miércoles, 13 de julio de 2011

¿TÚ NINGUNEAS?

Por Andrea Calvete

Un verbo que ha surgido como por arte de magia en los últimos tiempos, y aquí en el Río de la Plata se utiliza con mucha frecuencia. Ya nos hemos acostumbrado a oírlo, pero al principio me resultaba insoportable.

A lo largo de mi vida no lo había utilizado, y en vista de su reiterado uso en distintos medios decidí consultar si existía o era un simple modismo, para mi sorpresa es válido y aceptado por la Real Academia Española.

Ningunear, según el Diccionario de la Real Academia significa:

1. tr. No hacer caso de alguien, no tomarlo en consideración.

2. tr. Menospreciar a alguien.

Antes solíamos decir, no me tiene en cuenta, no toma en consideración, me menosprecia, pero no era común escuchar me ningunea.

Ahora todos ninguneamos: yo ninguneo, tú ningunéas, el ningunea, nosotros ninguneamos, vosotros ninguneáis, ellos ningunean. Un verbo que suena fuerte y despectivo, pero que se puso de moda a la velocidad de la luz, y ya es pan de todos los días.

Cabe preguntarnos ¿por qué?, acaso existe tanta gente insegura de si misma, con falta de personalidad, que a la mínima dificultad su llave térmica salta y como respuesta simple y atropellada dice: “No me ningunees”.

El tema va más allá de este verbo con carácter peyorativo, pues nadie se puede sentir ninguneado cuando está seguro de lo que es como ser humano, de sus valores, de sus creencias, pues ¿dónde ha quedado la autoestima?, ante el mínimo ataque ¿nos sentimos ninguneados?

En este juego del ninguneo están los que por motus propio se perciben agredidos por sus simples inseguridades y miedos y se sienten ninguneados. Por otra parte, se encuentran  los que emprenden una lucha desleal psicológica para inferiorizar a un semejante, aquí se produce un juego macabro que raya con lo patológico, y éstos son los que ningunean sin piedad.

Asimismo, este verbo está sumamente vinculado con un alto grado de vanidad, de arrogancia, de presunción y de soberbia. Sería importante tener presentes las palabras de Benjamin Franklin, quien expresa  que “el orgullo que se alimenta con la vanidad acaba en el desprecio”, entonces quizás he aquí la clave de este verbo que se ha vulgarizado últimamente.

La vanidad muchas veces va de la mano de la ignorancia, cegando al hombre, no permitiéndole apreciar una imagen acertada de si mismo, entonces antes de utilizar este verbo, detengámonos  a pensar si es preciso y necesario, o es parte de un modismo rioplatense

Por su parte, Mark Twain dice: “Aléjate de aquellos que intentan menospreciar tus ambiciones. La gente pequeña siempre lo hace, pero los verdaderamente magníficos te hacen sentir que, tú también, puedes ser magnífico”. De este modo, quien nos quiera bajar nuestra autoestima esa persona no merece nuestra amistad ni nuestra confianza.

Si tuviera que contestar quién es más inseguro el hombre o la mujer, les diría que para mi no hay diferencia, es cuestión de la personalidad de cada individuo, y del camino que haya recorrido. Sin embargo, el sentir popular nos tilda más inseguras a las mujeres que a los hombres, y es común escuchar que no estamos conformes con nosotras  mismas, por eso dedicamos parte de nuestro tiempo en  gimnasios, en clínicas estéticas, en peluquerías, en cursos de diversa índole… y así podría seguir enumerando lugares. Pero a quienes piensen de este modo les pregunto: ¿El querer verse  y sentirse bien es un problema de inseguridad, o por el contrario es un tema de autoestima y respeto por uno mismo y por los demás?

Claro está, que si entendemos que todo lo que hacemos es por seguir determinados estereotipos, entonces será cierta la afirmación de que esas actitudes denotan inseguridad.

Muchas veces, los temas se descontextualizan y llevan a estas versiones que finalizan por ser un sinfín de malos entendidos, en los que luego de un rato ya no se sabe ni de que se está hablando.

Pero me parece que a esta altura cada cual se viste, peina, o arregla como se le antoja, a pesar de los estereotipos de hombres y mujeres perfectas. Por otra parte, los individuos precisamos de  un equilibrio entre nuestra imagen interna y externa. Y por más que muchas campañas apuntan a cuerpos e imágenes perfectas, en el fondo todos sabemos que son modelos que pautan publicidades en distintos medios.

Pero volviendo al tema del ninguneo, nadie nos puede menospreciar, no tiene ningún derecho. Los individuos que vivimos en el siglo XXI, por suerte, nos aproximamos a acortar las brechas discriminatorias, aunque todavía existen personas que han quedado con pensamientos arcaicos en sus cabezas, que desde sus propios tabúes y preconceptos son los primeros que se van a sentir discriminados por no aceptar que la diversidad es parte de la vida y siempre lo fue.

El ninguneo, es reflejo de inseguridades, envidias, miedos y angustias. Quien hiere a quien lo rodea en un intento de superar sus conflictos, sufre de una patología importante, que linda con la perversidad, y es digna de ser tratada en forma inmediata.

Según Ernest Hemingway “el secreto de la sabiduría, el poder y el conocimiento es la humildad”. Es así que quien ha tenido la posibilidad de estudiar, leer, formarse y ha llegado a ocupar importantes cargos, nunca se jactará de lo hecho u obtenido, por el contrario desde el anonimato intentará ayudar a quienes no tuvieron esa posibilidad, y lo hará con felicidad.

Y retomando el tema del ninguneo, la envidia, tan frecuente, mucho más de lo creemos,  es una de las que da cabida a este verbo tan de moda. Miguel de Unamuno expresa que “la envidia es mil veces más terrible que el hambre, porque es hambre espiritual”. Pero este es tema muy antiguo, ya mi bisabuela decía un refrán: “Si la envidia fuera tiña el mundo estaría tiñoso”. La palabra tiña significa: miseria, escasez, mezquindad.

¿Cabe preguntarnos por qué siempre existen personas que discriminan,  están insatisfechas, envidiosas,  mezquinas?, quizás una respuesta a todos esos males sea la insatisfacción personal por no saciar todas sus “necesidades”, que no son tales, sino parte de un mundo en el que se premia la codicia y el consumo sin límites ni medidas.

Correlacionado con el ninguneo surge el tema de la discriminación, tan pretérito y frecuente que ya resulta desgastador hablar de él, pero merece la pena mencionar las formas de discriminación más frecuentes, le cueste a quien le cueste, pues ellas la padecen millones de personas a diario en el mundo entero.

1. Racismo y xenofobia.

2. Homofobia o rechazo a las orientaciones sexuales distintas a las mayoritarias.

3. Discriminación a personas discapacitadas o enfermos.

4. Discriminación a las mujeres (machismo).

5. Diferenciación según el estrato social.

6. Discriminación religiosa.


El Racismo y la xenofobia implican la discriminación de las personas por su raza o nacionalidad.

La Homofobia es una enfermedad psico-social que padecen quienes odian y no aceptan a los homosexuales. La homofobia es de la familia del racismo,  de la xenofobia y del machismo

La discriminación a discapacitados y enfermos: se expresa a través del menosprecio a personas con capacidades diferentes. Hoy en día cada vez son más aceptados en puestos laborales, pero aún resta mucho por hacer. Asimismo quienes padecen enfermedades como el  SIDA lamentablemente entran en este grupo, así como los adultos mayores que en algunas circunstancias son discriminados.

La discriminación hacia las mujeres conocida como machismo aún sigue vigente, aunque en menor grado pero igualmente me pregunto ¿hasta cuando?

La diferenciación según el estrato social, es una de las discriminaciones más antiguas del mundo y que también persiste.

La discriminación religiosa es un problema que continúa vigente, si nos remontamos a tantos ejemplos en la historia, podemos recordar el genocidio judío, armenio y muchos más. Actualmente existen guerras armadas en nombre de religiones, cosa que parece no tener ni pie ni cabeza.

Parece mentira que en el 2011 continuemos dialogando sobre la discriminación, siento que es un tema que debería estar superado hace mucho tiempo, y quizás nuestros salvadores al respecto sean las generaciones venideras, jóvenes, desprendidas de todo tipo de prejuicio, y si observan con atención cuando las personas son más pequeñas el grado de discriminación es prácticamente nulo. En tal sentido, la educación es primordial, pues lo que inculquemos se verá pronto reflejado en el futuro.

¿Acaso alguna vez se cuestionaron como nos atrevemos a discriminar a alguien, con qué derecho, en base a qué, qué es lo que nos hace distintos de los demás?, y en tal caso si existen diferencias son en relación a formas de pensar, sentir o encarar la vida, allí cada cual es dueño de hacer con su vida lo que desee. Probablemente muchas cosas de las que hacemos convencidos que estamos en lo correcto, otras personas piensen lo contrario.

Juzgar es una palabra que si bien se aplica continuamente, a través de procesos legales, a nivel individual deberíamos ser muchos más cautelosos, y primero mirarnos a nosotros mismos, pero “no hay peor ciego que el que no quiere ver”, y a la hora de mirarnos a nosotros mismos muchas veces somos muy benevolentes, pues es “más sencillo ver la paja en el ojo ajeno”.

Y es así que descubrimos otra arista del problema: el respeto. Por eso, es primordial respetar la diversidad en su extensión, el respeto es la base de un buen funcionamiento en una familia, en un grupo, en una empresa, en una sociedad, en un país, con las demás naciones. Si queremos ser respetados primero deberemos respetar a los demás, valorarlos tal cual son, y descubrir qué ser humano se esconde detrás de esa persona tan distinta a nosotros, pero que quizás pueda enseñarnos algo de lo mucho que nos resta por aprender.

El psicólogo Abraham Maslow, desarrolló dentro su la Teoría de la Motivación, una jerarquía de las necesidades que los hombres buscan satisfacer. Las necesidades básicas  se encuentran en el soporte de la pirámide y en la medida que se asciende las necesidades son más elevadas. Así surgen primero las fisiológicas, segundo las de seguridad, tercero las de afiliación, cuarto las de reconocimiento, y quinto las de autorrealización. Mas lo que ocurre con las personas que se sienten ninguneadas o por el contrario ningunean, es porque han fracasado en algunas de estas etapas, sobre todo en las más elevadas, y entonces se hallan resentidas.

De esto modo, en la medida que nos acercamos a los niveles superiores de la cúspide pareciera que las necesidades resultaran satisfechas. Pero paradójicamente al alcanzar los más altos niveles, se ganan metas pero se pierden tantas cosas a nivel personal, pues el tiempo escasea, y ya los afectos ocupan un lugar muy pequeño. Asimismo, es preciso destacar que existen personas cuyos niveles de ambición resultan inagotables, y aún al llegar al nivel más alto no se encuentran satisfechos.

Mas alcanzar la cúspide no dependerá directamente de los logros obtenidos, sino de las metas que cada uno se proponga, y si ellas se alejan de una realidad factible, o sea de metas sustentables, entonces posiblemente ese individuo viva corriendo tras de logros que jamás alcanzará, insatisfecho y amargado, no valorando lo que tiene realmente.

Finalmente, los invito a no ningunear a nadie, habla mal de uno, de inseguridad, de miseria humana. Existen tantas formas de defendernos, que no es necesario aplicar este método. Muchas veces el verbo se puede utilizar en forma omitida, a través de acciones que en sí encierren menosprecio. Pero quien haya vivido una situación de este estilo, no se desanime, porque el peor perjudicado en este caso es quien comienza con esta ofensa absurda y cobarde, que en última instancia a quien deja mal parado es al propio emisor, quien desestima la inteligencia y el valor humano de la persona a la cual agrede.