martes, 28 de junio de 2011

¡FANTÁSTICO!

Por Andrea Calvete                                                                                

¿Sos de los que dicen fantástico en respuesta inmediata a lo que te plantean o por el contrario te parás de cara a la situación y expresás con absoluta sinceridad y transparencia lo que pensás? 

A propósito de ese fantástico irónico les voy a contar un cuento.

Dos amigas, Camila y Paula, se separaron durante varios años, porque a Paula le surgió la posibilidad de estudiar en Estados Unidos.

De regreso, luego de diez años  se encuentran y se ponen al día con el  tiempo transcurrido. Al encontrarse las dos mujeres cuentan de inmediato, que han hecho de sus vidas, poniendo de manifiesto cuál es su situación actual y su estilo de vida.

Una vez que se produce el encuentro las dos amigas comienzan a hablar tratando de recuperar el tiempo perdido.

Y comienza el diálogo:

–Camila no sabés todo lo que avancé, realicé un doctorado en letras, me casé con un hombre que gana 80.000 US$ al mes, vivo en una casa con piscina y tres autos. Soy profesora de una de las universidades más prestigiosas de Estados Unidos, y a nivel académico estoy bien conceptuada, por lo que me pagan un excelente sueldo, aunque con lo que gana mi marido, en realidad el sueldo lo guardo en el Banco –contó  Paula orgullosa.

–¡Fantástico! –exclamó Camila.

–Además te cuento mi marido me llena de atenciones, me hace todos los gustos, vive pendiente de mi, me sorprende día a día, es un excelente amante, me hace ¡tan feliz!-agregó Paula exaltada.

–¡Fantástico! –exclamó Camila.

–Tenemos tres hijos muy aplicados, brillantes estudiantes, han cursado en los colegios más caros y prestigiosos de Estados Unidos. No sólo son buenos estudiantes son unos chicos ejemplares, no hace falta rezongarlos ellos ya conocen muy bien las reglas de la familia. Por otra parte, no solo son disciplinados en los estudios, colaboran en las tareas de la casa y en la empresa familiar– continuó Paula

–¡Fantástico! –exclamó Camila.

–Además para mi los años no han pasado, viste eso de que se te cae todo, lo he superado, me he operado y mi cuerpo quedó como nuevo, me implanté siliconas en los senos y mi cola ha quedado como la de una quinceañera. Mi rostro sin rastro de arrugas, gracias al botox, ahora creen que soy la hermana de mi hija – dijo orgullosa Paula

–¡Fantástico! –exclamó Camila.

– Contame de vos ¿qué es de tu vida? – preguntó ansiosa Paula.

Camila hizo una pausa, respiró, profundo y comenzó lentamente a hablar – Me casé con un buen hombre, al cual quiero pero ya nos deseamos el uno al otro, somos simplemente amigos. Vivimos en un apartamento, y pagamos una hipoteca al Banco Hipotecario, que creo que la tendremos de por vida. El dinero nos da a penas para llegar a fin de mes. Tenemos un hijo, mal estudiante, díscolo, rebelde, nos  da mucho trabajo. Mi cuerpo ya no es el de antes, arrugas por doquier, han caído mis pechos, mi cola y  ha aparecido un flotador en mi barriga. No he terminado los estudios, me paso en mi casa encerrada viendo la televisión, cocinando y comiendo. Pero ahora hablo correctamente, ya no digo almóndiga, digo albóndiga, no digo puédamos, digo podamos. Antes pedía por favor enchuflame la tele, ahora digo enchufame. También decía haiga, ahora digo haya, antes decía me importa un rábano ahora digo ¡fantástico! – finalizó Camila.

Un fantástico emitido con  sarcasmo y que a su vez encierra un gran sentido del humor, básico y primordial para hacer el día a día ameno, llevadero, en el que una sonrisa es imprescindible para sentirnos bien con nosotros mismos y con los demás.

Asimismo este cuento nos muestra cómo cada cual cuenta la parte de la historia que más les interesa, y a su vez como reaccionamos ante determinados mensajes. Más aquí intervienen formas de ser, de pensar, en donde la autoestima que cada uno tenga incidirá a la hora de hacer frente a las situaciones. Por otra parte, surge esa línea delgada entre la diplomacia y la hipocresía

En la vida real también sucede como en el cuento, muchas veces decimos fantástico por diversos motivos. Pero, no todos somos iguales, están aquellas personas sinceras transparentes que expresan lo que sienten sin importar las consecuencias, y quienes se esconden tras un disfraz intentando ocultar su verdadero sentir o pensar, por temor, o por no asumir lo que en realidad son. Esta actitud muchas veces raya con la hipocresía.

Al respecto, Aristóteles expresa que “no se puede ser y no ser algo al mismo tiempo y bajo el mismo aspecto”, una frase muy real, pero poco aplicable en este mundo actual, donde la apariencia es todo, tras ella se reflejan tantos “valores” que no son tales, sino falsas apariencias escondidas tras máscaras.

Vivimos en un mundo, donde las caretas abundan, tras de ellas se ocultan verdades, rostros, sentimientos, miedos, fracasos, complejos, amarguras, decepciones… y tantas cosas, situaciones que las personas no son capaces de enfrentar porque significan fracasos, y cuando el ego se halla muy elevado se hace más dificultoso no esconderse detrás de estas máscaras.

Pero la abundancia de rostros escondidos tras esas máscaras que sólo muestran situaciones prácticamente perfectas, utópicas, es cada vez más frecuente, por eso nunca más acertada la frase de Bertolt Brecht, quien expresa: “Cuando la hipocresía comienza a ser de muy mala calidad, es hora de comenzar a decir la verdad”.

Para Moliére “La hipocresía es el colmo de todas las maldades”.

Gavinet expresa que “más vale un minuto de vida franca y sincera que cien años de hipocresía”, pues la sinceridad y la franqueza escasean, son dos bienes casi en vía de extinción. Ahora ¿ por qué se da este fenómeno?, quizás producto la hipermodernidad en la que vivimos y somos parte, de este siglo XXI lleno de adelantos pero asimismo cargado de tantas valores que se han perdido, tras la búsqueda de la ambición desmedida.

El confort es de los causantes que colabora a que las personas nos pasemos corriendo en su búsqueda olvidando cosas que son primordiales e importantes en nuestras  vidas, como son los afectos, las personas queridas.

Y es así que quienes se sienten seguros de si mismos, no tienen porque aparentar o esconderse detrás de apariencias o disfraces, se pueden mostrar tal cual son sin maquillaje. Tampoco, necesitarán vanagloriarse, de lo que poseen o han alcanzado, pues esos detalles sólo opacan el cuento. Mas quien no está seguro de si mismo, pues no está conforme cómo es, pretende mostrar otra imagen muy diferente a lo qué es realmente.

En tal sentido es muy cierto ese refrán que dice “se ven caras pero no se ven corazones”, pues muchas veces al mirar a una persona, pensamos ¡qué dichosa que es lo tiene todo! Sin embargo, luego de sentarnos a tomar un café con ella vemos que no es tan dichosa y que tiene tantos o más problemas que nosotros.

Y el que quiera vender una apariencia perfecta, nos está embaucando, pues vidas perfectas como círculos no existen, quien más o menos tiene una historia para contar que le pesa, las habrá mejores, pero todas en el fondo tenemos alguna situación ingrata o dolorosa, y quien niegue esto negará parte de la existencia humana.

Por eso también es muy cierto que las apariencias engañan, y  antes de emitir una opinión a priori, debemos ser cautos pues no siempre todo es como se ve. También depende con el cristal con qué se mire, pues si estamos cegados por ciertos sentimientos, posiblemente no veamos claro nada. Muchas veces los sentimientos como el amor, el odio, la pasión, el rencor, no nos permiten ver con claridad las situaciones sino cargadas con nuestros estados anímicos.

Respecto de las apariencias Maquiavelo dice “pocos ven lo que somos, pero todos ven lo que aparentamos”, porque las máscaras son fáciles de detectar, pero detrás de tanto ocultamiento no es sencillo ver realidades.

Asimismo, la utilización de las máscaras está íntimamente relacionada con el desarrollo de la personalidad de cada individuo, pues en la medida que en las distintas etapas de su vida va adquiriendo confianza y seguridad en si mismo, no precisará refugiarse detrás de disfraces que lo protejan.

En tal sentido, Erik Erikson, un teórico psicodinámico destacó la importancia que tiene la relación entre los progenitores y sus hijos en el moldeamiento de la personalidad. Su teoría sobre el desarrollo de la personalidad se basó en ocho etapas.

1- Confianza frente a la desconfianza: En el primer año de vida el bebé se enfrenta a la disyuntiva si confiar o no frente a sus padres, entonces si atienden sus necesidades aprenden a confiar en el ambiente y en si mismos

2-Autonomía frente a la vergüenza y la duda: Durante los tres primeros años de vida avanza el desarrollo físico, el niño logra autonomía física y descubre el ambiente. Si los padres o adultos lo menosprecian este niño puede comenzar a sentir vergüenza y adquirir sentido de inferioridad

3-Iniciativa frente a la culpa: Entre los tres y seis años el niño manipula objetos emprende planes y proyectos. El apoyo y estimulación en esta etapa es fundamental. Si se les reprime las iniciativas pueden surgir sentimientos de culpa, inutilidad o resentimiento.

4-Laboriosidad frente a la inferioridad: Durante los seis y siete el niño debe aprender las habilidades necesarias para convertirse en un adulto maduro. Si se lo reprime en sus intentos puede sentirse inepto, mediocre inferior, para llegar a ser autosuficiente.

5- Identidad frente a la confusión de roles: Con la pubertad termina la niñez y comienzan a verse las responsabilidades como adulto. El problema central de este momento es la identidad personal, al no alcanzarla se confunden los roles, y surge la desesperación.

6-Intimidad frente al aislamiento: Durante la adultez temprana las personas deben resolver el problema de la intimidad. Para ello es necesario ser un ser confiando autónomo, donde se demuestren rasgos de madurez. Este punto está relacionado con los anteriores. Al no alcanzarse la intimidad la persona se halla sola e incompleta

7-Generativividad frente al estancamiento: Durante la adultez intermedia entre los  25 y 60 años el reto consiste en seguir siendo productivos, creativos en todos los aspectos de la vida. Los que han superado exitosamente las seis etapas anteriores deberán encontrar un significado en las principales actividades de sus vidas, y deberán disfrutarlas. De lo contrario, caerán en una rutina monótona, sentirán resentimiento y depresión.

8-Integridad frente a la desesperación: Al comenzar la vejez las personas deben aceptar el acercamiento a la muerte. Para muchos es un período de desesperación ante la pérdida de roles. Mas Erikson considera que en esta etapa se puede alcanzar la plenitud, pues el transcurso por las etapas anteriores en forma satisfactoria, les permite llegar a la madurez con integridad , con un enfoque sereno y grato para vivir esta etapa con fuerza, de modo de encarar la muerte sin temor.

Finalmente, luego de esta reflexión los invito a que se mirarse en el espejo y atreverse a descubrir su verdadero yo, sin miedos, sin vegüenzas, tan sólo vos podés contestarte si sos de los que dice fantástico, o tal vez sos de los que no se anima a mostrarse tal cual sos. Ahora depende de cada uno descubrir donde nos aprieta el zapato para saber los porqué de nuestras formas de mostrarnos ante los demás.

martes, 21 de junio de 2011

LOS AÑOS ARRUGAN LA PIEL, NO EL ALMA


Por Andrea Calvete

Las distintas aristas de una misma realidad, en la que todos convivimos, y la que es necesario atender. Adultos mayores para algunos, para otros tercera edad, dos nombres que parecen tener gran peso, a tal punto que muchas personas se sienten disminuidas porque han concluido un camino, mientras que en otros ámbitos ocupan importantes lugares, como cargos gubernamentales, empresariales y despliegan su sabiduría y energía.

Frente a esta realidad compleja y diversa ¿cómo es posible esta diferenciación tan abrupta y discordante? Por una parte, se habla de personas que ya han vivido su vida y necesitan descansar, aunque un gran número se sumerge en la tristeza, en la amargura, pues dependen de una magra jubilación, y al mirarse al espejo ya no queda ni un ápice de lo que fueron años atrás. Contrariamente, vemos gente mayor ocupando y desempañando roles en forma correcta a pesar de sus años.

Pero los años arrugan la piel, no el alma. Según Graham Greene “en el fondo de nosotros mismos siempre tenemos la misma edad”. Una frase realmente cierta, pues a pesar de los años las personas tenemos necesidades, sentimientos, expectativas que continúan en nuestros corazones latiendo como cualquier otro día de nuestras vidas.

Es necesario comprender que los seres humanos somos todos útiles independientemente de la edad que tengamos. El tránsito por la vida nos enriquece en experiencias, que posiblemente sean de ayuda a otras personas.

El hecho de estar vivos, es maravilloso, el de no perder el entusiasmo, la alegría de vivir, de reír, de ser útiles, de aprender, de ayudar, de comprender… las personas valemos más allá de las canas, arrugas, o años vividos.

Según Ingmar Bergman “envejecer es como escalar una gran montaña; mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena”.

Asimismo, es importante tener en cuenta que todos los integrantes de la sociedad somos indispensables, somos parte de un gran motor. Es así que las personas de edad media conforman un  importante sostén social que trabaja con energía y años de experiencia, son la generación que media entre los más jóvenes y los más adultos.  Por su parte, los más jóvenes son la ilusión, la esperanza. Y los mayores son la base del sostén de este gran mecanismo.

Todos somos imprescindibles, todos necesitamos los unos de los otros, siempre es posible aprender algo nuevo que nos enriquezca y estimule a ser mejores personas.

Eduardo Galeano señala que “hay quienes creen que el destino descansa en las rodillas de los dioses, pero la verdad es que trabaja, como un desafío candente sobre las conciencias de los hombres”. Y partiendo de esta reflexión se puede observar que desde la individualidad forjamos el devenir, y somos responsables en pensar en él como un lugar donde la equidad sea un sustantivo que juegue un rol preponderante.

Una sociedad de cara al futuro, necesita que sus integrantes tengamos oportunidades de vivir dignamente, de acuerdo a nuestras capacidades y expectativas. Es necesario entender que dependemos de todos  para salir adelante, pues la unión hace la fuerza. Y de allí, es que resulta tan importante no dejar de lado a los adultos mayores pues son un eslabón esencial en la cadena de la vida.

Tarde o temprano todos llegamos a vivir las distintas etapas de la vida pero cuando los años transcurren, y nos ubicamos en un estadío medio comprendemos mejor algunas situaciones que antes no lográbamos asimilar, pues ya no nos vemos tan lejos, y sabemos que “todo pasa y todo llega”.

Pero hoy en día, dado los adelantos, la tecnología, las personas cuando pasan los sesenta años se encuentran plenas llenas de vida y energía. Asimismo, dada la calidad de vida las expectativas de vida son cada vez mayores, entonces debemos ajustarnos a lo que nos depara el futuro, que enfrentar generaciones cada vez más longevas y activas.

Decálogo de Shelig Whitman, cuando tenía 95 años, para vivir un siglo

1) Dormir ocho horas cada noche y acostarse sobre el lado derecho.

2) Dormir  media hora de siesta cada tarde.

3) Andar media hora después de cada comida.

4) Enjuagarse la boca y hacer gárgaras por la mañana y por la noche.

5) Comer lo que se desee pero sin excesos.

6) Hacer gimnasia unos 20 minutos cada día.

7) No beber nunca agua helada.

8) Dormir con la ventana abierta.

9) Evitar todos los excesos.

10) Masticar bien los alimentos y comer lentamente

Aunque este decálogo puede influir a la hora de extender la vida, es importante que las personas al llegar a la edad madura se sientan útiles, activas, necesarias, pues de este modo como dice Nietzsche  “aquel que tiene un porqué para vivir se puede enfrentar a todos los cómo”.

En tal sentido, en la búsqueda de que todas las personas se sientan útiles e integradas a la sociedad, las intendencias municipales de cada departamento de nuestro país implementan actividades para que las personas que ya se han retirado de sus trabajos, se sientan útiles, vivas, felices y plenas. Así desarrollan talleres literarios, de pintura, corales, de cocina, actividades comunitarias, donde las personas no sólo hallan un espacio de recreación sino también una forma de sociabilizar, algo que resulta imprescindible a cualquier altura de la vida.

Es imprescindible hallar un lugar en donde las personas a cualquier edad nos sintamos útiles, felices y plenos. Por eso si todavía no lo encontraste, como dice Benedetti “no te rindas”, porque “aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños, porque cada día es un comienzo nuevo, porque esta es la hora y el mejor momento”.

En realidad no importan la cantidad de años vividos, sino la cantidad de vida que encierran esos años, este concepto es primordial para que, independientemente de la edad que tengamos, nos sintamos bien con nosotros mismos.

Finalmente, los años arrugan la piel no el alma, quizás te sientas más joven que una persona que tiene menos años que vos, porque tenés una actitud positiva ante la vida, sos una persona que tiene un gran sentido del humor y sabés reír siempre, y eso te ayuda a sentirte pleno y dichoso.

martes, 14 de junio de 2011

¿A DÓNDE VAN LAS EXPERIENCIAS?

Por Andrea Calvete

 
Un cúmulo de experiencias se suceden a lo largo de nuestra vida, pero ¿a dónde van todas ellas?

¡Qué pregunta difícil de contestar!, hacia ¿dónde las dirigirnos, a los recuerdos más profundos, a los más reprimidos, o aquellos que nos vienen primero a la mente?. No es sencillo encontrar una ubicación preestablecida, porque cada uno en las distintas circunstancias de la vida hará de ellas un lugar donde las pueda colocar sin que le incomode o le lastime.

Algunas quedan en cajones bajo llave, pues son dolorosas, desgarran el alma, y paralizan el cuerpo, por eso cuanto más guardadas y lejos mejor. Quizás las de este tipo se alojen sin pedir permiso en el sitio más alejado posible.

Otras a la repisa de los trofeos, pues enorgullecen, enaltecen el espíritu, al observarlas generan placer por haber obtenido algo que realmente satisface y reconforta. Estas se harán presentes llenándonos de alegría de orgullo, nos dejarán una sonrisa dibujada en el rostro, una sensación que nos llenará de energía.

¿Y qué hacer con aquellas que no esperábamos y de pronto están allí paradas incomodando nuestra existencia? Quizás tomar una goma de pan y borrarlas, o con un plumero sacudirlas hasta que desaparezcan. Estas son las inesperadas las que llegan sin previo aviso, inusitadas, no piden permiso y aparecen desestabilizándonos nuestro camino. Sin embargo, con el correr de los años ya no nos agarran tan desprevenidos, y al surgir no nos toman por sorpresa pues sabemos que en cualquier momento estarán al acecho, sólo es cuestión de esperarlas con valentía, con fuerza y valor para poder sobreveponerse.

Pero, ¿qué  sucede con las ajenas?, que igualmente nos salpican de algún modo, esas son duras, pues la ubicación no dependerá exclusivamente de nosotros, esas irán en un estante compartido. Y cuando se trata de compartir ya las cosas se complican, porque entra un tercero en discordia que incidirá en su ubicación. Estas nos llegan a través de otras personas y las incorporamos de tal modo que inciden en nuestras vidas.

Y ¿dónde ubicar las que se convierten en recuerdos lejanos, en que sólo el corazón podrá hacer aflorar?, esas se deben guardar en una caja de madera tallada y lustrada, donde el olor de la madera fresca perfume su existencia. Estas están cargadas de emociones intensas que sólo quienes las sienten son capaces de describir, y las pueden asociar con imágenes, texturas y olores que lo llevan al lugar de los hechos como transportándose en el tiempo.

También están las que nos sorprenden y  dan un giro a nuestras vidas, esas posiblemente la pongamos en lugar acogedor, visible, donde las podamos disfrutar a cada momento. Estas llegan como un torbellino, y del mismo modo vienen cargadas de aire nuevo, y limpian todo aquello que nos amargaba o angustiaba, son mágicas permiten que nuestro ánimo cambie intempestivamente.

Otras tan insignificantes, que simplemente con dejarlas cerca de una ventana abierta, será más que suficiente para que el viento las vuele. Porque lo que no es digno, lo que nos empobrece como seres humanos es mejor apartarlo de nuestro camino, porque nos empequeñece y nos hace sentir mal con nosotros mismos.

Las indignas, mirarlas con detenimiento para que  antes de verterlas con los desechos, recordemos que no podemos volver a repetirlas. Los seres humanos nos equivocamos muchas veces en la vida, pues somos seres factibles de cometer errores de todo tipo, lo importante es reconocer esas equivocaciones para no volver a cometerlas, aunque dicen que el hombre siempre toprieza con la misma piedra.

Asimismo, aparecerán algunas muy especiales, casi únicas, esas serán un privilegio que deberemos atesorar en el lugar donde estén resguardadas, protegidas, y a su vez sean pilares en momentos de desestabilidad o desánimo. Estas son vanguardistas, capaces de hacernos afrontar cualquier contratiempo porque nos permiten estar seguros de lo que somos y de lo que queremos.

Las que forman parte de nuestra niñez y juventud, esas se instalarán en un lugar donde la mezcla de aromas silvestres, tales como: lavanda, sándalo, romero, tomillo, se harán inconfundibles, dándoles ese toque de frescura y encanto que ellas esconden. La juventud uno de los valores tras los que corre la humanidad, pretendiendo que el tiempo se detenga, y así dietas, formas de vivir, de pensar, se instalan para lograr una mejor calidad de vida. Pero lo cierto, es cuando uno las recuerda parece trasladarse a un lugar lejano, donde la inocencia, la risa, el desenfado, la alegría, son comunes denominadores que nos hacen sentir en una nube.

Las experiencias sin procesar se ubican en el armario debajo de la escalera, un lugar muy desordenado, que al abrir el puerta todo se nos cae encima.

Están las que enviamos en una botella al mar, esas que pretendemos expresar desde el anonimato, pues en el fondo no nos interesa transmitir la autoría, pues ellas nos generan dudas, cuestionamientos internos por lo que no son sencillas de asumir como nuestras.

También están las que guardamos en un cofre bajo llave, para poder llegar con todo cariño a nuestros seres más queridos para que no vuelvan a cometerse los mismos errores. Estas si bien son de gran ayuda, igualmente terminamos comprobando que cada persona necesita vivir su propia experiencia. Asimismo, son muy dolorosas, por eso pretendemos que sean asimiladas por quienes nos importan en forma rápida y concisa, pero finalmente comprendemos que sólo podemos hacer llegar un pequeño porcentaje de ellas.

Si bien en nuestras vidas pesan todas las experiencias, hoy si estás pasando un mal día o un mal momento, buscá en la estantería aquellas que algún día te llenaron de alegría, te hicieron sentir orgulloso.

Las experiencias, todas; buenas, malas o intermedias tendrán una ubicación, dependerá de cada uno de nosotros el sitio donde las alojemos. Podrán ser huéspedes, desconocidas o amigas entrañables. Por eso el sitio dónde las dispongamos nos permitirá hacer la vida más o menos grata. Y como el tiempo es un bien que escasea y que no se detiene, merece la pena hacer una pausa en este punto crucial para convertir de cada día un día especial y único, aunque muchas veces preocupados por tantas cosas vemos tan sólo las dificultades y no valoramos todo lo que es verdaderamente importante y consistente en nuestra vida.

Por eso los invito, a buscar en las estanterías de las experiencias gratas, porque éstas nos dan ímpetus y energía para sobreponernos a las cosas que nos obstaculizan el camino.

Pero las experiencias,  más allá de  la  ubicación que les busquemos,  ellas por sí solas se instalarán de acuerdo a lo que nuestro corazón dictamine, él les hallará el lugar adecuado conforme a cómo somos y sentimos. Las experiencias contribuyen sensiblemente a la sabiduría.

Si miramos hacia atrás  como dice el poeta español Antonio Machado “Al andar se hace el camino, y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar”, pues el tiempo no se detiene y avanza en forma inexorable, por eso las experiencias independientemente de la estantería en donde queramos ubicarlas, deben ser parte y sostén de nuestra vida, permitiéndonos crecer como personas.

Aunque quizás existan días en los que preferimos ni pensar lo que nos ha sucedido, es importante hacer frente a todas ellas, pues lo vivido siempre es parte de nuestro haber aunque no queramos reconocerlo, e incide en cómo nos sentimos y somos.

Generalmente, las malas experiencias son las que pretendemos borrar rápidamente, porque molestan ,duelen, y lo que no nos es grato instintivamente tendemos a eliminarlo. Pero antes de le eliminarlas, debemos mirar con detenimiento y analizar por qué sucedieron, si fue por causa nuestra o ajena. Es pretender mirar críticamente lo que hemos vivido, observando con detenimiento todas las circunstancias.

El concepto de experiencia generalmente puede estar referido a cómo hacer algo, o  un conocimiento factual  basado en qué son las cosas. Los filósofos tratan el conocimiento basado en la experiencia como "conocimiento empírico" o "un conocimiento a posteriori".

Algunos filósofos sostienen que son posibles las experiencias si se tienen expectativas, por eso una persona de experiencia no es la que ha acumulado más vivencias, sino la que está capacitada para permitírselas. ¡Qué cierto este concepto!, porque si uno por miedo a sentir dolor, sufrimiento, equivocarse, o tropezarse decide paralizarse, detenerse y dice: "Estoy cansado de sufrir no voy a permitir ya que nada me afecte, todo me va a resbalar".¿Qué sucede con esta persona vive anestesiada, detenida en el tiempo y no se permite vivir sentir, se sumerge en una burbuja?

Por eso, nunca más vigente el tema de la Vela Puerca “Burbujas”, en el que se describe como las personas por miedo se sumergen en sus propias burbujas para sentirse protegidos. Y esto es un mal propio de este siglo XXI lleno de egoísmo e individualismo, aquí no debemos culpar sólo a las malas experiencias, también debemos comprender que es responsabilidad de cada uno asumir el mundo que nos toca vivir, enfrentarlo, poniendo lo mejor de nosotros mismos para lograr un cambio, aunque sea pequeño pero que sea favorable a mejorar parte de esta vida.

Finalmente, múltiples experiencias vivimos a diario, lo importante es asumirlas todas pues son parte de nosotros, son el sostén de nuestra vida, y nos permiten crecer como personas, pues cada día incrementan nuestra sabiduría. Como bien señala Nietzsche “aquellas experiencias que no nos destruyen, nos vuelven más fuertes”


miércoles, 8 de junio de 2011

EL ARTE DE CALLAR


Por Andrea Calvete

El arte de callar, no es sencillo, tantas veces hablamos cuando no debemos, emitimos una opinión o agregamos una palabra fuera de lugar.

Pero como bien expresa Ernest Hemingway, “se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para aprender a callar”, pues lo que rápidamente aprendemos nos cuesta una vida saber dosificar en la justa medida.

Existen diversas causas por las que callar se hace muy difícil, pues al aprender a hablar en la primera infancia, desde allí queda grabado como un hábito natural a la hora de expresarnos. Lástima que a tan tierna edad no nos incorporen que en la medida que crecemos el habla muchas veces es una herramienta sumamente peligrosa.

Mas en las culturas orientales la prudencia, la palabra justa y el silencio son hábitos que se practican al igual que el de la meditación en forma continúa. De allí que para los occidentales nos resulte tan difícil cerrar nuestra boca en el momento adecuado, nuestra cultura arraigada en lo más profundo nos lleva a expresarnos siempre que sea necesario y también cuando no lo sea.

Pero contrariamente a lo que hemos aprendido muchas veces más vale callar, aguardar a emitir ciertos pensamientos o palabras, pues detrás de ellos se desencadenan una serie de consecuencias que ni siquiera esperamos.

Puede hacer  más ruido cien mil hombres callados que uno gritando, pues el silencio también es un instrumento muy poderoso en ciertas circunstancias.

Sin embargo, ojo porque que el proverbio que dice que “quien calla, otorga” es cierto, así que el silencio deberá aplicarse en su justa medida.

Quizás aprender a callar nos lleve una vida o más, pero lo importante será tener en cuenta que antes de emitir alguna expresión, es necesario pensar, detenerse, analizar críticamente donde estamos parados, y luego ver las circunstancias que nos rodean, para  poder tomar una resolución atinada y correcta, a la hora de hablar o decidir callar.

He aquí un decálogo para incorporar en el “arte de callar”

1- No hablar si nos encontramos alterados o fuera de sí, las palabras pueden salir disparadas como fusiles.
2- Es necesario hablar cuando tengamos algo relevante que decir.
3- Cuando los hechos hablan por si solos no es necesario hablar.
4- Cuando habla otra persona, es primordial callar.
5- Esperar a la persona indicada para que nos escuche, existe gente que oye pero no escucha.
6- El momento oportuno es otro detalle muy importante a tener en cuenta
7- Es necesario utilizar las palabras justas, precisas y proporcionadas a lo que queremos expresar.
8- Cuando el dolor invada nuestra alma, nuestros labios se cargarán con ese mismo sentimiento, entonces es mejor callar.
9- Cuando quienes escuchan no están interesados es preferible no seguir hablando.
10- Como quien “calla otorga” dependerá de la circunstancia nuestro deber de callar o hablar si es necesario.

Finalmente, al callar surge el silencio y se presentan sus distintos sonidos, representados en el tema de Simon and Garfunkel, "The Sound of Silence"-"Los sonidos del silencio":