miércoles, 30 de noviembre de 2011

HIPERMODERNIDAD: LA ERA DE LOS ANESTESIADOS

Por Andrea Calvete

 

En la era de la hipermodernidad, donde los “híper” anteceden al mundo de los vocablos: hipercapitalista, hiperpotencias, hiperterrorismo, hipervacaciones, hipermercados, hipertensiones, hiperconsumo, hiperindividualismo también nos enfrentamos a una sociedad hipermoderna, ¿somos capaces de sobrevivir a ella?

Lipovetsky, sostiene que “la sociedad hipermoderna está fundada en los siguientes principios: los derechos humanos; la democracia pluralista; la lógica del mercado y la lógica tecnocientífica”

El filósofo francés manifiesta que lo que nos tiene que preocupar,  es la “fragilización de los individuos. El individuo hipermoderno es libre, pero frágil y vulnerable, librado a su suerte” Una suerte donde el tiempo corre deprisa, y los minutos no alcanzan.

Entonces, la sociedad hipermoderna se ve amenazada por la fragilización y desestabilización emocional de los individuos, donde la sociedad no ofrece una estructura sólida en la cual cada individuo se sienta confortable, así depresiones, angustias, trastornos psicosomáticos, seres aislados, separados de sus familias, familias destruidas, individuos invadidos por la soledad, son algunos de los de muchos males que padecen las personas hoy en día.

En la hipermodernidad, el desempleo, la preocupación por la salud, las crisis económicas, inducen a una ansiedad  individual y colectiva que se ha introducido en el cuerpo social.

Asimismo, el desarrollo de la globalización y de la sociedad de mercado ha ocasionado nuevas formas de pobreza, marginación y precariedad del trabajo. Sin embargo, la sociedad hipermoderna no ha supuesto la aniquilación de los valores, afirma Lipovetsky.  Pero en contrapartida, se han perdido muchos valores y se ha cambiado la escala de valores, así nos enfrentamos distintas generaciones con valores e intereses tan diferentes, que dificultan el diálogo.

Y el “mercado –controlado por pocos– se ha apoderado de los otros ejes: el conocimiento ,la democracia y la ciencia, y las ha reducido a la única dimensión del beneficio”, según Lipovetsky.

Un mundo donde se corre tras una “calidad de vida”, donde se percibe un gran individualismo e interés personal. De este modo, las investigaciones son promovidas por intereses económicos y los intereses humanos parecen olvidarse tras el afán de ganar más y más, aunque sean menos los que puedan lograr estas metas.

Por otra parte, volviendo al tema de los valores, los prototipos de figuras idolatradas han cambiado, antes era digno de admiración y respeto alguien que exponía sus ideales, pensamientos, luchaba por lograr cambios sociales importantes, mientras que en esta era las figuras admirables son personas que poseen mucho dinero, una figura perfecta, modelada estéticamente por los mejores cirujanos, mas la inteligencia y el intelecto parecen haber sido olvidados  y entonces les pregunto ¿dónde han quedado los valores?

El exceso en todos los ámbitos: cirugías estéticas, clonación, pornografía, turismo, dopaje en deportes extremos, bulimia, anorexia, adicciones de todo tipo, son los males que nos aquejan. Un narcisismo y hedonismo exacerbados, el placer es más importante que cualquier distinción social, el no querer sentir dolor o sufrimiento es una de las máximas premisas en la era de los anestesiados.

Asimismo, un mundo cargado de paradojas, donde se nos ofrecen soluciones “rápidas, ligths, descartables ”, “ todo tiene una salida”. Sin embargo, si miramos detenidamente podemos apreciar hombres cargados de problemas, angustias, depresiones, donde se consumen toneladas de pastillas a diario para alivianar el dolor y el sufrimiento.

Múltiples aparatos abarrotados en el fogón, inútiles, sirven para ocupar lugar, porque a la hora de usarlos, el hecho de pensar en desarmarlos y lavarlos te desanima. Y pronto, te ves utilizando el exprimidor manual y la vieja cuchilla afilada, con tal de ahorrarte tanto trabajo. He aquí otra  de las paradojas de la hipermodernidad.

 Y así los hombres anestesiados catapultan todo posible sentimiento de dolor o sufrimiento, y el slogan vigente es “estoy harto del sufrimiento, quiero vivir lo mejor posible”. Ahora si bien es un razonamiento que tiene su sustento,  también es necesario analizar las consecuencias de este tipo de actitudes, que llevan a pensar en primera persona.

Entonces ¿cómo sobrevivir? En un mundo donde al mirar la televisión o conectarnos a Internet, vemos como el hambre azota, la miseria, las guerras, irregularidades de todo tipo son vistas de forma natural, pues son tantas las cosas hipermalas que suceden que ya nuestros ojos y sentidos se han quedado anestesiados, impávidos ante lo que acontece.

Y con respecto al tema de la información muchas veces manipulada, que también paradójicamente en lugar de mostrar lo que realmente sucede, se ve distorsionada a merced de intereses que verdaderamente distan años luz con lo que debería ser un correcto tratamiento de las noticias.

Es hora de cambiaren la era de los “híper”. Hiperabrirse a la solidaridad, al hipercambio, a la hiperayuda, a la hipereducación, a dejar de lado el hiperegoísmo para desplegar lo mejor de cada uno. No será tarea sencilla, mas si ha de ser todo a lo grande, pues eso significa la palabra híper, a lo grande ha de ser el esfuerzo que tengamos que proporcionar para mejorar este mundo ,que como dice Galeano, está “patas arriba”.

Por eso creo que está en cada uno de nosotros, responsabilizarnos y comprometernos con el planeta en el que vivimos, por los que estamos y por los que vendrán, es tarea de todos analizar críticamente lo que sucede, aunemos esfuerzos y comencemos a trabajar.

viernes, 25 de noviembre de 2011

LA AGRESIÓN UN MAL ENRAIZADO EN NUESTROS DÍAS

Por Andrea Calvete

La agresión, una situación instaurada que convive entre nosotros, a la que no somos ajenos: guerras, violencia, sadismo, son algunas de las manifestaciones de este mal que se ha enraizado en nuestro días.

La agresión es una tendencia o conducta hostil o destructiva, es un acto contrario al derecho del otro.

El término agresividad  proviene del latín gradior que significa marchar contra, hace referencia a una serie de actividades que pueden expresarse a través de la pelea física, los gestos o expresiones verbales que aparecen en el curso de cualquier negociación.

La agresividad tiene su origen en múltiples factores, internos, externos, individuales, familiares o sociales. La adicción a las drogas y los cambios emocionales del individuo, tanto a un nivel considerado no patológico por los especialistas en salud mental, como patológico (neurosis, depresión, trastorno maníaco-depresivo o trastorno bipolar) pueden generar también comportamientos agresivos y violentos.

Así como la ansiedad, la agresividad que se considera normal, funcional y necesaria para la supervivencia y la vida cotidiana, pero a ciertos otros niveles, se considera anormal, disfuncional y generadora de muchos otros problemas de salud.

En referencia a los orígenes de la agresividad, Erich Fromm en el “Amor a la vida”, explica que existen dos tipos de agresión: la biológicamente adoptada, que es la misma que existe en los animales, y la específicamente humana, la de la hostilidad, la viviente, la del odio a la vida, la necrofilia.

En el primer caso, Fromm explica que la reacción defensiva del hombre es más amplia, ya que el animal vive la amenaza presente, mientras que el hombre también representa el futuro. Asimismo, la reacción del hombre es mayor porque al hombre se le pueden sugerir cosas, y al animal no, entonces es susceptible a ver amenazada su vida o su libertad por intermedio de la sugerencia de alguien. Por otra parte, el hombre posee intereses vitales especiales, valores, ideales, instituciones con las que se identifica, por lo tanto es mucho mayor el número de posibilidades por las cuales se ve amenazado.

En referencia a la agresividad biológicamente adaptada, donde el hombre defiende intereses vitales, Fromm sostiene que existen hombres en los que su forma de defensa no es biológicamente adaptada, sino enraizada en su carácter. Un carácter proclive a la agresión es una de las manifestaciones del sadismo, que implica un hombre que intenta controlar en forma absoluta y total a otro ser.

Asimismo, las frustraciones en el hombre generan agresividad porque no es posible conseguir aquello que se desea.

Actualmente, una de las formas de manejar la ansiedad es por medio del poder, la agresividad genera miedo en los demás, y en el agresor sensación de poder.

Finalmente, más allá de las causas o los motivos, es necesario denunciar todos los casos de violencia o agresividad, pues dar la espalda al problema no es la mejor forma de colaborar. La educación, los medios educativos y de comunicación son buenos canales para combatir este mal.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

“SI LA ENVIDIA FUERA TIÑA, EL MUNDO ESTARÍA TIÑOSO”

Por Andrea Calvete



La envidia en un sentimiento muy común en estos días, avanza sigilosa, corroe el alma, genera infelicidad e insatisfacción para quien la padece. Y como su frecuencia es creciente entre los seres humanos el dicho popular “si la envidia fuera tiña, el mundo estaría tiñoso” cobra cada vez más poder.

Existen personas cargadas de tanta envidia, que ya pasa a ser una patología en sus vidas, de modo que todo lo que realizan se ve cegado por este sentimiento miserable y mezquino.

Y volviendo al tema de la tiña, ésta es una infección cutánea causada por un hongo que puede afectar a la piel en cualquier parte del cuerpo, puede ser una infección molesta y rebelde , que debe ser tratada a través de remedios o terapias apropiadas para su curación. La tiña es muy contagiosa en personas y en animales, por eso la vinculación con este proverbio popular, que lo decía mi bisabuela Antonia, nacida el 13 de junio de 1876.

Por su parte, la envidia de acuerdo a las definiciones de la Real Academia Española es la tristeza o pesar del bien ajeno y la emulación , deseo de algo que no se posee.

Primera definición: tristeza o pesar del bien ajeno.

De acuerdo a la primera definición la envidia implica sentir tristeza o pesar por el bien ajeno. Entendida de este modo, la envidia es la madre del resentimiento, un sentimiento que no busca que a uno le vaya mejor sino que al otro le vaya peor.

Segunda definición : emulación, deseo de algo que no se posee.

En este caso que lo envidiado no es un sujeto sino un objeto material o intelectual. Por lo tanto, en esta segunda acepción la base de la envidia sería el sentimiento de desagrado por no tener algo y además de eso el afán de poseerlo.

Una tercera posibilidad para comprender lo que la envidia implica sería la combinación de las dos acepciones mencionadas anteriormente.

Victor Hugo define al envidioso como “un ingrato que detesta la luz que le alumbra y le calienta”. Y esa ingratitud se ve reflejada al no reconocer cuando alguien brilla, se supera, y en lugar de alegrarse, se resiente y se llena de rabia por no ser luz.

“El tema de la envidia es muy español. Los españoles siempre están pensando en la envidia. Para decir que algo es bueno dicen: “Es envidiable", así lo manifiesta Jorge Luís Borges.

En referencia a esta cita de Borges, es cierto que muchas personas dicen te envidio sanamente, pero, ¿hasta qué punto esto es posible?, un tema bastante discutible que daría horas para hablar.

Por su parte, Paulo Coelho expresa que "cuando realmente permitimos que el odio, la envidia, la intolerancia, vibren a nuestro alrededor, terminamos consumidos por esta vibración" , y esto ocurre porque es un sentimiento que trae aparejado otros muy malos. Por eso, cuando las personas no pueden combatir este problema, es imprescindible consultar a un profesional que los pueda ayudar y guiar a superarlo.    

Se la puede definir como el deseo de ser preferido frente al otro, que produce una tristeza por el bien ajeno. La envidia es una consecuencia lógica de metodologías competitivas, tan arraigadas en nuestros días, en donde cobran especial valor los primeros, los listos, los triunfadores, provocando en los demás un sentimiento de desear la posición del preferido .Sin embargo, este problema no debemos dejarlo pasar por alto, para contrarrestarlo es importante apostar a metodologías cooperativas y solidarias.

Lo que desea el envidioso es ser preferido, lo que denota inseguridad y falta de amor. Pero cuando intentamos desarrollar nuestra inteligencia social, comenzamos a aplicar un gran antídoto para este mal vigente, antiguo, pero preexistente. E n tal sentido, los sentimientos guardan estrecha relación con la inteligencia. De esto modo al desarrollar la autonomía, se pone fin a este sentimiento tan perjudicial

Es imprescindible comprender que cada persona es única, especial, y se distingue por sus virtudes, por eso al desarrollar la identidad nos alejamos de la envidia y afianzamos nuestra autoestima, la que nos permite estar seguros de quiénes somos y de lo qué queremos o anhelamos.

Igualmente, quiero dejar claro que como seres humanos, podemos en algún momento haber sido víctima de este sentimiento, pues muchas veces nos equivocamos, pero lo importante es poder percibir nuestros errores, para superarnos día a día.

De cualquier forma, quien envidia es porque ambiciona conseguir o alcanzar algo que posee otro. Lamentablemente, los seres humanos siempre miramos la vereda de enfrente, es algo común que tendemos a hacer. Sería mucho más productivo no idealizar las posiciones de los demás individuos y centrarnos en nuestra propia realidad, de esta forma si estamos desconformes con ella, podremos poner manos a la obra para revertirla.

Pero lamentablemente, la envidia es la causante de tantos problemas existentes en la humanidad, pues quien envidia salta barreras, rompe códigos, y hace lo que sea, sin detenerse a pensar un instante que está cavando su propio foso y el de muchos otros seres, tras conseguir eso que posee otra persona, sin darse cuenta que lo que tengan los demás no le quita ni le agrega nada.

Y volviendo al tema de la competitividad, ella promueve a la envidia diariamente, ya que las oportunidades son cada vez más escasas : la superpoblación mundial, la escasez de alimentos ,la explotación intensiva de los recursos naturales y la contaminación, son algunos de los graves problemas que enfrenta la humanidad . Aunque estos problemas no justifican su presencia, pero lamentablemente la exacerban.

La envidia en un sentimiento ruin, que lo único que trae aparejado es la infelicidad y la desdicha. En tal sentido, Napoleón sostiene que “la envidia es una declaración de inferioridad”.

La persona envidiosa nunca logra sentirse satisfecha, pues siempre añora algo que poseen los demás y ella no tiene. Y es aquí que debemos preguntarnos ¿qué es lo que nosotros buscamos?, no importa lo que busquen los demás o lo que alcancen tras esa búsqueda. El que envidia su primordial fin es opacar el brillo de los demás.

Y entonces, caminan de la mano la envidia y la mediocridad. Y este en encuentro se produce porque algunas personas no reconocen los logros de los demás y celebran por ellos. Según Voltaire "el orgullo de los mediocres consiste en hablar siempre de sí mismos; el orgullo de los grandes hombres es no hablar nunca de ellos", y si analizamos estas palabras veremos que los hombres que brillan o brillaron nunca se vanagloriaron de sus actos, fueron personas humildes, sencillas, con un corazón grande y solidario.

Khalil Gibran sostiene que “el silencio del envidioso está lleno de ruidos”, porque nunca llegan a tener paz interior, siempre los ruidos los ensordecen, desequilibran, y vemos seres alienados corriendo detrás de más y más sin descanso.

Y quien permite que este sentimiento se instale en su alma, envidiará al pobre porque no tiene ataduras, al rico porque lo tiene todo… y así cualquier situación será propicia para generar envidia.

Cuando nos sentamos ante una persona sabia, grande, llena de encanto, debemos permitirnos aprender de ella, porque cada día es posible adquirir un conocimiento nuevo, de este modo nuestra vida se enriquecerá día a día. Debemos comprender que lo que tengan los demás no es de nuestra incumbencia, cada uno somos lo que hemos decido ser, y si no estamos conformes intentemos superarnos en la medida de nuestras posibilidades, pero no culpemos a los demás por lo que no hemos alcanzado.

Es hora de dejar la envidia atrás, y preocuparnos por ser mejores personas, por intentar superarnos, de modo de sentirnos satisfechos con lo que somos y tenemos, pero no hay que olvidar el viejo refrán que dice que “lo que la naturaleza no da, Salamanca no presta”. Existen personas excepcionales, únicas, diferentes, que marcan historia, entonces intentemos mirarlos como ejemplos, como luz en nuestro camino.

Aunque algunas personas, pasan su día sacando cuentas de ¿cómo alcanzar lo que tiene el otro?, ¿cómo perjudicar a ese ser que alcanzó eso que a él le hace falta?... Y aquí el debate se torna complejo, porque les pregunto ¿qué es lo que nos hace falta?, y el abanico de respuestas puede ser múltiple, y me arriesgaría a decir inmenso. Y si ya pensaron que les hace falta, les propongo imaginar por un momento que lo alcanzan, ¿se han puesto a analizar el costo que tiene tener cada vez más?, no existe nada gratis en esta vida.

Por último, cuando sientas que la envidia te invade, no permitas que se instale en tu alma, es importante cerrarle la puerta, y comprender que es un sentimiento muy malo, que provoca destrucción e infelicidad.