miércoles, 4 de enero de 2012

¿UD PREGUNTARÁ POR QUÉ DUDAMOS?

Las dudas son inherentes a los seres humanos, son signos de inteligencia, de reflexión y de pensamiento crítico. Mas es imprescindible dudar a tiempo, cuando una situación aún puede ser reversible.


Dudamos pues vivimos en un mundo donde abundan  las mentiras, los engaños, las actitudes desleales, la  corrupción,  la ambición desmedida… y ante tanta adversidad  la duda surge como posible respuesta. Pero cuidado, no dudemos hasta de nuestra propia sombra.

Este juego de dudar es algo peligroso, porque si bien, como les decía, es algo inherente al ser humano, también es un arma de doble filo que nos puede convertir en seres inseguros. Y la inseguridad es un sentimiento que desestabiliza a las personas y les obstaculiza el andar.

Los motivos por los que surgen las dudas pueden ser múltiples:  malos entendidos, desencuentros, o encuentros a destiempo, meditación, especulación, celos, o simplemente una pausa para analizar determinadas situaciones que si bien las vemos muy claras y seguras, merecen la pena ahondar en ellas.

Por otra parte, nuestros miedos, inseguridades, desatinos, son parte de esas interrogantes, que se generan sin darnos cuenta, en forma prácticamente inconsciente.

Asimismo, el hombre desde el comienzo de los tiempos intenta poseer todas las respuestas, y aunque la tecnología es un gran aliado, no se puede parar al destino, hay situaciones y cosas que van más allá de todo lo previsible.

Las dudas pueden ser: pequeñas, medianas  o enormes. Las últimas son corrosivas, son las que quitan el aire y el sueño, son las que se pueden convertir en una patología, por eso es mejor despejar nuestras dudas en la medida de nuestras posibilidades.

“Ante la duda la lengua muda”, un proverbio que no deja de ser cierto, pues no es posible acusar solo con dudas, se requieren pruebas fehacientes, las dudas representan interrogantes, pero no nos posibilitan hacer afirmaciones.

Existen dudas existenciales que conciernen a todos los seres humanos, y otras no que no lo son tanto, pero que son parte del diario vivir, he aquí algunas preguntas qué quizás alguna vez pasaron por sus cabezas:

¿Por qué el Pato Donald tiene sobrinos si no tiene hermanos?

¿Por qué se llamará Medio Ambiente, porque ya destruimos la otra mitad?

¿Por qué “todo junto” se escribe separado y “separado” se escribe todo junto?

¿Por qué cuando nos llaman al celular sentimos la necesidad irrefrenable de ponernos a andar de un lado a otro?

¿Por qué cuando la playa está casi vacía no falta el que se sienta casi encima?

¿Por qué a 10 metros de la parada vemos pasar todos los ómnibus juntos y no logramos alcanzar uno?

¿Por qué el bostezo es contagioso?

¿Por qué no nos resignamos a que los fines de semana,  por más que hagamos zapping, no hay nada potable en televisión?

¿Por qué el jamón ya no tiene gusto a jamón?

¿Por qué ocurren tantas injusticias a diario y no podemos terminar con ellas?

Y finalmente, recordando a Les Luthiers en aquel famoso cuento donde el niño hace sucesivas preguntas “¿por qué la gallinita dijo eureka?”, y el personaje fuera de sí concluye: “No, nene, no, las gallinitas no hablan…”.

Pero no es tan malo dudar, en sí implica tomar conciencia de lo que somos, de lo que vivimos, que aún tenemos corazón y no nos hemos convertido en máquinas computarizadas.

La única salvedad, es detenernos y resolverlas con premura cuando ellas se presenten como un obstáculo en el camino, entonces habrá que disiparlas con rapidez, pues lo que nos paraliza solo colabora a desestabilizarnos. Pues la “peor decisión es la indecisión”.

Según dice el proverbio griego “el que nada duda nada sabe”.

También merece la pena dudar o al menos cuestionar aquello que hemos dado mucho tiempo por seguro, para reverlo, analizarlo de modo de no convertirnos en simples máquinas que todo aceptamos. También es posible ver en nuestras dudas nuestras propias certezas.

Francis Bacon, sostiene que “si comienza con certezas, terminará con dudas, mas si acepta empezar con dudas terminará con certezas”

Entonces siempre para disipar una duda es necesario actuar, proceder, de modo que de aclarar eso que nos inquieta o nos perturba.

“Pienso, dudo, luego existo”  han sido las palabras que nos marcaron a fuego de Descartes, de modo que nuestros actos siguen este patrón de conducta aún cuando no somos conscientes de ello. El dudar es algo innato al ser humano e implica también tener criterio crítico y poner en funcionamiento nuestra inteligencia. Para investigar la verdad es preciso dudar, en cuanto sea posible, de todas las cosas sostiene Descartes.

Pero aquí deberíamos hacer una acotación a la expresión de Descartes, y agregar soy pensado luego existo, porque llegamos a un mundo donde se quiso que llegáramos y donde ya existe una historia preestablecida, patrones culturales, sociales, donde vemos la parte de un iceberg, lo que está sumergido no. Y de este modo, como les manifestaba al principio, cuando dudamos debemos comprender que vivimos en un mundo estructurado, y que existen muchas  situaciones de las cuales ni siquiera somos conscientes.

Actualmente, el hombre cuestiona dentro de lo establecido, pero no se pregunta si lo establecido es o no lo correcto, ya que en este mundo donde los minutos son muy escasos, pareciera no merecer la pena cuestionarse demasiado nada.

El hombre al dudar no acepta todo tal cual se manifiesta, sino que opta entre una serie de alternativas. Sin embargo al tener certeza de las cosas, limitamos nuestros sentidos, nuestro razonamiento, en tanto, la incertidumbre nos abre un abanico de caminos, en los cuales nos podremos equivocar a la vez que aprender.

Según Buda quien "Duda de todo. Encuentra tu propia luz”.

Mientras que José Ingenieros sostiene que "lo contrario de la afirmación no es la negación: es la duda”.

Existen infinidad de dudas que nos aparecen día a día, sólo es cuestión de dar una respuesta a aquellas que creamos pertinentes o necesarias, las otras desecharlas para no crear más confusión en el ordenamiento de nuestras ideas, porque el equilibrio personal es fundamental para llevar a cabo cualquier acto del día a día.

Por otra parte, merece la pena compartir la “metáfora de los espejos” explicada por Alejandro Dolina, quien cuestiona a los fabricantes de espejos, sus intereses, y señala que “buscan que el morocho se vea rubio”. Y de este modo, Dolina cuestiona la fidelidad de las imágenes devueltas por los espejos, cuyos fabricantes pretenden distorsionar imágenes, entonces exhorta a “mirar más la realidad y menos el espejo de la realidad que está modificado y es fraudulento”.

Y con esta perspectiva  metafórica de los espejos,  las dudas se exacerban  aún, en un mundo donde el adjetivo complejo, es frecuente y  dominante, pero en una contradicción absoluta aparece una sociedad que busca soluciones “mágicas” a todos los problemas, y entonces ya ni las dudas parecen tener forma real.

Asimismo, es importante no sólo distinguir la realidad de  aquello que nos quieren imponer tras la manipulación de la información, y para ello primero que nada debemos aprender a dudar de nosotros mismos, algo que frecuentemente no hacemos, porque pareciera que somos infalibles, o también porque nuestra autoimagen se ve determinada por los ojos de los demás, y no por nosotros mismos.

Por otra parte, cuando dudamos, enfrentamos una nueva proposición y nuestra autoimagen, la que se ve cargada por fracasos, desilusiones que tiñen nuestra mirada, de allí que es tan importante observarnos a nosotros mismos y dudar hasta encontrar nuestro verdadero yo.

Y como vivimos en este mundo, complejo, lleno de contradicciones y opuestos es necesario hacer una pausa, y mirar con detenimiento y agudo sentido crítico lo que nos rodea, para no perder la perspectiva real de las cosas, de ese continuo devenir que no se detiene. Y aquí es muy importante ver que cuando dudamos elegimos sobre una agenda preestablecida, sobre parámetros preestablecidos, “cliches“ confeccionados para que todo cierre a la perfección.

El hecho de no dudar, implica no cuestionarnos, aletargamiento, conformismo, una posición cómoda muy de la mano del siglo XXI,  donde todo parece tener una solución perfecta, preestablecida. Por lo tanto, el dudar, cuestionarnos, es un deber moral de cada uno de nosotros, que como parte de una gran maquinaria, desde lo individual podemos llegar a lograr una gran contribución a nivel grupal.