sábado, 6 de septiembre de 2014

ES MEJOR VIAJAR LLENO DE ESPERANZA QUE LLEGAR

Este antiguo proverbio japonés apela a despertar nuestros sentidos, a que tomemos consciencia de lo vivido, a disfrutarlo y aprovecharlo al máximo. Porque si por correr detrás de algo olvidamos lo que nos ocurre aquí y ahora, no tendrá mayor sentido la meta a alcanzar.

La esperanza que pongamos en lo que hagamos está netamente relacionada con la fe, con ese creer en nuestro andar. Si no estamos convencidos del camino ¿de qué sirve llegar?

Por otra parte, en la medida que avancemos, alcanzaremos metas y se presentarán otras sucesivas, porque la vida es constante fluir, nada se mantiene estático, y hasta el final de nuestros días estaremos intentando cosas nuevas, de lo contrario podemos llegar a sentir que nos estamos secando en vida.

Querer alcanzar la meta es algo que nos proponemos en varios órdenes de la vida, pero si lo analizamos, algunas las alcanzamos y otras no. Pero, ¿cuáles les dieron más satisfacciones: las conseguidas o las que quedaron en el camino sin realizar?

La satisfacción puede pasar por diferentes puntos, el problema es que si obnubilamos nuestra vista y sólo vemos la meta, posiblemente nos perdamos apreciar muchos detalles y momentos maravillosos de ese día a día, porque cegados por nuestra avidez por llegar, no nos permitimos disfrutar de tantas “pequeñas cosas” como diría Serrat.

Es lógico proponernos lograr o alcanzar nuevos desafíos, aunque también es parte de las reglas del juego que algunas cosas no son posibles. Introducirnos a pensar por qué no son posibles, podría llevarnos un extenso análisis.

Existen causas propias de la persona y otras externas que no dependen de ella. Lo importante es aceptar lo que no hemos podido lograr, no con amargura o resentimiento, sino con fuerza y resolución capaces de movernos a nuevos caminos, y también abiertos a mirar con nuevos ojos.

Sin embargo, aunque a lo largo de la vida tomamos diferentes caminos en definitiva vamos construyendo sin darnos cuenta esa senda que es única e irrepetible y hace que seamos lo que somos.

En realidad la meta es el camino en sí, porque la forma que lo recorramos, el modo de como lo enfrentemos, los ojos con que lo miremos, las manos con el que lo trabajemos, el esfuerzo que en él pongamos, es lo que construye ese fin y ese llegar que se logra minuto a minuto.

Les pregunto ¿de qué sirve alcanzar metas si por el camino olvidamos unas cuantas cosas?

Si olvidamos a nuestros seres queridos.

Si no vemos el sufrimiento de quienes nos rodean.

Si nos inmunizamos ante los problemas que otros semejantes viven.

Si pisamos cabezas para llegar.

Si no somos capaces de dar ayuda de igual a igual en forma horizontal.

Si cruzamos para la otra vereda para no enfrentar los contratiempos.

Si poco nos importa el mundo que dejaremos a los que vendrán.

Si no somos sinceros con los demás y con nosotros mismos.

Si olvidamos reír cada día.

Si olvidamos agradecer cada día lo que tenemos y vivimos.

Si no valoramos lo que tenemos.

Si no logramos el desapego, que tantas veces lo único que nos hace es permanecer estancados, por no dejar cosas o instancias que no estancan, perjudican o paralizan. Cuanto menos cosas llevemos en la mochila más fácil será el camino.

Si olvidamos nuestras raíces.

Si actuamos sin responsabilidad.

Si nos ponemos en jueces antes de saber los verdaderos motivos.

Si no aprendemos a ser tolerantes y respetuosos con los demás.

Si no entendemos que existe un universo de posibilidades tan diferentes a la nuestra.

En el cuento de Borges “La rosa de Parecelso”, el discípulo le reclama al maestro que le enseñe la piedra filosofal, y en el transcurso de esta narración, el maestro Paracelso le responde que “el camino es la piedra, cada paso que darás es la meta, y no hay meta sino camino”. Esta respuesta está intrínsecamente relacionada con el proverbio que analizamos hoy que “es mejor viajar lleno de esperanza que llegar”.

El camino se hace al andar, y qué cierto es que no hay meta sin camino, para entonces descubrir que la meta es el camino, algo que algunas personas no alcanzan a vislumbrar en toda su vida, porque se enceguecen tan sólo con llegar. Y la llegada es algo inevitable, sin embargo nos aturdimos con problemas, con más y más cosas por hacer, perdiendo de vista lo esencial de nuestras vidas.

La búsqueda de lo esencial en este camino, en esta meta, compete a cada uno de nosotros descubrirlo, analizarlo, con responsabilidad y alegría, con entusiasmo y con fe.

Finalmente, los invito a viajar llenos de esperanza, a recorrer el camino con alegría, con fe en ustedes mismos en los demás, en que es posible, en que existen un universo de oportunidades por recorrer y descubrir, porque la vida es maravillosa a pesar de sus tragos amargos, de sus baldosas negras, porque siempre el “amor es más fuerte”, como dice una canción popular argentina arraigada en nuestros días.