miércoles, 27 de julio de 2011

COSTUMBRES URUGUAYAS

Por Andrea Calvete                                   

Lo mejor de nuestra cultura, nuestras raíces, esas costumbres bien nuestras. Ellas integran nuestro modo de pensar, sentir y proceder. Están cargadas de momentos únicos en los que el tiempo ha marcado con sabiduría todo lo que vivimos, compartimos y aprendimos desde muy pequeños.

Las raíces guardan estrecha correlación con nuestra propia identidad, creencias, costumbres, la pertenencia a una comunidad. Por eso, lo mejor de nuestra cultura son ellas, pues nos definen con total exactitud e integridad.

Si bien la vida nos puede llevar por distintos rumbos y alejarnos de ellas serán un nexo que nos mantendrá unidos de alguna forma con el lugar donde nacimos, crecimos, aprendimos nuestras primeras letras, encontramos a nuestros primeros amigos, compartimos en familia lo que nos marcaría para siempre como adultos, cantamos con orgullo el Himno Patrio y ¡tantas otras cosas lindas!…

Con el tiempo, se extienden y ramifican, mas sus orígenes están allí en nuestra Patria que nos vio nacer, que nos cobijó y acunó para luego darnos las alas para volar con orgullo de sentirnos parte de ella.

Aquí o allá los uruguayos llevamos en nuestro corazón ciertas costumbres bien nuestras que forman parte de nuestra identidad, por eso ni la distancia ni los años han podido con ellas. El mate, el asado, el vino tinto, el truco, la rambla, el carnaval, las tortas fritas, el dulce de leche y el tango, forman parte de ese folklore uruguayo.

Son costumbres sencillas a las cuales nos aferramos sin darnos cuenta, pero a la distancia las miramos con cierta melancolía, sentimiento muy nuestro que se refleja en la canción Amor Profundo como forma de nuestro pensar y sentir: “En mi alegría se esconde siempre un lagrimón, se que todo termina”.

Nuestras costumbres arraigadas a esas raíces: el mate amargo, el carnaval, la murga, las llamadas, los cafés, las ferias vecinales, el tango y el truco. El remontar la cometa, el “quiero vale cuatro”, la grapa y el café en torno a una charla en un bar, forman parte de las cosas que hacemos día a día sin tomar conciencia de nuestra propia identidad.

También forman parte de nuestro más hondo sentir los paseos por nuestras hermosas playas, que se extienden desde litoral a lo largo del Río Uruguay para llegar al Río de la Plata, y finalizar en las del este del país que tocan el Atlántico. No podemos dejar de olvidar el recorrido por las hermosas sierras o el campo, pradera verde, penillanura inmensa con montes agrupados donde los animales se cobijan en busca de sombra o abrigo. Y  los vientos pamperos que soplan fuertemente desde la costa hacia el país, ese viento sur que arremete y no respeta abrigo ni paraguas.

Las comidas típicas, el asado con o sin cuero, la carbonada, el puchero criollo, las tortas fritas, las empanadas criollas, el dulce de leche, los bizcochos, la pastafrola, el chivito y el vino tinto.

Y cómo olvidar nuestros símbolos patrios: el Pabellón Nacional, el Escudo de las Armas, el Himno Nacional, la bandera de Artigas, la bandera de los Treinta y Tres y la escarapela Nacional.  Y como rojo punzón, la flor típica nacional el ceibo. El Himno a “Don José”. Símbolos que arraigan y nos unen bajo el sol de la Patria.

Y nuestra sangre charrúa que nos posibilita enfrentarnos sin temor a grandes desafíos proveniente de nuestros antecesores definidos con acierto por el escritor Fernán Silva Valdez: “Usaba vincha como el benteveo y penacho como el cardenal”. Y con ellos, el criollo, los caballos, las jineteadas y la semana criolla, todos componentes básicos en la vida rural.

Toda esta mezcla de costumbres, símbolos, vivencias, forman parte de nuestra cultura, de nuestra idiosincrasia, de ese sentirnos uruguayos aquí o en cualquier parte del mundo.

Otras de las pasiones del pueblo uruguayo, el fútbol, que acompaña el festejo popular y nos une a todos bajo la misma bandera. Los sentidos y el valor social que transmite el fútbol son muy amplios. Es una actividad lúdica, deportiva, social, festiva, que enciende pasiones, y permite trasmitir al pueblo todos sus sentimientos. Por ello, es un deporte que logra borrar barreras sociales, discordias y disputas, pues se trascienden las identidades en busca de lo colectivo, del esfuerzo comunitario por lograr la victoria.

Los días de lluvia, las tradicionales tortas fritas, panqueques de dulce de leche, o los pastelitos de dulce de membrillo, son el toque mágico de las tardes de tormenta.

La caminata por la rambla con el matecito en mano, un clásico paseo al que muy pocos se resisten. Uruguay es uno de los mayores consumidores de yerba mate del mundo. El mate ha sido testigo de rondas de amigos, de charlas de parejas, de reuniones de trabajo, de solemnes momentos de nuestra historia, de grandes obras literarias, pictóricas, musicales y plásticas.

Para quien está habituado, siempre existe una excusa perfecta para preparar un mate, durante la mañana porque espabila y despierta, en la tarde porque cansados luego de una larga jornada descansa y distiende.

Pero según donde lo tomemos cambia su sabor, en la playa tiene un gusto, en el campo otro, y en los ambientes cerrados también difiere. El mate congrega amigos, charlas, debates, pero también es un gran compañero para quien solo lo toma. Suele ser confidente, inspirador, un amigo sincero que acompaña en silencio, solamente emitiendo a través del humo incipiente un aroma suave y un sabor amargo que perdura adentro.

Los bizcochos calentitos son centro de reuniones y mateadas, testigos de risas, de charlas y amigos que juntos comparten tardes de domingo. Esos bizcochos que no se encuentran en ninguna parte del mundo son únicos de nuestras panaderías, bien uruguayos.

El asado, el chorizo, la morcilla, el chinchulín y un rico vino tinto, congregan a la mesa a muchos amigos. Nuestra parrillada es todo un ritual, una ceremonia, que implica preparar el fuego, servir el copetín mientras lentamente, la carne, y las achuras se van cocinando por el calor de las brasas de los leños.

El truco, ese un juego de naipes con baraja española originario de Valencia y de las Islas Baleares, pero ya es un clásico que congrega amigos en torno a una mesa en ese “quiero vale cuatro”, donde las horas vuelan tras las astucias de las parejas que intentan llegar gloriosos a la final, a través de las mejores estrategias de juegos puestas en la mesa, donde la habilidad de cada jugador hará que este juego se convierta en un encuentro apasionante y muy divertido, donde la ironía jugará un rol preponderante.

El clásico chivito al pan que todo lo enchastra, pero es exquisito. Esa mezcla de sabores incomparables, donde no falta nada: carne, panceta, jamón, aceitunas, huevo, morrón, picles, muzzarella, tomate, lechuga y alguna otra cosita que se les ocurra.

El Mercado del Puerto un punto clave de encuentro, un lugar que ha quedado en el tiempo, testigo de los años, de historias y de cuentos. Lleva 130 años desde su fundación, ha visto pasar distintas generaciones, y no es sólo un lugar donde se come lo más típico que tiene el Uruguay, nuestra carne, sino que es un sitio que congrega artistas de todo tipo, turistas, y personas de todos los rincones de nuestro país, donde sobresalen los aromas, colores, texturas, en una fiesta donde la alegría inunda.

Y son parte de nuestro acervo los picaditos que arman los chiquilines en las calles, donde cada barrio tiene un punto de encuentro. Donde no existe una canchita se busca una calle tranquila poco transitada, y allí comienza el juego a “Grito de gol”.

Las ferias: de comestibles, de ropa y de artesanías son un típico paseo que el uruguayo tiene incorporado a sus costumbres y a su forma de vida. Los techitos de esos puestos llenos de encanto plasmados por distintos artistas plásticos de nuestro país, en los que se ve a nuestra gente trabajar con compromiso y sacrificio, del mismo modo a quienes transitan y disfrutan de este paseo tan nuestro y único.

El Carnaval también parte de nuestra idiosincrasia, es una celebración pública que tiene lugar inmediatamente antes de la cuaresma cristiana, con fecha variable desde finales de enero hasta principios de marzo según el año. Las Llamadas, la murga, el tamboril, los desfiles y tablados son parte de esta fiesta que invade el corazón de la gente, la cual fue declarada por el ex Presidente Tabaré Vázquez de interés nacional, donde la cultura, las costumbres y el sentir de la gente vibran a ritmo de Candombe y Murga.

Los tangos, baladas de vida, son también bien nuestros, encierran amores, traiciones, desengaños, rumores, penas, ruegos e historias que vuelven a repetirse. De allí que su mística melancolía tras el fuelle del bandoneón “que rezonga en la cortada mistonga” suene con total vigencia.

Enrique Santos Discépolo lo definió como un “pensamiento triste que se baila”. En 2009 fue presentado por los presidentes de Argentina y Uruguay para ser incluido y aprobado en la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, UNESCO.

Y tampoco nos podemos olvidar de nuestro rock uruguayo en el que las letras nos cuentan ¿qué es lo que  anhelamos, soñamos y perseguimos?, ¿cómo somos, qué sentimos? Temas que realmente llegan al alma de cualquier uruguayo.

Aunque quienes estamos aquí muchas veces no añoramos estos pequeños detalles que hacen a nuestro diario vivir. Sin embargo, el uruguayo que ya no vive en el país al oír hablar de alguna de estas entrañables costumbres “se le pianta un lagrimón”, porque son tradiciones que lleva en lo más profundo de su corazón pese a la lejanía. Y es así que al escuchar el himno, una murga o un candombe se estremece y lo canta muy fuerte, con mucho sentimiento.

El salir campeones de la Copa América 2011 es un mérito que nos llena de orgullo a todo el país, nos une, nos fortalece y nos colma de júbilo. Las calles este domingo 24 de julio  se vistieron de Celeste, desbordaron de alegría y euforia, y las banderas flamearon con pasión, y a todos aquí o en cualquier parte del mundo nos llenó de emoción ver que Uruguay luego de un increíble desempeño y esfuerzo logró llegar a esta instancia tan importante para el deporte, el país y su gente.

Si bien la distancia permite superar muchas cosas, la identidad forma parte del sentir uruguayo, y eso no hay distancia que valga, aquí o allá seguiremos siendo todos uruguayos.

domingo, 24 de julio de 2011

Fútbol: juego, pasión y sentimientos

Por Andrea Calvete
Los sentidos y el valor social que transmiten el fútbol son muy amplios. Es una actividad lúdica, deportiva, social, festiva, que enciende pasiones, y permite trasmitir al pueblo todos sus sentimientos.
El fútbol se nutre de la identidad de un pueblo, de sus sentimientos, de sus costumbres, de su cultura, y cobija a todos por igual bajo la misma bandera abogando a la unión y al compromiso de demostrar que el país es la conjunción de todos estos elementos que nos enorgullecen.
Por ello es un deporte que logra borrar  barreras sociales, discordias y disputas, pues se trascienden las identidades en busca de lo colectivo, del esfuerzo comunitario por lograr la victoria.
Detrás de él se vislumbra: disciplina, sacrificio, horas de entrenamiento, de compañerismo, de trabajo en conjunto, de solidaridad y de esfuerzo mancomunado.
El canto de la hinchada es un género discursivo cuyo peso social se aprecia cuando los jugadores salen a la cancha. En tanto género discursivo el canto  tiene la particularidad de ser una modalidad de discurso colectivo, de expresión espontánea e inmediata que deja de manifiesto el sentir popular, en el que la pasión, orgullo, alegría, emoción, son algunos de los tantos sentimientos que  se hacen presentes.
A través de la adhesión al canto  los individuos se incorporan en forma simbólica a esquemas que los definen. Asimismo, al ganar la selección de un país, las personas no sólo se suman en alegría, emoción y  participación, sino también aúnan sentimientos en pro del triunfo del equipo que representa a su país, su patria.
Aquí se dejan de lado colores partidarios, pensamientos religiosos, ideologías, y nos unimos bajo la misma bandera uruguaya, que flamea con orgullo y pasión.
Por todo esto, somos tres millones y medio de almas que gritamos con fervor y orgullo ¡“arriba Uruguay, arriba la Celeste”!, y le deseamos  a este gran Equipo la victoria.

miércoles, 13 de julio de 2011

¿TÚ NINGUNEAS?

Por Andrea Calvete

Un verbo que ha surgido como por arte de magia en los últimos tiempos, y aquí en el Río de la Plata se utiliza con mucha frecuencia. Ya nos hemos acostumbrado a oírlo, pero al principio me resultaba insoportable.

A lo largo de mi vida no lo había utilizado, y en vista de su reiterado uso en distintos medios decidí consultar si existía o era un simple modismo, para mi sorpresa es válido y aceptado por la Real Academia Española.

Ningunear, según el Diccionario de la Real Academia significa:

1. tr. No hacer caso de alguien, no tomarlo en consideración.

2. tr. Menospreciar a alguien.

Antes solíamos decir, no me tiene en cuenta, no toma en consideración, me menosprecia, pero no era común escuchar me ningunea.

Ahora todos ninguneamos: yo ninguneo, tú ningunéas, el ningunea, nosotros ninguneamos, vosotros ninguneáis, ellos ningunean. Un verbo que suena fuerte y despectivo, pero que se puso de moda a la velocidad de la luz, y ya es pan de todos los días.

Cabe preguntarnos ¿por qué?, acaso existe tanta gente insegura de si misma, con falta de personalidad, que a la mínima dificultad su llave térmica salta y como respuesta simple y atropellada dice: “No me ningunees”.

El tema va más allá de este verbo con carácter peyorativo, pues nadie se puede sentir ninguneado cuando está seguro de lo que es como ser humano, de sus valores, de sus creencias, pues ¿dónde ha quedado la autoestima?, ante el mínimo ataque ¿nos sentimos ninguneados?

En este juego del ninguneo están los que por motus propio se perciben agredidos por sus simples inseguridades y miedos y se sienten ninguneados. Por otra parte, se encuentran  los que emprenden una lucha desleal psicológica para inferiorizar a un semejante, aquí se produce un juego macabro que raya con lo patológico, y éstos son los que ningunean sin piedad.

Asimismo, este verbo está sumamente vinculado con un alto grado de vanidad, de arrogancia, de presunción y de soberbia. Sería importante tener presentes las palabras de Benjamin Franklin, quien expresa  que “el orgullo que se alimenta con la vanidad acaba en el desprecio”, entonces quizás he aquí la clave de este verbo que se ha vulgarizado últimamente.

La vanidad muchas veces va de la mano de la ignorancia, cegando al hombre, no permitiéndole apreciar una imagen acertada de si mismo, entonces antes de utilizar este verbo, detengámonos  a pensar si es preciso y necesario, o es parte de un modismo rioplatense

Por su parte, Mark Twain dice: “Aléjate de aquellos que intentan menospreciar tus ambiciones. La gente pequeña siempre lo hace, pero los verdaderamente magníficos te hacen sentir que, tú también, puedes ser magnífico”. De este modo, quien nos quiera bajar nuestra autoestima esa persona no merece nuestra amistad ni nuestra confianza.

Si tuviera que contestar quién es más inseguro el hombre o la mujer, les diría que para mi no hay diferencia, es cuestión de la personalidad de cada individuo, y del camino que haya recorrido. Sin embargo, el sentir popular nos tilda más inseguras a las mujeres que a los hombres, y es común escuchar que no estamos conformes con nosotras  mismas, por eso dedicamos parte de nuestro tiempo en  gimnasios, en clínicas estéticas, en peluquerías, en cursos de diversa índole… y así podría seguir enumerando lugares. Pero a quienes piensen de este modo les pregunto: ¿El querer verse  y sentirse bien es un problema de inseguridad, o por el contrario es un tema de autoestima y respeto por uno mismo y por los demás?

Claro está, que si entendemos que todo lo que hacemos es por seguir determinados estereotipos, entonces será cierta la afirmación de que esas actitudes denotan inseguridad.

Muchas veces, los temas se descontextualizan y llevan a estas versiones que finalizan por ser un sinfín de malos entendidos, en los que luego de un rato ya no se sabe ni de que se está hablando.

Pero me parece que a esta altura cada cual se viste, peina, o arregla como se le antoja, a pesar de los estereotipos de hombres y mujeres perfectas. Por otra parte, los individuos precisamos de  un equilibrio entre nuestra imagen interna y externa. Y por más que muchas campañas apuntan a cuerpos e imágenes perfectas, en el fondo todos sabemos que son modelos que pautan publicidades en distintos medios.

Pero volviendo al tema del ninguneo, nadie nos puede menospreciar, no tiene ningún derecho. Los individuos que vivimos en el siglo XXI, por suerte, nos aproximamos a acortar las brechas discriminatorias, aunque todavía existen personas que han quedado con pensamientos arcaicos en sus cabezas, que desde sus propios tabúes y preconceptos son los primeros que se van a sentir discriminados por no aceptar que la diversidad es parte de la vida y siempre lo fue.

El ninguneo, es reflejo de inseguridades, envidias, miedos y angustias. Quien hiere a quien lo rodea en un intento de superar sus conflictos, sufre de una patología importante, que linda con la perversidad, y es digna de ser tratada en forma inmediata.

Según Ernest Hemingway “el secreto de la sabiduría, el poder y el conocimiento es la humildad”. Es así que quien ha tenido la posibilidad de estudiar, leer, formarse y ha llegado a ocupar importantes cargos, nunca se jactará de lo hecho u obtenido, por el contrario desde el anonimato intentará ayudar a quienes no tuvieron esa posibilidad, y lo hará con felicidad.

Y retomando el tema del ninguneo, la envidia, tan frecuente, mucho más de lo creemos,  es una de las que da cabida a este verbo tan de moda. Miguel de Unamuno expresa que “la envidia es mil veces más terrible que el hambre, porque es hambre espiritual”. Pero este es tema muy antiguo, ya mi bisabuela decía un refrán: “Si la envidia fuera tiña el mundo estaría tiñoso”. La palabra tiña significa: miseria, escasez, mezquindad.

¿Cabe preguntarnos por qué siempre existen personas que discriminan,  están insatisfechas, envidiosas,  mezquinas?, quizás una respuesta a todos esos males sea la insatisfacción personal por no saciar todas sus “necesidades”, que no son tales, sino parte de un mundo en el que se premia la codicia y el consumo sin límites ni medidas.

Correlacionado con el ninguneo surge el tema de la discriminación, tan pretérito y frecuente que ya resulta desgastador hablar de él, pero merece la pena mencionar las formas de discriminación más frecuentes, le cueste a quien le cueste, pues ellas la padecen millones de personas a diario en el mundo entero.

1. Racismo y xenofobia.

2. Homofobia o rechazo a las orientaciones sexuales distintas a las mayoritarias.

3. Discriminación a personas discapacitadas o enfermos.

4. Discriminación a las mujeres (machismo).

5. Diferenciación según el estrato social.

6. Discriminación religiosa.


El Racismo y la xenofobia implican la discriminación de las personas por su raza o nacionalidad.

La Homofobia es una enfermedad psico-social que padecen quienes odian y no aceptan a los homosexuales. La homofobia es de la familia del racismo,  de la xenofobia y del machismo

La discriminación a discapacitados y enfermos: se expresa a través del menosprecio a personas con capacidades diferentes. Hoy en día cada vez son más aceptados en puestos laborales, pero aún resta mucho por hacer. Asimismo quienes padecen enfermedades como el  SIDA lamentablemente entran en este grupo, así como los adultos mayores que en algunas circunstancias son discriminados.

La discriminación hacia las mujeres conocida como machismo aún sigue vigente, aunque en menor grado pero igualmente me pregunto ¿hasta cuando?

La diferenciación según el estrato social, es una de las discriminaciones más antiguas del mundo y que también persiste.

La discriminación religiosa es un problema que continúa vigente, si nos remontamos a tantos ejemplos en la historia, podemos recordar el genocidio judío, armenio y muchos más. Actualmente existen guerras armadas en nombre de religiones, cosa que parece no tener ni pie ni cabeza.

Parece mentira que en el 2011 continuemos dialogando sobre la discriminación, siento que es un tema que debería estar superado hace mucho tiempo, y quizás nuestros salvadores al respecto sean las generaciones venideras, jóvenes, desprendidas de todo tipo de prejuicio, y si observan con atención cuando las personas son más pequeñas el grado de discriminación es prácticamente nulo. En tal sentido, la educación es primordial, pues lo que inculquemos se verá pronto reflejado en el futuro.

¿Acaso alguna vez se cuestionaron como nos atrevemos a discriminar a alguien, con qué derecho, en base a qué, qué es lo que nos hace distintos de los demás?, y en tal caso si existen diferencias son en relación a formas de pensar, sentir o encarar la vida, allí cada cual es dueño de hacer con su vida lo que desee. Probablemente muchas cosas de las que hacemos convencidos que estamos en lo correcto, otras personas piensen lo contrario.

Juzgar es una palabra que si bien se aplica continuamente, a través de procesos legales, a nivel individual deberíamos ser muchos más cautelosos, y primero mirarnos a nosotros mismos, pero “no hay peor ciego que el que no quiere ver”, y a la hora de mirarnos a nosotros mismos muchas veces somos muy benevolentes, pues es “más sencillo ver la paja en el ojo ajeno”.

Y es así que descubrimos otra arista del problema: el respeto. Por eso, es primordial respetar la diversidad en su extensión, el respeto es la base de un buen funcionamiento en una familia, en un grupo, en una empresa, en una sociedad, en un país, con las demás naciones. Si queremos ser respetados primero deberemos respetar a los demás, valorarlos tal cual son, y descubrir qué ser humano se esconde detrás de esa persona tan distinta a nosotros, pero que quizás pueda enseñarnos algo de lo mucho que nos resta por aprender.

El psicólogo Abraham Maslow, desarrolló dentro su la Teoría de la Motivación, una jerarquía de las necesidades que los hombres buscan satisfacer. Las necesidades básicas  se encuentran en el soporte de la pirámide y en la medida que se asciende las necesidades son más elevadas. Así surgen primero las fisiológicas, segundo las de seguridad, tercero las de afiliación, cuarto las de reconocimiento, y quinto las de autorrealización. Mas lo que ocurre con las personas que se sienten ninguneadas o por el contrario ningunean, es porque han fracasado en algunas de estas etapas, sobre todo en las más elevadas, y entonces se hallan resentidas.

De esto modo, en la medida que nos acercamos a los niveles superiores de la cúspide pareciera que las necesidades resultaran satisfechas. Pero paradójicamente al alcanzar los más altos niveles, se ganan metas pero se pierden tantas cosas a nivel personal, pues el tiempo escasea, y ya los afectos ocupan un lugar muy pequeño. Asimismo, es preciso destacar que existen personas cuyos niveles de ambición resultan inagotables, y aún al llegar al nivel más alto no se encuentran satisfechos.

Mas alcanzar la cúspide no dependerá directamente de los logros obtenidos, sino de las metas que cada uno se proponga, y si ellas se alejan de una realidad factible, o sea de metas sustentables, entonces posiblemente ese individuo viva corriendo tras de logros que jamás alcanzará, insatisfecho y amargado, no valorando lo que tiene realmente.

Finalmente, los invito a no ningunear a nadie, habla mal de uno, de inseguridad, de miseria humana. Existen tantas formas de defendernos, que no es necesario aplicar este método. Muchas veces el verbo se puede utilizar en forma omitida, a través de acciones que en sí encierren menosprecio. Pero quien haya vivido una situación de este estilo, no se desanime, porque el peor perjudicado en este caso es quien comienza con esta ofensa absurda y cobarde, que en última instancia a quien deja mal parado es al propio emisor, quien desestima la inteligencia y el valor humano de la persona a la cual agrede.


martes, 5 de julio de 2011

“NINGUNA PERSONA MERECE TUS LÁGRIMAS, Y QUIEN LAS MEREZCA NO TE HARÁ LLORAR”


Por Andrea Calvete

Tantas veces nuestro corazón sufre, no encuentra consuelo, y nos hallamos ante un verdadero laberinto, del cual nos es prácticamente imposible salir. Donde las razones pierden el sentido, y las respuestas se alejan tan distantes que no alcanzamos a distinguirlas.

¿Es qué a caso alguien merece nuestras lágrimas?, quizás quien esté sufriendo por un desencanto o desilusión conteste rápidamente que sí a esta pregunta. Por otra parte, si nos ponemos a pensar en algún momento de la vida todos hemos sufrido por causa de una persona. Entonces ¿cómo encarar el dolor?

 Si reflexionamos sobre la frase de Gabriel García Márquez que dice que “ninguna persona merece tus lágrimas, y quien las merezca no te hará llorar”, tal vez comprendamos que quien realmente nos quiere o aprecia no nos hará llorar, por el contrario intentará hacernos sonreír y vibrar. Nos valorará tal cual somos, y es posible que su mirada nos realce, pues los ojos del amor tienen esa virtud de embellecerlo todo.

Aunque a un corazón partido no es sencillo consolarlo, ni darle consejos, pues en el medio de su dolor no verá más que sombras. Seguramente en lo profundo de su alma encuentre el dolor por haber confiado en alguien que lo defraudó y la frase de García Márquez la vea muy hermosa pero muy poco significativa dado el momento que vive.

Rabindranath Tagore expresa que “si por la noche lloras por no ver el sol, las lágrimas te impedirán ver las estrellas”. Por lo tanto, es primordial secar esas lágrimas y mirar lo que nos rodea, pues ese mismo dolor no nos permita ver situaciones que realmente importan, y que podrían significar un cambio para ese sufrimiento.

Asimismo, no está mal llorar, aunque dicen que es cosa de mujeres, no es cierto, los hombres también lloran, así lo expresa Benedetti “llorá nomás botija son macanas, que los hombres no lloran, aquí lloramos todos”

Mas quien no derrama una lágrima es porque su corazón ha dejado de latir, ha quedado anestesiado frente a cualquier situación, y eso tampoco es natural, porque por más dura que sea la vida no podemos dejar de sorprendernos, de conmovernos ante las distintas situaciones que se presentan y que son dignas de promover todos nuestros sentidos, pues estamos vivos.

Desahogarse es bueno, “las lágrimas derramadas son amargas, pero más amargas son las que no se derraman”. Es necesario sacar todo eso que nos oprime el pecho, que nos angustia, pero no permitamos que el dolor nos paralice, pues cada lágrima derramada deberá ser una gota que nos impulse a avanzar y a sobreponernos. Es por eso que muchas personas luego de llorar manifiestan un gran alivio.

Según Buda “el dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional”. Por lo tanto, lo importante es el modo como hacemos frente a esta situación, está en cada uno velar de por vida un problema, o encararlo para continuar en pie, pues la vida es devenir, es cambio, y si nos paralizamos no nos espera.

Según Dostoievski el dolor permite enriquecernos como personas y expresa que "el verdadero dolor, el que nos hace sufrir profundamente, hace a veces serio y constante hasta al hombre irreflexivo; incluso los pobres de espíritu se vuelven más inteligentes después de un gran dolor."  

Pero la psiquis humana es muy compleja, y aún cuando las cosas parecen haber sido superadas, de pronto aparecen desde lo más profundo,  no es tan sencillo borrarlas, es así que Frida Kahlo dice :“Intenté ahogar mis dolores, pero ellos aprendieron a nadar”. Por tal motivo, ciertas situaciones ya escapan de nuestras manos y requieren de una ayuda profesional.

Es por eso que  cuando quedamos paralizados frente a una situación dolorosa debemos encender una luz de alarma. Si el dolor se convierte en sufrimiento, y no nos permite llevar a cabo nuestras actividades en forma normal, entonces la situación se complica. No podemos permitir que nada ni nadie nos impida vivir, ya sea por miedo, angustia o tristeza, quizás todos estos sentimientos formen parte de ese dolor que nos anestesia y aniquila. El dolor tantas veces conlleva a situaciones depresivas importantes que de no ser tratadas pueden llegar a complicarnos seriamente la existencia. En tal sentido, Freud expresa “recordar es el mejor modo de olvidar”, pues significa asumir lo que nos ha ocurrido.

Pero quien se encuentra en una situación donde el corazón ha quedado desgarrado, difícilmente haga caso a consejos, a sugerencias, pues el dolor enceguece y no permite ver más que el sufrimiento. Es aquí donde se debe intervenir, este punto es trascendental para no quedar atrapados en el sufrimiento como una mosca en la tela de una araña. Para ello debemos pararnos delante de esa situación que nos aniquila y tener muchas agallas de tomar una resolución definitiva para poder dejar atrás este suceso y continuar. Este punto sino podemos llevarlo a cabo por nosotros mismos la ayuda de profesionales en salud mental, la familia y amigos será primordial.

Según Nietzsche “lo que no nos mata nos fortalece”. Detengámonos a pensar cuantas veces luego de varios días de padecer una virosis, nuestro organismo lucha hasta que nuestro sistema inmunológico logra vencer el mal. Del mismo modo, nuestra alma, espíritu se fortalecen tras parecer hundirse en las aguas más turbulentas, porque el ser humano tiene esa capacidad o se instinto de conservación que lo lleva a superar las pruebas más duras. Aquí  habrá quienes hablen de fe, otros de voluntad, tesón, pero más allá de las motivaciones o las herramientas las personas salimos adelante.

A lo largo de nuestra vida cualquier tipo de pérdida trae como resultado el dolor. La forma de respuesta a esa pérdida esta íntimamente relacionada con  nuestra  personalidad, cultura y nuestras creencias.

En 1969 la psiquiatra Elisabeth Kubler-Ross publicó el libro “La muerte y el moribundo”. En él hace referencia a los cinco escenarios de una pérdida que son: la negación, el enfado, la negociación, la  depresión y por último la aceptación.

Las etapas del duelo:

La primera la negación, aislamiento e incredulidad: en un primer momento no aceptamos la pérdida, no lo creemos, su llegada es inusitada.

La segunda la ira: del descreimiento pasamos al resentimiento, por la rabia. Aparecen los por qué, tan difíciles de contestar

La tercera etapa la de la negociación: en este momento intentamos hallar una salida, no importa cual.

La cuarta etapa la depresión y tristeza: La soledad, la desazón, se apoderan, y precisamos del apoyo y cariño de nuestras personas queridas.

La última etapa la aceptación: En este momento logramos asumir lo que nos sucede, ya llevamos un tiempo lejos de la persona que hemos perdido, y si bien la recordamos, ahora es el momento en que comienzan los planes, actividades o proyectos.

Los duelos serán vividos de acuerdo a como es y siente cada individuo, todos tenemos tiempos distintos,  la duración de cada etapa es diferente y única para cada persona.

Algunas pautas para superar el duelo:

Se requiere de tiempo para asumir la pérdida, es importante poder expresar lo que sentimos con alguien, tener apoyo y sostén. Es necesario recordar que esa persona ya se ha ido, y aunque las ganas de seguir sean muy pocas hay gente que nos quiere y nos precisa. Cada cual lleva el duelo de la mejor manera, en tal sentido los demás debemos ser respetuosos de esta decisión.

El escritor italiano Arturo Graf quien expresa que “la vida es un negocio en el que no se obtiene una ganancia que no vaya acompañada de una pérdida”, por eso está en cada uno la fuerza que pongamos para sobreponernos a los momentos que nos causan dolor, de modo de aceptar lo que nos ha sucedido y continuar el camino. Mas estará en cada uno ver el medio vaso vacío o lleno.

En este proceso de superación, es muy importante lo que pongamos de nosotros mismos, pues como bien señala Eduardo Galeano “al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos”

Finalmente, para quien padece un gran dolor ocasionado por una pérdida importante, no es sencillo recuperar las fuerzas, el optimismo, el entusiasmo, más la propia dinámica de la vida colaborará para que cada persona pueda salir de ese pozo en el que está sumergida, pues siempre aparecerá alguien que nos tenderá una mano, nos alentará con sus palabras, nos brindará su apoyo sincero, y entonces surgirá una luz que nos permitirá dar el primer paso para salir adelante.