jueves, 5 de marzo de 2020

“DEL SÍ AL NO, ¿CUÁNTOS QUIZÁ?”

Del sí al no hay un largo trecho en el que los quizá se dibujan y atemperan las puertas que se han cerrado, mientras queda entreabierta la ilusión, la fe y la esperanza en que habrá un posible. De la mano del quizá vuelan los sueños, las ilusiones se encienden, y la creatividad se viste con sus mejores galas, mientras caminamos entusiastas porque la posibilidad está latente.

La disyuntiva del sí y el no nos persigue a diario. En el trayecto del sí al no surgen los quizá como oxígeno necesario para continuar.

El tal vez o quizá, es una respuesta que en la que el sí y el no se diluyen, porque cualquiera de los dos requiere de una decisión firme en la que estemos dispuestos a afrontar su argumentación.

Para poder decidir por un sí o un no debemos tener claro qué pesa en nuestras vidas, de manera de poner de un lado de la balanza las cosas buenas y por otro las malas. Las buenas son las que nos impulsan y generan energías para luego hacer frente a las situaciones que no son las que desearíamos, pero son las debemos asumir y conllevar.

Sin embargo, en ese camino entre el sí y el no, se incorporan los quizá tan esenciales para dar luz.

Los quizá suelen ser las excusas perfectas para seguir adelante, y para justificar tantas cosas. Un quizá trae consigo implícito una posibilidad, un cambio y una posible acción, de esa manera el entusiasmo nos invade y empuja. Un empujoncito, siempre viene bien, más cuando nos vamos quedando con pocas fuerzas. Cuando damos cabida a la esperanza, alejamos al desaliento, al pesimismo, a la dolorosa tristeza, para dar paso a la perseverancia, virtud que nos permitirá llevar a cabo todo lo que anhelamos o deseamos poner en práctica.

Del sí al no hay un largo trecho en el que los quizá se dibujan y atemperan las puertas que se han cerrado, mientras queda entreabierta la ilusión, la fe y la esperanza en que habrá un posible. De la mano del quizá vuelan los sueños, las ilusiones se encienden, y la creatividad se viste con sus mejores galas, mientras caminamos entusiastas porque la posibilidad está latente.

Andrea Calvete