lunes, 26 de diciembre de 2016

SE DESPIDE Y SE VA

Entre idas y vueltas, alegrías y tristezas, sonrisas y llantos, cansancio y descanso, así se ha escapado el año. Cuentan que se ha puesto sus mejores galas para despedirse, algunos no lo quieren saludar pues les ha marcado duramente, otros lo abrazan sonrientes porque la alegría ha tocado sus puertas. Sin embargo, no falta quien lo deja ir con indiferencia y una pizca de hastío porque ha sido monótono y aburrido.

A él no le importa demasiado la postura que tomemos cada uno de nosotros, se despide y da paso a otro nuevo ciclo, que viene lleno de energía y con el ánimo cargado del que recién empieza. Desde luego, a esta altura del año el cansancio y el agotamiento son parte del atuendo que por más que quiera disimular el transcurso del tiempo lo lleva incorporado.

El balance lo tiene pronto casi pronto, el 31 cierra y se va. Del mismo modo cada uno de nosotros podemos mirar hacia atrás y analizar cómo han transcurrido estos doce meses que finalizan. Cuenta el 2016 que ha sido invitado a nacimientos, recibimientos, festejos de todo tipo: cumpleaños, parejas que se forman, amigos que se encuentran. Pero también ha transitado por momentos difíciles, partidas de seres queridos,  rupturas de parejas y familias, perdidas de trabajo, enfermedades, guerras, desastres geográficos y tantas dolencias. No todo ha sido color de rosa, porque como la vida misma el año ha tenido que caminar por baldosas blancas y negras, y desde los grises ha logrado luego llegar a encontrar la armonía necesaria para continuar.

Hace pocos días una señora indignada ha tocado a su puerta y le ha recriminado que ha sido un año terrible, que ha perdido el trabajo, que ha enfermado, que no ha tenido tregua. El año 2016 la ha escuchado atento y preocupado le contestó: “¡Cuánto lo siento!, mi intención no ha sido hacerte sufrir, creo que de todo esto debes fortalecerte y no debilitarte, si mal no recuerdo has pasado por años peores y los has superado, eres una mujer resilente nadie va a poder contigo y menos yo, un año que te he te ha puesto piedras en el camino. Si no me falla la memoria has tenido años de dicha en tu vida trata de volver a ellos para recobrar la energía que hoy te hace falta y sigue el camino lo mejor está por venir”. La mujer con los ojos llenos de lágrimas lo abrazó y lo besó, le dio las gracias y lo dejó marchar sin rencor en su corazón.

Andrea Calvete

lunes, 19 de diciembre de 2016

¿CUÁNTO PESA DICIEMBRE?

Diciembre llega para cerrar el año, nos plantea cuestionamientos, desafíos, y se presenta la hora de ese balance que algunos años quisiéramos obviar, o pasar de largo. Quizás no sea la mejor fecha para realizarlo, pues son momentos más allá de las creencias personales en los que las ausencias suelen hacerse presente, las pérdidas toman vida, y si bien es tiempo de brindis, no deja de colarse la melancolía por alguna rendija, así como la voz que nos cuestiona desde el yo más íntimo.

Doce es un número que tiene correlación con el círculo de la vida, en el que transcurre cada año de nuestra existencia. Ha sido considerado un número sagrado por representar a los signos zodiacales, a los discípulos de Jesús, a los frutos del Espíritu Santo, a las doce tribus de Israel, a los doce hijos de Jacob. Según la Biblia Jesús apareció también doce veces ante sus discípulos antes de morir. Es un número sinónimo de perfección, 12 veces 30 grados forma los 360 grados de una circunferencia. Doce un número místico, relacionado con el devenir del tiempo, de allí el repiqueteo de las doces campanas, o el comer doce uvas para despedir el año y tantas tradiciones a la hora de representar todos sus significados.

Quizás si respiramos profundo y nos detenemos a visualizar nuestro año no sea tal como lo esperábamos, pero en lugar de lamentarnos por lo que no sucedió como esperábamos sería mucho más fructífero detenernos a agradecer todo lo que tenemos y no apreciamos, la gratitud es la mejor herramienta para caminar felices en la vida.

Y en estos momentos es un gran desafío “rejuvenecer como el águila”. El mito del águila me recuerda al ave fénix que resurgió de las cenizas. El águila es un ave que llega vivir 25 años, y en esta etapa sus plumas comienzan a caerse, su pico se gasta y ya casi no se alimenta. Sin embargo, algunas con un inmenso esfuerzo vuelan bien alto, y allí, a solas, se arrancan las plumas que les quedan y el pico. Tras un tiempo vuelven rejuvenecidas con un nuevo plumaje y su pico renovado. Y los seres humanos a la hora de hacer los balances también somos como las águilas, algunos tocamos fondo y nos dejamos vencer, mientras que otros renovamos nuestras energías, nuestras esperanzas, para renacer, dejando morir todo aquello que nos perjudicó, nos empobreció, o quizás no sirvió para tomar el primer paso hacia el despertar. El rejuvenecer del águila, implica tener coraje, agallas, estar abiertos a los cambios, a no dejarnos derrotar, a ver que aún es posible soñar, anhelar, buscar nuevos caminos y mirar con nuevos ojos.

¿Se han puesto a pensar cuánto pesa diciembre para cada uno de nosotros? Se acerca el fin de un año y los  jazmines perfuman los cielos estrellados, la luna nueva está por llegar,  el Solsticio de Verano en pocos días,  tiempo de renacer como la naturaleza llenos de energía y amor para continuar por el sendero cuyo rumbo dependerá en gran parte de nosotros mismos.

Andrea Calvete