martes, 14 de junio de 2011

¿A DÓNDE VAN LAS EXPERIENCIAS?

Por Andrea Calvete

 
Un cúmulo de experiencias se suceden a lo largo de nuestra vida, pero ¿a dónde van todas ellas?

¡Qué pregunta difícil de contestar!, hacia ¿dónde las dirigirnos, a los recuerdos más profundos, a los más reprimidos, o aquellos que nos vienen primero a la mente?. No es sencillo encontrar una ubicación preestablecida, porque cada uno en las distintas circunstancias de la vida hará de ellas un lugar donde las pueda colocar sin que le incomode o le lastime.

Algunas quedan en cajones bajo llave, pues son dolorosas, desgarran el alma, y paralizan el cuerpo, por eso cuanto más guardadas y lejos mejor. Quizás las de este tipo se alojen sin pedir permiso en el sitio más alejado posible.

Otras a la repisa de los trofeos, pues enorgullecen, enaltecen el espíritu, al observarlas generan placer por haber obtenido algo que realmente satisface y reconforta. Estas se harán presentes llenándonos de alegría de orgullo, nos dejarán una sonrisa dibujada en el rostro, una sensación que nos llenará de energía.

¿Y qué hacer con aquellas que no esperábamos y de pronto están allí paradas incomodando nuestra existencia? Quizás tomar una goma de pan y borrarlas, o con un plumero sacudirlas hasta que desaparezcan. Estas son las inesperadas las que llegan sin previo aviso, inusitadas, no piden permiso y aparecen desestabilizándonos nuestro camino. Sin embargo, con el correr de los años ya no nos agarran tan desprevenidos, y al surgir no nos toman por sorpresa pues sabemos que en cualquier momento estarán al acecho, sólo es cuestión de esperarlas con valentía, con fuerza y valor para poder sobreveponerse.

Pero, ¿qué  sucede con las ajenas?, que igualmente nos salpican de algún modo, esas son duras, pues la ubicación no dependerá exclusivamente de nosotros, esas irán en un estante compartido. Y cuando se trata de compartir ya las cosas se complican, porque entra un tercero en discordia que incidirá en su ubicación. Estas nos llegan a través de otras personas y las incorporamos de tal modo que inciden en nuestras vidas.

Y ¿dónde ubicar las que se convierten en recuerdos lejanos, en que sólo el corazón podrá hacer aflorar?, esas se deben guardar en una caja de madera tallada y lustrada, donde el olor de la madera fresca perfume su existencia. Estas están cargadas de emociones intensas que sólo quienes las sienten son capaces de describir, y las pueden asociar con imágenes, texturas y olores que lo llevan al lugar de los hechos como transportándose en el tiempo.

También están las que nos sorprenden y  dan un giro a nuestras vidas, esas posiblemente la pongamos en lugar acogedor, visible, donde las podamos disfrutar a cada momento. Estas llegan como un torbellino, y del mismo modo vienen cargadas de aire nuevo, y limpian todo aquello que nos amargaba o angustiaba, son mágicas permiten que nuestro ánimo cambie intempestivamente.

Otras tan insignificantes, que simplemente con dejarlas cerca de una ventana abierta, será más que suficiente para que el viento las vuele. Porque lo que no es digno, lo que nos empobrece como seres humanos es mejor apartarlo de nuestro camino, porque nos empequeñece y nos hace sentir mal con nosotros mismos.

Las indignas, mirarlas con detenimiento para que  antes de verterlas con los desechos, recordemos que no podemos volver a repetirlas. Los seres humanos nos equivocamos muchas veces en la vida, pues somos seres factibles de cometer errores de todo tipo, lo importante es reconocer esas equivocaciones para no volver a cometerlas, aunque dicen que el hombre siempre toprieza con la misma piedra.

Asimismo, aparecerán algunas muy especiales, casi únicas, esas serán un privilegio que deberemos atesorar en el lugar donde estén resguardadas, protegidas, y a su vez sean pilares en momentos de desestabilidad o desánimo. Estas son vanguardistas, capaces de hacernos afrontar cualquier contratiempo porque nos permiten estar seguros de lo que somos y de lo que queremos.

Las que forman parte de nuestra niñez y juventud, esas se instalarán en un lugar donde la mezcla de aromas silvestres, tales como: lavanda, sándalo, romero, tomillo, se harán inconfundibles, dándoles ese toque de frescura y encanto que ellas esconden. La juventud uno de los valores tras los que corre la humanidad, pretendiendo que el tiempo se detenga, y así dietas, formas de vivir, de pensar, se instalan para lograr una mejor calidad de vida. Pero lo cierto, es cuando uno las recuerda parece trasladarse a un lugar lejano, donde la inocencia, la risa, el desenfado, la alegría, son comunes denominadores que nos hacen sentir en una nube.

Las experiencias sin procesar se ubican en el armario debajo de la escalera, un lugar muy desordenado, que al abrir el puerta todo se nos cae encima.

Están las que enviamos en una botella al mar, esas que pretendemos expresar desde el anonimato, pues en el fondo no nos interesa transmitir la autoría, pues ellas nos generan dudas, cuestionamientos internos por lo que no son sencillas de asumir como nuestras.

También están las que guardamos en un cofre bajo llave, para poder llegar con todo cariño a nuestros seres más queridos para que no vuelvan a cometerse los mismos errores. Estas si bien son de gran ayuda, igualmente terminamos comprobando que cada persona necesita vivir su propia experiencia. Asimismo, son muy dolorosas, por eso pretendemos que sean asimiladas por quienes nos importan en forma rápida y concisa, pero finalmente comprendemos que sólo podemos hacer llegar un pequeño porcentaje de ellas.

Si bien en nuestras vidas pesan todas las experiencias, hoy si estás pasando un mal día o un mal momento, buscá en la estantería aquellas que algún día te llenaron de alegría, te hicieron sentir orgulloso.

Las experiencias, todas; buenas, malas o intermedias tendrán una ubicación, dependerá de cada uno de nosotros el sitio donde las alojemos. Podrán ser huéspedes, desconocidas o amigas entrañables. Por eso el sitio dónde las dispongamos nos permitirá hacer la vida más o menos grata. Y como el tiempo es un bien que escasea y que no se detiene, merece la pena hacer una pausa en este punto crucial para convertir de cada día un día especial y único, aunque muchas veces preocupados por tantas cosas vemos tan sólo las dificultades y no valoramos todo lo que es verdaderamente importante y consistente en nuestra vida.

Por eso los invito, a buscar en las estanterías de las experiencias gratas, porque éstas nos dan ímpetus y energía para sobreponernos a las cosas que nos obstaculizan el camino.

Pero las experiencias,  más allá de  la  ubicación que les busquemos,  ellas por sí solas se instalarán de acuerdo a lo que nuestro corazón dictamine, él les hallará el lugar adecuado conforme a cómo somos y sentimos. Las experiencias contribuyen sensiblemente a la sabiduría.

Si miramos hacia atrás  como dice el poeta español Antonio Machado “Al andar se hace el camino, y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar”, pues el tiempo no se detiene y avanza en forma inexorable, por eso las experiencias independientemente de la estantería en donde queramos ubicarlas, deben ser parte y sostén de nuestra vida, permitiéndonos crecer como personas.

Aunque quizás existan días en los que preferimos ni pensar lo que nos ha sucedido, es importante hacer frente a todas ellas, pues lo vivido siempre es parte de nuestro haber aunque no queramos reconocerlo, e incide en cómo nos sentimos y somos.

Generalmente, las malas experiencias son las que pretendemos borrar rápidamente, porque molestan ,duelen, y lo que no nos es grato instintivamente tendemos a eliminarlo. Pero antes de le eliminarlas, debemos mirar con detenimiento y analizar por qué sucedieron, si fue por causa nuestra o ajena. Es pretender mirar críticamente lo que hemos vivido, observando con detenimiento todas las circunstancias.

El concepto de experiencia generalmente puede estar referido a cómo hacer algo, o  un conocimiento factual  basado en qué son las cosas. Los filósofos tratan el conocimiento basado en la experiencia como "conocimiento empírico" o "un conocimiento a posteriori".

Algunos filósofos sostienen que son posibles las experiencias si se tienen expectativas, por eso una persona de experiencia no es la que ha acumulado más vivencias, sino la que está capacitada para permitírselas. ¡Qué cierto este concepto!, porque si uno por miedo a sentir dolor, sufrimiento, equivocarse, o tropezarse decide paralizarse, detenerse y dice: "Estoy cansado de sufrir no voy a permitir ya que nada me afecte, todo me va a resbalar".¿Qué sucede con esta persona vive anestesiada, detenida en el tiempo y no se permite vivir sentir, se sumerge en una burbuja?

Por eso, nunca más vigente el tema de la Vela Puerca “Burbujas”, en el que se describe como las personas por miedo se sumergen en sus propias burbujas para sentirse protegidos. Y esto es un mal propio de este siglo XXI lleno de egoísmo e individualismo, aquí no debemos culpar sólo a las malas experiencias, también debemos comprender que es responsabilidad de cada uno asumir el mundo que nos toca vivir, enfrentarlo, poniendo lo mejor de nosotros mismos para lograr un cambio, aunque sea pequeño pero que sea favorable a mejorar parte de esta vida.

Finalmente, múltiples experiencias vivimos a diario, lo importante es asumirlas todas pues son parte de nosotros, son el sostén de nuestra vida, y nos permiten crecer como personas, pues cada día incrementan nuestra sabiduría. Como bien señala Nietzsche “aquellas experiencias que no nos destruyen, nos vuelven más fuertes”