domingo, 7 de mayo de 2017

DESAPRENDER LO APRENDIDO

En la medida que caminamos vemos que mucho de lo que hemos incorporado a nuestros días carece de sentido, molesta o ya no hace falta. Desaprender lo aprendido requiere de paciencia, humildad y sabiduría, pues implica enfrentar nuestras carencias, baches y oscuridades.

Asimismo, lo que hemos aprendido ha sido porque de alguna manera nos lo han enseñado, ¿pero todo lo hemos incorporado en el libre uso de nuestras facultades, conscientes de que eran conocimientos necesarios e importantes en nuestros días?... Y aunque lo fueran, podemos haber recapacitado y comprender que ahora nuestra realidad es otra muy diferente y distante a ese punto de partida. Evidentemente, evolucionamos, crecemos, cambiamos, porque el devenir no es estático, así nosotros fluimos como la vida misma.

Al desaprender lo aprendido podemos dejar atrás lo que forma parte de esas conductas y pensamientos que restan a nuestra vida, para animarnos a nuevas preguntas, a nuevos desafíos, a cambios importantes, de modo de que la mochila que llevamos sobre nuestros hombros se haga más liviana, cuánto menos carguemos más sencillo se hará el camino que es la meta.

Generalmente, cuando no dejamos fluir nos trancamos en determinados tramos del recorrido, siendo el mayor obstáculo nosotros mismos, por temor, por miedo, o porque no nos atrevernos a desaprender lo aprendido, y eso no significa eliminar todo lo incorporado pero sí aquello que ya no hace falta o carece de sentido en nuestras vidas. El dejarse sorprender por nuevas experiencias, conocimientos y desafíos es en parte de la luz que alumbra nuestros días.

Sin embargo, habrá una esencia que nos define y nos permite ser lo que somos, ella será parte de lo aprendido. Lo desaprendido por los motivos que sintamos pertinentes dejará lugar para nuevos conceptos importantes en esta evolución de la que somos partícipes y a la cual no podemos dar la espalda.

Andrea Calvete