lunes, 4 de enero de 2021

LA MELLA DE LA INCERTIDUMBRE


Solapada se desliza la incertidumbre, se mezcla con las dudas, se esconde detrás de las sonrisas, y mira de reojo por entre las ventanas. No nos damos cuenta, pero allí está y es como una pequeña gotera que cae día a día, y deja su mella. 

De esta manera se alimenta y crece con la falta de certeza, la desestabilidad, la desesperación y el  desánimo. Y va construyendo un muro alto e indestructible, producto de su perseverancia y oportunismo.

Aunque es parte de nuestra vida, tratamos de eludirla, evitarla para aprovechar las posibilidades de la mejor manera, aunque muchas veces ocupados en este juego de esquivarla desesperados por el futuro nos olvidamos de vivir y disfrutar el presente, que es lo más certero que tenemos.

A esta altura si algo hemos podido aprender es que es ineludible. De tal modo, vamos esquivando barreras, les hacemos frente, tomamos medidas, cambiamos la actitud, pero la incertidumbre sigue su pulseada, con sus músculos poderosos transpira, pero ni se inmuta, y no nos da tregua.

Respiramos profundo, inhalamos, exhalamos, y en la medida que somos conscientes de este pasaje de vida alejamos a la incertidumbre con la única y poderosa seguridad de que estamos vivos. Pero ¿qué significa estar vivo?, continuar sin pensar demasiado, ¿qué pasa con nuestras emociones, deseos, aspiraciones, sentimientos… ilusiones?

Nos detenemos unos instantes y nos preguntamos: ¿La utopía tiene cabida cuando la incertidumbre se instala a diario? Posiblemente, sea el refugio de artistas, escritores, músicos, escultores, mujeres y hombres que intentan a través de su creatividad buscar ese refugio en donde su ser fluye y les da alas de libertad y se enciende el espíritu de la utopía.

Ese muro que construye diariamente nos aleja de la claridad de pensamientos, de la templanza para enfrentar los días, y la fortaleza para continuar. Sin embargo, la resiliencia es un pilar que permite enfrentar con entereza todo lo que nos ocurre, y no bajar los brazos o quedarnos paralizados.

Esa prenda llamada resiliencia la incorporamos en los primeros años de vida, con las más tiernas enseñanzas para luego con el transcurso del tiempo poder entonces enfrentarnos a lo que conlleva el prefijo in: incierto, injusto, injustificado, insólito, incomprensible, incomodo, insoportable, insostenible, inaguantable, para convertirlo en algo posible, justo, justificado, sólido, creíble, válido, sostenible, apasionante, confiable, y llevadero.

Solapada se desliza la incertidumbre, se mezcla con las dudas, se esconde detrás de las sonrisas, y mira de reojo por entre las ventanas. No nos damos cuenta, pero allí está y es como una pequeña gotera que cae día a día, y deja su mella. Aunque no hay mejor marca cuando logra despertar en nosotros el desafío, la creatividad y la pasión de seguir adelante con fe y esperanza, con la resiliencia encendida en nuestro ser. 

Andrea Calvete