miércoles, 17 de febrero de 2021

MOMENTANEAMENTE SUSPENDIDO


La Pandemia se ha empeñado a dejarnos fuera, todo confabula para que no consigas día y hora, y postergues ese chequeo pendiente, o ese trámite en el que precisas renovar algún documento, o que ese encuentro o entrevista se diluya y todo quede para más adelante.

Y desde que comenzó esta Pandemia nuestra vida y hábitos se han visto alterados, en esa suerte de alteración no falta los que se abusan de la situación y se aprovechan para cerrarte las puertas en la cara, por falta de tiempo de recursos… o de lo que se te ocurra.

Lo cierto, es que un montón de actividades y trabajos han quedado suspendidos en una nube, a la espera de que todo esto termine. Sin embargo, quien está por jubilarse y se ha quedado sin trabajo necesita una solución inmediata. Del mismo modo, quien ya no cobra más el seguro de paro quiere trabajar, porque el trabajo más allá de que dignifica es la herramienta de sustento que tenemos como seres humanos.

Y han quedado suspendidas operaciones quirúrgicas, intervenciones médicas, las empresas han reducido personal de trabajo, y en algunos casos como el de las actividades culturales totalmente suspendidas. Es lógico, entendemos que estamos en Pandemia, pero ya se hace bastante insostenible que todo esté momentáneamente demorado y suspendido. Desde luego, como somos seres adaptativos, nos acostumbramos, pero eso no significa que todas estas alteraciones nos tengan satisfechos.

Somos parte de un sistema que de alguna manera está momentáneamente fuera de servicio, pero nosotros tenemos que seguir abonando nuestros impuestos, alimentando a nuestra familia, pagando el alquiler, y haciendo equilibrio para no quedar como quien camina en una cuerda floja, mientras el sistema vuelve a funcionar lo más próximo a la normalidad.

Andrea Calvete

 

OBJETO TAPABOCAS


Si algo nunca se me había pasado por la cabeza es que en la cuerda de la ropa colgarían tapabocas recién lavados como una prenda más dentro de la indumentaria del diario vivir. Los veo allí secarse al sol, mientras el aire húmedo los balancea. ¡Qué paradoja que ese adminículo salvador de contagio, tan asfixiante e incómodo, se encuentre libre disfrutando de los altibajos de este febrero en el que tras un chaparrón sale el sol!

Objeto que ha llegado como aliado en el combate del Covid-19, de uso obligatorio en ciertos lugares cerrados, de diferentes materiales y diseños, se ha instalado en nuestras vidas sin que tengamos derecho a cuestionarnos si nos falta o no el aire, si nos brotamos o si nos pica la nariz, el hecho es que hay que usarlo.

Los llevo a los comienzos de la Pandemia cuando sólo se recomendaba el uso al personal de la Salud, y además eran descartables y carísimos. Desde luego, con el transcurso del tiempo su uso se generalizó, el costó bajó y también surgieron los reutilizables.

No sé a Ustedes, pero a mí no me gusta hablar de tapabocas, siento que me falta aire y que la voz proviene como de una caverna, no estoy en contra de su uso al contrario lo apoyo, pero reconozco que es incómodo más cuando se lo usa correctamente y la nariz queda en el interior del tapaboca.

Las cosas que nunca se nos pasan por la cabeza realmente son las que nos sorprenden, las que nos conducen hacia otros parámetros o nos posibilitan otras perspectivas. Son las que llegan para promover un cambio. Sin embargo, no deja de sorprenderme este momento casi de ciencia ficción que está viviendo la humanidad y que nos hace replantearnos tantas cosas, cuestionarnos, reinventarnos y ¿por qué no redescubrirnos? Todo esto, sin olvidar que por un largo tiempo seguiremos usando tapabocas.

Andrea Calvete

domingo, 7 de febrero de 2021

LLUEVE EN SU CORAZÓN


El cielo diáfano coronado por un sol tibio y una brisa despreocupada acarician esta prometedora mañana de verano. Los horneros trinan llenos de júbilo, buscan tierra mojada para comenzar a construir su nido. En este bello día sin embargo llueve en su corazón.

Llueven recuerdos con perfume del ayer, los besos y las añoranzas de lo que fue y sólo queda la vívida sensación que se desvanece como esas fotos que van perdiendo el color con el correr de los años.

Late ese momento que quedó capturado en la retina, aquel abrazo del que nunca quiso separarse, o el silbido de aquella melodía que era parte de sus días. El ruido de las hojas movidas por el viento lo llevan aún más lejos, se instala en aquellos amaneceres en los que le sonreía la juventud.

La lluvia del corazón cae continua, gota a gota, como en una monotonía perfecta se desliza para dejar correr lo que se anuda en su garganta y llena de humedad sus ojos. Se deja acompañar de una música suave y melancólica, mientras baila una melodía lenta abrazada a los recuerdos convertidos en añoranzas.

El cielo diáfano coronado por un sol tibio y una brisa despreocupada acarician esta prometedora mañana de verano. Los horneros trinan llenos de júbilo, buscan tierra mojada para comenzar a construir su nido. En este bello día sin embargo llueve en su corazón.

Andrea Calvete