sábado, 25 de marzo de 2017

ENAMORARSE

No siempre somos conscientes de estar enamorados, generalmente nos damos cuenta cuando esa sensación recurrente de bienestar nos habita. En definitiva es un estado en el que la vida nos sonríe a pesar de sus ingratitudes, el viento nos acaricia en las mejillas y el sol brilla con esmero.

El fundirnos con un atardecer, o perdernos en una mirada, o maravillarnos con un día de lluvia suelen ser las antesalas de este estado que nos acuna, que nos invita a perdernos en un suspiro o una dulce y agradable caricia.

Las palabras son grandes seductoras, pueden llegar a ser incansables artesanas a la hora de embriagarnos con astucia y simpatía. Así nos embarcamos a escuchar un relato en el que nos sumergimos lentamente hasta que nos hallamos nadando en un mar profundo y lejano.

El perfume que nos induce a este estado suele ser atrapante, con notas agrestes algunas veces nos visita , otras con notas cítricas y frescas , y no falta la ocasión en que el dulzor de su aroma nos conduce a una tormenta donde los rojos abundan.

La sonrisa una luchadora incansable en esta tarea es capaz de hacer perderse en ella aún aquellos que ya han andado mucho y conocen bien el camino.

El brillo de la mirada puede llegar a ser un gran disparador a la hora de dejarnos atrapar por este estado en el que todo es posible, en el que las barreras se esfuman, y donde nos podemos acercar a tocar la utopía.

Quizás en algún momento todos hayamos experimentado esta grata sensación, basta con admirar la naturaleza que nos rodea para poder sentirnos partícipes en esta danza en la que la vida nos guiña la vista y nos invita a descubrir que el amor es un sentimiento muy fuerte.

Andrea Calvete


domingo, 19 de marzo de 2017

METAMORFOSIS

El tiempo todo lo transforma, lo moldea, lo cincela con delicada paciencia, lo esculpe con esmero de modo que las aristas comienzan a limarse, el lente proyecta otra imagen muy distinta y el corazón late a otro ritmo. ¿Algo o todo ha cambiado?

Nada se detiene, quizás la quietud venga de la mano del dolor y de asimilar lo que tenemos que asumir y se nos hace muy costoso. Las partidas, los finales, los desengaños y las pérdidas son algunas de esas piedras que obstaculizan el paso, que nos retienen como prisioneros en sus garras desbastadoras.

Los mismos recuerdos suelen teñirse de diferentes colores y aromas. Con el correr de tiempo, el dolor se transforma, se atenúa a la sombra de pequeños pasos de aceptación amortiguados con paciencia, esmero y trabajo, nada se logra sin esfuerzo y perseverancia. Las alegrías persisten y también se diluyen en ese abanico de sensaciones y sentimientos que emergen cada día. El silencio suele ser un tibio regazo para que los pensamientos se aquieten con la tenue luz de la búsqueda permanente por equilibrar la balanza.

¿Qué ha cambiado?, probablemente todo, pues el devenir hace que nada permanezca estático. Para que el agua no se estanque y se pudra hay que dejarla fluir, del mismo modo cada experiencia enriquece nuestros conocimientos y fortalece nuestro paso. Quizás iluminados por el tiempo transitemos más erguidos y con menos peso en la espalda.

Cuando menos lo pensamos somos testigos de la metamorfosis de nuestra propia existencia, en la que día a día nos paramos ante un nuevo enigma, o un inesperado desafío en el que dejamos lo que fuimos, nos paramos ante lo somos de cara a lo que seremos.

Andrea Calvete



martes, 14 de marzo de 2017

LA HUMILDAD ANDA DESCALZA

Reconocer nuestras limitaciones y debilidades, sentirnos uno más dentro del entorno, implica caminar con humildad, respirar profundo y sereno para continuar convencidos que todos somos diferentes, pero peculiares, y complementarios.

Motivados por lo mejor que habita en nosotros, de lado quedará la envidia, la competencia desleal o el orgullo que algunas veces suele ser bastante destructivo, nos hace sentir como un pavo real colmado de plumas y colores luciendo un atuendo que lejos de enriquecernos nos empequeñece.

Evidentemente, las pasiones humanas a todos nos visitan, nos juegan malas pasadas, nos engañan con su encanto, nos seducen con su brillo, pero a la larga comprobamos que si terminamos atados a ellas lejos estaremos de hallarnos plenos y satisfechos.

Tantas veces, víctimas de nuestros propios arrebatos, desatinos, rompemos el diálogo con los seres que nos rodean. Paulo Freire está convencido que “el diálogo, como encuentro de los hombres para la tarea común de saber y actuar, se rompe si sus polos pierde la humildad. La autosuficiencia es incompatible con el diálogo. Los hombres que carecen de humildad, o aquellos que la pierden, no pueden aproximarse al pueblo”. Y allí estamos parados frente a ese ego que nos enaltece y hace perder la justa perspectiva, o la razón para entablar unas palabras con quienes nos rodean.

La humildad anda descalza, con el cabello al viento, con el rostro sereno y la mirada apacible. Huele a rosa, sabe a fresa y  a suave caricia. Conocedora de silencio, de espera, de paciencia y tolerancia. Anda con sabiduría por los caminos de la vida, e irradia luz a quien decide dejarla tomar asiento a su lado.

Andrea Calvete



viernes, 3 de marzo de 2017

HIPNOSIS

Los círculos que se dibujaban tímidamente atrajeron su mirada, hipnotizada  se dejó llevar hasta entrar en una profundidad poco conocida, pero confortable. Cegada por los turquesas sus pupilas se dilataron hasta que un calor inmenso la abrazó en un intento por seducirla, por sacarla de ese lugar frío e inhóspito en el que solía habitar. Embriagada por el aroma de un sándalo dejó que fluyera todo lo que hacía tanto tiempo estaba reprimido.

Cautiva de los aromas, colores, se maravilló también por el sonido del agua que caía apacible, un sabor mentolado se instaló en su boca, recordó aquellos besos que le habían mantenido perdida. Pero ahora desde el recuerdo todo se reproducía con exactitud, sin embargo, la hipnosis la llevaba a no comprender demasiado cuál era la dimensión a la que accedía. ¿Era real lo que sentía, pero dónde estaba, quién le producía esa sensación de placidez, de saciedad? ¿Los círculos, el agua, los aromas, los azules esmerilados, o el trinar suave de las aves que sobrevolaban?... No podía dar respuesta, sin embargo era muy bello lo que sentía, podría decir que indescriptible.

Flotaba en un estado de inmensa liviandad, su cuerpo era sostenido por suaves sedas, ¿cómo había llegado allí, dónde estaba? No le importaba, era muy grato lo que vivía , habían resucitado sus sentidos, su corazón frío y endurecido por el tiempo volvía a palpitar. ¡Qué más daba, cómo o cuándo o por qué!, había decido disfrutar al máximo de cada instante, como si fuera el último minuto.

Un bello atardecer le acarició delicadamente, la humedad de la noche que se aproximaba rozó sus hombros, la luna se espejó en el agua, hechizada por su blancura se permitió volar hacia esa nueva dimensión  descubierta por el efecto hipnótico de la naturaleza.

Andrea Calvete

miércoles, 1 de marzo de 2017

¿CÓMO TRASCENDER UN PELDAÑO?

¿Quién no ha perdido la calma alguna vez? Seguramente muchísimas veces ha quedado lejos de nosotros, nos ha abandonado y ocasionado grandes problemas. Porque quien habla cuando está fuera de sí , no dice ni hace lo que debería, se deja conducir por su enojo o alteración. Sin embargo, lentamente trascendemos etapas y nos superamos en busca de mejorar.

¿Por qué perdemos la calma?¿Acaso el termostato salta fácil por el calor?, ¿O simplemente el poco aguante se ha puesto a jugarnos una mala pasada?... preguntas que solemos hacernos cuando decididamente nos desconocemos al dar algunas respuestas.

Seguramente, “hoy no tengo un buen día”, sea una de las respuestas más frecuentes a esta simple y repetida pregunta. Aunque me arriesgaría a decir que la respuesta está relacionada íntimamente con un yo personal que sólo cada uno de nosotros conoce, o al menos intenta descubrir día a día.

La calma se pierde gradualmente, el problema que cuando nos damos cuenta que la hemos perdido del todo, quizás ya sea tarde porque dijimos lo que no teníamos que decir o hicimos lo que no debíamos hacer. Uno de los principales síntomas cuando perdemos la calma es que nuestro cuerpo comienza a tensarse, el corazón puede latir más acelerado, y también puede elevarse nuestra temperatura corporal. Ante estos indicios es importante hacer una inspiración profunda para bajar los niveles de tensión.

Creo que a nadie le gusta sentirse tensionado, con dolor de cabeza o de espalda, sin embargo luego de varias situaciones en las que no logramos mantener el equilibrio, nuestro organismo comienza a cobrar factura. Del mismo, al no estar de muy buen humor comenzamos a discutir con quienes nos rodean por las cosas más insignificantes.

Quizás la calma se pierda por múltiples motivos, pero está en cada uno ver la forma de no desestabilizarnos a la mínima de cambio. Al respecto, tomarse los problemas con humor suele ser de gran ayuda, reírnos de ellos nos alivia,  porque liberamos endorfinas y le quitamos importancia a la situación,  y vemos que lo que nos ocurre no es tan grave como pensábamos.

La flor de loto o rosa del Nilo suele crecer entre el lodo, entre las impurezas, para flotar y ver la luz desarrollándose con perfección y gracia, también suele representar la pureza del cuerpo y el alma. Su belleza transmite paz y una energía muy especial, sobretodo en días donde se pierde con facilidad la calma.

Posiblemente, ningún mar en calma hizo a un experto marinero, por eso después de mucho navegar deberíamos poder crecer entre las aguas embarradas como lo hace la flor de loto y mostrar nuestra mejor sonrisa desde el corazón, convencidos que hemos trascendido un peldaño en la escalera de nuestro crecimiento personal.

Andrea Calvete