domingo, 8 de julio de 2012

LO QUE MUCHO OCUPA TERMINA POR PREOCUPAR

En todos los órdenes de la vida esta frase de Nietzsche se convierte en realidad, y es así que situaciones que parecen insignificantes pronto incrementan su tamaño hasta que toman cierta entidad.

En nuestras familias, trabajos, en la sociedad, en la política, sucede exactamente lo mismo, lo que comienza a ocupar un lugar significativo termina por convertirse en un problema, en una preocupación.

Lo importante es no permitir que se produzca el efecto bola de nieve, es decir que lo que comienza siendo una nimiedad pronto se transforme en algo inminente.

Por eso dependerá del trabajo individual el no consentir que esto suceda, en la elaboración personal, en el compromiso para que las pequeñas preocupaciones no pasen a mayores, y he aquí lo cada uno puede aportar, pues la suma hace la diferencia.

Y es que muchas veces por un tema de comodidad, cuando las cosas se dificultan decimos mañana será un mejor día, pero “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”, quizás mañana sea tarde.

Es cuestión de cambiar la mentalidad, de pensar en que cuantos más problemas o dificultades logremos dilucidar o enfrentar, más sencillo será el camino que nos reste por transitar, lo único que hacen los obstáculos es enlentecer el rumbo.

Y quizás, conceder al espíritu el hábito de la duda y al corazón el de la esperanza, como sugiere Lichtenberg, sea parte del punto de partida para albergar menos preocupaciones y más soluciones.

Es común que en forma inconsciente lo que preocupa se vaya haciendo cada vez mayor, y sin darnos cuenta nos veamos atrapados en noches de insomnio, desvelos, o contracturas musculares que dejan nuestra espalda aniquilada.

Y no sólo nos preocupan cosas individuales puntuales, también forman parte de esta inquietud lo que le sucede a los demás, las cosas que nos circundan, lo que ocurre en el barrio, en el país, en nuestra América, en el mundo y en el Planeta.

Son pequeñas y grandes cosas que se van acumulando, dentro de esas preocupaciones que no logramos resolver, que nos inquietan, y producen problemas en nuestro estado de salud. Y es así que nos encontramos de pronto mirando un programa que sólo entretiene y no nos permite pensar, pues ya estamos saturados de problemas.

He aquí una explicación de por qué proliferan y abundan tantos programas de entretenimientos, que son criticados por falta de contenido, pero finalmente proporcionan a la gente ese “pan y circo” que es necesario para poder conciliar el sueño, o al menos irse a acostar con una sonrisa en el rostro.

Y no voy a entrar a debatir la programación televisiva, porque ese es otro problema, pero en cierto modo esas preocupaciones que se van acrecentando día a día, terminan por dejarnos estresados, en constante estado de ansiedad, y formando parte de la respuesta a por qué la gente busca determinados medios de escape o distracción.

Y dentro de lo que ocupa nuestros pensamientos, no deja de sorprendernos las cosas que ocurren diariamente en nuestro medio ambiente: sequías, calores agobiantes, fríos extremos, abundantes lluvias que terminan azotando a miles de personas, ocasionando sufrimiento y dolor. De este modo, algo que comienza siendo un episodio pequeño se convierte un gran problema, evidentemente no manejable por nosotros, aunque no del todo, pues los grandes sucesos medioambientales son consecuencia de los que vivimos aquí en la Tierra. Por lo tanto, todas las situaciones, por más fortuitas que parezcan, guardan alguna relación con cada uno de nosotros.

Evidentemente, estos acontecimientos preocupan al mundo entero, pues los desastres naturales afectan a miles de seres humanos, que han perdido seres queridos, hogares… y se encuentran desolados en medio del dolor y el sufrimiento. Es hora de tomar conciencia que los recursos naturales escasean, y que no podemos continuar incrementando la contaminación y la destrucción del planeta.

Quizás es hora de cada uno desde el lugar que ocupemos en esta sociedad, nos comprometamos día a día a mejorar o, al menos, mantener lo que nos ha costado tanto esfuerzo conseguir, es hora de que el hombre cambie, reflexione, ponga un enorme freno y piense en los que vendrán.

Y retomando el tema inicial, lo que mucho ocupa termina por preocupar es muy real, sólo que no somos conscientes de esta realidad, y finalmente nos vemos involucrados en serios problemas a los cuales le vemos muy poca salida, por no haber previsto una solución antes de permitir que la situación se nos escapara de las manos. Por eso, cuanto antes ataquemos lo que ocupa nuestros pensamientos, llegaremos más rápido a una solución o a una posible salida.

Aunque muchas veces lo que ocupa, preocupa y luego desespera, por eso Miguel de Unamuno nos aconseja: “Jamás desesperes aún estando en las más sombrías aflicciones, pues de las nubes negras cae agua limpia y fecundante”, sólo es cuestión de no darnos por vencidos, o sencillamente de no bajar los brazos.

Y es lógico que nos preocupe el porvenir, el mañana, pero no podemos permitir que estas situaciones que nos inquietan nos impidan vivir el presente, disfrutarlo, contemplarlo y cuestionarlo. Cuando se vive en el tiempo presente es posible cambiar de acuerdo a nuestras necesidades actuales, el vivirlo con intensidad nos permite vislumbrar soluciones coherentes y factibles.

La plenitud de la vida se logra cuando lo que nos preocupa nos permite transcurrir en el tiempo presente y no continuamente en el futuro.

Y si bien es natural encender un sistema de alarma antes que los acontecimientos sucedan, es necesario que se encienda en caso de peligro inminente, no antes.

Vivir preocupado es una alternativa peligrosa, que genera estrés, descontrol, negatividad, es decir puntos que restan en lugar de sumar. Si nos acostumbramos a vivir en continua situación de riesgo, entonces se suelen confundir las situaciones realmente importantes de las que no lo son y todo suele “relativizarse”.

La preocupación es normal y necesaria, mientras no produzca inmovilidad o estancamiento. Y en tal sentido, la perspectiva con la que enfrentemos la vida ha de ser clave, por eso debemos reaccionar ante la incertidumbre con vitalidad, dinamismo para procurar que día a día las cosas salgan mejor.

Finalmente, si a lo que empieza a ocupar un espacio no lo dejamos de lado, por el contrario nos cuestionamos: ¿qué, por qué, para qué, dónde, cuándo y cómo?, quizás al dar respuesta algunas de estas preguntas básicas, no sólo en el periodismo, sino en la vida misma, entonces será el primer gran paso para empezar a preocuparnos menos y actuar más en pro de soluciones. De esta forma, le daremos descanso a nuestro cerebro que cree que preocupándose antes de que los acontecimientos sucedan evitará algo, simplemente sólo nos quitará tiempo y energía vital.