domingo, 29 de abril de 2012

UN PERSONAJE LLAMADO AMOR


¿Quién no se ha enamorado alguna vez, ha gozado, sufrido, ha sentido dicha y dolor?

Porque el amor por momentos tiene esas contradicciones propias de ser un sentimiento intenso, fervoroso, grandioso, en el que se entrega mucho de sí en busca de complacer a la persona amada.

Y cuando nos entregamos, generalmente lo hacemos con intensidad, con pasión, con devoción y vehemencia, motivos que no nos permiten ver con claridad cuál es nuestra actitud. Y de este modo, la entrega se convierte en un acto en el que muchas veces las situaciones pierden nitidez.

Y la gran paradoja se suscita porque parece no tener ni pies ni cabeza, que alguien que por momentos nos despierta sentimientos tan buenos, en otros nos invita a compartir el dolor y la amargura. Quizás la respuesta sea simple si vemos que cuando el ser amado sufre, es imposible no sufrir con él y, aún peor, si no podemos aliviar su dolor, entonces nos sentimos como meros espectadores de una escena ajena, atados de pies y manos.

Alguien que ha advertido este problema y lo ha sabido definir claramente ha sido el cantautor español Joaquín Sabina, quien sostiene que “el amor cuando no muere mata, porque amores que matan nunca mueren”. Y en estas dos frases nos ha presentado a este personaje llamado amor, que nos ocasiona grandes momentos de felicidad, pero otras veces fuertes desdichas.

Un personaje que se presenta sin credenciales, sin documentos, que invade nuestro cuerpo, mente y alma, sin pedir permiso, y se instala allí cómodo, como si hubiera sido invitado para alojarse eternamente. Y de pronto, lo vemos allí parado en frente nuestro, muy desfachatado y atrevido, pero simpático y comprador, campechano y convincente, con un gran poder de seducción, donde cualquier palabra que emite es propicia, adecuada y nos invita a recorrer caminos mágicos que sólo él sabe y conoce.

Es un tipo muy especial, que se ha manifestado a lo largo de la historia, según las costumbres, las sociedades, las épocas, pero más allá del transcurso del tiempo, tiene la capacidad de hechizar a sus adherentes, y se vale de Cupido, de la Luna, de la noche de estrellas, de un amanecer, de las olas del mar, de los atardeceres, del cielo celeste o un día lluvioso. Cualquier momento o lugar son propicios para hacer de ese instante algo maravilloso, donde las horas parecen paralizarse, pero cuando miramos el reloj, entonces comprendemos que nos ha deslumbrado y extasiado con su encanto.

Un verdadero letrado a la hora de tocar nuestro corazón, el sabe qué palabras utilizar, qué mirada es la apropiada para el momento, y es así que su aparición suele ser repentina y gradual, se va instalando lentamente hasta que decide desempacar su equipaje. Y cuando nos hace compañía las horas son más gratas, los días más felices. Su presencia nos despierta muchos sentimientos, me atrevería a decir que casi todos, porque en su afán de hacernos palpitar, invita a todos los sentimientos a hacerse presentes, y cada cual hace su mejor tarea, para satisfacerlo desde su lugar.

Su tenacidad, le permite no detenerse y caminar raudamente hasta alcanzar su objetivo. Y avanza sin permitir que nada lo detenga o paralice, su fortaleza es tal que no se inmuta ante nada. Cuando arriba a su destino lo hace entonces muy seguro, sin dudar ni siquiera un momento, pues el camino recorrido es bastante largo y sinuoso.

Y como todos somos diferentes, no toca a la puerta de la misma manera, él sabe como golpear, para que cada corazón se abra y lo haga con naturalidad, para permitir que después vibre con total intensidad, haciendo que el pulso se acelere y la sangre fluya con fervor por nuestras venas, y entonces ya todo tiene un tono especial.

¿Y quién no ha llorado por amor, ha perdido el apetito, el sueño, el aliento? Noches de desvelos, de insomnios, de horas que no pasan, de minutos que enloquecen, tras la espera de que un mensaje llegue, de un teléfono que suene.

Pero cuando llega a su fin, una persona es la que deja y la otra es pasiva en ese acto. Y por más, que digan que es de mutuo acuerdo, siempre es una de las partes que da el puntapié inicial para que esta relación desaparezca.

Los amores truncados dejan secuelas, cicatrices, recuerdos profundos, aromas, sabores, estaciones, que perdurarán por mucho tiempo, algunos no se borrarán ni con el correr del tiempo. Simplemente, porque fueron tan intensos que más allá de que la vida no se detiene y continúa, quedaran atesorados en el algún lugar de nuestro corazón, quizás al principio mezclados por el dolor y la angustia, pero después albergados con la grata sensación de haber sido vividos con profundidad.

Sería importante, un gran paso, no lamentarse porque las cosas terminaron, y por contrapartida agradecer que sucedieron y fuimos felices, quizás algo un tanto utópico cuando recién estamos en los comienzos de una relación acabada, pero bastante real cuando pasa el tiempo, y tomamos cierta perspectiva.

Asimismo, no sabe de razones, motivos, o impedimentos, él mira a su futura pareja y la involucra sin hacer preguntas sobre estado civil, edad o sexo, y así arriba desprovisto de todo prejuicio.

Y los hay de todos colores y formas, están los prohibidos, los buscados, los esperados, los que llegan de repente sin anunciarse, los alocados, los tormentosos, los tropicales, los tortuosos, los sinuosos, los majestuosos, los rebeldes… y la enumeración puede seguir a “piacere” de los enamorados.

Y quizás hayan experimentado alguno de ellos, pero no todos, porque el corazón no sabe de razones cuando llega el amor, y de allí su diversidad a la hora de hacerse presente. Todos con su especial encanto y nota de distinción, que los hace únicos e irrepetibles, porque así somos también los seres humanos que le damos vida a este sentimiento del que tanto se ha hablado, dicho, escrito y se continuará haciendo porque es el motor vital del ser humano.

Pero si bien el amor de pareja es una de sus formas a través de las que se manifiesta, también se da a conocer entre padres e hijos, hermanos, sobrinos, primos, amigos… y se manifiesta generando vínculos fuertes, potentes, que hacen que sea posible superar muchos impedimentos y barreras.

Y estos últimos, también pueden verse truncados, por malos entendidos, por desencuentros, o simplemente porque una separación física se ha producido ajena a nosotros, pero que en cierta forma ya no nos permite más el contacto con esa persona.

Cuando alguien desaparece físicamente, generalmente no podemos hablar de que el amor se ve truncado, quizás sea más conveniente decir que esa separación física nos incomoda, nos afecta, nos duele, aunque ese ser en definitiva sigue habitando en nuestro corazón y en nuestra alma. Esa persona se nos hace presente en nuestros pensamientos, en nuestras dudas y decisiones, porque ha sido timón en nuestras vidas.

Y cuando alguien nos ha guiado, conducido a través de esta relación tan hermosa como es el amor, en cualquiera de sus manifestaciones, entonces esa persona formará parte de lo que somos, más allá del desenlace de esta relación.

Finalmente, el amor es un gran personaje, necesario en el rodaje de la vida, donde sin él casi todo resulta insoportable, imposible de alcanzar. Un motor de vida y esperanza para cualquier persona, por eso parafraseando a San Agustín, “Ama y haz lo que quieras. Si callas, callarás con amor; si gritas, gritarás con amor; si corriges, corregirás con amor, si perdonas, perdonarás con amor”.

domingo, 22 de abril de 2012

¿QUÉ ES MÁS FÁCIL DECIR SI O NO?


El ser humano siempre se ve enfrentado ante esta disyuntiva, donde el si o el no surgen varias veces al día. A su vez, esa dualidad se presenta a lo largo de su vida a través de la presencia constante de distintos conceptos opuestos, pero también complementarios y fundamentales para lograr un equilibrio vital.

Algunos ejemplos sobre esa dualidad presente y necesaria en la vida del hombre son el día y la noche; la vida y la muerte; el bien y el mal; el sol y la luna; la tierra y el cielo; el agua y el fuego; lo femenino y lo masculino, el oriente y el occidente, entre otros.

Y antes de analizar las distintas alternativas que surgen a la hora de responder si es más fácil decir si o no, cabe recordar que a pesar de vivir en una era donde predominan las balanzas digitales, nuestra mente intenta establecer un equilibrio a través de las antiguas balanzas de dos platillos, para ver qué pesa más o menos en la vida. Mas los adelantos no facilitan la tarea de escoger qué situar de cada lado de la balanza.

Quizás las múltiples opciones ante una misma posibilidad, sea lo que hace más difícil dar una respuesta. Asimismo, en esta carrera arribista, donde los minutos parecen esfumarse no existe demasiado tiempo para la reflexión, el cuestionamiento y la paciencia. Todo esto lleva algunas veces a contestar si o no a destiempo o en forma equivocada.

Según cada persona habrán acontecimientos o hechos de mayor entidad o peso que se ubicarán del lado positivo o negativo dependiendo del criterio individual, lo que a su vez conducirá a responder si o no.

Pero más allá de los motivos personales hay gente a la que no le gusta ser terminante y sale por la tangente con un “tal vez, quizás, veremos”. Pues el enfrentar un si o un no requiere muchas veces confrontaciones importantes, a las que se debe estar dispuesto.

Tantas veces las personas  ganan un si por cansancio, por insistencia, pero ese si no es espontáneo, sino que es el producto de un sinfín de cuestionamientos, agotamiento psicológico, que en definitiva ponen a prueba la paciencia.

Asimismo, están las respuestas espontáneas que implican decir lo primero que viene a la mente sin medir las consecuencias, estas quizás sean las más problemáticas, pero las más sinceras y francas.

El cantautor Ricardo Arjona en unas de sus canciones dice “dime que no y me tendrás pensando todo el día en ti, clávame una duda y me quedaré a tu lado”, este pensamiento es aplicable a toda la especie humana, pues la seguridad mata al hombre, porque la duda y la inseguridad, forman parte de un encanto inherente al ser humano, de ese cosquilleo en el estómago que a tantas personas les agrada sentir.

Y no faltan los que tienen el si fácil, los que responden casi en forma inmediata. Pero, como contrapartida están los que tienen el  no a flor de piel, y difícilmente digan a algo que si. Son dos casos extremos, mas vale la pena mencionarlos.

A la complejidad a la hora de pensar y actuar de cada persona, cabe agregar las circunstancias que sean pertinentes, al momento de responder.

Quienes sean más temperamentales, tendrán un si o un no más fácil, mientras que quienes sean racionales se detendrán a analizar la respuesta con meticulosidad y tiempo.

Seguramente los indecisos se unan a los racionales, pues tampoco ellos sabrán qué contestar ante su propia inseguridad.

Asimismo, el estado anímico en el que se encuentre la persona incidirá en la respuesta, pues si está enfadada o furiosa la contestación será muy distinta a si está calma.

Por otra parte, muchas veces las presiones externas llevan a decir si o no sin realmente estar convencidos de lo que se quiere. Más a la larga esta decisión saltará por sí sola señalando el error o el acierto según el caso.

Entonces, decir si o no según la circunstancia dependerá de cada uno, de su forma de ser y del momento anímico que transite. Pero, más allá de estos puntos a tener en cuenta, siempre está en nosotros la posibilidad ante la duda de tomar un debido tiempo para dar una respuesta adecuada, sin precipitarnos y saltar al vacío.

Asimismo, en esta disyuntiva del si y el no juegan un papel preponderante la tarea de definir las prioridades, y ante todo no olvidar que el tiempo no se detiene, mientras se desliza en forma paralela con nuestra vida, por eso no debemos dejar escapar lo que realmente anhelamos o queremos.

Y retomando el ejemplo de la balanza, aunque los platillos pueden ser muy precisos, el lograr un mediano equilibrio dependerá exclusivamente de cada uno de nosotros, pues las balanzas de la vida son difíciles de calibrar, y más cuando se ponen en juego los sentimientos, los afectos, la mente y, siendo más profundos, el alma.

Y en ese calibrar será imprescindible hacer primar las cosas buenas, para que estas nos impulsen y generen energías para luego hacer frente a aquellas que no lo son y que de igual modo debemos asumir y conllevar.

La naturaleza amenazada seriamente, también está, al igual que el hombre, luchando por mantener ese equilibrio perfecto tan difícil de alcanzar. Paralelamente, las sociedades experimentan importantes períodos de transformación tras la búsqueda de ese equilibrio que muchas veces raya con la utopía.

Y entonces nos cuestionamos ¿qué pesa en nuestras vidas?

Del lado positivo podríamos sopesar: los afectos, el cariño, el amor, el trabajo, la salud, la amistad, el dinamismo, la vitalidad, la constancia, y todo aquello que nos permita crecer como personas, teniendo en cuenta que hasta el último de nuestros días seguiremos aprendiendo.

Del lado negativo: el egoísmo, el odio, el rencor, la pereza, la falta de ganas, la vanidad, la hipocresía, la ignorancia, la mentira, el dejarse estar… y todo aquello que nos amargue y oscurezca nuestras almas.

Que pesen más o menos algunas circunstancias  será cuestión de cada uno, pero en ese análisis vale la pena recordar que el tiempo avanza y no se detiene, entonces será mucho más sencillo estimar qué cosas pesan más o menos de acuerdo a nuestros valores.

Es responsabilidad de todos, desde lo individual y de lo colectivo, aportar nuestro pequeño grano de arena para que de esa dualidad existente en la propia naturaleza del ser humano, surja una síntesis positiva. Quizás la frase de Francisco de Asis: “La vida cura la vida y el amor supera en nosotros el odio que mata”, sea un buen punto de partida para lograrlo.

Finalmente, esa dualidad que conforma la balanza es similar al concepto planteado por la filosofía oriental del yin y yang, que reflejan esa puja entre las fuerzas opuestas y complementarias. El yin es el principio femenino, la tierra, la oscuridad, la pasividad y la absorción. El yang es el principio masculino, el cielo, la luz, la actividad y la penetración. También esa dualidad de la vida y la muerte a la que el hombre se enfrenta son similares a las que se presentan cuando tenemos que decir si o no, ya que siempre buscamos un equilibrio en nuestras vidas, y los opuestos se complementan.

sábado, 14 de abril de 2012

¿QUÉ ENCIERRAN LOS SÍMBOLOS?

Los símbolos son objetos que representan ideas abstractas, funcionan por alegorías o metáforas, y van dirigidos a los sentidos. La mente está poblada por ellos, y son los que nos permiten percibir, tomar decisiones, comprender y resolver problemas. Por lo tanto, son importantes herramientas en el camino de la vida.

Según el sociólogo español Manuel Castells, el modelo de desarrollo de la sociedad actual se basa en “la tecnología de la generación del conocimiento, el procesamientode la información y la comunicación de símbolos”.

La simbología tiene un alto significado para el ser humano, ya que le posibilita procesos de aprendizaje, de razonamiento y comunicación. Y así entre significados, significantes, signos, señales, símbolos o íconos, el ser humano avanza día a día, y se capacita para enfrentar su vida.

Según el padre de la lingüística, Saussure,la ciencia que estudia los signos en la vida social recibe el nombre de Semiótica, motivo por el cual los signos pasan a formar parte de una psicología social.

Y cualquier simbología encierra un mensaje, que es necesario decodificar, para lograr una correcta comunicación entre el emisor y el receptor. Y para poder llevar a cabo este proceso utilizamos signos, señales y símbolos, que cumplen diferentes objetivos.

Signos

El signo es el que proporciona contenidos representativos, es el objeto, también llamado significante, se percibe a través de los sentidos y en el proceso comunicacional es el que aporta información al significado.

En el signo, el significadoes preciso, por ejemplo el sustantivo "araña”,en el sistema de signos que integran el idioma castellano, representa un animal concreto, un animal de ocho patas al que todos conocemos.

Los signos naturales se conocen como indicaciones o índices. De este modo,  el humo indica la existencia de fuego, las nubes como indicio de lluvia, las arrugas de la cara se presentan como síntomas de envejecimiento.

Símbolos

Cuando un signo no sólo informa de un significado, sino que además encierra  valores y sentimientos, representando ideas abstractas de una manera metafórica o alegórica, se conoce como símbolo.

Y retomando el ejemplo de la araña, ha sido representada visualmente en casi todas las culturas, como la mesopotámica, la egipcia y la maya. Simboliza la creación y la vida, porque es capaz de formar hilos a partir de su propio cuerpo, pero también ha simbolizado la muerte y la guerra por su aptitud cazadora y lo letal de su veneno.

En las  diferentes  religiones los símbolos son utilizados para transmitir valores y creencias propios de cada una de ellas, por ejemplo la luna creciente simboliza al islamismo, la cruz es el símbolo de los cristianos y la estrella de David representa al judaísmo.

Señales

Es un tipo de signo que tiene por finalidad cambiar u originar una acción y actúa de manera directa e inmediata sobre el receptor del mensaje. Cuando vemos una señal, ella nos indica que debemos prestar atención a un hecho en un momento determinado o modificar una actividad prevista. Entre las señales más utilizadas en todo el mundo tenemos las de tránsito.

Erich Fromm dice que el intentar comprender el lenguaje simbólico “nos pone en contacto con una de las fuentes más significativas de la sabiduría, la de los mitos, y con las capas más profundas de nuestra propia personalidad. Más aún, nos ayuda a entender un grado de experiencias que es específicamente humano porque es común a toda la humanidad, tanto en su tono como en su contenido".

Finalmente, las diferentes simbologías existentes son fundamentales en el proceso de comunicación entre los seres humanos. Es necesario entonces, apostar a ellas ya que existen importantes problemas a nivel comunicacional,  en una era donde paradójicamente se la denomina el de las comunicaciones dados los adelantos tecnológicos.

lunes, 9 de abril de 2012

¿CÓMO ACORTAR LAS BRECHAS?



Las brechas son aberturas o grietas que existen en los distintos órdenes de la vida, y este tipo de separaciones requieren de mucho esfuerzo para lograr tender puentes y alcanzar un acercamiento o un vínculo que acorte la distancia.

Aunque al encender la televisión, radio o computadora e informarnos de lo que ocurre a diario pareciera que cada vez las brechas son más inmensas y nos precipitáramos al caos, a la locura, a la incongruencia, en un mundo despiadado en el que ya no importa si explotará en dos días o cien años, da lo mismo.

Pero volviendo al tema de las brechas existen de todo tipo: generacionales, culturales, digitales, económicas, políticas y sociales.

La brecha digital hace referencia a la diferencia socioeconómica entre aquellas comunidades que tienen accesibilidad a Internet y aquellas que no, aunque tales desigualdades pueden estar correlacionadas a todas las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC), como el computador personal, la telefonía móvil, la banda ancha y otros dispositivos. En nuestro país a través del Plan Ceibal, esta brecha disminuyó a gran escala.

Las brechas generacionales son las que se crean entre las diferentes generaciones, pues en la medida que pasa el tiempo cambian los patrones sociales, culturales, los códigos y los intereses. De este modo,  se generan importantes problemas a la hora de sentarnos a dialogar padres e hijos, abuelos y nietos, educadores y alumnos. Esta brecha es imprescindible disminuirla para optimizar las relaciones sociales.

La brecha económica es cada vez mayor a nivel mundial.  En tal sentido, la Organización del las Naciones Unidas (ONU) ha dado a conocer un informe acerca de la situación social en el mundo y concluye en que gran parte de la población mundial está atrapada en "el marasmo de la desigualdad". La brecha actual entre ricos y pobres es mayor que la de una década atrás, a nivel mundial. Este punto es muy importante, pues en la medida que esta brecha se agrande cada vez se presentarán más dificultades a nivel social, y el tema de la inseguridad será un problema más preocupante. Si nos detenemos aquí, veremos la correlación con el tema cultural, educativo y social, donde como escape a la pobreza surge el grave flagelo de la droga y el alcohol.

Con respecto a las brechas culturales, las mismas repercuten en la calidad de la toma de decisiones y de las acciones, así como la moral y el rendimiento de los grupos de trabajo, pues la  cultura determina cómo interpretar estatutos, el sentido de identidad y de organización social. Son en definitiva las que permiten progresar o avanzar a una sociedad hacia la prosperidad.

Brechas de género: Las mujeres han planteado que sin equidad de género no se puede hablar de desarrollo pleno, pues es un tema de inequidad. En el mundo entero, poblaciones indígenas son víctimas de abusos sistemáticos, donde experimentan violaciones a sus derechos humanos relacionados a su género: ultrajes, esterilizaciones forzadas, servicios inadecuados de salud, desprecio de su lengua tradicional y de su vestimenta, quizá por esto Naciones Unidas han calificado a éste tema como emergente. Asimismo, las mujeres ganan menos que los hombres y compiten a la hora de obtener un puesto de trabajo con muchos problemas que aún no les permiten presentarse en igualdad de condiciones, pues los vestigios de la sociedad machista prevalecen buscando su supremacía.

Las brechas entre parejas: Las parejas día a día se distancian pues trabajan más horas, enfrentan un sinfín de actividades, y el tiempo se instala como factor determinante haciendo el enfrentamiento más arduo y difícil de superar, pues la rutina y el agobio del día a día contribuyen a que las parejas se alejen. Asimismo, el consumismo desmedido y el individualismo a gran escala, patologías propias del siglo XXI, son factores que influyen a que estas grietas se agraden.

El papel de las políticas sociales es fundamental a la hora de enfrentar las desigualdades y reducir las brechas. Al respecto en Uruguay, se ha trabajado a través del Ministerio de Desarrollo Social y se continúa por ese camino pero aún queda mucho por hacer. Asimismo, el trabajo individual nunca deja de ser importante, pues desde nuestros distintos lugares podemos contribuir a acortar estas brechas o a tender puentes para que ellas disminuyan.

Para que las brechas cada vez sean más pequeñas hay que apostar al diálogo, a la comunicación, a la educación, a la salud, de modo de mejorar la calidad de vida de los individuos,  problema que nuestro Gobierno viene abordando desde hace unos cuantos años.

También cabe destacar que a lo largo del transcurso de la Humanidad las brechas se fueren moviendo de distintas maneras, algunas tendieron a levantar muros como fue el caso del Muro de Berlín, o el Muro que separa México de Estados Unidos para evitar el movimiento migratorio, en otros casos las brechas intentaron ser ocultadas, pero lo más sano y conveniente han sido los casos que pretendieron establecer nexos de alguna forma de modo de acortar las distancias.

¿Y cómo acortar las brechas?

Existe un proverbio chino que dice : "regala un pescado a un hombre y le darás alimento para un día, enséñale a pescar y lo alimentarás para el resto de su vida". Esta es la parte esencial cuando pretendemos acortar una brecha , el preparar a las personas que se encuentran separadas por diferentes motivos, para que luego de formarlas, proveerles herramientas para que puedan cruzar ese puente porque están dispuestas a hacerlo y no porque se sienten obligadas.

Y cuando se tiende un puente entre dos orillas es necesario que se haga en un plano horizontal, de este modo el diálogo el entendimiento serán naturales y espontáneos, no habiendo lugar para superioridades mal entendidas.

Dentro de este proceso es muy importante el saber escuchar, para luego dar comienzo al diálogo fluido, donde sea posible la cooperación y el acercamiento.

Las brechas encierran en sí problemas muy profundos y dolorosos,  que implican desigualdad, inequidad, falta de acceso y comunicación.

Generalmente los intereses establecidos en todos los órdenes, son determinantes y grandes enemigos para acortarlas, pero pensemos que nuestro mundo pide a gritos concientización y aunar esfuerzos en pro de un planeta que día a día va acortando sus minutos.

Finalmente, el intentar acortar las brechas en todos los órdenes es una ardua tarea, pues implica mucho tiempo, sacrificio, inversión económica, dedicación y esfuerzo. Requiere de un trabajo multidisciplinario y de poner en marcha una mecánica compleja y con extensión en el tiempo. Las propuestas escritas suelen ser reconfortantes alentadoras pero son muy difíciles y complejas a la hora de ponerlas en práctica, por eso este tema es una responsabilidad de todos, por el que deberemos seguir bregando por poner todos los días un pequeño grano de arena.

domingo, 1 de abril de 2012

“CUANDO SEÑALES CON EL DEDO, RECUERDA QUE LOS OTROS TRES TE SEÑALAN A TI”


Diariamente las personas son etiquetadas y señaladas como si fueran productos expuestos en los supermercados prontos para la venta. Quizás no seamos conscientes de este problema, y lo hagamos sin darnos cuenta. Lo cierto es que estas etiquetas dañan a muchos seres humanos, y contribuyen a la discriminación. Por lo tanto, no tenemos ningún derecho a hacerlo.

Sin embargo, es un problema que existe desde los comienzos de la Humanidad, lo que llama la atención es que en la actualidad dado los adelantos y posibilidades con los que contamos, aún siga siendo una situación por resolver.

Muchas veces al ver las cosas que ocurren día a día, me detengo y pienso si realmente vivimos en el siglo XXI o nos hemos quedados estancados en algún otro siglo. Y basta con mirar las noticias donde datos relevantes de la persona a la que se hace referencia,  parecen ser: su condición social, su estado civil, su opción sexual, política, ideológica, filosófica o religiosa, en lugar del hecho que los ha convertido en noticia, es decir su proceder.

A modo de ejemplo, me pregunto qué agrega en el caso de los dos enfermeros recientemente procesados en Uruguay su religión u opción sexual,¿esos datos atenúan los hechos o los agravan?, para mí son datos que no aportan al caso, es mezclar muy mal las cosas. Fueron procesados por haber cometido múltiples y atroces asesinatos, y es en eso que nos tenemos que basar.

Y siempre están las personas que de un pequeño nudo logran hacer uno mucho más grande, agregando datos irrelevantes, pero que a su vez confunden a la opinión pública, y en un momento donde la situación se torna muy delicada cualquier aporte puede llegar a desestabilizar el sentir popular, que ya se ve muy cascoteado.

Siento que las distintas opciones que las personas decidan tomar en su vida no marcan las diferencias en cuanto a valores humanos, a ese don de gente que les caracteriza y distingue. Porque en todos los grupos, no importa su origen, hay personas mejores y peores, y eso también de acuerdo a una categorización propia y personal.

En este siglo XXI es vergonzoso discriminar a alguien, no importa el motivo, no hay lugar para eso. Vivimos en un mundo que apuesta al cambio, a la tecnología, a la apertura de ideas,  donde la búsqueda  por la integración, el respeto,  la tolerancia y la  libertad no debe perderse nunca de vista.

Y la libertad es la capacidad que posee el ser humano de poder obrar según su propia voluntad a lo largo de su vida, por lo que es responsable de sus actos. Según Paul Sartre “el hombre nace libre, responsable y sin excusas”, pero si la libertad es cuestionada, etiquetada, juzgada, por estigmas, categorizaciones, entonces este el hombre se encuentra viviendo encerrado en su propia celda.

Realmente, intento que lo que piensen lo demás de mi o el modo que me categoricen no me afecte, dado que entiendo proceder de acuerdo a lo que siento y pienso, y si somos fieles con eso, poco debe pesar ese juicio al que nos vemos sometidos permanentemente, en un mundo que parece mirar sólo a los demás sin mirarse previamente en el espejo.

Y esto creo que es la base del respeto, antes de juzgar o emitir una opinión por alguien, sencillamente mirémonos hagamos un trabajo de introspección, y luego retomemos la tarea, creo que en esta segunda instancia seremos mucho más benevolentes a la hora de juzgar a un semejante.

Muchas veces he disentido con gente amiga sobre política, creencias, y luego de hablar largo y tendido, me he puesto a pensar  que existen tantas coincidencias que nos unen, pero sólo que canalizamos nuestras ideas, creencias, pensamientos e ideologías de diferente manera, y eso también es muy respetable.

El respeto por cada semejante es la base del diálogo, de la construcción, de la educación y del progreso, sino viviremos en un mundo que apuesta a grandes cambios, pero que en el fondo aún preserva un discurso conservador y discriminatorio, que no nos permite convivir a todos bajo el mismo sol.

Y el sol nace para todos por el oriente sin discriminar por país, raza, sexo, edad… calienta a todos por igual. La inequidad es una palabra que debería estar a esta altura en desuso, desterrada, pero lamentablemente, tantas veces sin darnos cuenta adjetivamos como: flaco, gordo, peludo, pelo pincho, rico, pobre, planchita, drogadicto, homosexual, loco, infeliz, blanco, negro, mestizo,… y podría seguir la enumeración.

Quiero creer que esta forma de calificar, es parte de que somos seres humanos factibles de errores, pero pensemos que es hora de reflexionar detenidamente, porque cada vez que le colocamos un cartel a una persona le ponemos mucho peso en sus espaldas, y también en las nuestras, porque nadie está libre de culpa o de pecado, y el que lo esté que tire la primera piedra, porque por más que actuemos de buena fe, nos equivocamos y nos seguiremos equivocando, por lo tanto, tengamos la humildad de reconocer este defecto para luego encaminarnos a ser menos severos  a la hora de categorizar a las personas.

Asimismo, el calificar a las personas en forma continua e indiscriminada, sin tomar conciencia de lo que realmente esto significa, nos lleva muchas veces a pisar los talones a la discriminación, ya que el uso de esos “calificativos” terminan por distinguir, separar, excluir a esa persona que es categorizada, etiquetada a “piacere” sin tener en cuenta que el respeto, la dignidad y la libertad son valores que es necesario no traspasar.

Por otra, parte “cuando señales con el dedo, recuerda que los otros tres te señalan a ti”, algo que si nos lo ponemos a pensar detenidamente, es válido, porque antes de señalar a alguien es preciso mirarse a uno mismo previamente.

Y el gran problema es que en este mecanismo donde los estigmas aparecen en forma permanente, es que se tiende a confundir la moral y la ética, que son cosas muy distintas. Cuando hablamos de ética nos referimos al conjunto de principios y valores que orientan a la persona y a la sociedad, a la filosofía de vida. Y la moral es parte de la vida concreta de cada individuo, de sus hábitos, de sus costumbres, implica compromiso de vida.

Entonces, una persona puede ser moral porque sigue sus costumbres y sus hábitos, pero no necesariamente obedecer a los principios, es decir a la ética. Y si hablamos de principios, también estarán de acuerdo a la sociedad en que vivimos, al país, a la época y tantos otros factores que lo harán distintos según el tiempo y el espacio determinado.

Y la vida implica decisiones y opciones por lo cual las personas actúan de una determinada manera o de otra. Y de acuerdo con la ética, las decisiones deben ser racionales, responsables, argumentadas por motivos, pues la ética busca la fundamentación de la condición humana.

Y el tema de la ética y la moral, surge entrelazado pues cuando ponemos en tela de juicio a una persona nos cuestionamos en definitiva estos dos conceptos, que son diferentes, pero que muchas veces suelen confundirse.

A todas estas confusiones al categorizar, debemos agregar que vivimos en un mundo globalizado donde los principios propios, esos característicos y distintivos, pronto se van pulverizando tras la mezcla cada vez mayor de las costumbres adquiridas de distintos lugares, perdiendo gradualmente la identidad.

Pero a pesar de los problemas antes mencionados, convivimos en un mundo donde cada uno de nosotros somos diferentes desde la individualidad, pero a su vez somos iguales como semejantes que vivimos y compartimos un ciclo de vida, por eso apostemos a dejar de lado cualquier tipo de discriminación, porque ya existen demasiados problemas que nos aquejan como para continuar poniendo obstáculos en el camino.