sábado, 15 de abril de 2017

El SECRETO DE LA CONCIENCIA

¿Cuánto pesan en nosotros los recuerdos, la educación, la familia, el camino recorrido? Me tomo unos segundos, siento palpitar a todos y cada uno de los que me permitieron ser y estar donde estoy ahora. De alguna manera ellos y yo con cada una de mis decisiones me han traído hasta aquí. Respiro profundo, me sumerjo intento llegar a un lugar donde se aquietan los pensamientos.

No es sencillo acallar a la mente para ser uno mismo, para tomar un café con ese yo interior tan distante y lejano que algunas veces parece convertirse en nuestro más cercano enemigo. Sin embargo, está al alcance de todos, sólo es cuestión de armarse de paciencia para descubrirlo lentamente, sin cuestionamientos ni preconceptos, sino abiertos a que se presente para recibirlo y aceptarlo con agrado. ¿Se me ha perdido esa llave, dónde la he dejado?

Quizás cuando era más joven no dimensionaba qué peso tiene en la balanza de la vida cada pensamiento, palabra y acción, probablemente en aquellos momentos me proyectaba más hacia el futuro, el pasado era muy reciente y el presente se desdibujaba frente a los nuevos y avasallantes desafíos que me sorprendían día a día.

De regreso a mi niñez recuerdo un domingo de Pascuas que me disponía a estrenar un chaleco de lana tejido por mi madre, tendría diez años, era un día festivo en el que nos reuníamos en la casa de mi abuela junto a mis primos, tíos, mis padres y mi hermano. Sentados alrededor de una larga mesa desbordante de alegría, comida casera y exquisitos aromas, disfrutábamos del diálogo y la compañía de todos. Del mismo modo, llegan a mi destellos que tienen que ver con mi educación, con mis amigos, que se mezclan con este presente en el que ya veo el camino con otra perspectiva.

Este domingo se celebra Pascuas, más allá del significado religioso, es un día que al igual que la Navidad congrega familias a la mesa, amigos, seres queridos unidos. Hoy por hoy es muy valioso que la gente continúe dando relevancia a las reuniones de la familia y amigos, ya que el vertiginoso ritmo de vida lleva a que nos veamos menos, porque el tiempo parece escasear y no deja lugar para momentos de encuentro y diálogo, imprescindibles para estar bien con nosotros mismos y con los demás.

No me quiero desviar del tema que les planteaba al principio, ese tomar consciencia ¿dónde estamos parados?, ¿cuánto pesa en nosotros el camino recorrido, qué incidencia tiene? Para poder dar un poco de luz a estas preguntas parafraseo a Borges en su cuento “ La rosa de Paracelso” en el maestro le dice al alumno: “El camino es la piedra, cada paso que darás es la meta, y no hay meta sino camino”. Así cada cual sabrá cuáles son las piedras que ha tenido que quitar de su camino o pulir para no tropezarse, de la misma forma podrá valorar cómo ha construido el camino y trazado esa meta que se torna en un gran desafío instante a instante.

Con el correr del tiempo, cambiamos la perspectiva para lentamente descubrir esos velos que hasta ahora habían permanecidos ocultos por nuestra propia ignorancia. El universo de posibilidades es maravilloso, basta pararse bajo un cielo estrellado, un día soleado o uno gris y encapotado para descubrir que otro día nos espera y nos abraza jubiloso para continuar el camino junto a aquellos que son seres importantes para nosotros, no es relevante dónde están, lo cierto es que laten en nuestro corazón con intensidad y permiten que renazca cada día lo mejor de nosotros.

Quizás el secreto de la conciencia sea encontrar la llave para abrir todas aquellas puertas que hasta ahora permanecieron cerradas, pero después de meditar y aquietar la mente se tornan más cercanas y accesibles.

Andrea Calvete




viernes, 14 de abril de 2017

NUESTROS MIEDOS Y NOSOTROS

Las personas experimentamos ansiedades y miedos de vez en cuando, algunas veces inmovilizados ante determinadas situaciones, rehenes del miedo, sin libertad de acción, quedamos atrapados en una inmensa tela araña, como perdidos en un intrincado laberinto.


La ansiedad es “una aprehensión sin una causa aparente”, donde el corazón late con velocidad, el cuerpo transpira y el estómago pulsa. Sin embargo, un poco de ansiedad puede ayudar a las personas a mantenernos alertas y concentradas.

Erich Fromm en su libro “El miedo a la libertad” trata el tema de la libertad para el hombre moderno, incluyendo los factores que principalmente impiden su desarrollo. Fromn sostiene que aun cuando la libertad le ha proporcionado al hombre independencia y racionalidad, lo ha aislado y tornado ansioso e impotente.

Como contrapartida, lo que le ha generado la libertad al hombre moderno le ha ocasionado mecanismos de evasión, que surgen de la misma inseguridad del individuo aislado. Así paradójicamente aunque estamos más conectados que nunca, también vivimos más solos, más inmersos en nuestras computadoras y celulares, generando un mundo ficticio a través de una pantalla que no suele mostrar en forma fidedigna lo que es nuestro día a día.  Esta inseguridad nos conduce a evadirnos donde mejor podemos. Asimismo, gran parte de los medios de comunicación ejercen una gran influencia en nosotros, disminuyendo nuestra capacidad crítica, pues se dirigen a la emoción y no hacia la razón.

Algunas personas arrastran carencias en su formación social, lo que incide en el trato público, generando timidez, miedo, falta de confianza, en este caso la falta de ciertas habilidades pronto se pueden adquirir consultando a un profesional especializado en la salud mental.

El miedo es un modo de vivir el peligro que afrontamos los seres humanos, y tiene una vertiente física y otra psicológica. La vertiente física: el cuerpo se prepara para una acción defensiva eficaz y rápida. Así varía el tono muscular, aumenta el ritmo cardíaco y respiratorio, el PH ácido del estómago. El miedo genera la situación opuesta al relax, en el que las funciones del organismo se desarrollan en su mínima expresión. La vertiente psicológica: es el cerebro quien decide cuando determinada percepción o idea es realmente peligrosa. Aquí repercutirán las experiencias vividas.

¿Cómo se generan los miedos? Algunos de ellos se relacionan con lo que se nos inculca de pequeños, dónde la información recibida marca una huella importante. Otras veces las experiencias personales vividas, nos condicionan y ante una situación similar surge el miedo.

También aparecen casos de miedos irracionales, es decir se presentan los efectos del miedo sin que exista un peligro real, estas situaciones fóbicas también tienen un tratamiento psicológico. Cabría aclarar que la fobia es un trastorno de salud emocional que se caracteriza por un miedo intenso y desproporcionado ante objetos o situaciones concretas.

En la época de la sociedad contemporánea, la individualidad, sentimientos, pensamientos, conciencia moral, libertad y responsabilidad individual; son difíciles de sostener como ideales humanos, entonces el individuo es invadido por la soledad y el aislamiento, en tanto la libertad se convierte en un sentimiento lejano.

Entonces, los miedos surgen de la mano de la desestabilidad que rodea a nuestro mundo actual, donde ocurren cosas que no tienen ni pie ni cabeza, donde nada es sencillo, donde la competitividad es cada vez mayor, donde el tiempo corre en forma vertiginosa, y no nos permite detenernos a respirar hondo.

Aldous Huxley expresa que “el amor ahuyenta el miedo y, recíprocamente el miedo ahuyenta al amor. Y no sólo al amor el miedo expulsa; también a la inteligencia, la bondad, todo pensamiento de belleza y verdad, y sólo queda la desesperación muda; y al final, el miedo llega a expulsar del hombre la humanidad misma”.

Y el miedo no conduce a nada bueno, no nos permite ver las situaciones con nitidez, distorsiona las imágenes. Ya se me dirán que es inevitable sentirlo, lo sé, pero también depende de la voluntad de cada uno el hecho de superarlo, hacerle frente, y si no se puede vencer por uno mismo pedir ayuda profesional.

Existe un proverbio inglés que dice “nunca tengas miedo del día que no has visto”, porque mientras imaginamos o suponemos corremos un alto riesgo a equivocarnos. Así vivimos esperando y previendo lo que sucederá mañana, y desperdiciamos el presente con su infinidad de posibilidades.

Y por el camino del miedo, se pierde la esperanza, la razón, el equilibrio, se pierde la paz necesaria para proceder con cordura, con tranquilidad. Es un mal conductor que nos guiará al desánimo, al pesimismo, a un lugar oscuro e incómodo.

Aunque cabe reconocer, que el temor es algo natural y positivo, pues nos protege a los animales y al ser humano de amenazas, como mecanismo de defensa. Mas cuando se convierte en un sentimiento que nos inmoviliza o estanca entonces ya pasa a ser un problema serio, y no importa si tenemos motivos o son infundados.

Existen dos formas de enfrentar el miedo: una no aceptarlo y descartarlo sin demasiados miramientos, cosa que no es sencilla porque para eso hay que vencerlo; o la segunda opción aceptarlo, que implica reconocer cierta vulnerabilidad, y enfrentarlo de la mejor manera, convivir con él de modo que podamos llevar a cabo nuestro diario vivir sin problemas. Por eso, sentémonos con nosotros mismos, desnudemos nuestros miedos, analicemos su origen, así será más fácil vislumbrar soluciones.

Según Paulo Coelho “el miedo generalmente se manifiesta de dos maneras: a través de la agresividad o a través de la sumisión” Vivimos en un mundo donde algunas personas se solapan en sus miedos, sus miserias, hacen cosas horripilantes, sin importar las consecuencias de sus atroces actos. En tanto, las situaciones cotidianas son de tal complejidad, que los más pequeños movimientos resultan desafíos inmensos, implican hacer frente a miedos de todo tipo en forma constante, pero éste es el tiempo que nos ha tocado vivir.

Igualmente, los optimistas, cargados de energía y valentía, se hallarán más fortalecidos a la hora de enfrentar los miedos, pues su entusiasmo y vitalidad serán poderosos instrumentos para que nada ni nadie los detenga.

Finalmente, debemos enfrentar nuestros miedos, dudas, ansiedades, nuestro sentimiento de ir solos contra la marea, de forma de evitar los caminos de la evasión. Cada vez son más los desafíos que conlleva vivir en este mundo, entonces es importante pararse ante las distintas situaciones con herramientas válidas, que permitan un pensamiento crítico para lograr avanzar, sin que el miedo nos paralice.

Andrea Calvete

martes, 11 de abril de 2017

DE LO QUE NO SE HABLA

La vida se escapa de los dedos, se escurre día a día y tras su paso más nos acercamos a ese momento ineludible, del que poco se habla y menos se piensa. Quizás en la medida que nos topamos más de cerca con la muerte, comprendemos que es inevitable, pero ¿cómo la asumimos, nos preparamos para su inminente llegada?

Poco hablamos de la muerte, evitamos nombrarla, adjetivarla o tomar contacto con ella, es como si quisiéramos así alejarnos de  lo que en algún momento deberemos enfrentar. La educación tiene mucho que ver cómo la asumamos, más allá de las creencias que podamos tener es importante informarnos y decidir cuál es la mejor forma de de aproximarnos a ese fin al que no podremos escapar. El miedo a enfrentarla lleva a muchas personas a evadirse por diferentes mecanismos y a perderse e inmensos laberintos que llevan a que la vida algunas veces se haga insoportable.

¿Por qué no tomamos consciencia que el tiempo no se detiene y que a cada momento estamos más cerca del final de nuestros días? Probablemente nos aturdimos de un sinfín de actividades para evitar su arribo, o simplemente decidimos no pensar en ella y dejarnos que nos sorprenda. ¿Valentía o puro temor? Dice el psiquiatra Claudio Naranjo, que la muerte “es una verdad”, entonces nos pregunta: “¿Cómo es que vivimos como si no nos importara?, ¿es que lo sabemos o lo sabemos sólo intelectualmente?, ¿no lo sabemos emocionalmente?”

¿Acaso sentimos que nos vamos a morir? Si sintiéramos que nos vamos a morir aprovecharíamos mejor nuestro tiempo y energía, no nos quejaríamos por tantas cosas, evitaríamos tantas otras, profundizaríamos en lo que realmente es importante en nuestro camino. Tomar consciencia de la muerte significa a su vez ser capaces de ver nuestra realidad, aceptarla, asumirla, en pro de estar bien con nosotros mismos y con los demás. Cuando nos sentimos satisfechos, plenos con nuestra vida menos doloroso se hace tomar contacto con esta instancia llamada muerte. Sería maravilloso que al mirarla a los ojos le pudiéramos decir: “Me puedo ir en paz”

De alguna manera, ya ha tocado nuestras puertas, se ha llevado seres muy queridos. En la medida que pasa el tiempo más se suman a sus filas. ¿Por qué se hace tan dolorosa su llegada? ¿No nos preparamos adecuadamente, aprovechamos al máximo la vida, las oportunidades? Generalmente, cuando una enfermedad o dolencia nos visita, entonces tomamos consciencia de su proximidad y también de nuestra realidad personal que por distintos motivos tantas veces desconocemos.

La naturaleza nos enfrenta a la vida biológica, pero más allá de ella existe en cada uno de nosotros un ser que puede trascender esta instancia y elevarse a tomar otro estado de consciencia en un intento por encontrar un fin superior y de esa forma transitar otra dimensión, de modo de comprender que todo es transitorio y que nada se pierde sino que se transforma. Sin embargo, vivimos preocupados por satisfacer nuestras necesidades y deseos en desmedro algunas veces de vivir aquí y ahora en este presente que se evanece y diluye rápidamente. Somos rehenes del consumo, de las comodidades, del confort, de un mundo material que nos aleja del ser profundo que habita en cada uno de nosotros. Sin embargo, no siempre al alcanzar los objetivos que nos proponemos nos hallamos plenos o satisfechos.

La vida se nos escapa aún más de las manos cuando nos enfrentamos a la muerte como el final- y aquí dejo de lado los conceptos espirituales que cada uno pueda tener- personalmente creo que continuamos siendo energía luego de la muerte, porque estamos en los corazones y en las palabras de quienes aún tienen vida y que nos han querido. Según San Agustín o Agustín de Hipona, la muerte no es el final, “la muerte no es nada, sólo he pasado a la habitación de al lado. Yo soy yo, vosotros sois vosotros. Lo que somos unos para los otros seguimos siéndolo. Dadme el nombre que siempre me habéis dado. Hablad de mí como siempre lo habéis hecho. No uséis un tono diferente. No toméis un aire solemne y triste. Seguid riendo de lo que nos hacía reír juntos. Rezad, sonreíd, pensad en mí. Que mi nombre sea pronunciado como siempre lo ha sido, sin énfasis de ninguna clase, sin señal de sombra”

Les pregunto  en vida ¿cuántas veces hemos muerto?, hemos resurgido en el afán de mejorar y de crecer, o simplemente hemos acompañado a ese ser querido que ha partido pero continúa en nosotros latiendo muy fuerte. La muerte, un enigma que cada uno podrá develar en la medida que nos sumerjamos en nosotros mismos, para poder entonces entrar en una dimensión con la quizás ya hayamos tomado contacto pero aún no seamos conscientes de ello.


Andrea Calvete

martes, 4 de abril de 2017

ESPEJO

Hoy me traslado al ayer, a ese instante que se marchó y dejó huella, a ese minuto que ya no es, a esos recuerdos que aún siguen en mí dibujados como parte de lo que soy. Ya no están aquí físicamente, respiro su presencia de otro modo, quizás menos tangible o descriptible, pero igualmente presentes de un modo significativo.

Oigo sus voces, sus risas, nítidas están sus miradas clavadas como el ancla que sostiene al velero para que no flote a la deriva. El viento despeina los sonidos de me infancia, de mi juventud, y de mi vida actual. El sol enciende suavemente las imágenes que quedaron grabadas en las retinas, y espeja en la orilla del mar a las gaviotas que revolotean en busca de alimento, las observo admirada, vuelan en paz y armonía, como si danzaran al ritmo de una majestuosa orquesta.

Entre húmedos recuerdos mis pupilas se dilatan, mis sentidos se despiertan, y las nubes corren como si quisieran llegar para dar respuesta a esas preguntas que flotan, a esos recuerdos que no se han borrado, a esas presencias que aún siguen vivas. El sonido de mar me recuerda que la vida es fluir constante, del mismo modo mis pensamientos se trasladan del pasado al presente, se fusionan y dan paso con mirada al futuro al nuevo día. Se espeja en la orilla el desapego, los recuerdos fluyen, y el presente espera a que me zambulla en él con alegría.

Andrea Calvete