sábado, 6 de junio de 2020

YO TODOPODEROSO


Nombre: Yo; apellido: Todopoderoso; domicilio: El Mundo. Su linaje producto del legado de los dioses, de los designios de los magos, de los aplausos de la fama, de los excesos de los sueños. Cada palabra a su paso es susceptible de elogio y aprobación continua. Su ceguera e insensibilidad le hacen llevarse todo por delante.

Cuando el Yo Todopoderoso toma el timón del barco, posiblemente a mal puerto vayamos por agua. En esa suerte de confusión y desatino, los verbos pasan a estar en manos de alguien convencido de que sin él nada es posible, su giro egocéntrico y constante hace que se balanceé hasta lograr sus encomiables propósitos.

Yo es la primera persona del singular perfectamente aplicable en nuestro idioma español, aunque cuando comienza a ser el centro de atención, una suerte de dogmatismo lo tiñe y suele escucharse:

“Yo creo, yo pienso, yo opino, yo digo, yo acostumbro, yo sueño, yo deseo, yo siempre digo … y ya no se escucha el verbo, porque el yo queda resonando como una vibración maldita.

Quizás como forma de evasión y preservación nos paremos en esta primera persona, para salvar lo poco que nos queda, aunque lo más probable es que nos ahoguemos en nuestra propia vanidad y egoísmo, en el que nuestro ego se eleva por encima de todo. Pero cabe señalar que la vanidad es persuasiva y laboriosa y llega a carcomernos la cabeza hasta lograr su cometido. Aunque, muchas veces nos deja en ridículo parados en falsa escuadra.

Detrás del yo giran nuestros afectos, creencias, sueños e ideas. Se eleva nuestra personalidad y existencia. Sin embargo, sin el otro el yo se transforma en ese Yo Todopoderoso que se apropia de nuestras vidas, y nos convertimos en el ombligo del mundo, en el centro de atención de todo, y sin nosotros nada es posible, nada funciona. Pero, resulta ser que luego de muchos porrazos vemos que el mundo sigue andando.

Yo universo empavonado de desafíos, de miedos, de frustraciones y deseos, de verdades por descubrir. Las plumas del yo anidan los delirios, los recuerdos reprimidos, los misterios más profundos. Saberlas llevar es todo un reto porque pueden cubrirnos como abrigo, o también como arma de fuego cuando se trata de mover la cola como el pavo real.

¡Cuántas inseguridades alberga el yo, cuántas frustraciones, cuántos desencuentros! El Yo Todopoderoso puede convertirse en un ser muy perverso, en el villano de la película, pero también puede ser el causante de que estemos más solos que nunca.

Dicen por allí que el Yo Todopoderoso camina erguido, desafiante y con el pecho inflado. Sus inseguridades le han hecho creer que cuando habla todos quedan fascinados como si el genio de Aladino hubiera salido de la lámpara.

Trascender al Yo Todopoderoso nos acerca al nosotros, a ocuparnos en los demás para así bajarle los humos altaneros y ególatras a esta primera persona del singular.

Nombre: Yo; apellido: Todopoderoso; domicilio: El Mundo. Su linaje producto del legado de los dioses, de los designios de los magos, de los aplausos de la fama, de los excesos de los sueños. Cada palabra a su paso es susceptible de elogio y aprobación continua. Su ceguera e insensibilidad le hacen llevarse todo por delante. Deslumbra con sus lentejuelas coloridas se instala como una enfermedad terminal. 

Andrea Calvete