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CAMBIAR LA PISADA

 

Como si la vuelta estuviera doblando la esquina, caminó hacia un amanecer que mostraba sus tonos rosados entre nubes grises y plomizas. Dar vuelta la página o cambiar la pisada sería poner fin a ese capítulo al que se aferraba para detener el tiempo.

El devenir movedizo no la esperaba y no importaban los tropiezos. Había que continuar la marcha, porque el reloj se disponía a finalizar el día sin contemplaciones.

Ema estaba lenta, sentía como si alguien la sujetara del buzo y detuviera su marcha. Aunque a simple vista sus preocupaciones no parecían muchas, para ella eran una carga agobiante que la tomaban de rehén, la afligían y frenaban. Recordó un viejo refrán de su abuela: “Ema, da vuelta la pisada”. Las palabras resonaron en su cabeza, pero su inmovilidad pudo más que cualquier frase de rescate.

Fue entonces cuando Ema se aferró a dar vuelta la pisada, como un conjuro mágico se propuso marcar su huella con el pie derecho en la primera baldosa embarrada que encontró en la vereda. Con mucho cuidado levantó la marca de su pisada y la cambió para el lado opuesto.

Dicen que la fe mueve montañas, pero la voluntad se arraiga cuando se trata de creer que algo es posible, como si se dejara pasar la luz para que ilumine una habitación. Así comenzaron a iluminarse los días de Ema, y se encendió su mirada y la sonrisa que hacía mucho tiempo no aparecía resplandeció en su rostro.

Una baldosa levantada hizo que detuviera su paso. Ema dirigió la mirada hacia el suelo y al bajar la vista, encontró un trébol de cuatro hojas. Lo tomó con sumo cuidado entre sus manos y supo que el conjuro había comenzado a manifestarse.

Por primera vez en muchos años sintió que era cuestión de buscarle la vuelta a lo que le pasaba. Sus huellas dibujaron trazos en el suelo, como pinceladas en un lienzo en blanco, se sintió con la libertad de dibujar un nuevo destino.

Como si la vuelta estuviera doblando la esquina, caminó hacia un amanecer que mostraba sus tonos rosados entre nubes grises y plomizas. Dar vuelta la pisada fue encontrar poesía en lo cotidiano, en lo simple y en lo extraordinario. La fe y la esperanza se encendieron en el sendero de su vida y cada paso tuvo un propósito y un significado especial.

Andrea Calvete










 

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