sábado, 6 de abril de 2019

CARTA AL OLVIDO

Detrás de un jarrón antiguo decidió escurrirse hasta que se mimetizó con el colorido diseño que lo iluminaba, cansado de recordar pensó que era un lugar fresco y acogedor para poder descansar, rodeado del agradable perfume de las flores frescas. No entendía porque había llegado hasta allí, pero lo cierto era que en ese remanso poco lugar quedaba para preocuparse.

Sentía que la piel se le agrietaba, que los poros resquebrajados estaban cansados, y que la espalda la tenía encorvada, le costaba caminar lo hacía con esfuerzo. Se preguntaba: “¿Siempre he sido así, cómo es posible que ya no me pueda casi mover?” Pero, por más que las palabras resonaban en su cabeza ninguna hallaba una contestación.

Todavía no había comenzado el verano, pero los jazmines rebozaban el jarrón e inundaban de un exquisito aroma la sala. Extasiado por ese perfume dulce y embriagador, dejó que destellos de sol resplandecientes lo iluminaran y que la tersura de la mañana lo acariciara. Así se dejó llevar sensaciones placenteras,  sólo alcanzó a ver rostros poco nítidos en los que la algarabía era parte de la escena. Allí estaba rodeado de risas, correteos, y una música suave y delicada que le permitían estar como en limbo. No entendía porque había llegado hasta allí, pero lo cierto era que en ese remanso poco lugar quedaba para preocuparse.

Un día mientras limpiaban la sala el jarrón se rompió, una extraña sensación lo embargó, un frío intenso recorrió su cuerpo. En el fondo del jarrón había una carta, con mucho temor se puso los lentes y comenzó a leer, se titulaba “Carta al Olvido”

Carta al Olvido

  Quisiera no olvidar los gratos momentos de mi vida, las personas que de alguna manera me han ayudado a ser quien soy, a mis amigos y seres amados, a los que con su mano dura me han posibilitado que fuera una mejor persona, a los que de alguna manera me han ayudado a cambiar, a todos y a cada uno de ellos los quiero llevar junto a mí.

  Pero la memoria me ha comenzado a fallar, y algunas veces me encuentro recordando acontecimientos que ya no me fío si han sucedido, o son parte de esos recuerdos que he incorporado, pero dudo que sean del todo certeros.

  A ti mi querido amigo OLVIDO, tantas veces te he llamado para que me ayudaras a borrar de la memoria lo que me molestaba o me dolía, sé que me has permitido continuar dejando de lado lo que asfixiaba o me carcomía.

  Hoy te digo, has hecho tu labor, pero ahora no quisiera olvidar más nada, quiero recordar con alegría, con pasión, con las fuerzas renovadas, pero para eso preciso no olvidar, requiero de fortaleza para reconstruir cada grieta, cada pedacito roto. Me armaré de paciencia, dibujaré en mi cara una sonrisa, y dejaré lo innecesario a un lado del camino, para continuar con fe y esperanza porque lo mejor está aquí y ahora.

  Se me acorta el tiempo, y en estas escasas líneas que me quedan me despido de ti, para que te marches a donde más te plazca, te agradezco infinitamente haberme acompañado, pero ya no olvidaré nada más , porque sólo llevaré conmigo lo que me nutre y me enriquece, así que no será necesario borrar nada, por eso no entenderás porque has llegado hasta aquí, pero lo cierto es que este remanso en el que te dejo no encontrarás lugar preocuparte.

  Me despido de ti con un abrazo inmenso, sé feliz porque ya has trabajado bastante, es tiempo de que descanses y te retires.

  Gratitud


Así la Gratitud se despidió del Olvido, y se encaminó a agradecer lo que le restaba por andar. El Olvido luego de leer esta carta, ya no recordó más nada, se echó a volar porque las ventanas estaban abiertas de par en par y se acostó debajo del jazmín donde quedó profundamente dormido.

Andrea Calvete