miércoles, 27 de julio de 2011

COSTUMBRES URUGUAYAS

Por Andrea Calvete                                   

Lo mejor de nuestra cultura, nuestras raíces, esas costumbres bien nuestras. Ellas integran nuestro modo de pensar, sentir y proceder. Están cargadas de momentos únicos en los que el tiempo ha marcado con sabiduría todo lo que vivimos, compartimos y aprendimos desde muy pequeños.

Las raíces guardan estrecha correlación con nuestra propia identidad, creencias, costumbres, la pertenencia a una comunidad. Por eso, lo mejor de nuestra cultura son ellas, pues nos definen con total exactitud e integridad.

Si bien la vida nos puede llevar por distintos rumbos y alejarnos de ellas serán un nexo que nos mantendrá unidos de alguna forma con el lugar donde nacimos, crecimos, aprendimos nuestras primeras letras, encontramos a nuestros primeros amigos, compartimos en familia lo que nos marcaría para siempre como adultos, cantamos con orgullo el Himno Patrio y ¡tantas otras cosas lindas!…

Con el tiempo, se extienden y ramifican, mas sus orígenes están allí en nuestra Patria que nos vio nacer, que nos cobijó y acunó para luego darnos las alas para volar con orgullo de sentirnos parte de ella.

Aquí o allá los uruguayos llevamos en nuestro corazón ciertas costumbres bien nuestras que forman parte de nuestra identidad, por eso ni la distancia ni los años han podido con ellas. El mate, el asado, el vino tinto, el truco, la rambla, el carnaval, las tortas fritas, el dulce de leche y el tango, forman parte de ese folklore uruguayo.

Son costumbres sencillas a las cuales nos aferramos sin darnos cuenta, pero a la distancia las miramos con cierta melancolía, sentimiento muy nuestro que se refleja en la canción Amor Profundo como forma de nuestro pensar y sentir: “En mi alegría se esconde siempre un lagrimón, se que todo termina”.

Nuestras costumbres arraigadas a esas raíces: el mate amargo, el carnaval, la murga, las llamadas, los cafés, las ferias vecinales, el tango y el truco. El remontar la cometa, el “quiero vale cuatro”, la grapa y el café en torno a una charla en un bar, forman parte de las cosas que hacemos día a día sin tomar conciencia de nuestra propia identidad.

También forman parte de nuestro más hondo sentir los paseos por nuestras hermosas playas, que se extienden desde litoral a lo largo del Río Uruguay para llegar al Río de la Plata, y finalizar en las del este del país que tocan el Atlántico. No podemos dejar de olvidar el recorrido por las hermosas sierras o el campo, pradera verde, penillanura inmensa con montes agrupados donde los animales se cobijan en busca de sombra o abrigo. Y  los vientos pamperos que soplan fuertemente desde la costa hacia el país, ese viento sur que arremete y no respeta abrigo ni paraguas.

Las comidas típicas, el asado con o sin cuero, la carbonada, el puchero criollo, las tortas fritas, las empanadas criollas, el dulce de leche, los bizcochos, la pastafrola, el chivito y el vino tinto.

Y cómo olvidar nuestros símbolos patrios: el Pabellón Nacional, el Escudo de las Armas, el Himno Nacional, la bandera de Artigas, la bandera de los Treinta y Tres y la escarapela Nacional.  Y como rojo punzón, la flor típica nacional el ceibo. El Himno a “Don José”. Símbolos que arraigan y nos unen bajo el sol de la Patria.

Y nuestra sangre charrúa que nos posibilita enfrentarnos sin temor a grandes desafíos proveniente de nuestros antecesores definidos con acierto por el escritor Fernán Silva Valdez: “Usaba vincha como el benteveo y penacho como el cardenal”. Y con ellos, el criollo, los caballos, las jineteadas y la semana criolla, todos componentes básicos en la vida rural.

Toda esta mezcla de costumbres, símbolos, vivencias, forman parte de nuestra cultura, de nuestra idiosincrasia, de ese sentirnos uruguayos aquí o en cualquier parte del mundo.

Otras de las pasiones del pueblo uruguayo, el fútbol, que acompaña el festejo popular y nos une a todos bajo la misma bandera. Los sentidos y el valor social que transmite el fútbol son muy amplios. Es una actividad lúdica, deportiva, social, festiva, que enciende pasiones, y permite trasmitir al pueblo todos sus sentimientos. Por ello, es un deporte que logra borrar barreras sociales, discordias y disputas, pues se trascienden las identidades en busca de lo colectivo, del esfuerzo comunitario por lograr la victoria.

Los días de lluvia, las tradicionales tortas fritas, panqueques de dulce de leche, o los pastelitos de dulce de membrillo, son el toque mágico de las tardes de tormenta.

La caminata por la rambla con el matecito en mano, un clásico paseo al que muy pocos se resisten. Uruguay es uno de los mayores consumidores de yerba mate del mundo. El mate ha sido testigo de rondas de amigos, de charlas de parejas, de reuniones de trabajo, de solemnes momentos de nuestra historia, de grandes obras literarias, pictóricas, musicales y plásticas.

Para quien está habituado, siempre existe una excusa perfecta para preparar un mate, durante la mañana porque espabila y despierta, en la tarde porque cansados luego de una larga jornada descansa y distiende.

Pero según donde lo tomemos cambia su sabor, en la playa tiene un gusto, en el campo otro, y en los ambientes cerrados también difiere. El mate congrega amigos, charlas, debates, pero también es un gran compañero para quien solo lo toma. Suele ser confidente, inspirador, un amigo sincero que acompaña en silencio, solamente emitiendo a través del humo incipiente un aroma suave y un sabor amargo que perdura adentro.

Los bizcochos calentitos son centro de reuniones y mateadas, testigos de risas, de charlas y amigos que juntos comparten tardes de domingo. Esos bizcochos que no se encuentran en ninguna parte del mundo son únicos de nuestras panaderías, bien uruguayos.

El asado, el chorizo, la morcilla, el chinchulín y un rico vino tinto, congregan a la mesa a muchos amigos. Nuestra parrillada es todo un ritual, una ceremonia, que implica preparar el fuego, servir el copetín mientras lentamente, la carne, y las achuras se van cocinando por el calor de las brasas de los leños.

El truco, ese un juego de naipes con baraja española originario de Valencia y de las Islas Baleares, pero ya es un clásico que congrega amigos en torno a una mesa en ese “quiero vale cuatro”, donde las horas vuelan tras las astucias de las parejas que intentan llegar gloriosos a la final, a través de las mejores estrategias de juegos puestas en la mesa, donde la habilidad de cada jugador hará que este juego se convierta en un encuentro apasionante y muy divertido, donde la ironía jugará un rol preponderante.

El clásico chivito al pan que todo lo enchastra, pero es exquisito. Esa mezcla de sabores incomparables, donde no falta nada: carne, panceta, jamón, aceitunas, huevo, morrón, picles, muzzarella, tomate, lechuga y alguna otra cosita que se les ocurra.

El Mercado del Puerto un punto clave de encuentro, un lugar que ha quedado en el tiempo, testigo de los años, de historias y de cuentos. Lleva 130 años desde su fundación, ha visto pasar distintas generaciones, y no es sólo un lugar donde se come lo más típico que tiene el Uruguay, nuestra carne, sino que es un sitio que congrega artistas de todo tipo, turistas, y personas de todos los rincones de nuestro país, donde sobresalen los aromas, colores, texturas, en una fiesta donde la alegría inunda.

Y son parte de nuestro acervo los picaditos que arman los chiquilines en las calles, donde cada barrio tiene un punto de encuentro. Donde no existe una canchita se busca una calle tranquila poco transitada, y allí comienza el juego a “Grito de gol”.

Las ferias: de comestibles, de ropa y de artesanías son un típico paseo que el uruguayo tiene incorporado a sus costumbres y a su forma de vida. Los techitos de esos puestos llenos de encanto plasmados por distintos artistas plásticos de nuestro país, en los que se ve a nuestra gente trabajar con compromiso y sacrificio, del mismo modo a quienes transitan y disfrutan de este paseo tan nuestro y único.

El Carnaval también parte de nuestra idiosincrasia, es una celebración pública que tiene lugar inmediatamente antes de la cuaresma cristiana, con fecha variable desde finales de enero hasta principios de marzo según el año. Las Llamadas, la murga, el tamboril, los desfiles y tablados son parte de esta fiesta que invade el corazón de la gente, la cual fue declarada por el ex Presidente Tabaré Vázquez de interés nacional, donde la cultura, las costumbres y el sentir de la gente vibran a ritmo de Candombe y Murga.

Los tangos, baladas de vida, son también bien nuestros, encierran amores, traiciones, desengaños, rumores, penas, ruegos e historias que vuelven a repetirse. De allí que su mística melancolía tras el fuelle del bandoneón “que rezonga en la cortada mistonga” suene con total vigencia.

Enrique Santos Discépolo lo definió como un “pensamiento triste que se baila”. En 2009 fue presentado por los presidentes de Argentina y Uruguay para ser incluido y aprobado en la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, UNESCO.

Y tampoco nos podemos olvidar de nuestro rock uruguayo en el que las letras nos cuentan ¿qué es lo que  anhelamos, soñamos y perseguimos?, ¿cómo somos, qué sentimos? Temas que realmente llegan al alma de cualquier uruguayo.

Aunque quienes estamos aquí muchas veces no añoramos estos pequeños detalles que hacen a nuestro diario vivir. Sin embargo, el uruguayo que ya no vive en el país al oír hablar de alguna de estas entrañables costumbres “se le pianta un lagrimón”, porque son tradiciones que lleva en lo más profundo de su corazón pese a la lejanía. Y es así que al escuchar el himno, una murga o un candombe se estremece y lo canta muy fuerte, con mucho sentimiento.

El salir campeones de la Copa América 2011 es un mérito que nos llena de orgullo a todo el país, nos une, nos fortalece y nos colma de júbilo. Las calles este domingo 24 de julio  se vistieron de Celeste, desbordaron de alegría y euforia, y las banderas flamearon con pasión, y a todos aquí o en cualquier parte del mundo nos llenó de emoción ver que Uruguay luego de un increíble desempeño y esfuerzo logró llegar a esta instancia tan importante para el deporte, el país y su gente.

Si bien la distancia permite superar muchas cosas, la identidad forma parte del sentir uruguayo, y eso no hay distancia que valga, aquí o allá seguiremos siendo todos uruguayos.