sábado, 30 de octubre de 2010

CARTA A MIS HIJOS

Por Andrea Calvete

Quizás sea el momento adecuado, ahora que han crecido para que comprendan estas palabras, pues ya no me ven como alguien todopoderoso, sino como un una persona común.

Es natural, que de pequeños en ese afán de sentirse protegidos, vieran en mi simplemente el lugar perfecto para cobijarse, donde la tibieza de mis caricias pudiera surgir como un bálsamo para solucionar sus pequeños problemas.

Pero, la vida pasa rápidamente y ahora me paro delante de  a una mujer, y un adolescente a punto de convertirse en un hombre.

Por todas la veces que dije que si y que no a destiempo me disculpo, así por aquellas oportunidades en las que sumergida en mis problemas no les presté la atención adecuada.

He hecho todo lo posible porque sean felices, personas íntegras, porque se respeten a si mismos y a todos los que rodean.

No ambiciono grandes metas, pues la vida me ha enseñado que la felicidad son pequeños momentos, de poder gozar cada minuto con intensidad, de reír y disfrutar de todo lo que esta a nuestro alcance por más sencillo que sea.

Se que les toca lidiar con un mundo muy complejo, pero creo en ustedes y en su capacidad como personas de poder enfrentar todos los desafíos que la vida les presente.

No busquen en mi soluciones a sus problemas, pues no todo está en mis manos, en cambio les ofrezco todos mis sentidos para escucharlos, comprenderlos y acompañarlos. Aunque la impotencia y el desosiego se presenten en mi, cuado se enfrenten a determinadas situaciones, ellas sólo permitirán darme fuerzas e ímpetus para no doblegarme , y poder estar allí siempre que ustedes me precisen.

Creo que tienen un gran corazón, un gran espíritu de lucha, y mucho entusiasmo, estos tres componentes le allanaran el camino, y les posibilitarán llegar muy lejos, tan lejos como se lo propongan.

No se desanimen, se enfrentarán a muchos sinsabores, a personas y a situaciones muy complicadas, las piedras obstaculizarán muchos caminos, pero recuerden que no siempre todo esta perdido, está en ustedes no darse por vencidos y sacar fuerzas de donde no las tengan.

Los quiero con todo mi corazón, con todas mis fuerzas, estoy muy orgullosa de cómo son, y creo que son el futuro, la alegría, y el porvenir de nuestro país.

He cometido errores muchas veces, y los seguiré cometiendo, como la harán ustedes, pero siempre estaré abierta a escucharlos y acompañarlos pase lo que pase.

Aunque han crecido, mi instinto de madre no se ha perdido permanece vivo y continuará así hasta que se apague el último latido de mi corazón, los adoro.

Con todo mi cariño

Mamá