sábado, 24 de marzo de 2018

VUELA LIBRE

Se me antojó remontarme como un barrilete sin rumbo hacia ese lugar olvidado, no sé si por descuido, o quizás por el mero hecho de que no quiero recordarlo… pero he llegado sin saber por qué y para qué, tal vez en busca de respuestas, o para saldar esas cuentas que nos quedaron pendientes, lo que no dijimos, lo que quedó en esa nebulosa flotando a la deriva en un mutismo casi ensordecedor. Porque así suelen ser todo lo que no se dice en el momento y queda perdido en las ausencias, desvanecido en los gastados recuerdos que pretenden reflotar de la mejor manera lo que ya no es posible hacer surgir a la superficie.

¿Pero por qué no puedo hacer magia y revivir ese momento olvidado? Seguramente, mi mente no me lo permita, me juegue olvidos y distorsiones, me altere los aromas y colores… Sin embargo, pienso seguir el recorrido, saltaré vallas, obstáculos, hasta llegar donde creo verlos, porque allí están alcanzo a distinguirlos. Me detendré frente a ti, hasta palpar tu imagen, tu voz, el sonido de aquella risa contagiosa, frente a frente con las pupilas dilatadas. ¿Me pregunto por qué que callamos, omitimos para abrir las puertas de lo que no pudo ser?

Tantas, veces uno se pregunta por qué abrimos las puertas del haber sido y no fue, para perdernos en esos minutos hipotéticos que ya no son reversibles, y como si se encendiera de golpe la luz de un cuarto a oscuras regresamos a ese presente, sabiendo que el tiempo no vuelve. ¿De qué sirve preguntarnos tantas cosas, cuestionarnos lo ocurrido? En realidad no sé si es productivo, pero es un ejercicio que se lleva a cabo en forma inconsciente para aproximarnos a esas dudas que algunas veces nos visitan y nos abordan despiadadas sin el menor miramiento.

He llegado casi en un descuido, me trasladado en el tiempo, estoy volando entre los vientos de los recuerdos, que se hacen nítidos y sonoros, percibo los aromas y palpo cada momento vivido… mas se distorsionan los recuerdos puestos al servicios de los anhelos que pujan desde aquí como queriendo ganar una pulseada, entonces se desvanecen temerosos porque les inquieta quedar enceguecidos por una realidad a la que no quieran enfrentarse.

Sin embargo, más allá de estos enfrentamientos internos o estas pujas que se dan a diario en nuestro interior, tenemos el privilegio de saber que exististen en ese pasado, y ahora en este presente como parte de lo que fuimos, somos y seremos, porque cada persona que pasa por nuestra vida deja en nosotros un pequeña huella imborrable más allá de la distancia y el tiempo.

“ ¡Ah qué grande es el mundo a la luz de las lámparas! ¡Y qué pequeño es a los ojos del recuerdo!” así son los recuerdos tal como los describe Baudelaire, se encienden en las noches, acrecientan su tamaño enardecidos por los condimentos de nuestra imaginación, sin embargo al mezclarse con esa realidad que nos circunda y habita se tornan pequeños y confusos, desvalidos y frágiles.

El barrilete vuela por las alturas, toca las nubes esponjosas teñidas de ocres y danza libre como un ave, los recuerdos perfuman su alma acarician su larga cola de papel que flamea en las alturas. Mientras flota se extasía en los minutos de plenitud y goce, deja que se alejen los que sólo le atan o lo esclavizan, porque pretende volar libre en este presente esperanzado hacia ese futuro que le acaricia suavemente la mejilla.

Andrea Calvete