miércoles, 29 de julio de 2020

SIEMPRE JUNTO A NUESTROS SERES QUERIDOS

Hoy me propongo hablarle a cada uno de mis seres queridos que han partido, aunque lo hago en forma habitual, no sé si como anhelo de comunicarme o como el sentimiento genuino que me unirá siempre con ellos, en este plano o en cualquier otro.

Se me hacen más palpables las palabras de mis padres que por momentos sonaban como un cencerro, hoy saben a dulzura, también vienen a mi mente los soles de mi abuela o aquella pequeña huerta que carpía con tanto amor. Los cuentos de mi tío que, aunque no sabía de niños tenía la peculiaridad de transmitir su cariño. Hoy la naturaleza se cuela por cada rincón de mi alma, me habla y la escucho y entonces me vienen a la mente tantos recuerdos, en realidad son trocitos que se encuentren en mí muy adentro y que afloran cuando la belleza del día me sorprende.

Comunicarnos con los seres queridos es tan importante, no callar nada, porque el tiempo es una herramienta muy valiosa que desestimamos y desaprovechamos por tantos motivos… Y dejamos de dar ese beso, o decir te quiero o te necesito, o te escucho, o aquí estoy… La vida no se detiene, no nos espera a que nos hagamos un momento para dialogar con quienes nos importan, porque ella no sabe de esperas o de pausas, y menos de que tengamos un mal día o año. Está en nosotros manejar ese tiempo en el que podamos expresar lo que importa, lo que hace falta decir, y algunas veces no requiere de palabras tan sólo de un gesto cargado de ternura.

Ya ha pasado más de la mitad de mi vida desde la partida de mi padre, me pongo a pensar y son pocos los años que tuve la fortuna de estar junto a él, porque la vida quiso llevárselo muy joven. Sin embargo, esos pocos años fueron capaces de contagiarme su entusiasmo y alegría, su forma positiva de ver la vida, sus ojos solidarios y su mano fraterna siempre abierta. Cada día lo llevo conmigo y me ilumina como una antorcha cuando los nubarrones se aproximan.

Cinco años parecen mucho pero no son nada cuando siempre hemos permanecido al lado de esa persona que nos dio la vida, que nos llevó en su vientre, nos amamantó y acompañó en forma incondicional con todo su amor. Es así como mi madre a muy poco tiempo de su partida también me acompaña de una manera diferente, no porque no haya sido trascendental en mis días, sólo que su ausencia por momentos me entristece, porque así son los duelos llevan tiempo y no es cuestión de números o fechas, se trata de superarlos y recordar con alegría.

Hoy la naturaleza se cuela por cada rincón de mi alma, me habla y la escucho y entonces me vienen a la mente tantos recuerdos, en realidad son trocitos que se encuentren en mí muy adentro y que afloran cuando la belleza del día me sorprende. Paso por mi corazón cada momento, doy gracias por haberlos disfrutado y haber aprendido tanto a través de ellos. Sé que continuarán en mi como continúan en ustedes todas las personas que han sido y son importantes en nuestra vida. 

Andrea Calvete

domingo, 26 de julio de 2020

EL ARTE DEL OLVIDO

Pasar por el tamiz del olvido nos lleva a viajar por las sendas de los desafíos, por los rincones oscuros de las palabras filosas, por los baúles sellados por los recuerdos deshabitados. Quizás sea una utopía, o el más sanador de los momentos.

El olvido se mezcla de aromas agrios y dulces, de las esperas exacerbadas por la impotencia, de los desgarros producidos por los puñales clavados por la espalda, o por la traición que se simula detrás de una sonrisa benévola.

Las caricias veloces, los besos perdidos, el pulso del latido detenido, el rumor de las hojas de los árboles que se paran desde aquella ventana lejana, casi inalcanzable. Nos acercamos, pero se aleja con despiadado ímpetu, con la destreza del que se escabulle camuflado por el paisaje.

De soslayo el desconcierto mira a su alrededor, detiene su marcha e intenta olvidar lo que le atemoriza y a su vez engaña.

Los minutos se zambullen en segundos, en instantes, mientras las horas confluyen en el río de los días y años, que desembocan en el océano de los sentimientos, en las lágrimas del amor y en el tesoro de la gratitud que se dibuja en la sinceridad.

El perdón se para iluminar al olvido, para allanar el camino, mientras algunos episodios se vuelven inolvidables y no son susceptibles de este sustantivo, pasan por la asimilación y comprensión, por el duelo y la aceptación.

Cada momento se transforma, late y vibra en una extraña fusión, en la que todo se hace uno y uno se hace todo, ambivalencia extraña de la que olvido se nutre, mientras sus raíces crecen en el aprendizaje del error, y se levanta con la mano compasiva de quien le quiere con el corazón.

Todo lo olvidado, está aquí y allá, habita en esas posibilidades infinitas de ser y volar, de crecer, de expandirnos en ese constante devenir en el que tú y yo habitamos, y en el que perduraremos más allá de los posibles, en una dimensión en la que transmutar es parte del conocimiento y la sabiduría.

Andrea Calvete

sábado, 25 de julio de 2020

EL ESPEJO

Lugar donde se refleja la imagen, donde se esparce la luz, se superan los recuerdos y la memoria camina por un inmenso espacio virtual vaporoso, lleno de profundos recovecos. Utilizado por antiguas civilizaciones ha llegado a nuestros días como un objeto cotidiano, capaz de irradiar los misterios más exiguos.

En un descuido el espejo se ha roto en mil pedazos, esparcidos por el suelo forman cada uno una historia remota. Entro por uno de esos pequeños trozos y llego hasta la niñez lejana, cálida y risueña, soleada por la alegría e inocencia. No sé por dónde seguir son tantos momentos esparcidos que no me alcanza la memoria ni el tiempo de poderlos transitar. Me detengo en un fragmento opaco que no brilla, entro con dificultad y veo un día oscuro en el que sus ojos se cerraron y su sonrisa quedó instalada en mi alma.

Pronto recuerdo un viejo proverbio que dice :“quien rompe un espejo lo persigue siete años de mala suerte”. Superstición o verdad, leyendas que tienen que ver con los comienzos del espejo momentos en los que eran objetos muy valiosos al alcance de unos pocos. Posiblemente, este dicho se relacione con la creencia romana de que la vida se daba en ciclos de siete años, entonces haya surgido el mito de que, al romper un espejo, el alma se quedaría encerrada entre los pedazos. Por su parte, el número siete es el número de los ciclos, signo del intelecto, del pensamiento, del idealismo y la sabiduría, de la búsqueda del saber y el conocimiento. En el Tarot el número siete tiene que ver con el umbral iniciático. Sin embargo, más allá de estas creencias, romper un espejo puede tener un significado para cada uno especial y significativo. Estar dispuestos a romper el espejo en que se refleja nuestra imagen es atreverse a cambiar, es estar dispuestos a dar un salto, a tomar un nuevo camino, a dejar ver una nueva imagen, diferente e innovadora.

Solemos evitar mirarnos al espejo, seguimos de largo, el reflejo algunas veces nos duele. Extraña sensación la que puede producir una imagen poco nítida y lejana, sin embargo, intentamos alejarnos de ella, por miedo, por temor o simplemente porque lo que refleja no nos gusta y comenzamos a construir nuestra propia condena. Entonces nos condenamos a no cambiar, a estancarnos, a no darnos la oportunidad, a no reperfilar de rumbo, en definitiva a no sincerarnos con nosotros mismos.

Y seguimos a nuestro ritmo, algunas veces peleados con la vida porque no estamos a la altura de lo que los demás esperan de nosotros. ¿Qué significa estar a la altura de lo que alguien desea o espera? En realidad, poco importa estar a la altura de lo que los demás esperan de nosotros, si no somos nosotros mismos, si no estamos conformes con nuestro ser más profundo, siendo genuinos y auténticos. Dicen que cuando vemos en alguien algo que no nos gusta, generalmente es que espejamos cosas nuestras que nos duelen y nos cuestan asumir.

Así cuando no reconocemos nuestra imagen nos condenamos a vivir sin autenticidad, y eso trae aparejado un gran peso en nuestras espaldas, muy difícil de soportar. A la larga o a la corta nos condenamos a ser esclavos en nuestra propia existencia. Sin embargo, no podemos escapar al ojo de nuestro propio espejo, que reflejará lo que desee aún que no estemos dispuesto a mirarlo.

Algunas tradiciones esotéricas dotan al espejo de ciertas propiedades para captar o archivar información. Del mismo modo, en nuestro propio espejo se maneja tanta energía que ante nuestros sentidos se hace imposible comprender. Sin embargo, hay un proverbio que valdría reflejar en nuestro espejo que dice: "trata a los demás como a ti te gustaría ser tratado”.

Andrea Calvete

sábado, 18 de julio de 2020

LA LLAVE DE LA FIESTA

La vida puede convertirse en una fiesta o en el más terrible de los lugares, o simplemente en una permanencia sin pena ni gloria. ¿Dónde está el misterio?, ¿dónde esta la llave que nos conduce a la fiesta?

La fiesta se abre ante las pupilas de la gratitud, ante los poros del disfrute de la naturaleza, y los corazones que vibran en una sintonía armónica, donde los pétalos del amor perfuman su mística existencia.

Los obstáculos hacen que la popularidad de esta llave al alcance de todos pronto se desvanezca, y entonces sintamos que se nos escapa de los dedos y vuela como el viento.

Los vicios oscuros nos alejan de esta llave porque ocupados en ellos las manos aceitadas por la ambición, el orgullo y la codicia, hacen que pronto se deslice y caiga por el alcantarillado del olvido. Y así olvidamos lo más importante: ¿El sentido de nuestra propia existencia?

Los días se escapan rápidamente, el tiempo se acorta, y más próximos a la partida nos embriagamos de más obligaciones y tareas innecesarias y superfluas, de personas que llenan nuestras horas vacías y nuestras copas sedientas de algo que aún no hemos encontrado.

Un viejo y antiguo sabio dijo que había una fórmula mágica para que esta llave no se perdiera, hace siglos que la humanidad la busca, pero son pocos los que logran mantenerla en sus manos.

Susurran muy bajito los que han logrado abrirse a la fiesta que es un banquete único, en donde los colores rojos y naranjas del amanecer son perfectos, los atardeceres mágicos llenos de aromas indescriptibles y las noches de luna llena un espectáculo fascinante donde las estrellas dejan saborear los gustos más exquisitos del universo. La humedad realza los perfumes silvestres que caminan entre las flores llenas de néctar. La música de las olas es un remanso para los sentidos, mientras las hojas de los árboles se acarician en un murmullo casi perfecto, y los pájaros trinan llenos de vida como un suave violín que imprime notas afinadas a la belleza del cuadro.

El corazón se abre al vibrar de una sonrisa, de un abrazo cálido o de un beso sincero, de esa caricia que lo hace cabalgar hacia otro mundo lejano, en dónde el éxtasis se toca con el horizonte. Hace el amor la utopía con el arcoíris que se dibuja en el cielo cuando el sol aparece luego de la lluvia.

Todos quieren entrar a la fiesta, sin embargo, no saben que hay que estar dispuesto a dejar tantas cosas superfluas atrás, para abrirse sin miedo a los pequeños y grandes detalles de nuestra permanencia.

La fiesta ha comenzado y estamos invitados, la llave al alcance de todos, aunque sólo unos pocos lograrán entrar y ponerse cómodos en este recinto misterioso llamado vida.

Andrea Calvete

miércoles, 15 de julio de 2020

MENOS ES MÁS

La decisión frente a la imposición es algo que no tiene precio. Decidir hacer reposo, cuidarse, distanciarse, involucrarse, finalizar o empezar algo es fundamental. Sin embargo, cuando se nos impone algo en forma coercitiva pocas ganas nos queda de llevarlo a cabo, y comenzamos a sentir que perdemos el timón de nuestro barco.

Nunca acepté la coerción, quizás porque me crié en tiempos de dictadura, o porque he aprendido que las alas de la libertad no se cuartan así no más, porque el pensamiento no tiene jaulas que lo puedan maniatar, o porque la imaginación y la creatividad se alimentan de lo más genuino que habita en nosotros.

Sin embargo, por mil y una razones a lo largo de la vida vamos cediendo, callamos, cumplimos, aceptamos… pero el fondo muy hondo sabemos que estamos traicionando a nuestro yo más profundo. Ni que hablar que cuando nos paramos frente a situaciones en las que nos queda otro remedio que aceptar, seguimos respiramos hondo e intentamos cargarnos de toda la mejor energía para dar un nuevo paso adelante.

Día tras día corremos en esa búsqueda por sentirnos libres, un sentimiento que podría tener significados diferentes para cada uno de nosotros. Sin embargo, el hecho de buscar esa libertad nos une a todos bajo el mismo cielo, lo que podría ser el punto de partida y de unión en este camino.

Ser libres está correlacionado con hacer lo que queramos, lo que sintamos que nos satisface y suma a nuestros días. Pero, no siempre es posible hacer lo que queremos, la mayoría de las veces debemos conformarnos con hacer lo que podemos, y aquí se genera un gran conflicto entre lo que desearíamos y realmente hacemos.

Ser libres tiene correlación directa con pararnos decididos frente a la palabra libertad, la que apenas se mantiene en pie, porque para sostenerla es importante ser tolerantes y respetuosos con nuestros semejantes, lo que trae a su vez aparejado la aceptación.

La aceptación también tiene que ver con saber conformarnos con eso que podemos hacer, pero no desde la resignación, sino con alegría y entusiasmo de poder continuar tras las metas que nos propongamos.

Y comenzamos a comprender que menos es más, porque cada vez vemos menos, escuchamos menos, tenemos menos tiempo y paciencia, y estamos más cansados, más frustrados, más abiertos a las posibilidades, y en definitiva sentimos que cuanto menos peso tengamos encima más son las posibilidades.

Nos quedan tantas cosas por hacer, desafíos por probar, libros por leer, obras por descubrir, gente por conocer… y el tiempo se acorta, por lo tanto, cuanto menos sean nuestras expectativas, mayor será el número de posibilidades y menor el sentimiento de fracaso, porque logramos trascender ciertos planos en los que ya no vale la pena habitar, y esto tiene mucho que ver con el desapego.

Cuando el desapego nos roza la piel comprendemos que sobra tanto en nuestro diario vivir, porque ya no suma o agrega nada valioso a nuestros días. Entonces surge esa valoración diferente, en la que se abren un universo de posibilidades y perspectivas.

La decisión frente a la imposición es algo que no tiene precio. Cuando decidimos ponemos todos los sentidos a trabajar en un propósito, con ilusión y alegría, con trabajo y esfuerzo, con las alas de la libertad soplando a nuestro favor. Ya sé me dirán que cada vez es menos lo que podemos hacer: porque el dinero, la salud, el país, la economía, el trabajo, el mundo, la pandemia…no lo permiten. Sin embargo, atreverse a saborear que menos es más es todo un gran desafío que nos queda por delante. 

Andrea Calvete

 


lunes, 13 de julio de 2020

SEGUNDA OPORTUNIDAD

Una segunda oportunidad es una posibilidad que nos abre sus puertas confiada en que estamos dispuestos a disfrutarla y aprovecharla al máximo. Surge cuando hemos aprendido a interpretar al silencio en lugar de pedir respuestas

Dícese con resquemor que los partes dos generalmente no son buenos. A este estigma se les agrega la desconfianza de las miradas que cuchichean, mientras un murmullo desalentador quiere tomar dominio de la escena. Sin embargo, quien está convencido de que vale la pena arriesgarse y darse esta segunda oportunidad, poco le importa lo que dirán, se dispone a continuar contra cielo y marea.

En materia literaria o cinematográfica las segundas partes generalmente no han sido muy aclamadas, porque no rara vez llegan a competir con el éxito de la primera. Y he aquí otro elemento que se introduce en estas segundas partes la comparación, por momentos tan buena y por otros detestable. ¿Por qué vivir comparando, no sería más productivo evaluar sin preconceptos ni parámetros preestablecidos? A esta suerte de castigo se ven expuestas estas segundas oportunidades en la vida, salvo que supere con creces a la primera.

Es muy cierto que hay trenes que no hay que dejarlos pasar, pero también existen muchas estaciones en las que es preciso bajar. He aquí tomar la decisión correcta.

Una segunda oportunidad no surge de un pozo seco, sino del que aún queda agua.

Para que una segunda oportunidad tenga futuro, debe pararse consistente, segura, con la dignidad como bandera, porque la dignidad no admite migajas. Con el convencimiento de que trabajaremos en ella, nos esforzaremos y lucharemos con todas nuestras fuerzas para sacar lo mejor de esta instancia.

Una segunda oportunidad es abrir las puertas que conducen a un destino, a un puerto prometedor, en donde los posibles se dibujan enérgicos, los aromas saben esperanzadores, y los cielos desbordan de anhelos.

¿Quién no se ha reencontrado con alguien alguna vez? El hecho de reencontrarse no implica reestablecer la relación o el vínculo, para que ello suceda debe haber un deseo y una posibilidad latente, es decir materia prima.

Las segundas oportunidades huelen a azar, se perfuman con esmero, tienen la suavidad del terciopelo, el sabor de lo nuevo, el color de la aventura y la frescura de la primavera. Aunque la mayoría de las veces suelen ser fortuitas, luego de pasado el tiempo vemos que nada es tan casual y que en el fondo todo tiene un porqué, aunque a simple vista no alcancemos a comprenderlo.

Es improbable que se produzca una segunda oportunidad entre dos personas que han traspasado los umbrales en los que no hay marcha atrás, dicen que “no se puede borrar con el codo lo que se escribe con la mano” Aunque, los recuerdos suelen ser desmemoriados se dejan guiar por los sentimientos y deseos, y nos alejan de la inteligencia y la razón.

Las segundas oportunidades tienen esa suerte de decir me doy la chance de empezar de nuevo, de no volver a cometer los mismos errores, de madurar, de cuidar lo que digo, de respetar al que escucho, de meditar cuando callo. Porque de alguna manera estas segundas oportunidades me ayudan a crecer, a mejorar, a superarme y sobre todo a ser paciente. La paciencia es una virtud que por infinidad de motivos vamos perdiendo, pero es tan necesaria e importante como el oxígeno que respiramos día a día.

Cuando nos disponemos a sacar los no impenetrables del camino, nos disponemos a: ser, amar, existir, disfrutar, a descubrir lo que hasta ahora nos habíamos negado su existencia.

Una segunda oportunidad es una posibilidad que nos abre sus puertas confiada en que estamos dispuestos a disfrutarla y aprovecharla al máximo. Surge cuando hemos aprendido a interpretar al silencio en lugar de pedir respuestas.

Andrea Calvete

 


sábado, 11 de julio de 2020

PELOTA DE TRAPO

Un día cansado de su gastada pelota de trapo, Juan decidió recolectar todos los diarios de sus vecinos para así venderlos y comprar una verdadera pelota de fútbol. Lleno de energía y dinamismo se pasó todo el fin de semana resuelto a conseguir esos fondos. El lunes a primera hora iría a la tienda en busca de su tan ansiado objeto.

El fútbol siempre tuvo sus adeptos, cobijó en torno al juego a todos los niños sin excepción, les dio ilusión y alegría, ese rato de compartir entre amigos un juego como premio del día.

La pelota de trapo se caracterizó por ciertas bondades que los balones profesionales no han tenido. Ha sabido mirar a los ojos a sus jugadores, leer sus pensamientos, y se ha amoldado a su patada para girar y rodar sobre piedras y escombros, ha girado por el barro y por la alegría y tristeza del corazón de cada niño que ha jugado con ella en una esquina.

Eran tiempos de baldíos en los que generalmente los jóvenes del barrio armaban una canchita de fútbol, con un par de piedras se delimitaban los arcos, o unos simples palos clavados como estacas y una pelota de trapo la protagonista encendía el corazón del grupo. También jugaban en las calles, generalmente los fines de semana que eran menos transitadas.

La pelota de trapo era hecha de medias, papel y trapos, pero también las había más sofisticadas en las que entraba una mano maternal que cocía como si fuera un balón profesional. Estas pelotas fueron testigos de siestas, de tardes de lluvias, de canchas embarradas, de días de sol y de lloviznas, de gritos y empujones, de goles y abrazos de alegría. De vecinos enojados porque la siesta era una hora sagrada. Sin embargo, ante todo fueron parte de la niñez de nuestros padres y abuelos.

La pelota de Juan estaba hecha de retazos de colores, de recortes de telas que su madre guardaba en un inmenso cesto de mimbre. Rellena de medias viejas y telas perfectamente comprimidas, tenía la consistencia justa para aquellos picaditos en el barrio. Sentado en un pequeño banco de madera Juan comenzó a seleccionar los trozos de telas más coloridos, algunas lisas otras estampadas, se fusionaron llenas de entusiasmo y alegría.

Si la pelota hablara, nos enteraríamos de tantos sueños, de tantos anhelos y secretos de chiquilines llenos de ilusión y esperanzas. Juan el propietario de esta pelota de trapo en cuestión la llevaba a su cada vez que finalizaba el picadito. En el piletón donde su mamá lavaba ropa para afuera la ponía en remojo con jabón, para luego enjuagarla y tenderla al sol para el próximo encuentro. Su mamá lo miraba desde la pequeña ventana de la cocina y pensaba: “¡Cuánto esmero pone en esta pequeña pelota colorida, cómo la cuida, pensar que en el próximo partido quedará nuevamente llena de barro!”

Juan era un niño muy especial, agradecido, cuidadoso, y sobre todo muy solidario. Bueno los genes de su madre estaban en él, una mujer llena de bondad, de manos laboriosas y de un corazón noble como pocos.

A pleno rayo de sol la pelota se comenzó a secar, el viento primaveral dejó correr una charla amena, al principio muy distendida, pero en la medida que fueron pasando las horas quedó Juan como tema principal de conversación. La pelota estaba orgullosa de él: “Nunca vi un niño tan agradecido, otros dicen que una pelota de trapo se usa y se tira, pero el valora el sacrificio con que la coció su madre, el cariño que yo le pongo cuando él me lanza, la alegría con la que me muevo cuando mete un gol” …

-No sigas -interrumpió el viento- Juan es un ser excepcional no sólo contigo sino con sus amigos, padres y vecinos. La vida lo premiará porque no importa lo que decida ser, él está convencido que ha venido a esta tierra para amar y ser feliz, por eso disfruta de lo que otros no son capaces ni de percibir.

-Es verdad, creo que le imprime magia a cada uno de sus días, lo siento en cada toque que da cuando juega, el patea con suavidad direcciona el tiro como si estuviera en el movimiento efectuando una obra maestra que quedará plasmada en el espacio y el tiempo- dijo la pelota con admiración.

El sol estaba empezando a bajar, María comenzó a sacar la ropa de la cuerda, cuando llegó a la pelota vio que estaba un poco descocida, entonces la zurció con todo amor y quedó como nueva pronta para Juan y sus amigos la utilizaran en su próximo picadito.

Cansado de su gastada pelota de trapo, Juan decidió recolectar todos los diarios de sus vecinos para así venderlos y comprar una verdadera pelota de fútbol. Lleno de energía y dinamismo se pasó todo el fin de semana resuelto a conseguir esos fondos. Con todos los periódicos apilados les pasó un hilo para no perder ninguno y se dirigió al puesto de don Mario. Al mirar su vieja pelota trapo recién lavada y cocida  no pudo deshacerse de ella, fue entonces que decidió con lo recaudado comprar dos entradas para la matiné del fin de semana.

Andrea Calvete

sábado, 4 de julio de 2020

EL ÚLTIMO BESO


El boceto estaba perfectamente armado, pronto para comenzar a sentir las primeras pinceladas. Miró la mano de su artista, pero no atinó a imaginarse los colores, lo único que percibió fue una parsimonia inusual. El gris húmedo de aquel día frío no dejaba mucha esperanza colorida.

Tomó su paleta y la llenó de colores, todos aparecieron sin excepción. Los que no veían a simple vista fueron producto de esa mezcla cuidadosamente apasionada en la que un universo cromático surgió como por arte de magia.

El lienzo se fue poblando de las más diversas pinceladas, adquirió texturas, trazos, perfumes, sonidos ardientes, para dar nacimiento a una hermosa danza. Era un cuadro abstracto, pero se perfilaba la imagen de una pareja fusionada por el baile. Sus cuerpos se fundieron en cada movimiento, se fueron esfumando con cada pincelada en un encuentro etéreo y a su vez intenso.

Día a día su delantal testigo de infinitos colores y pinceladas, lo acompañaba como parte de ese ritual en el que aprontaba la escena para dar comienzo a su obra. Tenía todo perfectamente preparado, colores, pinceles, espátulas, tachos y tachitos, rollo de papel, trapos, y su termo y mate fieles compañeros de horas silenciosas en las que sucedía todo y nada.

Golondrinas sonaba en la voz aterciopelada de Malena Muyala, el tango recordaba aquel vuelo de verano, inolvidable y fugaz. Sin embargo, eterno repiqueteaba melancólico en su palpitar aún enamorado.

La luz se colaba a través de suaves rayos inclinados, dorados que imprimían magia a la escena. El boceto se preguntaba: “¿Está todo en la cabeza del artista, es tan vívido que parece más estar en su corazón”? Desde luego que el pintor nunca alcanzó a escuchar sus palabras, sin embargo, sintió una vibración especial en su mano derecha mientras espatulaba su último trazo.

Un nudo en la garganta se apoderó de él, una sensación de opresión se imprimió en su pecho, mientras su mano trabajó cuidadosamente esa escena final en la que quedó plasmado el último beso.

Andrea Calvete