domingo, 30 de junio de 2013

EL ARTE DE ESCUCHAR

Escuchar es un arte, pues no todas las personas se brindan con sus cinco sentidos ante una conversación. Requiere de un proceso de concentración en el que absorber, procesar y pensar, serán tres verbos relevantes.

Muchas veces notamos que nuestro interlocutor nos oye pero no nos escucha, pues escuchar implica prestar total atención, sin permitir que nada nos distraiga o ausente.

Sin embargo, pese a que no es sencillo, todo ser humano necesita escuchar y ser escuchado, para sentirse querido, respetado y apreciado por quienes lo rodean.

Pero como vivimos cargados de preocupaciones, no logramos concentrarnos plenamente en el diálogo. Por eso es necesario, focalizarnos en la conversación, con tolerancia y paciencia para poder abrirnos a la comunicación fluida. He aquí una de las grandes fallas a la hora de transmitir algo.

No sólo se debe prestar atención a las palabras sino también a los sentimientos, a la voz y a los ademanes. Estos tres instrumentos facilitarán la comunicación, y el escuchar se hará una tarea sencilla.

Dicen que para saber hablar es preciso saber escuchar y este concepto camina de la mano del proverbio que dice: “Del escuchar procede la sabiduría, y del hablar el arrepentimiento”.

Cuando nos comunicamos, no sólo se intercambian opiniones, también sentimientos, actitudes, emociones y fluye energía. Por eso, para que este proceso se de en forma correcta, es necesario que entre las partes interesadas se genere confianza, una expresión libre sin barreras ni obstáculos.

Si logramos escuchar con el alma, con total entrega y devoción, quien hable percibirá un interés intenso, único y particular, por lo que su comunicación se hará sencilla y placentera, y el tiempo volará a toda prisa.

Es común que las personas en nuestro afán por resolver problemas, urgencias, hablemos con rapidez, olvidando que quien nos escucha también merece ser escuchado, pues es parte de este mundo carente de buenos escuchas.

No faltará quien diga para lo que hay que escuchar, más vale perder el oído. No estoy de del todo de acuerdo con esta afirmación, existen cosas horripilantes que tan sólo con oírlas nuestros oídos sufren fuertes dolores, pero también es cierto que siempre es posible escuchar algo hermoso, nuevo, diferente, que nos haga cambiar de opinión, que nos permita ver el mundo desde otra perspectiva.

Estamos bombardeados por noticias dolorosas, un mundo donde los que mandan se pelean por sus asientos, por sus riquezas, mientras la gente escucha sus promesas cansados de oír siempre lo mismos repertorios. Ante estas circunstancias comprendo que no queramos continuar escuchando, pero hubo y habrá individuos que tienen mucho para decir, y para aportar, pues no sólo de las personalidades reconocidas aprendemos, sino de nuestros semejantes a través de esas palabras que nos llegan al corazón.

Decálogo para saber escuchar:

1- Dejar de hablar: no podemos escuchar si estamos hablando.

2- Transmitir tranquilidad a la persona que habla, de modo de crear un ambiente de confianza y libertad, que permita a la persona a sentirse libre a la hora de expresarse.

3- Demostrar interés en lo que estás escuchando, es decir poner todos tus sentidos a disposición de la persona que te habla, en lo posible evitar todo tipo de distracciones, celulares, televisiones, timbres, sonidos externos.

4- Evitar distracciones: este punto está correlacionado con el anterior se debe escuchar en un lugar tranquilo, sin interrupciones, donde exista silencio, tranquilidad y armonía.

5- Intentar ponernos en el lugar del otro, para que lo que nos trasmite no pueda llegar con la mayor intensidad posible, dejar de lado preconceptos o nuestra forma de pensar o sentir.

6- Ser paciente, de modo de no interrumpir, así quien se expresa siente que puede seguir un hilo conductor sin presiones, sin prisas.

7- Controlarse: Aunque lo que escuchemos no sea de nuestro agrado debemos mantener la calma, pues de ese modo no cohibimos a quien habla y se expresa libremente.

8- No alegar ni criticar lo que estamos escuchando, es decir no juzgar. Recién cuando el interlocutor finaliza si nos pide nuestra opinión, allí se la daremos.

9- Preguntar: Es importante intercalar una pregunta, de esta forma demostramos interés en lo que estamos escuchando.

10- Dejar de hablar: No interrumpir cuando no es necesario, el silencio es imprescindible tanto para el que habla como para el que escucha, el generar una atmósfera adecuada, que facilite una empatía entre quien habla y el que escucha.

Tantas voces no fueron escuchadas, y no lo son, siglos de sufrimientos de reclamos, es paradójico que en la era de la información este problema no logre subsanarse, pero lo que ocurre no es la falta de tecnología sino de voluntad de sentarse escuchar con absoluta concentración a quienes lo requieren para superar los dificultades que aquejan a la humanidad.

El egoísmo y el egocentrismo son dos factores que no permiten que este arte tan importante en la vida de los seres humanos pueda fluir plenamente. Existen tantas personas que anteponen sus problemas, sus necesidades, sus inquietudes, sin detenerse ni siquiera a escuchar cinco minutos a las personas que le rodean. De aquí, los malos entendidos en los trabajos, en las familias, en los grupos de amigos, en las parejas, donde nadie se escucha, unos hablan por encima de los otros, y lo que hacen es apenas oírse.

Por otra parte, el no escuchar puede traer problemas importantes, como sentirse excluido, ignorado, por falta de compromiso y de voluntad hacia nuestros semejantes que precisan unos minutos de atención.

Asimismo, muchas veces no nos escuchamos ni nosotros mismos, y vamos por la vida cometiendo un error detrás del otro, en tal sentido Abraham Maslow expresa que “no se puede elegir sabiamente una vida a menos que se atreva uno a escuchar a sí mismo, a su propio yo, en cada momento de la vida”. Por eso, antes de poder escuchar a los demás debemos ser capaces de empezar por nosotros.

En referencia a nosotros mismos, nuestro corazón es un órgano muy noble que pocas veces se equivoca, sabe percibir que nos pasa, que nos sucede, entonces escucharlo a él será una parte fundamental para estar seguros en donde estamos parados. Si logramos aprender a escucharnos hemos aprendido a meditar.

Asimismo, el ser pacientes, silenciosos cuando alguien nos habla significa desarrollar el autocontrol, la inteligencia, pues al escuchar otras voces podemos llegar a comprender situaciones que ni siquiera pasaban por nuestras cabezas, significa ese “open mind” es decir el abrir la cabeza que tantas veces solemos mantenerla hermética cerrada con cadenas y candados, presos de nuestros propios miedos, angustias, y eso egocentrismo que no nos deja ver más allá de nuestras narices.

Por otra parte, Martin Luther King expresa que “tu verdad aumentará en la medida que sepas escuchar la verdad de los otros”. Pierden relevancia nuestros problemas cuando no somos capaces de comprender a quienes nos rodean.

Mas en este arte como también nos gusta que se nos escuche, debemos ponernos en el lugar de la persona que nos brindará toda su atención, para que nuestras palabras lleguen a su cause. El destinatario variará según la edad, sus gustos, intereses, su vulnerabilidad, la situación que transite. Igualmente, si partimos de cero y no conocemos a quien nos escucha como más razón ser cautelosos, pacientes, pues no contamos con muy pocos datos de nuestro escucha. Esta misma situación se da en relación inversa cuando somos nosotros quienes escuchamos y nos enfrentamos a nuestro interlocutor.

En todo este difícil camino de aprender a escuchar cabe acotar que existen situaciones que nos resultan de mayor o menor impacto, pero a pesar de ello nuestro deber como escucha deberá implicar la mayor imparcialidad posible, pues es al permitir entrar en el juego a nuestra subjetividad, se abrirá la puerta para que nos pongamos en jueces de algo que posiblemente no está siendo contado con esa finalidad.

Juan Donoso Cortés expresa que “lo importante no es escuchar lo que se dice, sino averiguar lo que se piensa”, podemos escuchar con todos nuestros sentidos pero si no decodificamos el mensaje de nada servirá nuestro tiempo y atención prestada.

Escucha quien puede, quien quiere, quien lo cree necesario, quien está dispuesto a compartir algo de su tiempo, quien aún le importa este mundo, quien siente que su corazón aún late y quien desea ser útil. No debe significar un sacrificio u obligación sino algo sentido por motus propio, sino realmente de nada sirve.

Quizás sea hora de seleccionar qué escuchar y qué no, pero más allá de esta decisión queda mucho por escuchar, al mismo tiempo que precisamos perfeccionarnos como escuchas, pues es una tarea pendiente de gobiernos, gobernantes, empresarios, profesionales de todo tipo, trabajadores, estudiantes, amas de casa… es decir compromiso de todos los integrantes de la sociedad.

Finalmente, es necesario abrir nuestra mente, nuestros sentidos, concentrarnos en la otra persona, con la finalidad de escuchar para recordar, de esta forma nuestra concentración será absoluta y la comunicación se optimizará.

Andrea Calvete

domingo, 23 de junio de 2013

¿QUÉ NOS RESULTA CURIOSO?

Día a día nos sorprendemos a través de situaciones, actos, vivencias, que nos toman por sorpresa, que nos hacen reflexionar, analizando que vivimos en mundo lleno de conocimientos, contradicciones, problemas, pero también con grandes desafíos por lograr, transmitir y alcanzar. Es así que entramos al mundo de las curiosidades.

Esas curiosidades, son las que nos atrapan en la pantalla de la televisión, en el monitor de la computadora, al que dedicamos muchas veces largas horas absortos con cierta información, que a su vez nos conduce a seguir analizando y descubriendo nuevas situaciones.

También, nos inducen a comprar un libro, a tomar un curso, iniciativas a realizar, caminos por descubrir, decisiones por tomar, como motores de nuestro diario vivir. Son esas alas que nos permiten volar para llegar a lugares anhelados, soñados o quizás ni si quiera previstos, pero que finalmente nos sorprenden y reconfortan.

Eleanor Roosevelt dice que “no podría, a ninguna edad, ser feliz estando sentada junto a la chimenea y simplemente mirar. La vida fue propuesta para ser vivida. La curiosidad debe mantenerse viva. Uno no debe nunca, por ninguna razón, volverle la espalda a la vida”.

Somos curiosos por naturaleza, como parte de nuestra esencia y supervivencia humana. El psicólogo Tom Stafford nos da una respuesta: “la curiosidad es el incentivo perfecto para poner en práctica nuestra capacidad de aprendizaje”

Entonces, la curiosidad nos permite mantener esa chispa vital para que en este camino nada pierda su magia o encanto, todo guarde un equilibrio dentro de la dualidad existencial.

Aunque todo tiene su límite, hay veces que siguiendo la curiosidad desmedida, nos hallamos enredados en grandes problemas, o metiendo las narices donde no nos compete. Por eso es conveniente no excedernos, o extralimitarnos, dice un refrán: “la curiosidad mata al hombre”.

En nuestro afán por saber, por adquirir conocimientos y encontrar respuestas, transgredimos ese límite tan fácil de pasar en breves instantes, y a la vez tan difícil de retroceder una vez que se cruza, ¡qué dicotomía!

José Ingenieros manifiesta que “la curiosidad intelectual es la negación de todos los dogmas y la fuerza motriz del libre examen”, es decir la que nos permite ser libres pensadores, reflexionar, analizar lo que nos circunda, las decisiones que tomamos en nuestro libre albedrío.

En busca de respuestas, de soluciones nos tropezamos con un sinfín de situaciones que resultan curiosas, y es así que nos insertamos a navegar en un mundo de posibilidades infinitas, que se alejan de lo imaginable o predecible.

Golpeando puertas, de pronto, se abren algunas que no esperábamos, entonces quedamos sorprendidos, sentimos que algo inexplicable ha sucedido. Y aunque en estos momentos la curiosidad resulta casi insoportable, porque quisiéramos saber el motivo por el que hemos llegado hasta ese lugar, nuestra mente está atónita y no entiende razones, más a larga todo tiene una causa por descubrir, aclarar, como forma de liberar esa curiosidad casi innata.

Resulta muy triste cuando vemos a alguien que ha perdido toda curiosidad, todo deseo de descubrir, avanzar y analizar. Los motivos de esta apatía pueden ser múltiples aunque lo importante es no justificarlos, porque allí comienza a darse una actitud de vida pasiva, en la que podemos a llegar a ser simplemente meros espectadores de una realidad, pero no partícipes.

El ser partícipes nos lleva a comprometernos a interiorizarnos, a solidarizarnos con nuestros semejantes y también con nosotros mismos. La búsqueda interior siempre es primordial, porque cada día surgirán cosas nuevas que, curiosamente, nos sorprenderán y dejarán un mensaje por decodificar, entender y analizar.

Al tomar conciencia de lo pequeños que somos dentro de un cosmos o universo ordenado y armonioso, sentimos esa necesidad por conocer, descubrir, de comprender que somos parte de una gran cadena, pequeños eslabones que son necesarios e imprescindibles en este orden natural y maravilloso llamado vida.

Curiosamente, la vida nos sorprende con sus cosas buenas y malas, gratas e ingratas, pero el hecho de que nos produzca este tipo de sensaciones es una excelente señal, porque estamos vivos, porque no nos hemos anestesiado ante la realidad que nos circunda, y a su vez por lo que nos sucede a cada uno de nosotros mismos.

Más allá de las razones naturales que nos llevan a ser curiosos, también están esos deseos que nos atrapan en búsquedas quizás no explicables, pero que siguen lo que nuestro interior nos manda. El inconsciente es un mecanismo muy difícil de controlar, no sólo en las noches donde los sueños se disparan, también en el día múltiples actos que llevamos a cabo se ven sujetos a él, sin darnos cuenta.

El sabor de lo prohibido, es algo que nos induce algunas veces a saciar la curiosidad en estos momentos exaltada, aquí entran a jugar mecanismos psicológicos algo complejos, pues lo prohibido en sí vende, atrae y convoca. Quizás, por eso sería mucho más sencillo si pudiéramos no prohibir.

El hecho de manejar tanta información a diario, nos lleva a dispersar nuestra atención, y a retener a penas un cuarenta por ciento de lo que nos sucede a diario, según estiman algunos especialistas al respecto. Quizás la cantidad desproporcionada de cosas que solemos hacer y ponemos en nuestra lista de proyecciones, sean grandes culpables a la hora de bajar la curiosidad.

Al estar corriendo día a día, estresados, enajenados en múltiples actividades, ya no vemos con nitidez las situaciones, entonces con el afán de aliviarnos, o sentir menos carga, intentamos no sorprendernos o anestesiarnos como forma de superar lo que ya nos ha sobrepasado.

Y si bien la curiosidad mata al hombre, permitamos que siga viva en forma adecuada, para que cuando miremos a alguien a los ojos, nos siga despertando interés, cariño, deseos por descubrir ¿qué hay detrás de esa mirada que tantas veces dice más que mil palabras?

Los niños son muy curiosos, pero al pasar los años, esa curiosidad la vamos perdiendo sin darnos cuenta. Ellos, con su inocencia se permiten preguntar con absoluta sinceridad todo lo que desean saber, no se ponen límites hasta que encuentran una respuesta que los satisface.

En definitiva, el sentirnos satisfechos con nosotros mismos, es parte de esta búsqueda, de este viaje que emprendemos cada día, de ese mirar hacia adelante, y también hacia atrás, pero recordando que el tiempo más real o a nuestro alcance es aquí y ahora, de allí tan importante aprovecharlo, con la curiosidad despierta y abierta a seguir el transcurso inexorable de los días.

domingo, 16 de junio de 2013

LA ESCUELA ROOSEVELT


La Escuela Roosevelt es la Asociación Nacional para el Niño Lisiado, una asociación civil sin fines de lucro, dedicada a la atención integral a niños y jóvenes, entre dos y dieciocho años, con discapacidad motriz y trastornos asociados.

Una escuela pionera en América del Sur creada en 1943 que brinda su servicio en forma gratuita. Es sustentada por aportes del Estado, empresas y socios colaboradores, así como por gente que se acerca a trabajar en forma voluntaria.

Ubicada en el Prado, en un predio de 8.000 metros cuadrados, dispone de la infraestructura necesaria y un equipo de 45 funcionarios técnicos y auxiliares de servicio para la atención de los niños, todo con mucho sacrificio, compromiso y amor.

El cuerpo técnico está integrado por maestros especializados, médicos fisiatras, psicólogos, asistentes sociales, fisioterapeutas, psicomotricistas, fonoaudiólogos, terapistas ocupacionales, nutricionistas y auxiliares de enfermería, entre otros. Todos estos docentes, profesionales, técnicos y voluntarios, trabajan en conjunto con padres y familiares tanto en lo terapéutico como educacional.

Al conocer la Escuela, se percibe el cariño y la devoción que pone todo el equipo de trabajo, que intenta ver la discapacidad no como un problema, sino como una barrera a superar.

En sus diferentes grados o niveles cada docente debe trabajar en forma particular con cada niño o joven, a pesar de que son clases numerosas, ya que todos los casos requieren de una atención especializada y diferente. De allí es admirable ver a cada especialista poniendo lo mejor de sí en esa labor de superación, que muchas veces es muy lenta y paulatina, pero finalmente se sienten gratificados al ver la mejoría luego de tanto trabajo y esmero.

Es hermoso y admirable verlos trabajar con las XO del Plan Ceibal, como disfrutan jugando y aprendiendo en la clase de computación, en la cual desarrollan distintos tipos de actividades lúdicas, guardan sus fotos con gran cariño y las animan, al mismo tiempo que aprenden a utilizar la computadora, una herramienta fundamental en este siglo XXI.

Y en la Escuela Roosevelt, según nos cuenta su Directora, la docente Beatriz Fastoso, los niños “no quieren tener vacaciones”; parece una gran paradoja, pero para estos chiquilines este lugar les abre un mundo de posibilidades: de integración, de recreación, de aprendizaje, de amor, de potencialidades a desarrollar, de fortalezas por descubrir y, sobre todo, de entusiasmo por superarse día a día, sin darse por vencidos.

Helen Keller, un ejemplo de vida, nos pregunta: “¿Por qué contentarnos con vivir a rastras cuando sentimos el anhelo de volar?”. Sordociega, fue una de las primeras mujeres que logró llegar a la Universidad y recibirse, mostrando que los grandes impedimentos o discapacidades están en cada uno de nosotros, con perseverancia y esfuerzo es posible llegar muy lejos, sólo es necesario cambiar la mentalidad.

Y gracias a la Escuela Roosevelt, muchos chiquilines tuvieron y tienen la posibilidad de insertarse en la sociedad, de llegar a valerse por sí mismos, de integrarse a un mundo de posibilidades que antes ni se les hubiera pasado por la cabeza.

La gran mayoría de los niños y jóvenes provienen de familias muy humildes, que no tienen forma de hacerlos llegar hasta la Escuela, entonces un grupo de camionetas especializadas los van a buscar por las mañanas a sus hogares, y en la tarde los regresan a sus casas. Y es así que pasan el día en la Escuela, por la mañana realizan tareas curriculares, al mediodía almuerzan, y por la tarde se dedican a diferentes talleres. Toda esta labor les permite mejorar sus rutinas día a día.

Miriam, una de sus maestras, nos cuenta: “Mis niños van a salir escribiendo y leyendo”. Y doy fe que no se da por vencida hasta que lo logra. Todo el equipo docente denota un gran empeño, amor y alegría puestos al servicio de estos chiquilines.

La escuela es luminosa, alegre, llena de vida, de una energía vital impresionante, que sólo es posible percibir si uno va personalmente, y ve la carita de cada uno de estos niños y jóvenes, que tienen tanto por dar y recibir.

En su patio principal hay un gran mural que dice: “Todo tiene su tiempo, porque, no es de los ligeros la carrera, ni de los valientes la batalla, sino que el tiempo y la suerte les llegan a todos”, como muestra de que todos los niños aquí tienen posibilidades de superarse.

Es un trabajo digno de difundir para que más niños puedan acceder a este centro tan necesario y útil para ellos y para nuestra sociedad.

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sábado, 8 de junio de 2013

ALGO DE NOSOTRAS Y NUESTRO MUNDO AL REVÉS

Hace un tiempo atando cabos, comprendí que muchas cosas parecieran estar al revés de lo que hacemos, decimos, esperamos o anhelamos. Y analizando varios sucesos sentí que era necesario compartir con todos ustedes cosas que las mujeres vivimos a diario sin ser demasiado conscientes, y que llevan perturbarnos en cierta medida.

Esta vivencia, dista con la idea de rayar en el feminismo, simplemente vivida como mujer partícipe de una serie de sucesos, que quizás cualquier hombre también se identifique, porque tiene una madre, hija, hermana, pareja, amiga… etc.

Cuando me pongo a dialogar con mis amigas veo que las que están solas por más que buscan una pareja en forma desesperada no la consiguen, sin embargo, aquellas que están felizmente en pareja reciben múltiples propuestas, como diría mi bis abuela: “Dios le de pan a quien no tiene dientes”.

También, es algo muy común que por más que se nos tilda de compradoras compulsivas- cosa que no voy a entrar a discutir -cuando nos disponemos a comprar una prenda o algo que nos haga sentir mejor, no encontramos talla, no nos gusta los colores, los modelos… Pero, si por esas casualidades vamos de compras con una amiga y no tenemos un peso, entonces allí surgen todas las posibilidades, todo es de nuestro agrado, sin embargo nuestro bolsillo dice no.

Y si hablamos de tildes, se nos ponen varios, estamos acostumbradas, tenemos la espalda ancha, y total ¿qué le hace una mancha más al tigre? Muchas veces, es tanto lo que se nos adjudica injustamente, otras en forma acertada, pero da igual, ya sentimos que lo que aclara enturbia entonces dejamos pasar ciertas cosas, para no entrar en discusiones innecesarias e interminables.

Y en ese afán por arreglarnos, decidimos ir a la peluquería, y decimos: “hoy me hago todo: lavado, corte, brushing, depilación”. Sin embargo, al llegar a la peluquería vemos que está atestada, porque tienen dos bodas que atender, y si decidimos quedarnos posiblemente nos hagan un brushing y de apuro. Así que el pelo y el resto de nuestro arreglo personal, hoy no es una prioridad.

Por su puesto, que cuando decidimos bajar unos kilos, siempre están las despedidas, las reuniones con aquellas amigas que hace un siglo que no ves pero decidieron juntarse, así que la comida es algo que nos une a todas, y por supuesto acompañada de algún caliborato cargado de muchas calorías, entonces la dieta queda para el lunes. Aunque pensándolo bien, el lunes es el peor día de la semana, empezamos todo de vuelta con muy pocas ganas, la dieta entonces se relega para otro día. 

Algo similar ocurre con nuestro cabello, en esos días que andamos enchufadas a 220 y entonces la tinta o claritos nos toman un color verde, muy diferente a lo que anhelábamos o queríamos. Pero nuestro cuero cabelludo como no habla se queja, él a su manera nos da a entender que el horno no está para bollos, entonces ese día salimos de gorro o simplemente esperamos a la próxima aplicación del producto, en lo posible tratando de bajar las revoluciones.

Si bien nuestras pobres hormonas siempre son las responsables de todo, así como de nuestro período menstrual, no faltará quien nos diga: “Hoy estás ovárica”, pero no estaría mal incluir en esa lista que cargamos con mucho más de lo que podemos, porque somos como las hormigas seguimos adelante hasta llegar a la meta.

Cargadas de un sin fin de actividades, el celular es una bendición para poder estar en contacto con nuestros hijos, pero hasta por allí no más. Si está en silencio, igual llegan los mensajes, y difícilmente aunque nos demoremos en contestar, ya quedamos preocupadas por lo que nos pidieron o dijeron. Ya nuestro rostro cambia; “¿estás bien?”- te preguntan-, “si, todo bien”- respondés-, sin embargo estás hecha un nudo tratando de resolver todo a la vez.

La ley de la gravedad de Newton es implacable con el correr de los años, y aunque intentamos llevarlos dignamente, todo cae. Muchas veces hacemos algún ejercicio, aunque a pesar del sacrificio hay algunos caídos que no se levantan. Sin embargo lo tomamos con humor y nos reímos intentando disimular de la mejor manera nuestros defectos o el paso del tiempo.

El tomarnos con mucho humor lo que nos sucede, ese reírnos de nosotras mismas, es parte de lo que nos da mucha energía para seguir adelante a pesar de muchas dificultadas. Tantas veces, luego de grandes sacrificios, vemos como la naturaleza destroza en un santiamén todo lo que con tanto esfuerzo intentamos arreglar. De pronto terminamos hechas un desastre riéndonos porque se nos corrió el maquillaje, se nos mojó la ropa, el pelo quedó como el de un carpincho, o recuperamos los dos kilos que nos costaron mucho sacrificio adelgazar con las comidas tan sólo de un fin de semana.

Es increíble cuando a la hora de la cena, nos damos cuenta que dijimos que si a una serie de peticiones que nuestros hijos nos hicieron mientras estábamos enajenadas trabajando, conectadas a la computadora, o haciendo varias cosas a la vez; pero es aquí cuando reconocemos que todo tiene un límite, y que no somos robots automatizados, aunque muchas veces es parte de lo que sentimos. 

También con el paso de los años, los artículos domésticos comienzan a deteriorarse y en un par de semanas ves que se rompe la heladera, la tele, el lavarropa. Querés morirte, decís: “no puede ser todo junto, en esta casa… se va a rajar hasta el perro”.

Los tiempos han cambiado, si vas al médico las consultas son rápidas, porque tienen el consultorio atestado de gente. Una visita que me resultó algo divertida fue la última vez que fui al ginecólogo; antes era de rutina que el doctor nos dijera: “Señora pase al baño quítese la ropa interior, póngase este ponchito que la voy a examinar”, ahora todo cambió y es casi un blooper. Te dice: “Señora sáquese un zapato, y por esa misma pierna el pantalón y la ropa interior así la examino”. Se imaginarán que haciendo equilibrio uno sube con todo colgando a la camilla bastante incómoda, y cuando pensás que te va a examinar, el doctor dice: “Señora por favor la cola más abajo”, entonces ya no podés más de la incomodidad y te corrés a esperar a que te examinen. Luego de todas estas peripecias, te bajás como podés de la camilla y del mismo modo te ponés todo lo que sacaste rapidito. Es de no creer, si te ponés a analizar lo sucedido largás la carcajada porque parece una escena de una comedia muy divertida, pero en realidad es tu consulta en lo de “Benny Hill”.

Si bien todos los días tienen sus pro y sus contras, hoy te levantaste con las pilas cargadas, y decís: “les voy a preparar la comida que más le gusta”. Entonces comprás todo lo necesario, lo preparás con todo amor, y resulta que cuando llega la hora de comer sólo estás vos y tu marido, porque a todos a tus hijos sin excepción les ha surgido algún imprevisto de último momento; tu cara se transforma y desfigura, y terminás vos con tu marido comiendo solitos y de bastante mal humor.

Nunca faltan esas amigas “pincha globos”, esas que siempre tienen un pero, una palabra para que tu autoestima baje rápidamente, esa que te dice: “Pero estás hecha un horror ¿qué te pasa?”. Sin embargo no te pasa nada, hoy te olvidaste de taparte las ojeras y ponerte un poco de base, el pelo lo tenés sucio; no te arreglaste demasiado, en suma tu aspecto no te favorece, pero tu amiga se encargó de recordarte que no te ves bien ¡Qué grande!, estas amigas son de las que prefiero no encontrar, pero…

Tampoco faltan las que llaman a cualquier hora y te cuentan un sinfín de problemas, olvidando que tenés una vida, una familia, un trabajo… entonces, le decís: “Disculpá te voy a tener que cortar porque me viene un batallón de chiquilines a hacer un trabajo a casa y los tengo que alimentar” -cosa que es cierta- Y ella te responde: “No te preocupes voy para tu casa y te ayudo”. En ese momento pensás: “Tragame tierra”, pero te das cuenta que está muy mal, y le decís: “Mirá entre tanto loquero no podemos hablar, arreglamos para cualquier momento en el que estemos las dos tranquilas, te llamo en un rato y lo vemos”.

Ahora sí; a la hora de dar consejos siempre estamos listas, dispuestas aunque francamente no siempre hacemos lo que sugerimos, pero es claro que intentamos ayudarnos y solidarizarnos con quienes queremos. Un ejemplo que me viene a la mente es cuando una amiga te dice: “No sabés ya voy tres mensajes y Roberto no me contesta, ¿será que no le importo?, ¿le habrá llegado el mensaje?, ¿lo habrá leído?, ¿le importará lo que le puse?”. Uno a esta altura ya no sabe que contestar, porque todo puede ser posible, aunque entrando en razón le decís: “Basta, esperá, ya te va a contestar o a llamar, debe estar ocupado”, entonces tu amiga te hace caso omiso y manda tres mensajes más, y te preguntás: “¿Qué hago yo aquí escuchando este cuento? ¿Le tiro el celular a la basura o me voy?”, y en cierta manera concluís por qué no habrá sido contestado ese mensaje que fue motivo de tanta charla.

Lamentablemente, casi nunca estamos conformes; la que está rellenita quiere bajar de peso, la que está muy flaca subirlo, la que tiene el pelo lacio necesita tener rulos, las que lo tienen erizado o enrulado quieren un laciado urgente, las que tienen poco busto quieren tener más… las que están casadas se quieren separar, las divorciadas quieren conseguir pareja, las que tienen hijos ya no saben qué hacer con ellos, las que no lo tienen hijos se desesperan por tenerlos; y es que somos bastantes inconformes por naturaleza, esto es una característica que deberíamos cambiar para ser más felices, pero nos cuesta bastante.

La gran mayoría no sabemos disimular; cuando estamos contentas, felices, nuestra mirada se ilumina, nuestra sonrisa perfila rápidamente. Sin embargo cuando algo nos aflige o preocupa, nuestro rostro cambia y empalidece, y no hay maquillaje que valga, los ojos nos delatan.

Algo que nos ha marcado a todas desde chiquitas es cuando llega la hora de ir a los baños públicos. Ya muy pequeñas nuestra mamá nos dice: “nunca te apoyes en un wáter que no sea el de casa”. Esa frase te queda grabada por el resto de la vida, y vos se la trasmitís a tus hijas también. La odisea comienza al entrar un a un baño público, sobre todo en invierno. Primero te ponés la cartera colgada del cuello, porque posiblemente no haya donde colgarla; luego te bajás la ropa interior y adoptás “la posición” como si te fueras a sentar pero no te apoyás. Así sentada en el aire con el abrigo puesto (muy incómoda por cierto) intentás embocar para no salpicarte la ropa (cosa que se torna muy difícil). Entre medio, la tranca de la puerta no funciona y alguien te abre de golpe, entonces cerrás rápidamente (con la mano que podés) pero casi perdés el equilibrio. Lo peor de todo es cuando ¡no hay papel!, entonces empezás a revolver en la cartera buscando un pañuelo descartable, y aparece todo ¡menos eso! ¡No es fácil ser mujer!

Tampoco, se bien por qué pero intuimos muchas cosas, vemos situaciones antes que se den, y eso nos mata, porque seguramente el hombre que te acompaña te contesta: “Yo no me doy cuenta de nada, ¿te parece?, son cosas tuyas a mi ni se me ocurre”. Y entonces pensás, “más vale que me calle la boca y que se tropiece con la primera piedra que se le presente, allí va entender lo que le digo”, no sigas gastando pólvora en chimango.

Somos diferentes. Algunas más risueñas, otras más serias, algunas extrovertidas, otras no tanto, la mayoría conversadoras, pero indudablemente somos mujeres. Luchadoras incansables, buscadoras, intuitivas, tenaces, fuertes y sensibles, contradictorias, solidarias, y ante todo fieles con nuestras amigas. Siempre nos unimos cuando alguna de nosotras es víctima de alguna injusticia, algún acto que no nos dignifica, que nos da el lugar que nos corresponde.

Por todo esto y mucho más, anécdotas pintorescas aparte, somos mujeres luchando por lograr dar vuelta muchas cosas de nuestro mundo al revés.

domingo, 2 de junio de 2013

TIEMPOS VIOLENTOS

Aires cargados de violencia, individualismo y narcisismo, corren a diario producto de inseguridades, de imágenes que nos entran como parte de la realidad y quedan arraigadas en nosotros.

Blogs, redes sociales, programas televisivos, radiales, se ven cargados de violencia, de una fascinación personal donde se realza la cultura del yo. Por poner algunos ejemplos, las series televisivas americanas “Dr. House”, “CSI Miami”, “Sex and the City”, donde la manipulación, la lucha de poderes, la competencia desmedida, la soberbia, son parte habitual de la mayoría de sus episodios. Seriales que no dejan de mostrar lo que es la vida actual.

Una vida cargada de egoísmo, de frustraciones personales, en la que en vez de enfrentar y reconocer los problemas, los individuos se descargan de manera violenta, como forma de amainar ese desasosiego interno, sin entender que así no se llega a ningún lado más que a la destrucción personal.

Aunque es necesaria la búsqueda personal, la fantasía, los estímulos, el alcance de logros y la promoción de la belleza, es importante saber poner un límite, pues como todo, cuando algo se convierte en una obsesión no es bueno. Y así, las personas tras nuestros fines nos volvemos obsesivas, obstinadas, exacerbamos nuestra ansiedad y, entonces, el diálogo se torna muy difícil pues no escuchamos.

A su vez, al entrar en ese estado en que el “yo” se sobrevalora, se confunden valores, priman el individualismo y la competitividad. Entonces, difícilmente logremos un trabajo de introspección que nos permita ver lo que sucede en nuestro mundo interior.

Y así vivimos atrapados en sociedades violentas, producto de las propias inseguridades humanas, y de adicciones importantes como el alcohol y las drogas. En esta vorágine, poco importa lo que le sucede a la persona que tenemos al lado nuestro, lo que vale es aplacar nuestras angustias y lograr nuestros cometidos.

De este modo, los días cargados de infinidad de propósitos y problemas, se suceden a diario y no nos detenemos a pensar que la violencia está instalada como una gran compañera, haciendo aparición a cada rato sin que seamos conscientes de ello.

Asimismo, la violencia implica el abuso de la fuerza para controlar a los demás, pues en ese afán de dominar, conquistar, ya no importan los precios, vale todo, la hostilidad, la vulgaridad, donde dejan de primar las buenas costumbres, la educación o cualquier modo civilizado de trato humano.

Generalmente, quien se enceguece bajo sus miedos e inseguridades, no es capaz de enfrentar sus motivos con argumentos o razones, entonces se escudan en respuestas agresivas, que además suelen caer sobre los más débiles, pues tampoco tienen las agallas de enojarse con quien deben.

Quizás no alcancemos a ver que, muchas veces, el peor enemigo somos nosotros mismos, al permitir ciertas actitudes y actos en que la violencia grita fuerte. Y días pasados, sin querer, fui partícipe de varios actos de violencia, en los que, mirando desde afuera, la piel se me erizó, y no pude más que intervenir para defender a la persona agredida. Del mismo modo, en otra oportunidad, fui víctima de palabras muy fuertes, hirientes, que no correspondían, y no tuve más remedio que escucharlas y tragar saliva, aunque intenté defenderme se me hizo muy difícil.

La dificultad frente a la violencia, se genera porque quien agrede apunta muy fuerte hasta dejarnos en una situación muy vulnerable, que por momentos nos deja como paralizados, no podemos creer lo que reciben nuestros oídos, pero allí estamos impávidos ante una situación que nos desborda.

Paralizarnos no es la solución, resignarnos a vivir en un mundo cargado de violencia tampoco. Lo mejor será cuestionarnos ¿por qué llegamos hasta este punto?, y si estamos dispuestos a seguir viendo violencia en el tránsito, en el fútbol, en las calles, el supermercado… o estamos cansados de estos tiempos violentos, de furia, de palabras fuertes, de malos tratos, de acoso, de intolerancia, es hora de decir basta y dar un pequeño paso para cambiar esta situación.

Y la violencia es prima hermana de la agresividad, cuyos orígenes Erich Fromm analiza en su libro el “Amor a la vida”, en el que explica que existen dos tipos de agresión: la biológicamente adoptada, que es la misma que existe en los animales, y la específicamente humana, la de la hostilidad, la viviente, la del odio a la vida, la de la necrofilia.

En el primer caso, Fromm explica que la reacción defensiva del hombre es más amplia, ya que el animal vive la amenaza presente, mientras que el hombre también representa el futuro. Asimismo, la reacción del hombre es mayor porque al hombre se le pueden sugerir cosas, y al animal no, entonces es susceptible a ver amenazada su vida o su libertad por intermedio de la sugerencia de alguien. Por otra parte, el hombre posee intereses vitales especiales, valores, ideales, instituciones con las que se identifica, por lo tanto es mucho mayor el número de posibilidades por las cuales se ve amenazado.

En referencia a la agresividad biológicamente adaptada, en la que el hombre defiende intereses vitales, Fromm sostiene que existen hombres cuya forma de defensa no es biológicamente adaptada, sino enraizada en su carácter. Un carácter proclive a la agresión es una de las manifestaciones del sadismo, que implica un hombre que intenta controlar en forma absoluta y total a otro ser.

Y cada cual a su manera podrá hacer su aporte para disminuir la violencia, desde lo personal hasta lo colectivo, pero lo importante es tomar la iniciativa al cambio, a no quedarnos estáticos mirando como nos golpean los distintos tipos de violencia, sin comprometernos a nada.

Digamos no a la violencia, digamos no a quienes no merecen nuestra atención ni nuestro tiempo, ellos posiblemente entren en esta lista:

Quien haga uso de la palabra y la suba para ser escuchado, no merece nuestra atención.

Quien hostigue, maltrate, descalifique o agreda a alguien para lograr sus cometidos.

Quien utilice su jerarquía o su poder para hacernos callar, o lograr sus propósitos, sin permitirnos ser nosotros mismos.

Quien se valga de la fuerza, de la humillación, del ridículo, queriendo herir nuestra dignidad.

Quien nos discrimine por cualquier causa.

Quien nos desprecie.

Quien se crea superior por cualquier causa.

Quien nos hostigue con el silencio, la indiferencia.

Quien no nos respete como un semejante más en esta tierra.

Quien hable sin escuchar.

Quien siempre quiera tener la razón.

Quien crea que todo lo sabe.

Quien crea que todo lo puede.

Quien nos haga callar.

A todos y a cada uno de ellos digamos no, basta, es hora de que seamos respetados y tratados como semejantes, nos debemos un mínimo respeto y educación para poder vivir en sociedad en forma armónica.

La situación actual en que vivimos, es el producto de muchas dificultades y problemas que surgen en contrapartida y como un gran peso en este siglo XXI de las comunicaciones, del progreso, de la globalización, ¡pareciera absurdo plantearnos estas inquietudes frente a tanto adelanto!, sin embargo debemos resolver esta gran paradoja antes que sea demasiado tarde.