viernes, 2 de noviembre de 2018

UN MUNDO REPLETO DE PLACERES PERO LEJOS DE LA ALEGRÍA

Un mal de estos tiempos es que solemos habitar en un mundo repleto de placeres pero lejos de la alegría. ¿Se pusieron a pensar por qué nos alejamos frecuentemente de la alegría, por qué tomamos distancia como si fuera nuestro peor enemigo?

Sinceramente creo que al incurrir en esta situación no lo hacemos en forma premeditada, simplemente nos proponemos alcanzar o cumplir un montón de metas, pero perdiendo de vista algo fundamental y es transitar con alegría. Esto ocurre, porque ocupados y preocupados por tantas cosas, borramos la risa de nuestro rostro, de nuestros pensamientos, fruncimos el ceño y continuamos apurados por cumplir con ese fin que nos hemos propuesto sin dejar que la alegría nos acompañe.

Caminar en un mundo de placeres sin alegría puede dejar un sabor de insatisfacción, ya que al alcanzar la meta deseada sobreviene un dejo de tristeza o de vacío. Sin embargo, cuando el placer se encamina conjuntamente con la alegría entonces el resultado puede ser totalmente diferente.

El placer tiene como objetivo satisfacer un deseo que no necesariamente requiere una actividad, por ejemplo el placer del éxito social, de ganar un mejor sueldo, de conquistar un destino o el mero placer sexual… y podría continuar. Generalmente cuando los seres humanos conquistamos una meta nos encontramos satisfechos por haber alcanzado una cumbre, pero luego de haber logrado ese destino, la satisfacción comienza paulatinamente a desaparecer, y se produce una cierta tristeza pues allí finaliza ese camino emprendido.

Sin embargo, cuando buscamos satisfacer un deseo y para ello ponemos en juego nuestras energías en donde apostamos a un crecimiento personal, entonces si bien alcanzamos una cumbre, pero no se produce insatisfacción porque continuamos encaminados hacia la meta, y el motivo por el que seguimos enérgicos y vitales es porque nos movemos con alegría. La alegría no es sólo el éxtasis momentáneo, sino el resplandor que de alguna manera acompaña al ser

Según el diccionario de la Real Academia, la alegría es “un sentimiento de placer producido normalmente por un suceso favorable que suele manifestarse con un buen estado de ánimo, la satisfacción y la tendencia a la risa o la sonrisa” Es tal cual, cuando la alegría se instala permanece en nosotros un sentimiento de satisfacción, de plenitud, en el que poco lugar queda para los enojos, o los malos momentos. Esto no significa, que no nos tropecemos con inconvenientes o problemas, sin embargo quien logre comulgar con la alegría día a día posiblemente resuelva mejor todas las dificultades.

Por lo tanto, la alegría tiene que ver con una actitud de vida, con el entusiasmo que ponemos en cada acto de nuestra vida, con las ganas con que emprendemos cada cosa que hacemos. Tener entusiasmo significa tener un dios adentro, esa chispa divina que nos ilumina.Y para ello es muy importantes ser conscientes del aquí y ahora, de ese tiempo que se escurre rápidamente de nuestras manos.

Cuando caminamos con alegría, se dibuja un horizonte posible, un brillo en nuestra mirada, una razón por la que continuar, un motivo para cambiar, la ilusión a flor de piel, y la emoción encendida como una luz que nos guía. Sin embargo, es cuestión de proponernos incorporar esta actitud de vida, en la que el sí puedo está presente, en que me levanto aunque me caiga mil y una vez, porque siempre hay un motivo aunque no lo veamos para incorporarnos y continuar.

Khalil Gibran expresa que “nuestra alegría es nuestra tristeza sin máscara”, porque ponerle buen rostro a la vida, actitud y aptitud, no significa que la tristeza o los problemas no nos hagan compañía, son parte de la dualidad de vida y están presentes, pero de alguna forma quien logra cincelar la alegría en su rostro aún cuando el corazón se le desgarra, es porque ha logrado incorporar fortaleza en sus días.

Algunas veces insertos en los problemas los vemos mucho más graves de lo que son, como un callejón sin salida. Sin embargo, si tomamos distancia, si logramos abrirnos a un destello de alegría posiblemente el panorama ya no sea tan incierto o desalentador. Seguramente, alcancemos el amanecer transitando la noche, porque los ciclos de la vida se cumplen también en nosotros.

El hecho de brillar, es una tarea exclusivamente individual en la que tenemos el libre albedrío. Y está en cada uno permitir que una sonrisa se esboce a diario, acompañada de una mirada cálida, simpática y amable.

Y les pregunto, ¿de qué nos sirve andar peleados con la vida, con las situaciones, con la gente? Ya sé, me dirán que existen días en que todo parece conspirar en nuestra contra, pero todo pasa: lo bueno y lo malo. Por lo tanto, es importante no dejar escapar los buenos momentos, debemos atesorarlos en nuestro corazón para que nos llenen de energía día a día.

La alegría se contagia, se esparce con facilidad a quienes nos rodean, y es así que las buenas vibraciones generan nuevas sintonías positivas que se propagan rápidamente y llenan de buena energía a todo el que alcanza. Es patrimonio de todos y cada uno de nosotros, sólo es cuestión de darle cabida.

Andrea Calvete