martes, 13 de marzo de 2018

¡TAN TANGIBLE Y ESCURRIDIZA!

En este transitar que se escapa de nuestras manos delicadamente, caminamos hacia la verdad, por momentos tan tangible, y por otros escurridiza como esa línea en el horizonte que se pierde en la bruma del mar

Pascal cree que “ni la contradicción es indicio de falsedad, ni la falta de contradicción es indicio de verdad”, y es así que lo palpable se evanece tras esos encuentros a los que nos enfrentamos día a día en ese diario vivir, llenos de misterios por develar.

Pero en ese camino de búsqueda, el dogmatismo nos sopapea acartonado queriendo imponer sus designios, y así se ven masas movidas al unísono, sin detenerse a pensar si disienten en algo, o si en su yo más íntimo existe una luz de alerta que se enciende cuando le imponen seguir ciertos lineamientos. Porque seguramente cada uno de nosotros sigamos ciertos principios y valores que no sean cuestionables o estén en tela de juicio, pero más allá de ellos es importante analizar cada paso que damos, cada distancia recorrida y cada punto de este inmenso círculo llamado devenir.

Es muy enriquecedor disentir, intercambiar ideas, expresar pensamientos, pero siempre con altura y respeto. Si nos obnubilamos por defender lo que creemos es lo correcto probablemente perdamos credibilidad en lo que transmitimos. Es fácil caer en los discursos preestablecidos porque desde pequeños a través de diferentes vías se nos forman para que así sea, de eso modo incorporamos hábitos en nuestra vida que nos llevan a repetir modelos sin cuestionarlos y sin advertir nuestros propios errores. No es sencillo ver donde aprieta el zapato, siempre es más simple ver la paja en el ojo ajeno, lo que no significa que no sea posible analizar nuestros defectos o carencias.

Sin embargo, para ver nuestras carencias o errores, es imprescindible hacer pasar a la humildad para que se ponga cómoda y nos acompañe. Sin ella no se pueden establecer vínculos empáticos o correctas relaciones de alteridad. Porque de eso se trata esta búsqueda personal de encontrar el camino, pero no aislados sino en continuo contacto con quienes nos rodean estableciendo lazos fraternos y solidarios, desde un plano horizontal. La verticalidad no permite mirar a los ojos de nuestro interlocutor, nos aleja de ese diálogo fluido y sincero a través del cual se pueden establecer verdaderos nexos afectivos imprescindibles para vivir en armonía en mundo que parece estar “patas arriba”.

Desde luego, que en ese diálogo con nuestros semejantes disentiremos, estableceremos diferentes perspectivas, intentaremos defender lo que creemos justo y necesario, pero no olvidaremos que cada uno habla desde su lugar, el que es tan respetable como el nuestro aunque difiera totalmente , porque de eso se trata la convivencia de que todos tengamos cabida en esta sociedad con nuestras diferencias y similitudes, pero siempre vibrando en una sintonía de armonía y respeto, de tolerancia y de libertad.

En mundo que manipula a sus integrantes con mucha facilidad es necesario saber ¿dónde estamos parados, qué buscamos, qué queremos, qué anhelamos, qué sentimos?, para poder ser libre pensadores, para poder tomar nuestras propias decisiones y aproximarnos a esa verdad, tras la que posiblemente corramos una vida entera.

Andrea Calvete