miércoles, 14 de octubre de 2015

ROMPECABEZAS

Las piezas del rompecabezas suelen encastrar en forma perfecta, cada una en su debido lugar encaja de modo único, donde la magia de cada elemento despliega una energía especial e insustituible.

De pronto, una pieza se rompe o falla, y todo parece desmoronarse, romperse en mil pedazos. Es así que al mirar al vacío flotan sin ton ni son las piezas desprendidas que buscan volar en fuga ante el desperfecto.

Pero en el caos aunque suene utópico, existe una extraordinaria belleza, que despierta la creatividad y la pasión a través de su alocada y desmesurada existencia.

¡Qué absurda monotonía, si todo saliera perfecto sin desajustes o problemas! Posiblemente la vida se tornaría en un tedio difícil de soportar. Sin embargo, de la adversidad suele salir la perfección, el pulido acabo, producto del intenso trabajo por la reconstrucción.

Reconstruir requiere comenzar a trabajar sobre lo que por diferentes causas ha quedado roto, o ha sufrido un desperfecto.

¿Quién no se ha clavado una espina alguna vez?, ¿quién no ha tropezado con una baldosa levantada y se ha caído?, ¿quién no ha sufrido un desengaño o una pérdida?, ¿quién no ha llorado una partida?

Estos pequeños o grandes obstáculos según se hayan presentado, son parte de la fortaleza con la que debemos enfrentar nuestros días. Algunas veces con las manos llenas de ampollas por un trabajo intenso, vemos que ni siquiera podemos cerrar la mano, porque nuestras articulaciones han perdido la poca movilidad que les queda.

Sin embargo, todo cicatriza, o se supera, sólo es cuestión de armar las piezas del rompecabezas con esmero y esfuerzo, con pasión y más ganas, porque un tropezón no es caída, y una llaga no es una herida que dure para siempre.

En el puzle de la vida las amarguras no pueden aplacar a la alegría, los desvelos no pueden quitar los sueños y la risa, pero si así pasara, a levantarse de prisa porque la vida es muy hermosa como para velarla en vida, honrarla un compromiso ineludible acompañada de  pinceladas de música y colores llenos de alegría.

Andrea Calvete