miércoles, 7 de octubre de 2015

CARUSO NO PARA DE CANTAR

A lo lejos se empezó a percibir el canto de Caruso, repetitivo e inseguro, denotaba que eran los primeros trinares de su corta existencia. Esa melodía la había dejado de escuchar el verano ya pasado, con alegría pensé: “Nuevamente el pájaro que canta sin cesar de la mañana a la noche con intensa armonía”

Aunque debo confesarles que el primer intérprete de este cántico había desaparecido en la primavera pasada, pero al llegar el verano un nuevo discípulo se presentó alegremente y entonó muy a destiempo la melodía. Tras esforzados méritos se sintió feliz de continuar con el legado de su familia.

¡Qué impresionante pensé, cómo de generación a generación los pájaros son capaces de emitir sus cantos, sus sonidos distintivos, y transmitir tan claramente sus notas musicales como si hubieran sido escritas en el pentagrama de la vida!

Es alucinante verlos reposar en la horqueta de un árbol, apacibles, seguros y dispuestos a emitir guturales sonidos con el sólo fin de embellecer la armonía ambiental.

Cuando entre el tránsito de la cuidad, el bullicio del diario vivir, se escucha el cantar de un pájaro, todo parece volverse más bello, más silvestre, el aire suele perfumarse con las notas de la naturaleza en la que los árboles y las plantas despliegan su exquisito aroma primaveral.

Nuevamente Caruso ha regresado, a pesar de que la primavera parece no quererse arraigar, él sin embargo denota la alegría del despertar que esconde esta estación donde el color reverdece, los días se alargan y la temperatura se hace agradable a la espera de que todo renazca lentamente.

Andrea Calvete