lunes, 3 de septiembre de 2012

EL TALENTO SE EDUCA EN LA CALMA Y EL CARÁCTER EN LA TEMPESTAD

Si bien talento y carácter son dos rasgos de las personas muy relacionados, se desarrollan en distintos ámbitos, pero se complementan dando lugar a seres únicos.

El primero, heredado, camina acompañado de la paciencia, la constancia y la perseverancia. Es una aptitud que se manifiesta de la mano de la inteligencia emocional, de modo que su desarrollo se irá cultivando lentamente.

El segundo, no es fácil de domesticar o moldear, pues se presenta en los momentos en que más nos alteramos o nos salimos de si, y es en estas situaciones donde se manifiesta con absoluta libertad de expresión, salvo en aquellas personas que tienen un gran poder de autocontrol, y aún en las situaciones más complicadas reprimen lo que sienten por no dejar aflorar lo que en ellos ocurre.

El carácter es un componente que nos individualiza, relativo a nuestra forma de ser y al modo que nos comportamos. Y también se ve influenciado por el ambiente, la educación, la cultura y el entorno social en el que el individuo se moviliza.

Sin embargo, es importante diferenciar el carácter del temperamento. El temperamento corresponde a los componentes fisiológicos y heredados. En cambio, el carácter, da vida al temperamento a través del aprendizaje social, es decir de la acción entre la experiencia personal y el medio. Por la tanto, nuestras vivencias irán moldeando nuestro carácter lenta y paulatinamente con el devenir del tiempo.

Según el dramaturgo Arthur Miller “el carácter de una persona lo determinan los problemas que no puede eludir y el remordimiento que le provocan los que ha eludido”

Las personas que poseen carácter firme, se distinguen por una sólida experiencia en la vida, pues son individuos que han tenido que aprender mucho luego de situaciones difíciles, duras, lo que les ha permitido afirmar su mirada en el camino.

Y la firmeza de carácter implica saber defender las convicciones, no doblegarse, aceptar el fracaso sin frustrarse, respetar a los semejantes. Y no es necesario alzar la voz para ser escuchado, los argumentos ecuánimes llegarán a todos sin necesidad de ningún tipo de alarde.

Pero he aquí nunca más imprescindible la frase de Ernesto Guevara “hay que endurecerse sin perder la ternura jamás”, pues si en ese dolor, sufrimiento o múltiples experiencias vividas, perdemos el poder del asombro, de sorpresa, de compasión, o tantos sentimientos partes imprescindibles del hombre, entonces perderemos nuestra esencia.

Sin embargo, si se conjugan carácter y talento, los seres humanos podemos llegar muy lejos, tan lejos como nos lo propongamos, pues está en nosotros los límites que nos establezcamos, ellos serán las barreras en nuestro camino.

Un hombre de carácter firme podrá ser derrotado, pero logrará sobreponerse con valentía, pues su talento le acompañará a no hundirse en su propio dolor, y de allí esa permanente y controvertida relación entre estos dos caracteres inherentes a cada individuo.

Goethe señala que “el talento se educa en la calma y el carácter en la tempestad”, y como la vida es un continuo cúmulo de movimientos, que pasan de la pasividad a los movimientos más intensos, el hombre permanece vivo, vibrando y latiendo en su lucha diaria por lograr sus metas y anhelos más allá de todos los posibles impedimentos que día a día se le presentan, dejando que su talento y carácter moldeen su propia historia de vida.

Estas dos características hacen que florezca en cada ser humano un ser diferente, único y especial. Y es así que de pronto, nos sorprendemos frente a una persona que dado su carácter y talento nos cautiva en forma inmediata, como si tuviera un inmenso imán.

El tener carácter firme implica saber decir sí y no cuando es necesario, admitiendo el desenlace de nuestra decisión. Generalmente, la persona de carácter fuerte, tiene muy seguro lo quiere, pero a su vez suele por el mismo motivo caer en momentos de intransigencia, dada su absoluta seguridad. Entonces, si logra incorporar el pensamiento crítico, más bien autocrítico, posiblemente será capaz de modificar sus errores con humildad y grandeza.

Por otra parte, si este carácter se acompaña de talento, entonces es posible recorrer muchos caminos, lograr tantas metas. Sólo es cuestión de saber cultivarlos, de apreciarlos, porque algunas veces insertos en nuestras tareas cotidianas, vemos sólo aflorar nuestro carácter, pero parece que el talento quedara adormecido a la espera de ser despertado.

Y para ser despertado, es preciso comprender que tenemos muchas virtudes que nos acompañan desde que nacemos. Sólo es cuestión de estar atentos, e intentar proveernos de todas las herramientas necesarias que nos permitan cultivar esas habilidades con las cuales nacemos, y a lo largo de la vida debemos desarrollar.

Pero para desarrollar nuestro talento, debemos tener una correcta autoestima, que nos permita ver cuán valiosos somos, de qué somos capaces. Si no partimos de la base que todos somos útiles y valemos, difícilmente logremos apreciar ¿cuál son nuestros talentos?

Según Henry Van Dyke es necesario utilizar todos los talentos que poseamos porque “el bosque estaría muy silencioso si sólo cantasen los pájaros que mejor cantan” Y quizás los más perseverantes, sean los que lleguen más lejos más allá del talento.

Múltiples situaciones, llevan a algunas personas a sentirse inseguras, que no valen, que no sirven, que no podrán llegar a la meta. Algunos precisarán ayuda profesional o de una mano amiga, otros por sí solos verán que los obstáculos y las piedras se nos presentan a todos, sólo es cuestión de saber qué hacer con ellas.

Cada uno de nosotros deberá enfrentar muchas piedras pero quizás he aquí la diferencia :¿qué lograr de cada una de ellas? “El distraído tropezó con ella. El violento la usó como proyectil, el emprendedor construyó con ella. El campesino cansado la utilizó como asiento. Para los niños fue sólo un juguete. Drummond la poetizó, David la utilizó para matar a Goliat, y Miguel Ángel le sacó la más bella escultura. En todos los casos la diferencia no estuvo en la piedra sino en el hombre. No existe piedra en tu camino que no puedas aprovechar para tu propio crecimiento”.

Finalmente, de la mano del talento y el carácter caminaremos, en días soleados, de brisas suaves, pero también lo haremos durante fuertes tormentas, donde el viento y la lluvia azotarán duramente, pero ambos nos acompañarán y serán cinceles que darán forma a la escultura más importante que tenemos, que es nuestra propia vida.