo quien pase a su lado. Inventará cuentos, intrigas, y quizás hasta haga cómplices de su maldad al engaño y a la mentira.

Ya cansada de sonreír y criticar en forma simultánea se verá pasar a la hipocresía, que quiere quedar bien con dios y con el diablo.

Llena de razón, con la furia de las tempestades surgirá la agresividad, y a su lado la ira será una gran aliada.

Cargada de humedad, calor y desidia surgirá la pereza, dejando inmóviles y casi sin aliento a sus víctimas.

Y con ojos maliciosos, perversos y mezquinos surgirá la lujuria, vestida con encajes finos, sugerentes, intentando seducir a quien pase a su lado, sin respetar edad, sexo, estado civil, profesión, oficio, nivel social o económico, para ella no habrá impedimento alguno.

También serán invitados al banquete insaciable de la gula, quien prepara todo tipo de alimentos, pues para ella todos son irresistibles y saben a poco.


De esta forma, todos los defectos se harán presentes, tocarán distintas puertas, pero serán parte de nuestra existencia. Y en la convivencia, intentaremos en reiteradas oportunidades, señalar los defectos de los demás, intentando ayudarlos, pero muchas veces olvidando que nosotros también tenemos los nuestros, lo importante es animarnos a descubrirlos y ser capaces de afrontarlos.

Precisamente, desnudar los defectos significa conectarse con nuestro lado oscuro, que aunque lo queramos negar es parte del ser humano. Y es que la vida se conforma de una balanza donde el bien y el mal están presentes, donde las fuerzas opuestas y complementarias son parte de la existencia. Sin embargo, el ser humano es consciente de un pequeño porcentaje de sus defectos, la gran mayoría permanece a nivel inconsciente, guardados bajo llave, de modo de poder justificar y evadir aquello que no queremos o podemos asumir.

Los defectos forman parte de todas las personas y son tan antiguos como el mundo. Y como seres humanos, tenemos acentuados algunos más y otros menos, lo importante es saber donde aprieta nuestro zapato, para poder entonces tomar contacto con ellos, y si es posible superar alguno para vivir en mayor armonía. De este modo, apelando a nuestra inteligencia y a nuestra fortaleza podremos descubrir parte de esos defectos que escondemos a diario sin tener demasiada consciencia de ello.

sábado, 11 de agosto de 2012

LA SOLEDAD ¿UN MAL O UN BIEN NECESARIO?

Si bien es necesaria, para encontrarnos con nosotros mismos, también es un gran enemigo que mantiene a muchas personas, tristes, aisladas, amargadas, en total estado de depresión. Como seres sociales, necesitamos el contacto con nuestros semejantes, entonces ¿cómo lograr ese justo equilibrio para que no pase a ser una piedra en el camino?

Y no se debe confundir soledad con estar solo. Cuando uno está solo es porque se aparta voluntariamente, por diferentes razones, pero con la conciencia de querer hacerlo. Y aquí también surge algo que se nos ha inculcado y es que para “ser felices” debemos estar en pareja, formar una familia, conquistar un oficio o profesión, lograr un buen puesto de trabajo, aspirar a tantas cosas… y tantos patrones pre-establecidos que distan mucho de estar bien con nosotros mismos, y que nada tienen que ver con estar solos. También cabría recordar aquel dicho que dice “más vale estar solo que mal acompañado”.

La soledad es una experiencia subjetiva por naturaleza, porque las personas pueden sentirse solas aún estando acompañadas, porque no son comprendidas, escuchadas, aceptadas o simplemente porque no concuerdan con el entorno social que las rodea.

La educación va a jugar un rol preponderante a la hora de toparnos con este personaje, que si bien muchas veces luce ropas lúgubres, ocupa espacios fríos y húmedos, en otros momentos suele ser una compañía grata para poder llegar a un puerto seguro. Y el modo como seamos educados es lo que nos permitirá enfrentar los diferentes desafíos que nos presente la vida, y si estamos bien parados posiblemente hagamos frente a todos los avatares, y no necesitemos evadirnos en nuestro propio hermetismo, o simplemente en una soledad que oficie como refugio.

Al comparar el concepto occidental de soledad y el oriental vemos una distancia prácticamente insondable. Mientras que en occidente la soledad significa carencia de compañía y se complementa por distintos estados bastante perjudiciales para el ser humano, como son: la tristeza, el aislamiento, la retracción, falta de autoestima… En oriente implica un encuentro con uno mismo, con revelar nuestra verdadera esencia, porque para poder compartir todo lo que existe en nuestro interior, primero lo debemos descubrir.

Y desde esta dicotomía partimos a hablar de soledad, entonces, ¿cómo lo que para alguien puede ser algo tan bueno, para otros signifique tanto sufrimiento? Para Bécquer “la soledad es el imperio de la conciencia”, y aquí se acerca al significado oriental de este término tan polémico.

Según Buda “tu peor enemigo no te puede dañar tanto como tus propios pensamientos. Ni tu padre, ni tu madre, ni tu amigo más querido, te pueden ayudar tanto como tu propia mente disciplinada”, y es que para poder lograr una mente armónica, es necesario cierto espacio con uno mismo, es imprescindible reflexionar y hablar con nuestro yo interno.

Mas, quien sufre realmente la soledad, me dirá que poco le importa lo que piensen los demás al respecto, y desde ese dolor, sufrimiento, es válida esta afirmación. Ahora veamos ¿por qué tantas personas viven en completa soledad?, a pesar de estar rodeados de familiares, compañeros de trabajo y amigos, ¿dónde radica el problema?, ¿cuál es el punto de partida de ese aislamiento? Y quizás la frase de Ralph Burche sea una primera respuesta a estas preguntas cuando expresa: “Me encuentro solitario cuando busco una mano y sólo encuentro puños”.

Día a día frente a diferentes circunstancias que nos tocan vivir, se nos cierran puertas, aparecen puños, insultos, gritos desmedidos, retiros de saludos, porque algunos se creen con derecho a hacer lo que les plazca, olvidando que viven en sociedad y existen ciertas normas de educación y de convivencia que no son posible dejar pasar por alto.

Y producto de estas formas de reaccionar, muchas personas se aíslan porque prefieren vivir en soledad, que ser agredidos sin razón o motivo. Aunque la agresión no se justifica como modo de luchar por lo que se quiere, quien lo hace equivoca el camino, y es así que vivimos en una sociedad donde priman altos niveles de agresividad.

Pero, lo lamentable es cuando las personas encuentran a la soledad a su lado sin buscarla, sin querer que ella les haga compañía. Y aparece allí, luego de que se va un ser muy querido, cuando se sufre una pérdida importante, ya sea en el ámbito de trabajo, en el hogar o en la rueda de amigos, no importa dónde, lo que interesa es que perdimos a alguien o algo que realmente era fundamental en nuestras vidas. De este modo, insertos en la tristeza, en el desconsuelo los seres humanos reaccionamos de maneras muy diferentes.

Algunas personas frente a grandes pérdidas, sacan fuerzas de dónde no las tienen y se levantan a pesar de todo y siguen hasta lograr superar lo que les ha sucedido. Sin embargo, otras caen en la melancolía, en la depresión, y se refugian en la más absoluta soledad, en compañía tal vez de un vaso de bebida o alguna droga que les aletargue ese dolor.

Y el perder a una persona que han significado mucho en nuestras vidas, es un hecho que resulta irremplazable, porque cada persona es única y especial, pero, también cabe resaltar lo bueno que nos ha dejado esa persona , lo que hemos compartido, aprendido, porque en nuestro corazón siempre podrá estar presente. Por supuesto acompasando el duelo que signifique esa pérdida, la cual deberemos enfrentar en forma inevitable, de acuerdo a nuestros tiempos.

Y existe un proverbio que dice que “saber escuchar es el mejor remedio para soledad”. Tantas veces no somos capaces de prestar atención a un buen día, a una disculpa, a una explicación, a esos diálogos que aunque parezcan insignificantes son parte natural y esencial para que los seres humanos nos entendamos.

El aislarnos, abstraernos a nuestro pequeño escondite, en parte es consecuencia del mundo que nos toca vivir, cargado de información, tecnología, globalizado, urbanizado, sumamente desarrollado, por momentos desleal, donde los proyectos laborales cada vez se hacen más impersonales, y entonces surge esa actitud del miedo al rechazo, de retracción, y de buscar un lugar donde todos estos agentes que día a día nos agreden de alguna manera se hagan más llevaderos.

Erich Fromm, sostiene que el hombre para no sentirse excluido, solo, debe seguir determinados patrones, aunque destaca la necesidad de cuestionar, reflexionar, y aceptarlo luego de un proceso analítico y crítico. Entonces, expresa: “Si soy como todos los demás, si no tengo sentimientos o pensamientos que me hagan diferente, si me adapto en las costumbres, las ropas, las ideas, al patrón del grupo, estoy salvado; salvado de la temible experiencia de la soledad. Los sistemas dictatoriales utilizan amenazas y el terror para inducir esta conformidad; los países democráticos, la sugestión y la propaganda”.

Finalmente, vivimos en un mundo sumamente individualista, competitivo, donde el poder es la llave del éxito, y todos debemos correr detrás de él. Y pronto nos vemos atrapados en esa vorágine en el que poco importa ¿quiénes somos, qué queremos o anhelamos?, somos parte de un sistema que tiene que funcionar en forma automática, eficiente, sin perder una gota de interés, porque el dinero lo mueve todo. Pero, el corazón de las personas no se mueve con dinero, se mueve por los afectos, por los sentimientos, y si bien cubrir nuestras necesidades básicas es primordial para cualquiera, dentro de ellas debemos incluir las necesidades del alma que en este mundo tan materializado parecen haberse olvidado.

domingo, 5 de agosto de 2012

¿QUIÉN ERES REALMENTE?

“Si nunca afrontas el miedo de dejar de ser como eres, nunca descubrirás la alegría de ser como puedes ser”, este desafío planteado por Nietzsche no es sencillo, pero tampoco es imposible.

Los miedos no nos permiten enfrentar desafíos, ni vencer obstáculos. Ellos nos paralizan impidiendo avanzar o progresar. Sólo es cuestión de parecerse frente a ellos y enfrentarlos.

La valentía no significa no tener miedo, pues es una sensación natural de los seres humanos, lo importante es no permitir que ellos nos detengan el rumbo. Por el contrario, grandes personajes en la historia de la Humanidad tuvieron que enfrentarse a temores gigantes, pero aún en los momentos de mayor incertidumbre no se dejaron vencer, o intimidar por ellos.

Es cuestión de realizar un ejercicio mental que nos permita desafiarlos hasta vencerlos, en pos de descubrir todo aquello que reprimimos en nuestro interior, y no dejamos aparecer por el ¿qué dirán o pensarán?, quizás el primer paso sea entender que no importa lo que piensen los demás si nosotros estamos convencidos en lo que pensamos o sostenemos.

La seguridad en uno mismo es el primer paso para vencer los miedos, o al menos enfrentarlos.

Pero el deseo vence al miedo, cuando lo que ansiamos o anhelamos es muy intenso, no existe nada que nos pueda detener, pues el deseo se interpone y se torna en un inmenso guerrero capaz de enfrentar cualquier situación.

De este modo, sólo será cuestión de intentar descubrir ¿quiénes somos?, porque algunas veces al mirarnos al espejo vemos imágenes que distan mucho de lo que realmente somos. Pero cabría preguntarnos ¿por qué sucede esto?, y las respuestas pueden ser múltiples, de acuerdo a las diferentes circunstancias que cada uno haya tenido que enfrentar en la vida.

Y el camino recorrido no es siempre fácil de mirar con objetividad, con franqueza, con valentía, porque algunas imágenes quizás no sean las que ansiábamos, o las que más nos agradan. Y lo que dista con lo que esperábamos muchas veces se convierte en un fracaso, que nos marca o al menos nos inquieta. Aunque es importante recordar que de las cicatrices también se aprende, porque son el producto de una situación de vida que vista en perspectiva puede ayudarnos a crecer y a fortalecer el desarrollo.

Lo que vemos y cómo lo vemos varía de acuerdo a las experiencias personales, la personalidad, y el toque subjetivo que dan nuestro cerebro y alma.

Asimismo, todo ser humano tiene sus contradicciones propias, a ellas debemos sumar las de quienes nos rodean. Y como cada día es un comienzo nuevo, es importante aceptar ¿quiénes somos y qué queremos?, y parte del camino se hará más llano.

Quizás, el desnudarse y mirarse a un espejo sin tapujos, sin ropas que incomoden o aprieten, no sea un ejercicio sencillo, dada nuestra educación, nuestros preconceptos, o simplemente el no querer ver algo que no estamos dispuestos a asumir. El encuentro con uno mismo es algo que si bien es necesario, y requiere de una importante labor de introspección, no es sencillo de lograr, porque conlleva estar dispuestos a enfrentar una serie de desafíos.

El pararnos a conversar con nuestros defectos, nuestras fallas, nuestros relatos más íntimos, es una tarea complicada, que nos hace reconocer y ver lo que nos duele. Es siempre más sencillo ver las virtudes, las cosas positivas que tenemos, ya que lo negativo encierra de por si aceptar una negación, y ya allí comienza el primer problema, y es reconocer lo que no somos… y habrá tantas cosas que no somos y que sí esperamos o soñamos ser.

Según Goethe “el comportamiento es un espejo en el que cada uno muestra su imagen”, aunque algunas veces ellos no condicen con lo que pensamos o sentimos, porque el ser humano no siempre obra de acuerdo a lo esperado, o establecido, en él se dan una serie de situaciones internas y externas que lo llevan a actuar de formas inusitadas, complejas de entender, pero que a la larga tienen una explicación.

Pero si nos detenemos a mirar a nuestro alrededor, la mayoría de las personas viven desconformes, las que están solteras quieren casarse, las que están casadas quieren divorciarse, los que tienen una pareja estable ya se han aburrido, los que no la tienen están deseándola tener… el que tiene poco quisiera tener más, y el que tiene mucho piensa que lo que ya tiene, lo ha sobrepasado y era más feliz antes cuando tenía menos, y entonces vivimos en un mundo donde la vereda del vecino para ser más fresca, confortable y segura.

Ahora bien, si lo de lo demás parece ser mejor, es un mal punto de partida. Lo que los demás tengan no me quita ni me agrega nada a mi vida, es importante saber ¿qué es lo que yo quiero, anhelo o ansío? Si tengo claro estos parámetros más sencillo será a la hora de mirarnos al espejo, porque no sólo voy a ver la imagen que desearía ver con claridad, sino la que se refleja y dista de ella.

Y en esta búsqueda personal, no debemos olvidar que somos seres que nos encontramos permanentemente condicionados a juzgar. Y nuestro juez interior es el causante de que aceptemos o rechacemos quienes somos. En tal sentido, es preciso adoptar un diálogo crítico, que nos permita confrontar lo que somos con lo que queremos o anhelamos ser.

Quizás alcancemos a ver “el reflejo del espejo dos caras” y ya no sintamos frío, entonces habremos aceptado quienes realmente somos, tal cual somos. Y aunque la autenticidad suele ser una virtud que escasea no está perdida, sólo es apelar a nuestros sentidos más íntegros, e intentar rescatarla de alguna parte, porque todos somos seres únicos y diferentes.

Finalmente, esforzarnos por descubrir ¿quiénes somos realmente?, quizás nos lleve toda una vida, porque todos los días somos capaces de aprender algo nuevo, de descubrir nuevas sensaciones, nuevos estímulos, nuevas fallas, nuevos errores y aciertos, nuevos desafíos. Asimismo, cada día es un comienzo nuevo, en el que vamos cambiando, ya que nada se pierde todo se transforma, y es así que con nuestra actitud podemos reflejar una imagen mejor, sólo es cuestión de decisión, lo demás irá sucediendo con el devenir del tiempo.