domingo, 30 de junio de 2013

EL ARTE DE ESCUCHAR

Escuchar es un arte, pues no todas las personas se brindan con sus cinco sentidos ante una conversación. Requiere de un proceso de concentración en el que absorber, procesar y pensar, serán tres verbos relevantes.

Muchas veces notamos que nuestro interlocutor nos oye pero no nos escucha, pues escuchar implica prestar total atención, sin permitir que nada nos distraiga o ausente.

Sin embargo, pese a que no es sencillo, todo ser humano necesita escuchar y ser escuchado, para sentirse querido, respetado y apreciado por quienes lo rodean.

Pero como vivimos cargados de preocupaciones, no logramos concentrarnos plenamente en el diálogo. Por eso es necesario, focalizarnos en la conversación, con tolerancia y paciencia para poder abrirnos a la comunicación fluida. He aquí una de las grandes fallas a la hora de transmitir algo.

No sólo se debe prestar atención a las palabras sino también a los sentimientos, a la voz y a los ademanes. Estos tres instrumentos facilitarán la comunicación, y el escuchar se hará una tarea sencilla.

Dicen que para saber hablar es preciso saber escuchar y este concepto camina de la mano del proverbio que dice: “Del escuchar procede la sabiduría, y del hablar el arrepentimiento”.

Cuando nos comunicamos, no sólo se intercambian opiniones, también sentimientos, actitudes, emociones y fluye energía. Por eso, para que este proceso se de en forma correcta, es necesario que entre las partes interesadas se genere confianza, una expresión libre sin barreras ni obstáculos.

Si logramos escuchar con el alma, con total entrega y devoción, quien hable percibirá un interés intenso, único y particular, por lo que su comunicación se hará sencilla y placentera, y el tiempo volará a toda prisa.

Es común que las personas en nuestro afán por resolver problemas, urgencias, hablemos con rapidez, olvidando que quien nos escucha también merece ser escuchado, pues es parte de este mundo carente de buenos escuchas.

No faltará quien diga para lo que hay que escuchar, más vale perder el oído. No estoy de del todo de acuerdo con esta afirmación, existen cosas horripilantes que tan sólo con oírlas nuestros oídos sufren fuertes dolores, pero también es cierto que siempre es posible escuchar algo hermoso, nuevo, diferente, que nos haga cambiar de opinión, que nos permita ver el mundo desde otra perspectiva.

Estamos bombardeados por noticias dolorosas, un mundo donde los que mandan se pelean por sus asientos, por sus riquezas, mientras la gente escucha sus promesas cansados de oír siempre lo mismos repertorios. Ante estas circunstancias comprendo que no queramos continuar escuchando, pero hubo y habrá individuos que tienen mucho para decir, y para aportar, pues no sólo de las personalidades reconocidas aprendemos, sino de nuestros semejantes a través de esas palabras que nos llegan al corazón.

Decálogo para saber escuchar:

1- Dejar de hablar: no podemos escuchar si estamos hablando.

2- Transmitir tranquilidad a la persona que habla, de modo de crear un ambiente de confianza y libertad, que permita a la persona a sentirse libre a la hora de expresarse.

3- Demostrar interés en lo que estás escuchando, es decir poner todos tus sentidos a disposición de la persona que te habla, en lo posible evitar todo tipo de distracciones, celulares, televisiones, timbres, sonidos externos.

4- Evitar distracciones: este punto está correlacionado con el anterior se debe escuchar en un lugar tranquilo, sin interrupciones, donde exista silencio, tranquilidad y armonía.

5- Intentar ponernos en el lugar del otro, para que lo que nos trasmite no pueda llegar con la mayor intensidad posible, dejar de lado preconceptos o nuestra forma de pensar o sentir.

6- Ser paciente, de modo de no interrumpir, así quien se expresa siente que puede seguir un hilo conductor sin presiones, sin prisas.

7- Controlarse: Aunque lo que escuchemos no sea de nuestro agrado debemos mantener la calma, pues de ese modo no cohibimos a quien habla y se expresa libremente.

8- No alegar ni criticar lo que estamos escuchando, es decir no juzgar. Recién cuando el interlocutor finaliza si nos pide nuestra opinión, allí se la daremos.

9- Preguntar: Es importante intercalar una pregunta, de esta forma demostramos interés en lo que estamos escuchando.

10- Dejar de hablar: No interrumpir cuando no es necesario, el silencio es imprescindible tanto para el que habla como para el que escucha, el generar una atmósfera adecuada, que facilite una empatía entre quien habla y el que escucha.

Tantas voces no fueron escuchadas, y no lo son, siglos de sufrimientos de reclamos, es paradójico que en la era de la información este problema no logre subsanarse, pero lo que ocurre no es la falta de tecnología sino de voluntad de sentarse escuchar con absoluta concentración a quienes lo requieren para superar los dificultades que aquejan a la humanidad.

El egoísmo y el egocentrismo son dos factores que no permiten que este arte tan importante en la vida de los seres humanos pueda fluir plenamente. Existen tantas personas que anteponen sus problemas, sus necesidades, sus inquietudes, sin detenerse ni siquiera a escuchar cinco minutos a las personas que le rodean. De aquí, los malos entendidos en los trabajos, en las familias, en los grupos de amigos, en las parejas, donde nadie se escucha, unos hablan por encima de los otros, y lo que hacen es apenas oírse.

Por otra parte, el no escuchar puede traer problemas importantes, como sentirse excluido, ignorado, por falta de compromiso y de voluntad hacia nuestros semejantes que precisan unos minutos de atención.

Asimismo, muchas veces no nos escuchamos ni nosotros mismos, y vamos por la vida cometiendo un error detrás del otro, en tal sentido Abraham Maslow expresa que “no se puede elegir sabiamente una vida a menos que se atreva uno a escuchar a sí mismo, a su propio yo, en cada momento de la vida”. Por eso, antes de poder escuchar a los demás debemos ser capaces de empezar por nosotros.

En referencia a nosotros mismos, nuestro corazón es un órgano muy noble que pocas veces se equivoca, sabe percibir que nos pasa, que nos sucede, entonces escucharlo a él será una parte fundamental para estar seguros en donde estamos parados. Si logramos aprender a escucharnos hemos aprendido a meditar.

Asimismo, el ser pacientes, silenciosos cuando alguien nos habla significa desarrollar el autocontrol, la inteligencia, pues al escuchar otras voces podemos llegar a comprender situaciones que ni siquiera pasaban por nuestras cabezas, significa ese “open mind” es decir el abrir la cabeza que tantas veces solemos mantenerla hermética cerrada con cadenas y candados, presos de nuestros propios miedos, angustias, y eso egocentrismo que no nos deja ver más allá de nuestras narices.

Por otra parte, Martin Luther King expresa que “tu verdad aumentará en la medida que sepas escuchar la verdad de los otros”. Pierden relevancia nuestros problemas cuando no somos capaces de comprender a quienes nos rodean.

Mas en este arte como también nos gusta que se nos escuche, debemos ponernos en el lugar de la persona que nos brindará toda su atención, para que nuestras palabras lleguen a su cause. El destinatario variará según la edad, sus gustos, intereses, su vulnerabilidad, la situación que transite. Igualmente, si partimos de cero y no conocemos a quien nos escucha como más razón ser cautelosos, pacientes, pues no contamos con muy pocos datos de nuestro escucha. Esta misma situación se da en relación inversa cuando somos nosotros quienes escuchamos y nos enfrentamos a nuestro interlocutor.

En todo este difícil camino de aprender a escuchar cabe acotar que existen situaciones que nos resultan de mayor o menor impacto, pero a pesar de ello nuestro deber como escucha deberá implicar la mayor imparcialidad posible, pues es al permitir entrar en el juego a nuestra subjetividad, se abrirá la puerta para que nos pongamos en jueces de algo que posiblemente no está siendo contado con esa finalidad.

Juan Donoso Cortés expresa que “lo importante no es escuchar lo que se dice, sino averiguar lo que se piensa”, podemos escuchar con todos nuestros sentidos pero si no decodificamos el mensaje de nada servirá nuestro tiempo y atención prestada.

Escucha quien puede, quien quiere, quien lo cree necesario, quien está dispuesto a compartir algo de su tiempo, quien aún le importa este mundo, quien siente que su corazón aún late y quien desea ser útil. No debe significar un sacrificio u obligación sino algo sentido por motus propio, sino realmente de nada sirve.

Quizás sea hora de seleccionar qué escuchar y qué no, pero más allá de esta decisión queda mucho por escuchar, al mismo tiempo que precisamos perfeccionarnos como escuchas, pues es una tarea pendiente de gobiernos, gobernantes, empresarios, profesionales de todo tipo, trabajadores, estudiantes, amas de casa… es decir compromiso de todos los integrantes de la sociedad.

Finalmente, es necesario abrir nuestra mente, nuestros sentidos, concentrarnos en la otra persona, con la finalidad de escuchar para recordar, de esta forma nuestra concentración será absoluta y la comunicación se optimizará.

Andrea Calvete