jueves, 18 de agosto de 2011

ADICCIONES SIN DROGAS EN EL HOMBRE DEL SIGLO XXI

Por Andrea Calvete   


Si bien el avance tecnológico ha favorecido la comunicación y el acceso a la información, también ha promovido la aparición de serias adicciones humanas. El hombre del siglo XXI se enfrenta a una sociedad hedónica, tecnificada, consumista y en crisis. Por lo tanto, este nuevo estilo de vida ha sido el causante de trastornos alimentarios y del consumo adictivo: adicción al trabajo, al juego, a la televisión, a Internet y al celular.

El progreso tecnológico se enfrenta al desarrollo humano, pues la sociedad tecnificada hace que prevalezca en el hombre un espíritu técnico. A su vez, el hombre es dominado por el consumismo y un sistema globalizado, de la mano de ellos se sumerge en busca de "calidad de vida" o "bienestar". En este camino continua hacia una cultura superficial donde priman las distracciones fáciles y sobre-estimulación.
En la sociedad contemporánea a las adicciones tradicionales, como el alcohol y las drogas, se le suman las que son producto del uso desadaptativo y disfuncional de las conductas cotidianas tales como: trabajar, comer, amar, conectarse a Internet, comprar etc. Entonces cuando la intensidad y frecuencia de estas conductas se modifica, de modo que el individuo queda esclavizado a ellas, es cuando hablamos de conductas adictivas.

Sin embargo, imbuidos en esta sociedad, quedamos atrapados en estas adicciones sin darnos cuenta, sin detenernos a pensar ¿dónde iremos a parar?..., ¿lo pensaron?, quizás esta pregunta que formulo a nivel individual, sea digna de debate a nivel social. Es nuestra responsabilidad como adultos observar que les depara a las generaciones venideras, ¿es justo comenzar la vida en condiciones tan adversas?
Quizás no sea cuestión de justicia, sino de concientizarnos que es responsabilidad de cada uno hacer un mejor uso de nuestro tiempo, para entonces si lograr una mejor calidad de vida, pero no relativa a confort o bienes materiales, sino sustentada en valores espirituales que lentamente vamos perdiendo, hasta caer en este tipo de conductas que son perjudiciales para nosotros y para los demás.

La sobrevaloración de lo material, de la tecnología en detrimento de la reflexión y de la espiritualidad, lleva a que el hombre se parezca cada vez más a los robots que veíamos hace años en las películas de ciencia ficción, pero que ahora forman parte de nuestra realidad.

Atahualpa Yupanqui con respecto al espíritu nos cuenta: "Decía mi mamá: Hay cosas que no se compran en la botica de la esquina. Hay que hacer la enorme y costosa diligencia de adquirirlas con el espíritu, y eso cuesta".

Roberto Fontanarrosa , con su brillante sentido del humor expresa: "Busco espíritus sensibles. Intermediarios abstenerse"

Jean de la Bruyere manifiesta que "si la pobreza es la madre de los crímenes, la falta de espíritu es su padre"
Merece la pena detenernos en una reflexión de Juan Pablo II: "Todos los artistas tienen en común la experiencia de la distancia insondable que existe entre la obra de sus manos, por lograda que sea, y la perfección fulgurante de la belleza percibida en el fervor del momento creativo: lo que logran expresar en lo que pintan, esculpen o crean es sólo un tenue reflejo del esplendor que durante unos instantes ha brillado ante los ojos de su espíritu"

Estas reflexiones compartidas sobre el espíritu humano ponen de manifiesto la importancia de mantenerlo vivo, activo, nutrido, para que el hombre no se convierta en una máquina en la que cada día hace más cosas, consume más y se ve atrapado en conductas adictivas.

Todo esto lleva a observar una sociedad donde la abundancia nos permite ver su incompetencia, manifestada a través de la miseria y hambruna humana en el mundo entero, y en especial en India y África. Por otra parte, los perjuicios ecológicos son cada vez mayores, y cada día damos un paso más para destruir nuestro planeta.

Erich Fromm en su libro "El amor a la vida" expresa: "Cuando nos entregamos a la abundancia que procede en última instancia de la pobreza y mezquindad, reprimimos nuestra riqueza innata, que puja por desarrollarse. De la diferencia entre abundancia mala y buena depende nada más ni nada menos que el futuro del hombre", y en tal sentido en Fromm define al hombre como "un mero succionador", en una sociedad de "abundancia mala y superflua, que el hombre no logra de ninguna manera digerir". Contrariamente la "abundancia buena" es la creadora de "plenitud, de resistencia" de modo de "dejar de ser meros consumidores".

Y en este contexto, es cuando la intensidad y frecuencia de las conductas humanas se modifica, de modo que el individuo queda esclavizado a ellas, es entonces, cuando hablamos de conductas aditivas.
Paso a enumerar las adicciones más frecuentes sin drogas en el siglo XXI

Adictos a Internet:

Existen dos tipos de adictos, los aficionados a la informática y video juegos y los que utilizan la red como medio para comunicarse con otras personas. En ambos casos, los individuos permanecen largas horas frente a la computadora, desatendiendo sus tareas cotidianas y en casos extremos se aíslan y padecen apatía social.

Adictos al juego:

Una de las ludopatías más comunes hoy son las máquinas tragamonedas. El ludópata es capaz de jugarse su salud, su trabajo y su vida familiar; social y económica. Mientras que el hombre se involucra con el juego para demostrar su poder, la mujer se refugia en él para mitigar la soledad o problemas emocionales.

Adictos a la TV:

Esta adicción trae aparejada la pasividad e inhibición de las personas, los más vulnerables son los niños, los adultos mayores, y las mujeres que permanecen en sus casas.
Eduardo Galeano señala al respecto: "La televisión muestra lo que ella quiere que ocurra; y nada ocurre si la televisión no lo muestra. La televisión, esa última luz que te salva de la soledad y de la noche, es la realidad (…). Fuera de la pantalla, el mundo es una sombra indigna de confianza." Además agrega: "En conclusión, ¿la televisión promueve una mente "empobrecida" ( globalizada)? No hay contradicción en la respuesta: a veces una y a veces otra, pero a condición de que no colisionen, porque si lo hacen, entonces prevalecerá la mente empequeñecida, la "narrow mindness".

Consumo patológico:

Se traduce por una entrega descontrolada a la adquisición de cosas que generalmente son inútiles o superfluas. Esta conducta puede responder a una depresión profunda o a una demencia.Es una patología que afecta más a las mujeres que a los hombres. Detrás de las compras excesivas las mujeres esconden tristeza y depresión.

Adictos a la comida:

La adicción al alimento, está condicionada en gran medida por el descontento hacia la propia imagen que siente 85% de la población femenina y 40% de la masculina. El temor fóbico a engordar trae aparejado dos enfermedades muy serias, como son la bulimia y la anorexia. En definitiva se trata de una obsesión moderna por la perfección del cuerpo, es la nueva "epidemia del culto al cuerpo".

De este modo, surgen trastornos de tipo alimentario como la anorexia y la bulimia nerviosas, que dan paso a la "cultura de la delgadez". Y en dentro de estos trastornos, encontramos la vigorexi que es la obsesión en torno al culto del músculo. Este tipo de adicciones guardan correlación directa con la dismorfia corporal, que consiste en una preocupación excesiva y fuera de lo normal por algún defecto percibido en las características físicas (imagen corporal), ya sea real o imaginaria.

Todos estos trastornos comparten en común, desear una imagen corporal perfecta, como consecuencia de que en las últimas décadas, se corre tras de cuerpos e imágenes perfectas, "idealizadas" a través de distintos medios, y vistas como sinónimos de calidad de vida y felicidad.

Adictos al trabajo:

Trabajan en forma desmedida, convirtiéndose éste en su principal actividad de vida, de modo de poder reducir los niveles de ansiedad y descuidan sus necesidades físicas, familiares y sociales. Son personas que trabajan jornadas muy extensas, que no respetan feriados o vacaciones, siempre existe una excusa para dejar en primer lugar al trabajo.

Adictos al sexo:

La adicción al sexo se desarrolla en general como un apetito material. Tras de él se esconde es una experiencia de poder, de autoafirmación o un alarde de violencia. La mayoría de estos adictos niega su enfermedad, lo que les obliga entonces a llevar una doble vida.

Para luchar contra estas adicciones en necesario modificar el estilo de vida, de modo de fortalecer el autocontrol, la autonomía, y la implicación social. Muchas veces no alcanza con estas modificaciones, entonces se requiere de ayuda profesional. Pero más allá de poder superar estas adicciones, cabe cuestionarnos que podemos hacer cada uno para modificar este tipo de comportamiento que va en detrimento del hombre como ser espiritual, como individuo que posee valores que lo hacen único y valioso.