domingo, 22 de junio de 2014

TAL COMO SOS - JUST THE WAY YOU ARE

Es común decir o pensar te acepto tal cual sos, pero si nos detenemos a pensar suele ser una verdadera falacia, porque en el fondo cuando conocemos a alguien lo vemos del modo que deseamos o nos gustaría que fuera y, con el transcurso del tiempo, esa imagen inicial suele diferir con la que descubrimos.

Al principio las relaciones suelen funcionar de maravillas, todas son virtudes, alabanzas, que al tiempo se desvanecen al enfrentar nuestros deseos con la realidad. Y cuanto más difieren se incrementa el descontento que sentimos con esa persona que estamos conociendo.

¿Por qué no aceptamos a los demás tal cual son? En realidad cabría preguntarnos antes ¿por qué no nos aceptamos a nosotros mismos? Preguntas que se acoplan a una palabra que todos ansiamos o anhelamos: libertad ¿Hasta qué punto somos libres?, ¿por qué nuestros derechos se ven constantemente vulnerados?, ¿es qué acaso no logramos ponernos en el lugar del otro, trascender las relaciones de alteridad?

Generalmente, tendemos a colonizar al otro, en el afán de que se apruebe lo que pensamos, sostenemos o creemos, sin ver que el hombre del hombre necesita, que nos complementamos aún en las disidencias. Al respecto, José Saramago dice: “He aprendido a no convencer a nadie. El trabajo de convencer es una falta de respeto, es un intento de colonización”.

Antes de contestar algunas de estas preguntas, lo primordial es analizar ¿por qué no nos aceptamos a nosotros mismos?, ¿por qué realmente conocemos muy poco de nuestro yo interno?, de esa búsqueda personal y esencial, porque tras correr, avanzar, aprender y crecer, olvidamos profundizar en esos lugares desconocidos o poco frecuentados por nosotros mismos. De allí ,que la búsqueda interior está íntimamente relacionada con ese ser espiritual que nos sustenta y del que poco sabemos, porque en él se mezclan emociones, sentimientos, recuerdos, valores que nos dibujan y nos permiten trascender en el tiempo.

Es frecuente que sin darnos cuenta nos encontremos moldeando a las personas que tenemos al lado, a nuestra imagen y semejanza, olvidando que cada persona en un ser único e irrepetible, con sus gustos, deseos, anhelos, virtudes y defectos. Quizás un buen punto de partida es decir que todos somos seres portadores de un alma que nos iguala como seres que habitamos un planeta y una galaxia, pero nos diferenciamos desde cada particularidad que nos caracteriza y distingue.

No estaría mal pensar que el alma es un concepto universal, que nos cobija bajo la luz de la tolerancia, hermanados todos bajo el mismo cielo en ese “Imagine” de John Lennon que siempre ha sonado utópico, pero tan lleno de esperanza y reconciliación, para que los seres humanos tengamos cabida en este mundo en paz y armonía.

En el fondo siento que todos queremos un mundo mejor, rescatar los valores que se han perdido, encontrar los que hagan falta, pero sin olvidar que con cada pequeño acto contribuimos a crear seres competitivos hasta la médula por un puesto de trabajo, por las calificaciones, por una meta… por lo que sea, la sociedad premia al “mejor alumno, al mejor trabajador, al que hace mejor las cosas”.

Pero les pregunto si cuando educamos a un hijo, sin darnos cuenta ¿le inculcamos esta competitividad desmedida?, cuando en realidad lo que debiéramos ver no son las calificaciones o logros, sino que sean personas honestas, sinceras, tolerantes, dignas y coherentes con sus creencias y valores para poder hacer lo que deseen en la vida.

Algunas veces cuando se cuestiona ¿cómo fuimos educados, cómo vivimos nuestra niñez y adolescencia?, me olvido de todo y me traslado aquellos años que recuerdo con todo cariño, porque siento que aquellas etapas son el puntapié inicial de nuestras vidas, y no puedo más que trasladarme a risas, a tardes de sol, a noches en rueda de amigos cantando muy fuerte al son de una guitarra y alegría.

No creo que las imágenes difieran al recordar la niñez o la infancia, y si las comparo con la de mis hijos que son de otra época, con mayor amplitud de ideas, de tolerancia y aceptación, sin embargo, veo que en cualquier época se rescatan valores, sentimientos y afectos que nos marcan, algunas veces mejores y otras peores, pero dependiendo también de lo que cada uno transita.

El tiempo no se detiene, alberga todos los sentimientos, estados de ánimo y personas, no sabe de pausas, más bien de prisas. Los hubo mejores, peores, pero este es el nuestro. Por lo tanto, es imprescindible ver ¿dónde estamos parados?, rescatemos lo mejor de cada uno de nosotros, de los más jóvenes, de los mediana edad y de los más grandes, de todos tenemos para aprender y compartir.

Tomar lo mejor de cada uno nos posibilita pararnos con ilusión, con esperanza de cara al futuro, basándonos en lo positivo que nos hace brillar, para dejar atrás lo malo, lo negativo, superando obstáculos, dificultades, codo a codo todos unidos, no enfrentados. El enfrentarse es parte de la vida, del lograr sobrevivir, pero hagámoslo con consciencia, con responsabilidad, en una búsqueda por respetar la libertad de la persona que tengo a mi lado, sin pensar que de este modo es vetada la mía, por el contrario si todos podemos ejercer nuestros derechos la convivencia es más cordial.

Amartya Sen, premio nobel en Economía por sus contribuciones a la investigación en el bienestar económico, hace hincapié en la libertad que deben tener las personas para realizarse, teniendo en cuenta la calidad de vida, nivel de vida, el bienestar y el desarrollo humano. Para él la concepción de equidad es un tema fundamental, y se puede lograr si se pone acento en los medios para alcanzar los fines. Critica fuertemente al enfoque utilitario porque mira resultados, pero no están presentes las libertades.

Una de las claves para que haya tolerancia y libertad entre las personas, es que nos dejemos despertar o sorprender por el amor, porque cuando esta palabra entra en nuestras vidas desde sus diferentes acepciones logra transformarnos en mejor personas, con un corazón abierto a sentir y a dar todo lo que sea necesario, sin fronteras, sin límites, salvo las que estemos dispuestos a poner.

Ojalá nunca se borre o desdibuje la utopía de nuestras cabezas, porque será una señal de que aún tenemos sueños por alcanzar y cosas por mejorar. La vida es continuo devenir, movimiento y cambio, es correr detrás de las utopías, porque estamos vivos, porque vale la pena luchar por lo que creemos necesario, sin olvidar nuestra espiritualidad que es tan importante como beber agua o comer. Mantener nuestro espíritu sano, libre y fortalecido nos hará llegar tan lejos como sea necesario, sólo será cuestión de lo convencidos que estemos para alcanzarlo.

Finalmente, sería maravilloso que te aceptara tal cual sos, y vos a mí, desde esa perspectiva cambiaría muchísimo todo, sería un gran paso para ponerme en tu lugar, en el del vecino, amigo o compañero, sin juzgar o señalar, simplemente aceptando que para que seamos iguales y se respeten nuestros derechos, debemos aceptar a todas las personas más allá de que difieran con lo que pensamos o sentimos. Quizás el primer paso sea aprender a escuchar antes de emitir una palabra y apelar al proverbio árabe que dice: “Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio: no lo digas”.

Andrea Calvete

domingo, 15 de junio de 2014

¿QUÉ ESCONDE LA MAGIA?

Todo encierra en sí mismo magia, esa ilusión que podemos aderezar a cada acto de vida, que esconde tantos significados y que sólo es cuestión del lente con que nos dispongamos a observar, es decir, de esa capacidad de descubrir y profundizar más allá de lo que se ve a simple vista.

La magia está sumamente conectada con esa capacidad de soñar, crear y sentir que todos tenemos guardada en algún lugar, sólo que a veces no le damos cabida. Esconde misterios, sueños perdidos o encontrados; y una pizca de ilusión con matices de esperanza.

Paulo Coelho dice que “la magia es un puente que te permite ir del mundo visible hacia el invisible y aprender las lecciones de ambos mundos”. Y cuánto es lo invisible a nuestros ojos y oídos, porque es difícil vencer los miedos, los prejuicios y preconceptos.

Cada instante puede ser maravilloso, el poder poner a andar nuestros cinco sentidos es el primer gran paso para dar rienda suelta a lo que pretendamos dejar surgir, renacer o trascender, en ese acto en el que damos cabida a vibrar con todas nuestras fuerzas.

Es mágico cuando observamos a alguien a los ojos y descubrimos el brillo de una mirada, que cargada de muchísimos sentimientos habla. Del mismo modo, es increíble cuando nos abstraemos e intentamos dejarnos seducir por los sonidos o imágenes de las situaciones que nos rodean. Porque en definitiva el dejarse seducir no es nada sencillo, es abrirse de un modo especial a sentir y descubrir sin barreras ni preconceptos.

La vida es mágica en sí misma, porque encierra tantos misterios capaces de cautivarnos y encantarnos. Cuando vemos el nacimiento de un ser, cualquiera sea su posición en la naturaleza, asistimos a un acto lleno de magia en el que quedamos absortos y maravillados. Del mismo modo, la muerte tiene esa contrapartida de fin, de ruptura y puede ser oscura, fría y áspera, pero si logramos dejarnos llevar por la magia de la vida quizás en algún momento logremos estar preparados para esta instancia a la que ninguno escaparemos.

Lo que no podemos explicar, fundamentar o argumentar encierra muchas dudas, misterio, pero a la vez nos habilita a creer que es posible algo inmenso, inconmensurable, sólo es necesario darle cabida. Los seres humanos somos también seres espirituales, sustentados no sólo por un cuerpo que nos da vida sino por algo mucho más profundo que permite que toda esa maquinaria tenga andamiaje.

Generalmente, cuando se nos parte el corazón por algún motivo, se suele decir que somos débiles o estamos pasando un momento de vulnerabilidad. Siento que es algo más profundo, que estamos dando paso a nuestros más sinceros sentimientos que parten desde lo más hondo de nuestro ser. Y si algo nos hizo quebrar o resquebrajar es porque estamos abiertos a sentir, amar y compartir.

Cuando nos encerramos en el egoísmo, en nuestras necesidades y deseos olvidando todo lo que nos rodea, nos anestesiamos y dejamos de sentir por “salvar eso que nos hará salir a flote”, o paradójicamente nos hará sentir solos y aislados de los demás, sumidos en nuestro ego más profundo.

Los grandes problemas en la convivencia del diario vivir se basan en ese dejar primar nuestras necesidades y deseos, olvidando las de quienes nos rodean y conviven con nosotros. Las causas de este problema son múltiples, entre lo que no dejo de reconocer que es mundo altamente competitivo que nos prepara para eso. Sin embargo, depende de cada uno no deshumanizarse, impedir que estas reglas de juego nos hagan olvidar ¿quiénes somos , cuáles son los valores que nos sustentan y nos permiten avanzar día a día?

No dejarnos contaminar o impedir que la magia desaparezca de nuestras vidas es una tarea meramente personal, en una lucha permanente por enfrentar los paradigmas que nos han sido inculcados desde pequeños, en un modelo en el que todo debe ser eficiente y productivo, sin detenernos muchas veces a pensar ¿a qué costo logramos esto?

¿Dónde buscar la magia? En una sonrisa contagiosa, en el brillo del sol, en el cielo cargado de estrellas, en la mano que te acaricia con dulzura, en el oído que te escucha con paciencia y atención… en la vida de misma, en cada instante.

La podemos encontrar si trascendemos lo que nos preocupa, desvela o aqueja, y logramos ver todos los motivos que tenemos para estar agradecidos y para sonreír a la vida. Porque por más grises que sean los días, por más fuerte que soplen los vientos, siempre habrá alguien que necesite de nosotros, de nuestra ayuda sincera. Cuando nos solidarizamos con alguna persona damos sentido a nuestra propia existencia y trascendemos lo que nos sucede por ayudar al otro.

Es posible que nos tropecemos con la magia cuando, despedazados por el dolor, reconstruimos lentamente los pedacitos que han quedado y nos ponemos de pie fortalecidos, haciendo una pieza única con posibilidad de retomar el camino con fuerza y energía, dando así lugar a la resiliencia que todos en el fondo debemos cultivar.

Tantas veces cuando nos encontramos deprimidos, los médicos nos aconsejan ¿por qué no hace algo que le haga sentir útil? , y ¿por qué llegamos a sentirnos inútiles o carentes de posibilidades? Quizás porque estamos muy ensimismados en lo que nos sucede sin lograr vislumbrar que hay gente que está mucho peor que nosotros. Con esto no quiero decir conformarnos y no luchar por superar todo lo que sea necesario, pero siempre teniendo en cuenta a quienes nos rodean.

Quizás quien esté transitando un momento de mucho dolor no vea magia en nada, todo le resulte indiferente, insípido, o le dé igual, pero esta apatía muestra cuando una persona se bloquea a sentir porque está quebrada, caída. Aunque quizás sea un excelente aliado en cualquier tarea dejar entrar un pequeño rayo de luz y de esperanza.

Un maravilloso acto de magia podría presentarse cuando al caminar por la calle podemos ver en cada rostro que se nos cruza una preocupación o problema, o advertir que un compañero de trabajo no está bien porque tuvo un mal día, o si en el ómnibus repleto hasta el tope y cansados a más no poder cedemos el asiento a una persona.

Y si continuamos descubriendo momentos mágicos, llegaremos al instante en el que alguien nos agradece con una sonrisa radiante, o con una mirada cargada de emoción apretamos las manos a una persona y le decimos sinceramente gracias.

La magia está en el aire flotando, en los sonidos de la brisa, en las notas musicales, en el trinar de los pájaros, en cada acto de vida. Está allí junto a nosotros, sólo es necesario hacerla pasar, tomar asiento al lado nuestro, y será una entrañable compañía, por eso antes que nada dejémosla surgir.

Finalmente, si le abrimos las puertas a la magia, con ella entrará: la risa, los colores, los sonidos, las posibilidades y la creatividad de la mano de los sueños y la esperanza. Quizás no tenga demasiada explicación salvo el sentirla, o dejarse envolver por su suavidad y dulzura, dando lugar al baile que sólo nuestros sentidos estén dispuestos a danzar.

Acróstico de la Magia

M omentos únicos

A tesorados en el corazón

G uiados por algo

I nexplicable llamado


A mor

domingo, 1 de junio de 2014

LAS ALAS DEL VIENTO

En la vida del hombre han estado presentes: la tierra, el aire, el agua y el fuego; como elementos esenciales de la dinámica de los tiempos. Sin embargo, sin quitar importancia a ninguno de ellos, me dedicaré al aire que fluye permanente a través del viento, y nos purifica en forma constante. Aunque no se ve, nos rodea y se percibe a cada instante. Según un proverbio hindú “no hay árbol que el viento no haya sacudido”.

Se siente a través de la brisa, del sonido del viento, del aroma cargado del amanecer palpitante, de la noche estrellada, del perfume de una flor que nos deleita, de la risa contagiosa de un niño, o en el aroma del mar o del campo que nos inundan los pulmones.

El aire según Jung lo podemos identificar con nuestros pensamientos, que son abstractos, volátiles, intangibles y escurridizos, algunas veces tanto que no podemos llegar a comprenderlos o descifrarlos.

Los vientos soplan con mayor o menor intensidad, y evocan lugares, tiempos, situaciones, la antigua relación del mundo con el hombre. ¡Cuántas historias acercadas por una suave brisa han llegado a nuestros oídos!, algunas ciertas otras no tanto, pero están en el pensar colectivo, y sobrevuelan en la atmósfera.

En sus distintas manifestaciones, el aire se cuela a través de los vientos. Los hay fuertes, suaves, cálidos, fríos, templados, secos, húmedos, veraniegos, otoñales, invernales o primaverales. Así se hacen presentes y otorgan oxígeno, limpian y purifican a quienes desean cargar el alma con su aroma renovadora.

Por este motivo, en aquellos lugares donde más sopla el viento existe un mayor desarrollo de la actividad humana. Estas regiones estimulan a personas que deben fortalecer su sistema nervioso, su aparato cardiovascular y respiratorio.

El viento, más allá de dónde provenga, es la clave del clima de cada región, de su temperatura, humedad, nubosidad y precipitaciones. Es también un atenuante del calor o del frío. Hace miles de años Hipócrates observó que el viento ejerce una acción mecánica sobre el organismo según su velocidad, temperatura y grado de humedad.

El aire es un elemento esencial en la vida del hombre. Nuestra respiración es la que nos mantiene vivos, sin embargo no alcanzamos a valorar la vital importancia de oxigenar bien nuestros pulmones, cargados de problemas nos olvidamos de inhalar y exhalar correctamente. Sin embargo, cuando descubrimos que concentrados en nuestra respiración podemos alcanzar ese yo interno tan buscado vemos su real importancia.

La primera inhalación la hacemos al nacer, y la última exhalación al morir, de allí que este proceso de respirar esté relacionado con nacer y morir al mismo tiempo, en esa relación de opuestos y complementarios que nos conduce a establecer esa energía vital, por algunos denominado prana, que en Sánscrito que significa aire inspirado.

Generalmente, el aire se impregna de lo que nos sucede, de la energía que desarrollamos, y si estamos felices aparecen sentimientos de alegría y esperanza flotando a nuestro alrededor. Sin embargo, cuando la tristeza, la melancolía o el dolor nos visitan, se carga nuestro pecho con una sensación de angustia que casi nos impide respirar.

Gabriela Mistral, supo describir como pocos este espacio tan preciado y dijo: “Vuélveme tu suspiro, y subiré y bajaré de tu pecho, me enredaré en tu corazón, saldré al aire para volver a entrar. Y estaré en este juego toda la vida”.

El viento juguetón y despreocupado, nos despeina y casi con un aire infantil nos hace renacer en primavera, y nuestro organismo se siente agradecido porque es capaz de activar nuestra circulación, nuestra amplitud respiratoria, o simplemente por hacernos sentir vivos. Cuántas veces anestesiados por nuestros problemas no somos capaces de vibrar o sentir lo más mínimo.

Hay un fuerte paralelismo entre lo que se lleva y moviliza el viento, con los diferentes momentos en los que transita el hombre y se transforma en forma constante. Dicen que a las palabras se las lleva el viento, al igual que las hojas en el otoño vuelan sin ton ni son, o se borran las huellas que quedaron marcadas en el camino tras su paso purificador. Hace muchos años atrás Hollywood nos trajo a la pantalla “Lo que el viento se llevó”, una historia que muestra la fortaleza humana luego de vivir la guerra.

Y quienes se dejan llevar por el viento, sienten que su barco navega a su favor, sin embargo no faltan los que le hacen frente y lo contravienen a cómo de lugar, y del mismo modo se respira la actitud pasiva o activa que tomamos cuando decidimos ser protagonistas de nuestras hojas de ruta.

Esas alas del viento tienen profunda correlación con las que nos conducen a viajar adonde nuestro corazón y mente lo deseen, no importa la distancia o el tiempo, sólo el nivel de creatividad, pasión, anhelo y de amor que pongamos al querer volar, la única barrera es uno mismo.

Algunas veces viene del Sur, y se lo denomina Pampero, se caracteriza por ser muy frío ya que sopla desde los hielos de la Antártida, estos días apropiados para tomarse una rica taza de chocolate caliente y sentarse al lado de la estufa de leña a dejarse cautivar por el fuego lleno de encanto y magia que chisporrotea, a la vez que nos conduce a mirar casi absortos esa danza que las llamas tienen el encanto de bailar.

Cuando el viento viene del Norte, el aire es caliente y la humedad es intensa, generalmente se avecina una tormenta. De este modo los seres vivos nos vemos afectados por su paso, y parecemos estar cargados de esta humedad casi sofocante.

Lo que aquí denominamos “Viento Norte” o “Viento de los locos” sin estigmatizar a nadie sólo porque así se denomina, en Europa se conoce como “Viento de las Brujas” y proviene del sur de los Alpes, con el mismo nombre se denomina en California. No importa el nombre, son toda una leyenda y tienen un sustento científico. El viento norte se asocia con el aumento de temperatura, humedad y presión del aire, además del exceso de ionización positiva.

El ión es un átomo cargado eléctricamente. El exceso de iones positivos trae aparejado euforias temporales, hiperactividad pasajera, dolor de cabeza, agobio y otras veces depresión. Por lo tanto, el viento norte trae claras repercusiones en nuestra vitalidad y estado anímico.

Nuestra existencia la pasamos en un campo electromagnético natural, creado por una doble polaridad entre la tierra cargada negativamente y la atmósfera cargada positivamente. El proceso de ionización negativa se produce constantemente y en forma habitual en la naturaleza: en los arroyos, mares y en la tierra que cargada negativamente que repele los iones negativos y atrae los iones positivos en su área superficial. Por tal motivo, los lugares libres de contaminación nos brindan una proporción armónica de iones.

En general, quienes son sensibles al exceso de iones positivos, ven su salud alterada, se sienten eufóricos, o hiperactivos, por lo que se les sugiere caminar en la arena o pasto descalzos o tomar un largo baño, rodearse de plantas y evitar el uso de ropa nylon, de este modo se estimula a percibir iones negativos, y a aliviar ese estado de alteración por el que la persona transita. Y sin quererlo, han aparecido el agua, la tierra y el fuego los otros tres elementos pilares de la humanidad.

Pero más allá de esta explicación científica meramente válida, existen días en los que todo para salir mal, nos sentimos de muy mal humor, y parece que la cabeza nos va a estallar, entonces surgen comentarios como: “Hoy viento Norte”, y sabemos que “el horno no está para bollos”.

Sin embargo, están los vientos renovadores, esperanzadores, esos que nos dan energía, dinamismo vital, los que nos permiten resurgir de las sombras, del dolor, de la profundidad de nuestro ser, que algunas veces no quiere despertar a la luz. El aire es un elemento purificador, de vida, un elemento altamente necesario, más aún en sociedades dónde existe una gran contaminación a todo nivel.¿Qué quiero decir con “a todo nivel”?, ¿se detuvieron a pensar? En realidad la contaminación del Planeta debe tener una lectura mucho más profunda, tiene que ver con los valores que vamos perdiendo, con los niveles de corrupción, con el gran egoísmo de no velar por los que vendrán. Estamos a tiempo de cambiar, de darles oxígeno, vientos de esperanza, de energía vital. En suma, es nuestro deber y responsabilidad.

Andrea Calvete