lunes, 27 de enero de 2014

TOTAL EL MUNDO SIGUE ANDANDO

Es sorprenderte pararse a mirar la historia de la humanidad y ver cómo la violencia, la crueldad y la tortura, se han apoderado del hombre cegado por el odio, por los sentimientos más inhumanos bajo la piel del racismo, de la explotación del hombre por el hombre.

¡Qué gran paradoja, el mismo hombre ha sido quien ha ocasionado los mayores actos de violencia, agresión y maldad en contra de su propia existencia! En una lucha sin sentido, cuando todos somos semejantes bajo este mismo sol, sin embargo, es algo que aún hoy algunas personas no comparten.

Parafraseando a Discépolo: “Siglo XX Cambalache, problemático y febril”, hoy, un siglo después, algunos días diría como Mafalda: “Paren el mundo me quiero bajar”, aunque sería muy irresponsable no pensar en los que vendrán, en los que quedan o empiezan. Ellos se merecen algo mejor.

Este siglo XXI si bien nos ofrece posibilidades tecnológicas y científicas, por otro lado se generan “nuevas necesidades” para alcanzar “una vida mejor”, sin embargo, solemos ver gente muy deprimida, estresada, corriendo tras de nuevas metas y objetivos, siendo testigo de cómo nuestros datos personales navegan por Internet perdidos a la espera de que los utilice el mejor postor, no dejo de asombrarme: ¡El mundo sigue andando!

Y si bien la historia nos ha mostrado, a través de distintos medios, la crueldad desplegada entre los hombres, no deja de sorprenderme ver la clase de atrocidades que se han cometido en los Estados Unidos de América contra los hombres negros, no quiero entrar en aforismos. La película “12 años de Esclavitud” relata la historia de un hombre que, luego de ser drogado y secuestrado, es vendido como esclavo en una plantación de Lousiana. Su periplo una agonía, pero una historia con final feliz.

Sin embargo, este el caso que han sufrido tantos hombres en el mundo, en el que no se han respetado sus derechos humanos, su dignidad como personas. Víctimas de todo tipo de violaciones y abusos, han aguantado y luchado los días más oscuros de la historia.

Nelson Mandela durante el juicio realizado en 1964 en el que se le acusaba de sabotaje y traición expresa: "He luchado contra la dominación blanca y he combatido la dominación negra. He promovido el ideal de una sociedad democrática y libre en la cual todas las personas puedan vivir en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal por el que espero vivir, pero si es necesario, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir".

Del mismo modo la población indígena en América Latina también ha sufrido y continúa sufriendo calamidades de ese tipo, con el agravante del exterminio al que han sido sometidos, y su lucha no ha terminado. El hombre con su afán de conquista y colonización se ha creído con derecho a humillar, despreciar y torturar a sus semejantes.

Y la humanidad, tanto en nuestra América Latina como en Europa y otras regiones del mundo, también ha sido víctima de otras violaciones a los derechos humanos, cometidas por las diferentes dictaduras y regímenes que tuvieron lugar y dejaron familias destrozadas, personas desaparecidas, tortura, muerte y mucho dolor.

Lo que resulta más asombroso es continuar viendo en este planeta tan maravilloso, que el hombre sigue siendo explotado, continúa existiendo el trabajo esclavo, niños que trabajan por un plato de comida en buques en el océano, mujeres que son sometidas a la prostitución y a la esclavitud de sus proxenetas… y las injusticias no cesan.

¿Por qué la distribución de la riqueza en el mundo es tan dispar? ¿Por qué millones de personas mueren de hambre y de sed, mientras otros viven en la opulencia? ¿Por qué se amplía la brecha entre clases sociales? ¿Por qué siguen siendo explotadas las personas en sus trabajos? ¿Por qué tantos hombres no acceden a los derechos humanos básicos: alimentación, salud, educación, vivienda y trabajo dignos? A esta altura cuestionamientos inadmisibles.

Leonardo Boff, analiza nuestra sociedad actual, y sostiene que “cuando una sociedad como la nuestra, entorpecida por culpa de su craso materialismo, se vuelve incapaz de sentir al otro como otro, solamente como eventual productor y consumidor, está cavando su propio abismo”. (*)

También la naturaleza reclama, con el hilo de voz que le queda, que no la sigan explotando y contaminando, pero las grandes industrias y corporaciones parecen hacer caso omiso a un mundo que lentamente se va destruyendo.

Sin embargo, quisiera rescatar el valor, la lucha y el sacrificio de tantos hombres y mujeres que han colaborado desde sus distintos lugares y tiempos por impedir toda violación a los derechos humanos, por la libertad y dignidad humana.

Aunque a pesar de las malas noticias que recibimos día a día a través de diferentes medios de comunicación, cabe destacar que aún siguen ocurriendo milagros en la ciencia que busca curar muchas enfermedades y día a día lo logra, aunque se tiene que enfrentar al gran negocio de las industrias farmacéuticas a la hora de imponer un nuevo remedio o vacuna.

Esperanzados, seguimos esperando la cura del cáncer, la vacuna del sida… la compasión del hombre por el hombre. Que el flagelo de la droga no se siga apoderando de tanta gente inocente, matando y dañando millones de personas en el mundo. Que no haya más seres humanos que pasen hambre y miseria, o que sean víctimas de la carrera armamentista, y de las guerras que se generan para seguir acumulando poder.

El agua un bien necesario e imprescindible para nuestra vida, se va agotando, un serio problema que tenemos que asumir y por el que cada vez se generan más enfrentamientos y discusiones.

Quedan pocos lugares no contaminados en el mundo, pero las industrias y gobiernos por dar más fuentes laborales y oportunidades económicas no respetan nada y si queda un lugarcito libre mejor, allí van en su búsqueda, a contaminar a ampliar sus ganancias ¡Total el mundo sigue andando!

Frei Betto manifiesta que “en la esfera social, la mundialización del mercado se impone como objetivo fundamental, sin que se pongan en discusión sus fines sociales y políticos. De esta manera, las fuerzas del mercado pasan a asumir el papel de instancias reguladoras del conjunto de la sociedad. El lucro, por su parte, asoma como el mediador de las relaciones sociales” (**)

Un mundo bastante complejo el que nos toca enfrentar en este siglo XXI, poderes e intereses económicos se anteponen fuertemente ante las acciones más loables, donde pareciera que el consumo es el valor preponderante que nos tiene atrapados en este lucha devastadora.

Sin embargo, más allá de los distintos problemas que debemos enfrentar y asumir, mientras haya mujeres y hombres que no se den por vencidos, que crean que esta lucha es válida y necesaria, habrá oportunidad de revertir los males que nos aquejan. En tal sentido, creo en la juventud. Es la gran esperanza, ese brillo de vida que dará impulso a lo que resta por hacer.


* http://www.servicioskoinonia.org/boff/articulo.php?num=615- Leonardo Boff

** “Sabores y saberes de la vida”- Frei Betto- 2004

domingo, 19 de enero de 2014

¿ESTAMOS PREPARADOS ANTE RELACIONES DE ALTERIDAD?

La alteridad es la condición de ser otro, de reconocerlo, de un encuentro intersubjetivo que tiene lugar a través de la comunicación y el lenguaje. La sociedad actual poco favorece su desarrollo, sin embargo, en esa búsqueda personal e introspectiva surge la necesidad de comprender a nuestros semejantes en todas sus dimensiones para poder relacionarnos.

El hombre del siglo XXI se caracteriza por el individualismo, hedonismo, narcicismo, la atracción por el poder y la competitividad. Todos parámetros que parecen desdibujar el trabajo por ser otro, por intentar ver otra imagen que no sea la nuestra, vista a “piacere” personal.

Generalmente, tendemos a colonizar al otro, en el afán de que se apruebe lo que pensamos, sostenemos o creemos, sin ver que el hombre del hombre necesita, que nos complementamos aún en las disidencias. Al respecto, José Saramago dice: “He aprendido a no convencer a nadie. El trabajo de convencer es una falta de respeto, es un intento de colonización”.

Para ponernos en el lugar del otro es necesario dejar el ego en el armario y también nuestra subjetividad, para así dar cabida a los demás, al nosotros. Trascender el yo es aceptar las diferencias para cerrar las puertas al colonialismo, tan común y frecuente en la historia de nuestra humanidad.

Por otra parte, el ego nos lleva a sobredimensionar esa autoestima que es necesaria, porque es el concepto que tenemos de nosotros mismos, pero que suele salirse de los carriles cuando el yo es la palabra que prima en cada acción de nuestro día. Cuando intentamos ponernos en el lugar del otro damos paso a la humildad para cerrar las puertas a la arrogancia y la altanería.

Sin embargo, para trascender el yo es importante saberse mirar a uno mismo, dejar de lado las prisas, el estrés, para dar lugar a la búsqueda, al reflejo de esa imagen que muchas veces dista de la que nos gustaría ver. Es común dar valor a los objetos que poseemos y en función de ellos comienza la evaluación, por ejemplo damos valor a los aspectos materiales como prioritarios dejando lo espiritual relegado, en un plano muy oculto, de allí que esa identidad personal que buscamos pueda dejarnos un sabor amargo o un gusto no deseado, porque establecemos una relación sujeto-objeto, en lugar de sujeto-sujeto.

La relación sujeto-sujeto, implica reconocer al otro y a nosotros mismos en todas nuestras dimensiones. Para Frei Betto la alteridad es “ser capaz de entender al otro en la plenitud de su dignidad, de sus derechos y sobre todo, de su diferencia. Cuanta menos alteridad existe en las relaciones personales y sociales, más conflictos estallan” (*)

Entonces la alteridad se puede definir como un principio filosófico que establece la necesidad y capacidad que tenemos las personas de conocer al otro, y por ende a nosotros. Para generalizar los principios, fundamentos y percepciones de la humanidad debemos conocer al otro en una estrecha relación con el principio de dignidad, es decir, sobre la base del respeto de los derechos humanos. Y la dignidad puede verse como un valor intrínseco referido a la existencia humana, o como un valor extrínseco que se va adquiriendo a través de nuestras acciones, las que ganan un cierto respeto por parte de los demás.

A medida que tomamos conciencia de nosotros mismos, formamos gradualmente nuestra personalidad y adquirimos conciencia de nuestras similitudes y diferencias con los demás, entonces, cuando convivimos con otros semejantes y avanzamos en este camino se construye nuestra identidad y la alteridad. Según Marc Augé “la identidad se construye en el crecimiento individual a través de la experiencia con el otro y también en el nivel colectivo” (**)

El problema del otro o de la alteridad es un tema habitual cuando de pronto nos vemos parados frente a otra persona, no nos entendemos y ni sabemos que responder, entonces es necesario dar lugar al diálogo, a la comprensión y al encuentro. Por tal motivo, la alteridad está relacionada con la empatía, con esa capacidad percibir y sentir lo que siente el otro.

Cabe cuestionarnos si estamos emocionalmente preparados para llevar a cabo las relaciones de alteridad. Un ejemplo frecuente es que resulta muy difícil aceptar las críticas que se nos hace, sin embargo, es muy sencillo cuando las realizamos hacia otra persona. ¿Por qué nos enojamos cuando alguien nos dice sinceramente lo que piensa de nosotros? ¿No reconocemos nuestros defectos, se desdibuja acaso nuestro ego? ¿Cómo podemos reconocer las dimensiones de otras personas, sino aceptamos las nuestras?

Por otra parte, cuando nos miramos al espejo frecuentemente nos dejamos marcar por fuertes rasgos materiales, de bienes finitos, en desmedro de los verdaderos valores humanos como son la solidaridad, la libertad, el respeto, la tolerancia y la ética. Si bien este nuevo siglo nos quiere imponer nuevos paradigmas, es importante ver ¿cuáles son esos valores que en este mundo posmoderno vamos perdiendo o cambiando? Pregunto: ¿a qué precio?

Sin embargo, más allá de los cuestionamientos planteados, cuando desarrollamos correctamente relaciones de alteridad, ponemos sobre la mesa valores importantes como: igualdad, humildad, autoestima, sociabilidad, responsabilidad y pensamiento crítico. Todos valores primordiales para poder ponernos en lugar de otro, trascender el yo y conformar el nosotros.

Al establecerse relaciones de alteridad promovemos la sociabilización del individuo, respeto, tolerancia y convivencia armoniosa con los demás. Estas relaciones basadas en los valores humanos, pilares existenciales adquiridos en el hogar, la familia y los medios educativos.

Finalmente, cuando defendemos los derechos humanos, tras defender la dignidad humana, ponemos en práctica la alteridad, porque al reconocer y proteger los derechos individuales necesariamente nos pusimos el lugar del otro para luego establecer los derechos colectivos, para trascender el “yo” y actuar desde “nosotros”.

(*)Sabores y saberes de la vida- Frei Betto (2004)

(**) El sentido de los otros- Marc Augé (1996)

jueves, 2 de enero de 2014

LA OTRA CARA DE LA MONEDA

Es muy común idealizar situaciones, juzgar indebidamente y sacar conclusiones apresuradas, a la hora de mirar a quien tenemos al lado. Tantas veces decimos: “¡qué suerte tiene tal persona!”, o “¡cómo me gustaría estar en su lugar!”, sin ponernos a analizar realmente qué es lo que estamos observando, simplemente nos dejamos llevar por la primera impresión, o por la simple fantasía que se instala en nuestra mente y nos deja ver sólo lo que deseamos.

Por otra parte, lo que percibimos ¿cuánta carga emotiva tiene aderezada? ¿Acaso nos desprendemos de todos nuestros miedos, inseguridades, angustias, enojos…? El inconsciente obra de forma compleja. Por eso, cuando nos enfrentamos a analizar una situación es necesario desprendernos de los prejuicios y todo lo que esté a nuestro alcance e incida en ese juicio que realizamos de forma apresurada. Al respecto, Leonardo Da Vinci expresa que “nada nos engaña tanto como nuestro propio juicio”.

Algunas personas son muy positivas y dejan ver ese lado de luz que las ilumina, sin embargo, tienen muchísimos problemas. Por el contrario, existen otras que sólo dejan aflorar su parte oscura o negativa aunque la vida les sonría día a día. Problemas todos tenemos, lo importante es de qué modo los asumimos, para comenzar a aceptarlos o trabajar para su cambio.

Seguramente, cuando un médico escucha a un paciente y a su familia oye dos versiones diferentes: el enfermo habla desde su patología, su sufrimiento, mientras que sus familiares lo hacen desde el dolor que les ocasiona esa situación, que muchas veces es difícil de manejar. Quizás ambos argumentos sean correctos vistos desde cada perspectiva, sin embargo, representan las dos caras de la misma moneda.

Del mismo modo, ante una misma situación o problema pueden existir múltiples perspectivas y respuestas, ¿cuál es la justa, la perfecta? La respuesta estará en cada uno, en su sentir, en sus vivencias, en su ser más profundo. Para poder vivir en armonía debemos respetar otras opiniones, aunque no se ajusten a las nuestras, escuchar argumentos, analizar y convivir con distintas propuestas que son parte de esas riquísimas vivencias que vamos acumulando.

La vida es como el arcoíris, incluye todos los colores, en ella todos tienen cabida, y la mezcla de todos genera ese maravilloso universo de tonalidades que gratifican los sentidos. Del mismo modo, las posibilidades de resolver una situación son infinitas y la gama de respuestas es amplísima.

Y de regreso a la primera impresión, están aquellos que sostienen que es la que vale, pero les pregunto ¿cuántos chascos se han llevado, es oro todo lo que reluce? Antes de juzgar a los demás es importantísimo mirarnos a nosotros mismos, quizás sea el primer paso para no lanzar la piedra con tanta facilidad, posiblemente nos rebote y nos lastime.

A la hora de mirar a quienes nos rodean, es necesario observar, clavar una mirada al corazón, a ese ser profundo que quizás esté oprimido, lleno de angustia y preocupaciones, pero algunas veces oculto bajo una fuerte caparazón impenetrable.

¿Qué es lo que dejamos ver de nosotros mismos?

Seguramente lo que nos incomode o lastime, lo que nos impida sentirnos bien, lo ocultemos en el lugar menos visible. Contrariamente permitamos surgir lo bueno, lo que nos da energía vital. Sin embargo, en este análisis cabe cuestionarse ¿por qué las miserias humanas son lo que primero negamos u ocultamos?, ¿es que no podemos o queremos aceptar nuestras debilidades, nuestros errores, nuestros lados oscuros?

Si nos ponemos a pensar, poco dejamos ver lo que realmente somos, ¿cómo es posible que la persona que tenemos al lado juzgue tan rápidamente qué es lo que nos sucede? Del mismo modo ¿cómo podemos juzgar nosotros con tanta facilidad lo ajeno?

Y ante los cuestionamientos planteados, es relevante antes de dar una respuesta o emitir una opinión, detenerse e intentar ponernos en el lugar del otro, si es posible escuchar su versión, mirarlo a los ojos intentando llegar a esa persona con autenticidad y sin preconceptos.

Los prejuicios y los preconceptos son grandes aliados a la hora de interceder en nuestros juicios, quizás sus raíces más profundas las encontremos en nuestra educación y en lo que percibimos diariamente a través de los distintos medios de información. Sin ser conscientes incorporamos prototipos, parámetros aceptados, “bien vistos”, y me pregunto ¿por quién?, ¿quién más importante que nuestra mente para juzgar lo que creemos es correcto e incorrecto?, y he aquí otro problema sobre el que hablaríamos horas… pero entraríamos en otro tema.

La columna vertebral del otro lado de la moneda es que tiene dos caras, y vemos la que podemos o queremos ver. Aquí existe una correlación importante entre estos dos verbos aparentemente diferentes pero que están muy vinculados. Vemos lo que queremos, en definitiva, lo que no podemos ver es porque lo negamos o no queremos hacerlo.

Dicen que querer es poder, cuando algo se ansía y se desea con fervor sencillamente con tesón, trabajo y esmero se logra. Nadie dice que sea fácil, pero tampoco imposible.

Entonces, cuando nos paremos a analizar a la persona que tenemos al lado, primero detengámonos a mirarnos unos instantes al espejo. Luego será más sencillo observar desde el corazón a ese semejante, en un desdoblamiento de nuestro yo, en un desapego con nuestro ser, porque cuando comenzamos a trascender nuestros problemas, motivos y desvelos en pro de ayudar a quien tenemos al lado, crecemos, evolucionamos como seres humanos , en este hermoso y arduo camino llamado vida.

El tema de ver las dos caras de la moneda ha sido utilizado millones de veces, pero si bien suena algo mercantil, no deja de tener un significado profundo, que implica apertura, desdoblamiento para solidarizarnos con nuestros semejantes y, en definitiva, en la búsqueda del crecimiento personal tan necesario para no estancarnos y seguir adelante haciendo frente a lo que nos toca cada día.

Y a propósito de lo que vemos los invito a sentarse frente al mar y compartir el diálogo entre un maestro y su discípulo, en busca de descubrir cómo percibimos o vemos lo que tenemos delante de nosotros.

Frente al mar

Sentados descalzos frente al mar, el maestro preguntó a su discípulo que veía.

El discípulo cargado de emoción por la maravilla que tenía ante sus ojos dijo- maestro, veo un mar azul quieto bajo un cielo celeste apacible.

El maestro volvió a preguntar -¿qué ves?

El discípulo algo nervioso, y titubeando dijo- un mar azul, pequeños peces que saltan, y un cielo con distintos matices de colores.

El maestro volvió a preguntar - ¿qué ves?

El discípulo no entendiendo respondió- maestro, veo lo mismo que ves tú, un mar, un cielo y una playa inmensa-

El maestro volvió a preguntar- ¿qué ves?

No sé qué quieres que vea, te repito, veo lo que vemos ambos- dijo asombrado

El maestro permaneció unos minutos en silencio mirando hacia el horizonte y volvió a preguntar- ¿qué ves?

El discípulo dijo- veo un mar lleno de vida, de corrientes, de olas, de peces, bajo un cielo magnífico, y un aire fresco que abre nuestros pulmones. También puedo percibir que muchas veces he entrado al agua sin miedo, que otras he tenido temor y me he quedado afuera, otras tantas el baño me ha purificado… ¿sigo?

El maestro satisfecho respondió- no, es suficiente, has visto que ante el mismo lugar has experimentado muchísimos sentimientos, sensaciones, vivencias, tan sólo recuerda que día a día irás descubriendo nuevas cosas, sólo depende de ti la apertura que tengan todos tus sentidos ante la vida, no te cierres.