domingo, 18 de marzo de 2012

EL HOMBRE DEL HOMBRE NECESITA


Era un lugar propicio para que la uva creciera hermosa, perfumada y supiera exquisita. Donde el aire puro y el sol se dejaban sentir. Un valle donde la luz y la temperatura eran perfectos para que se desarrollara la vid.

Un sitio mágico, que había logrado congregar alrededor de varias hectáreas a quince familias que se dedicaban exclusivamente a cultivar uvas, para luego convertirlas en vino.

Como suele suceder, había parcelas más grandes, otras más pequeñas, pero todas tenían un encanto característico, habían sido tocadas por la mano de la naturaleza. Un valle invadido por el olor de la uva y los aromas silvestres del campo. Donde los amaneceres y atardeceres maravillaban cada día a los lugareños, pintando de dorado, rosa y lila el entorno, provocando así una paz inmensurable.

Un día Francisco, quien contaba con más hectáreas, hizo llegar una nota a las catorce familias restantes en la que decía: “El sábado a las nueve de la mañana los espero en mi casa. Es urgente, queda muy poco tiempo. Gracias, cuento con todos ustedes. Cordialmente, Francisco”.

A medida que cada familia recibió la nota comenzaron las conjeturas, faltaba una semana justa para el encuentro.

Los que auguran siempre lo peor, pensaron que Francisco estaba por morir y quería vender o repartir sus tierras. Los mal intencionados, creyeron haber sido convocados para que su vecino sacara alguna ventaja extra. Los desconfiados, sintieron miedo porque algo se traería el poderoso terrateniente entre manos. Los más cautos, pensaron -esperaremos al sábado ¿a ver qué ocurre?

Con el correr de los días las especulaciones fueron creciendo, y a esta altura ya se había tejido y destejido tanto en torno al tema, que casi para parecía una historia de terror. Pero, igualmente hubo algunos campesinos que pretendieron mantenerse al margen de tanta insensatez.

 El sábado había llegado, todos arribaron puntuales. La casa de Francisco era acogedora, invitaba a quedarse allí varios días, parecía recibir de brazos abiertos a todos los que allí llegaban.Las paredes de piedra y los techos de tejuela, sostenidos con importantes vigas de madera, daban al lugar una grata calidez, la que se veía acompañada por detalles rústicos que lo hacían un sitio incomparable.

Francisco era como su casa, una persona muy cálida, siempre abierta a escuchar y ayudar, en su rostro se dibujaba  una sonrisa incipiente, que invitaba al interlocutor a abrirse con total sinceridad. Así era él, y toda la gente que trabajaba en su finca lo consideraba como a uno más de su familia.

La mesa de forma rectangular y apariencia rústica, esperaba a los comensales. Cada lugar con su correspondiente individual de mimbre, y todos los utensilios necesarios para comenzar a servirse. Tostadas, tortas fritas, pastelitos, pan, mermeladas, manteca,  quesos, todo casero. Café, té y leche. Los aromas sobresalían naturales y frescos, e invitaban a deleitarse a todos los allí presentes.Mientras  comenzaron a servirse y a probar  el delicioso desayuno que sido había preparado  con total esmero, Francisco comenzó a hablar muy lentamente.

-Se que les resultará algo extraña mi convocatoria, pero hace un tiempo descubrimos con los compañeros de la chacra que nuestras uvas están siendo contaminadas por un pesticida que algunos de ustedes utilizan- dijo pausadamente.

Y agregó-  Las hojas son las peores perjudicadas, y como ustedes bien saben, son el órgano principal para que nuestras plantas vivan, ellas transforman la sabia bruta en elaborada, y son las que proporcionan las funciones vitales a la vid.

De inmediato, los que se habían sentido aludidos, respondieron que no era posible, ya que sus cosechas estaban en perfectas condiciones.

Francisco sin perder la compostura, les explicó que había mandado a analizar las uvas a varios laboratorios para que corroboraran el diagnóstico, y todos habían coincidido en que el pesticida era el causante del problema.

-Como les comentaba me queda muy poco tiempo, es urgente, porque sino perderemos toda la cosecha, y lo que es peor aún, hay muy pocas esperanzas de que los viñedos sobrevivan.

Pronto se comenzaron a oír distintas opiniones, todas apuntaban a que ellos no eran los culpables porque sus cosechas estaban en perfectas condiciones, así que no era válido que quisiera adjudicarles un problema que no les competía.

Reacciones que son predecibles en cualquier grupo frente a determinadas circunstancias, en donde el egoísmo, el individualismo afloran en forma casi espontánea, como un acto prácticamente reflejo.

Francisco  al ver que poco a poco todos comenzaron a pararse y retirarse, intentó convencerlos de que por favor le dieran unos minutos más, pero fue en vano. Tan sólo quedaron las tres familias que tenían menos hectáreas.

-Les agradezco infinitamente que se hayan quedado para escuchar mi propuesta- explicó Francisco.

- Comprendo que sientan que no es su problema, pero entiendo que podrían ayudarme a ver si es posible salvar los viñedos. Así que se escuchan todas las opiniones, serán muy bienvenidas por todos nosotros- dijo ansioso.

Pedro- un humilde campesino, con poca instrucción, pero con un gran corazón dijo- Francisco creo en vos y si consultaste y son nuestros pesticidas los que afectan tu cosecha los dejaré de usar. Si precisás mis manos y trabajo te los ofrezco amigo, sé cómo querés estos viñedos que son parte de tu vida y la de tus ancestros.

Luego prosiguió, Juan- el que tenía menos hectáreas, el más pobre de todos, pero también una persona que valía oro en polvo- quien dijo -yo pienso lo mismo que Pedro y te apoyo Francisco.

Por último, intervino Martha la viuda de José que hacía dos años que llevaba sola el viñedo adelante, estos dos años le habían desafiado sin piedad, y así debió fortalecerse para que su familia pudiera superarse.Entonces, Martha dijo- Mirá Francisco sabés muy bien todo lo que he vivido, y vos fuiste una de las personas que más me apoyó y me impulsó, así que contá conmigo para lo que sea.

Francisco no salía del asombro al ver que los más solidarios, atentos y fraternos eran los que menos tenían. Estas tres personas, habían creído en él, no le habían pedido los estudios de los laboratorios, había alcanzado su palabra y su mirada cargada de angustia. Antes de hablar, ya con los ojos muy llenos de lágrimas, cargado de mucha emoción,tragó saliva.

-Antes que nada, Pedro, Juan y Martha, les agradezco de corazón lo que me han ofrecido. A cambio les propongo que dejen de usar sus pesticidas y les ofrezco que formen parte de estos viñedos, serán socios, no les pido capital sólo que me ayuden con su trabajo y buena voluntad para revertir el problema.

Y así todos de acuerdo decidieron unir sus fuerzas, ganas, entusiasmo y solidaridad para salir adelante.

Una salvedad que hizo Francisco, fue que los tres vecinos mantuvieran en secreto el pacto que habían establecido, todos estuvieron de acuerdo, más no entendieron el porqué. El porqué era sencillo, el pretendía una ayuda sincera, que saliera del alma, y no avivada por premios o ganancias.

Un año más tarde, fueron convocados a una nueva reunión, pero esta vez no en lo de Francisco, sino en lo de su vecino más próximo y más rico quien solicitaba una reunión urgente.

Todos asistieron, y esperaron pacientes a que Guillermo hablara.

-Les agradezco a todos que hayan venido, pero tengo un gran problema, lo que anunciara un año atrás Francisco hoy sucede en mis tierras, voy a perder todo, les pido que me ayuden. Sé que fui muy insensato Francisco cuando tu pediste ayuda, pero creo que uno realmente se da cuenta de esos graves errores cuando vive las cosas en carne propia, hasta tanto creemos que a nosotros nunca nos va a tocar- dijo Guillermo en un hilo de voz

Bueno, lamento que lo hayas tenido que entender de esa forma compañero, pero yo soy mayor que vos y la vida me ha enseñado que lo que hoy le pasa a otra persona mañana también me puede pasar a mí, y por eso debemos ser solidarios y abiertos, porque nada nos es ajeno, y todo en el algún momento se revierte- dijo Francisco.

Quiero que sepas Guillermo que la vida como a vos me enseñó esa lección, pero jamás voy a olvidar cuando la maestra en la escuela nos mandó aprender un poema de memoria, que me marcó para el resto de mi vida y me permitió entender que siempre todos necesitamos los unos de los otros, ese poema se llama “Un sueño” y pertenece a Sully Prudhomme- expresó Francisco en tono conciliador

Y comenzó a recitar el poema:

“Díjome el labrador: Toma la azada,
procúrate el sustento apetecido;
el tejedor: Fabrica tu vestido;
el arquitecto: Erige tu morada.

Huyendo en soledad desesperada,
por el género humano maldecido,
auxilio en vano a las deidades pido,
sólo fieras encuentro en mi morada.

Aterrado despierto: El sol fulgura,
osado constructor la escala agita,
zumba el taller, sembrado miro el llano.

Desde entonces, asido a mi ventura,
vi que el hombre del hombre necesita
y de todos a la par me siento hermano”

Sully Prudhomme


El resto permaneció en silencio, no se animaban a hablar, querían ver cuál sería la aprobación de la mayoría. El poema les había llegado muy profundo, al igual que la primera vez que Francisco lo había leído, para luego recitarlo de memoria.

Y como era de esperar, Franciscoy sus tres fieles amigos, que desde hacía un año no lo habían dejado solo en ningún momento, se ofrecieron a ayudar de inmediato.

El resto de los presentes, entre susurros y comentarios se fueron convenciendo, uno a uno, que era necesario estar todos unidos, en las buenas y más en las malas.

Y es así que las familias lograron ver que a pesar de las diferentes perspectivas o modos de interpretar el problema, lo primordial era ubicarse a la par de sus semejantes, intentando comprenderlos, desde un mismo plano, porque si se ubicaban en otro plano diferente, y aún peor en uno superior, jamás lograrían ponerse en el lugar del otro.

Y el hecho de sentirse superior, o en un plano que no nos compete, afecta a cualquier persona, no depende de la clase social, estatus o poder, es un problema de mentalidad. Pero la superioridad no pasa por aquí, pasa por la grandeza de espíritu, por la generosidad humana.

Es así que en la historia de la humanidad los grandes genios han sido personas sencillas, que se han ubicado en el mismo plano que los demás, y han trabajado y luchado codo a codo con sus semejantes. Y por suerte al final de esta historia, todos lograron ubicarse en lugar común y aunaron fuerzas, porque entendieron que la unión hace a la fuerza, y que “el hombre del hombre necesita”.

Andrea Calvete