miércoles, 24 de agosto de 2011

¿CÓMO REVERTIR UN FRACASO EN UN ÉXITO?


A pesar de que en el camino tropecemos, caigamos, o nos lastimemos “a un gran corazón, ninguna ingratitud lo cierra, ninguna indiferencia lo cansa”, así lo expresa Tolstoi.

Pero, de la mano de las caídas o fracasos, surge el sentimiento de ingratitud. Precisamente cuando de ingratitud se habla, es decir de la falta de reconocimiento por parte de alguien, esa experiencia no debe abatirnos o amedrentarnos, por el contrario debe fortalecernos, de modo de poder ponernos de pie ante esa situación y que nuestra alma salga enriquecida.

Ingratitudes e ingratos se presentarán a granel, pero no podemos permitir que estos acontecimientos o personas logren su cometido, pues el hombre de bien cuenta con la conciencia del deber cumplido, de las cosas bien realizadas, y eso deberá prevalecer en nuestras cabezas, pues hemos procedido de acuerdo a nuestra conciencia, y ella está limpia y tranquila.

Pero a pesar de haber procedido bien, si las cosas no salieron como esperábamos y nos han defraudado, nos hemos sentido traicionados, es lógico percibir ese retrogusto amargo de la ingratitud, que aparece frente a los recuerdos de todo lo que hicimos en pro de algo, y no sólo por no ser valorado, sino por ser desechado de la peor manera.

A quien actúa de buena fe, quien trabaja poniendo el alma y el corazón, quien se entrega  con total devoción, no será tan sencillo que una ingratitud lo venza o lo haga desistir de lo que sueña o ansía.

“Ingrato es el que sólo en secreto es agradecido. Ingrato es quien niega el beneficio recibido; ingrato, es quien no lo restituye; pero de todos, el más ingrato es quien lo olvida. Nadie apunta en su agenda los favores recibidos”, así lo expresa Séneca

Mas la vida no es un lecho de rosas, y estamos expuestos a la traición, quizás esté en cada uno el saber mirar bien a los ojos cuando nos enfrentamos a cada individuo, en un intento por  descubrir al verdadero ser humano que se esconde detrás de ellos, pues las miradas pocas veces suelen engañar, ellas dicen muchas cosas, simplemente es cuestión de observar y poner mucha atención.

Igualmente debemos estar preparados en esta carrera arribista por llegar más lejos, en esta hipermodernidad mediante, donde algunas  personas se valen de cualquier recurso para lograr sus metas sin importar los medios que utilizan. Aquí se genera gran parte de la ingratitud que día a día percibimos, pues al intentar alcanzar sus metas, las personas olvidan que los instrumentos a utilizar en este camino deben ser apropiados, y de no serlo, se revertirán en su contra. Las cosas siempre se revierten, y quien procede de mala fe, a la larga recibirá como paga la misma ingratitud con la que actuó, este camino es un círculo que en definitiva siempre hace justicia.

Por su puesto, quien debe levantarse de una situación de ingratitud, quizás sienta en su boca un sabor muy amargo que al tragar le oprima el alma, más es normal sentirse defraudado, engañado o no correspondido. El dolor es un sentimiento válido pero que con el correr del tiempo se supera, y nos permite fortalecer nuestra alma, brindándonos herramientas para juzgar desde otra perspectiva las situaciones, y no confiar plenamente en alguien hasta que nos de pruebas suficientes de quien es y qué busca. De las  experiencias más dolorosas, aprendemos más rápidamente, lo mismo sucede en la historia, en la sociedad, y en el camino de la vida, de los peores momentos surgen como respuesta obras maravillosas.

Es importante tener presente que a lo largo de la vida la gran mayoría hemos enfrentado situaciones de este tipo, y aquí estamos, hemos sobrevivido y las hemos superado, aunque en el momento parecen insuperables, por suerte todo se supera, sólo es cuestión de tiempo y de voluntad, nada más.

Cervantes dice que “la ingratitud es hija de la soberbia”, pues quien es soberbio es egocéntrico, arrogante e incapaz de ver con ojos de agradecimiento algo que se haga por él, pues dada su forma de ser, todo lo merece, sin percibir que vivimos en pleno siglo XXI, donde el centro del universo ya no es más el hombre, en el que lo colectivo hace al todo y permite avanzar en pro de una mejor calidad de vida.

Por eso, cuando “la vida te presente razones para llorar, demuéstrale que tienes mil y una razones para reír”, porque de la actitud que adoptemos frente a las adversidades, florecerán los resultados venideros.

Por otra parte, la vida es un camino que corre en un solo sentido: hacia adelante. Lo que sucedió nos debe hacer reflexionar, para que lo que no fue de nuestro agrado no se vuelva a repetir. Es importante no estancarnos en tiempos pasados, ya que eso sólo nos producen inmovilidad, y el camino de la vida es continuo devenir y no se detiene a esperarnos.
Entonces, luego de enfrentarnos a un fracaso,  a una decepción, no importa suprocedencia, cabe preguntarnos: ¿Cómo revertir un fracaso y convertirlo en un éxito?
Parece una pregunta bastante difícil de contestar, y más para quien se halla en plena derrota, cabizbajo, sin saber para donde retomar el camino.

En la historia, hombres muy exitosos pasaron por muchos fracasos y decepciones antes de lograr lo que anhelaban, la clave está en no darse por vencido, pues como bien señala Borges “hay derrotas que tienen más dignidad que una victoria”

No hay peor tarea que la que no se emprende. El darnos por vencidos de antemano o dejarnos ganar por los miedos es lo peor que podemos hacer a la hora de emprender nuestro camino.

El poder de convicción en lo que queramos lograr es muy importante, pues podemos equivocar el camino, pero eso no significa que el destino esté equivocado. Son cosas muy diferentes, y he aquí un gran obstáculo para tomar el rumbo preciso y alcanzar lo que deseamos.

Por su puesto que el factor suerte para algunos jugará un papel determinante, pero creo que a la suerte hay que ayudarla, no debemos esperar que caiga como la lluvia del cielo o se nos cruce por el camino.

Asimismo, la fortaleza que tengamos como personas es muy importante para no sentir que un fracaso significa ser menos, o que nuestra autoestima debe disminuir. Por el contrario, debemos comprender ¿por qué hemos fracasado? para poder revertir esa situación y convertirla en un éxito.

Un caso reciente es el de Susan Boyle. Una mujer que vivía en un pueblo muy pequeño, en Inglaterra, y asistió a un evento que literalmente transformó su vida. Al principio, todos se burlaron de ella por su aspecto, su forma de vestir,  su peinado, parecía la antítesis de lo que se espera de un artista en el escenario. Pero Susan no se desanimó, enfrentó todo tipo de burlas, de risas, pues ella sabía bien lo que quería: cantar, y además estaba convencida de que lo hacía muy bien. De pronto, el público comenzó a oír la voz de una mujer que cantaba de maravillas y todos los preconceptos desaparecieron.
Por eso, les decía que lo convencidos que estemos en lo que queremos lograr va a ser determinante al enfrentarnos a los sucesivos fracasos que cada ser humano le toca asumir tarde o temprano, pues no somos perfectos y de allí nuestros errores o equivocaciones.

Podremos saltar de fracaso en fracaso, pero no podemos estancarnos en ellos, debemos seguir avanzando hasta lograr revertir esa situación que no es la que deseamos. Posiblemente en algunos de esos saltos salgamos lastimados, pero tengan presente que las heridas siempre cierran y cicatrizan, está en cada uno la rapidez de una pronta recuperación, pues hay gente que se lamenta toda una vida pero no intenta si quiera remediar lo que ha sucedido para dar un primer paso y levantar la cabeza.

Quizás muchos conozcan a Susan Boyle, pero para quienes no, los invito a descubrir a esta talentosa mujer.
Susan Boyle - I dreamed a dream