sábado, 6 de abril de 2019

TIBIO ABRIL

El aire de abril llega tibio, se perfuma con los ocres del otoño, y se viste discreto y elegante. Camina a buen paso, porque sabe que el invierno pronto lo alcanzará, por eso no se detiene, no quiere dejar de esparcir su seductor encanto.

Los pájaros revolotean en sus cielos diáfanos, la espuma blanca de las olas rompe en esa paz que trae por los mañanas. Dos amantes se besan apasionadamente en su orilla, se funden bajo su brisa fresca y profunda, aspiran su intensidad para vibrar hoy más que nunca.

Los vaivenes de las olas son perfectos, es que abril hace del mar una sinfonía armoniosa de azules de cobalto, entre sepias infinitos. Los aromas se entremezclan con el rocío de las hojas que comienzan a caer y poblar las veredas como alfombras suaves y amarillas.

La lluvia de abril también suele ser diferente, se llena paz y de tranquilidad, es un remanso para los recuerdos, gotas doradas bañan la quietud que se inspira mientras en un charco se espejan dos pájaros en su nido.

Con ritmos tibios y suaves llega abril, para bailar entre la magia y el encanto de sus nubes pomposas y esfumadas. Sus silvestres perfumes y sus mentolados sabores se pierden en los rosas pálidos que entrecierran sus ojos con aire somnoliento.

El sol a través de su alquimia se perfila y conquista en cada rayo a quien se anima a disfrutar de sus mágicos escenarios.

El aire de abril llega tibio, se perfuma con los ocres del otoño, y se viste discreto y elegante. Deja una aire encantado que se respira cada amanecer lleno de sonidos delicados y envolventes, en el que lentamente se desojan los deseos hasta encontrarse con ese palpitar a punto de perderse.

Dos palabras se unen sin saberlo, se dejan embriagar por su misterio bajo un cielo celeste y despejado, quieren ser poema de este abril que abriga con su canto.

Andrea Calvete