lunes, 11 de junio de 2012

LAS ACTITUDES SON MÁS IMPORTANTES QUE LAS APTITUDES

La actitud es una prenda transparente muy valiosa, que nos hace lucir como queramos, es cuestión de saber buscar en el armario. Nuestras aptitudes nos permitirán llegar lejos, siempre y cuando nuestras actitudes nos acompañen.


Las aptitudes implican la capacidad para desarrollar determinadas actividades, mientras que las actitudes reflejan la voluntad de encarar las cosas, el tesón, la entrega, esas ganas irrefrenables.

Si decidimos vestirnos de derrotismo posiblemente no alcancemos nada de lo que nos propongamos.

Del mismo modo, no es conveniente disfrazarnos con un montón de prendas con las cuales no nos hallemos identificados, o escondan lo que realmente somos, no colaborarán, así, en el camino, por lo tanto, debemos escoger aquellas que nos hagan sentir bien con nosotros mismos y con los demás.

En tal sentido, los colores acordes a nuestro temperamento, telas suaves que nos permitan sentir confortables, serán de vital importancia al abrir nuestro ropero. Una vez que escojamos las prendas adecuadas comenzaremos el día; pero partamos de la base que el entusiasmo, la energía y el positivismo no los podemos dejar olvidados, serán parte imprescindible para lucir radiantes e impecables.

Una sonrisa es un gran componente en esta presentación pues iluminará nuestras palabras, y nos acompañará mejorando nuestro sentido del humor.

La confianza en nosotros mismos, en lo que queremos para nuestras vidas, esos valores que dan sentido a nuestros días, que son el motor, porque creemos y apostamos a ellos, son parte de elegir bien a la hora de tomar las decisiones apropiadas.

El coraje ha de ser una prenda fundamental en el guardarropa, nos permitirá enfrentar diversas situaciones, aún el dolor y la desilusión.

La fe, ha de ser primordial, pues en todos los actos que emprendemos está presente. Se requiere fe para criar a los hijos, para llevar adelante una tarea, para mantener nuestras convicciones, para lograr lo que nos propongamos, aún lo más difícil, sólo es cuestión de no perderla. Es así que cuando nos enfrentamos a los reveses y dificultades del diario vivir hacemos uso de nuestra fe y coraje.

El permanecer activos ha de resultar fundamental en esa actitud para enfrentar la vida, si nos convertimos en seres pasivos, semidormidos, imperturbables, posiblemente nos paremos con actitud de indiferencia, totalmente improductiva.

Por otra parte, si bien las dudas han de surgir como una prenda muy común y casual, aunque son parte de la indumentaria, es preferible no utilizarlas salvo que las hayamos podido despejar, porque si bien son un símbolo de inteligencia y de pensamiento crítico, cuando se convierten en obstáculos pasan a ser parte de una prenda que nos perjudica, y nos maniata, siendo nuestros movimientos escasos y comprometidos.

Y no dejan de tener gran relevancia en este tema que tratamos las palabras de Séneca que sostiene que “muchas cosas no nos atrevemos a aprenderlas no porque sean difíciles, sino porque son difíciles no nos atrevemos a emprenderlas”.

Asimismo, si no nos abrimos a los demás, con cordialidad, en busca del diálogo, del intercambio, no habrá actitud que valga, pues como dice Gandhi “con el puño cerrado no se puede intercambiar un apretón de manos”.

Igualmente, puede sonar algo utópico que las actitudes son de mayor peso que las aptitudes, sin embargo a lo largo de la historia hombres y mujeres muy talentosos no llegaron a nada, por falta de esfuerzo, de compromiso, de sacrificio, de convicción, de tesón, y de darse por vencidos, es decir, por no poner suficiente actitud.

Y de este modo, cuando alguien se presenta con un currículum en un determinado trabajo por más que éste sea brillante, si en la entrevista no pone una actitud positiva, dinámica, colaboradora, entusiasta, posiblemente serán muy bajas las posibilidades de que quede empleado.

Y lo que ocurre, es que la aptitud es referida a la capacidad de conocimiento y las habilidades del trabajador; mientras que la actitud tiene que ver con la forma de pensar y sentir del individuo.

Si bien la aptitud y la actitud se combinan para aplicarse a alguna acción específica en un tiempo determinado, si la mezcla no se da en forma correcta, entonces comienzan las fallas. Algunas personas, y ya en conceptos más amplios que el de los trabajos, ante determinadas oportunidades, al no poner una actitud correcta, las dejan pasar, y finalmente terminan culpando al tiempo, a la vida… al que se les cruzó en la calle, cuando el problema de fondo son ellos mismos, su actitud de vida.

Ahora bien, podemos establecer que una actitud está constituida por tres factores principales: pensamientos, emociones y sensaciones. Y en este proceso las actitudes juegan roles diferentes. Las emociones implican un rol preponderante ya que son la fuerza que permite mover todo el mecanismo, mientras que el pensamiento se viste de director ya que conduce las emociones en una dirección determinada, su papel es el de mostrar el camino y controlar las emociones que, a su vez, generan sensaciones y movimientos correspondientes.

A partir de todo este mecanismo, se genera un comportamiento, que a su vez responde a un estímulo. Si logramos aprender a controlar o modificar nuestra manera de pensar, podemos controlar mejor nuestras actitudes. Al tener una mejor actitud, lograremos una mayor eficiencia en nuestras aptitudes.

Finalmente, el sentido de nuestros actos no está en ellos mismos sino en la en la actitud con la cual nos dispongamos ante ellos, eso será parte fundamental del resultado de nuestro día a día, por eso es importarte no olvidar el refrán que dice que “alcanza quien no se cansa” y sólo quienes pueden ver lo invisible pueden hacer lo imposible.