lunes, 31 de octubre de 2011

LA LEY DEL TALIÓN VIGENTE EN PLENO SIGLO XXI

Por Andrea Calvete

Esta ley constituye el primer intento por establecer la proporcionalidad entre el daño recibido en un crimen y el daño ocasionado en un castigo en épocas antiguas, mas hoy en pleno siglo XXI continúa vigente.

En busca de justicia retributiva la más conocida expresión de esta ley es “ojo por ojo diente por diente”. Esta ley figura en el antiguo testamento en el libro Éxodo y dice “ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, golpe por golpe, herida por herida”.

Aunque pudiera parecer una ley primitiva, su espíritu era balancear la pena en cuanto al delito, y con ello evitar una respuesta desproporcionada por la venganza. La aplicación de la pena con barbarie, a lo largo de los siglos, no implica un defecto de la ley, sino de sus aplicadores.

Mas con el correr de los siglos continúa vigente. En la actualidad existen ordenamientos jurídicos que se basan en la Ley del Talión, en donde algunas naciones e individuos en respuesta a un acto que consideran inadecuado responden con la misma agresividad o más con la que fueron atacados, aplicando esta ley sin el menor miramiento.

Pero, este “ojo por ojo diente por diente” va en contra de los derechos universales de los individuos, genera violencia, venganza y odio. Tres actitudes que cargan al hombre de negatividad y destrucción.

Más aún el mundo tiene abundantes explicaciones que dar, existen: pena de muerte en muchos países como forma de castigo a determinados delitos, tortura de individuos, cárceles infrahumanas, donde los derechos de las personas parecen haberse esfumado tras la pincelada maligna de quien detenta el poder, y decide aniquilar toda vida humana, con el fin de generar “orden y justicia en la tierra”.

La venganza no es la respuesta a los problemas, por el contrario estimula sentimientos que van en contra no sólo de quienes la reciben, sino del mismo que la envía, pues la persona se envilece, se avinagra, se carga de furia y de maldad.

Por su puesto, que las ingratitudes nos hieren, nos destrozan, nos desmoralizan, pero son parte de lo que debemos enfrentar día a día. Quizás pienses que no te lo merecías, y es cierto, pero muchas veces no se trata de justicia, sino de asumir con la cabeza en alto lo que menos nos gusta.

Nadie merece sufrir, no creo que el sufrimiento sea producto de lo que merecemos, sino aprender que las espinas son parte de las flores más bellas, y sin embargo están allí. Y aunque muchas veces reconozco que en mi indignación ante tanta injusticia maldigo, pero después pienso serenamente y concluyo que el diente por diente, la Ley del Talión, no puede seguir vigente, no conduce a nada más que llenar nuestro espíritu de odio, de maldad y de tristeza.

En referencia a la violencia reactiva Erich Fromm sostiene que “el daño ya ha sido hecho, y por lo tanto la violencia no tiene función defensiva, sino una función irracional de anular mágicamente lo que realmente se hizo”, por ello la define como una violencia vengativa. Mas la venganza viene de la mano del odio, de la desesperación, de la irracionalidad, en definitiva acompañada de malos consejeros que en última instancia no nos permiten analizar las situaciones con calma, abiertos a un pensamiento crítico que nos permita vislumbrar una verdadera salida a la situación que nos aqueja.

Según Eduardo Galeano, “la violencia engendra violencia, como se sabe; pero también engendra ganancias para la industria de la violencia, que la vende como espectáculo y la convierte en objeto de consumo”, y este análisis refleja lo que vivimos diariamente al encender la televisión o la computadora, donde la violencia genera ganancias en distintos medios. Esto es algo que nos debe preocupar, pues los niños desde pequeños se crían viendo la violencia como algo natural y como una respuesta “correcta”, cabe preguntarnos ¿cuál es el mensaje que les estamos dejando a las generaciones futuras?

Y el invadirnos de malos sentimientos sólo nos produce depresión y angustia. Vale más la pena enriquecer el alma con cosas gratas, que nos reconforten y nos brinden calidez, para que nuestros días sean gratos y llenos de paz. Quien guarda rencor, resentimiento, no puede vivir feliz, sé que no es fácil perdonar, olvidar, pero también reconozco que el odio y el dolor son sentimientos que únicamente nos llevan a nuestra propia destrucción.

Para construir, son necesarios cimientos sólidos, donde el corazón y el alma puedan sentirse seguros, confortables, de allí en más el camino se hará más llevadero.

Quizás los sistemas de justicia no sean convincentes, tengan muchos baches por cubrir, pero la solución no es tomar la justicia por manos propias, y mucho menos con ese afán de vengar en forma retributiva en aplicación directa y proporcional a la Ley del Talión.

Según Gandhi “ojo por ojo y todo el mundo acabará ciego”. Es un análisis profundo que revela la agresividad vigente en la sociedad actual, donde la violencia es una herramienta poderosa que no sólo se aprecia en los actos, sino también en las palabras. Sin embargo, no podemos dejar que nuestros sentidos vean como común algo que atenta contra la propia naturaleza humana.

También referido al tema de la violencia, Gandhi expresa que “nadie puede hacer el bien en un espacio de su vida, mientras hace daño en otro. La vida es un todo indivisible” Cuando se procede de mala fe o pretendiendo perjudicar a alguien, en última instancia también nos perjudicamos nosotros, pues esos sentimientos de venganza no se aplacan haciendo mal, por el contrario se exacerban, pues la violencia genera más violencia.

Martin Luther King, en su histórico discurso “Yo tengo un sueño”, pronunciado el 28 de agosto de 1963 junto al monumento a Lincoln, en Washington DC, instruía a miles de seguidores sobre su filosofía de no violencia, alentando a responder en forma pacífica a la injusticia racial: “No saciemos nuestra sed de libertad tomando de la copa de la amargura y el odio. Siempre debemos conducir nuestra lucha en el elevado plano de la dignidad y la disciplina. No debemos permitir que nuestra protesta creativa degenere en la violencia física. Una y otra vez debemos elevarnos a las majestuosas alturas de la resistencia a la fuerza física con la fuerza del alma.”

En pleno siglo XXI en sociedades democráticas, donde se respetan los derechos y las obligaciones, donde la educación es el pilar fundamental, donde el acceso a la información es cada vez más amplio, no tiene cabida esta ley que pudo ser útil en épocas primitivas pero hoy no. La respuesta a los problemas es enfrentarlos como seres civilizados y no con barbarie.