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LO QUE DEJA LA LLUVIA



La humedad de la mañana se mezcla con el perfume profundo de cada hoja, flor o hierba que ha bendecido con su riego la lluvia. Los pájaros trinan de manera inusual, y la ciudad se despierta con la energía del nuevo día.

Los charcos son la huella más reciente de su pasar, reflejan en las veredas los árboles y el cielo con sus nubes esponjosas. Por uno de esos espejos que ha regalado la lluvia se asoman un par de pinos añejos mientras perfuman de un exquisito aroma el aire. Me permito entrar en este universo, y disfrutar este momento mágico, en el que el reflejo me invita a viajar sin prisa más que la de detenerme y admirar. ¡Qué privilegio la naturaleza!, a la que pocas veces observamos.

La lluvia ha dejado los techos húmedos y las calles frescas limpias prontas para comenzar la jornada. Se ha llevado la energía sofocante de estos últimos días del año en los que ya los minutos pesan un montón y nos ha regalado un día purificado en el que los aromas y sonidos se mezclan con ritmo esperanzador y renovado.

En uno de esos charcos dos niños han puesto a navegar un barquito de papel, su abuela los anima a disfrutar el comienzo de sus vacaciones. Me traslado sin querer a la más tierna infancia. No tienen prisa más que la de aprovechar este momento indescriptible que albergarán en su corazón como un tesoro por el resto de sus días.

La lluvia ha purificado y hecho florecer lo que muy adentro espera crecer en este día, en el que las sensaciones se han perfumado de un incipiente verano, que no se anima a aparecer hasta que la primavera se despida feliz.

Andrea Calvete  



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