lunes, 30 de enero de 2017

¿SOMOS LO QUE CONSUMIMOS?

El tiempo no se detiene los años continúan su andar y así tomamos consciencia de ello cuando el almanaque anuncia un nuevo aniversario de vida. Aunque también cuando ciertas dolencias nos visitan solemos comprender que los años no vienen solos y que si bien arrugan la piel, el alma o el yo interior es un espacio que puede permanecer tan joven como decidamos. Sólo es cuestión de cultivarlo y fortalecerlo para así también favorecer nuestro aspecto exterior.

Existe un viejo dicho que dice que somos lo que comemos, así Hipócrates el padre de la medicina predicaba que “tu medicina sea tu alimento, y el alimento tu medicina”. Como seres humanos no sólo nos alimentamos físicamente sino también intelectual y espiritualmente, de modo que somos un todo completo a la hora de nutrirnos. Algunas veces sucede que nuestra alimentación se halla desbalanceada, entonces nuestro cuerpo enferma cuando luego de varias advertencias se cansa de luchar frente a determinadas situaciones que nos molestan o afligen o deterioran.

El correr del diario vivir nos lleva a andar escasos de tiempo y así nos vamos desconectando de los afectos, dejamos de lado aquellas pequeñas cosas como diría Serrat para ocuparnos de otras que parecen más importantes e inminentes. Así se nos desdibujan los límites a la hora de decir hasta aquí llego y no más, porque corremos detrás de más y más por hacer, olvidando lamentablemente cumplir algunas veces con esas necesidades básicas en la correcta alimentación de nuestro ser en cualquiera de sus aspectos. No es sencillo repartirse las horas del día, algunas veces es cuestión de organizarse y otras de priorizar, otras de detenerse unos minutos y analizar detenidamente ¿qué es lo que estamos descuidando? y ¿a qué precio?, importante pregunta a la hora de priorizar nuestro tiempo.

Asimismo, cabe agregar que nuestros pensamientos son muy potentes a la hora de actuar, es así que cuando nos cargamos de negatividad posiblemente no nos salga bien nada. Del mismo modo cada palabra que emitimos se materializa en un acto o en un estado de energía, por ello también las debemos cuidar. El mundo de los pensamientos es muy amplio, en gran parte se conforman por toda la información que vamos acumulando a lo largo del día, ya sea por lo que leemos en los distintos medios o visualizamos de alguna manera, o simplemente experimentamos a través de nuestros actos.

No debemos olvidar de alimentar nuestros sueños, ilusiones, tantas veces perdidas, otras olvidadas, ya que son un aliciente muy importante para continuar con fuerzas de cara a un nuevo día y  también para hacer frente a las posibles adversidades. Aunque por momentos nos sintamos desanimados es necesario no perderlos de vista, o simplemente acercarnos a alguien o algo que nos pueda ayudar a recuperarlos.

A lo largo de los años vemos que de acuerdo a cómo nos alimentamos nuestra piel, nuestra dentadura, nuestros órganos lucen mejor o peor, del mismo modo nuestro estado anímico y afectivo se ve alimentado de la compañía de nuestros seres queridos, de las buenas lecturas, películas, libros, música, viajes, espectáculos, ratos de óseo, vacaciones o del abrazo o caricia de quien es capaz de alimentar nuestro corazón, así que es una buena pregunta analizar qué consumimos para ver cómo nos sentimos.

Andrea Calvete

domingo, 22 de enero de 2017

LA PERSONALIDAD EL CRISTAL DE LA ROCA

¿Quién ha resistido una bella mirada? ¿Quién no ha apreciado a alguien por su belleza física? ¿Quién no se quedado perdido en una sonrisa, o se ha embriagado en un aroma , o en la sensualidad de unos ojos que lo atrapan? Desde luego que la belleza puede percibirse a través de todos los sentidos, sin embargo quien en definitiva teje a su antojo una atracción mágica es la personalidad que nos distingue y nos hace únicos como personas.

La personalidad es un velo que nos cubre que se puede ir descubriendo en la medida que quienes se nos acercan deciden levantarlo para llegar a ver lo más profundo y auténtico de nosotros mismos, para tomar contacto con nuestra esencia misma. Probablemente les haya pasado que al conocer a una persona se sienten guiados por su aspecto físico, pero luego al comenzar a tratarla esa belleza comienza lentamente a opacarse, y por el contrario una persona que no les agrada físicamente al conocerla descubren lentamente a un ser que irradia algo muy especial. Hay un viejo proverbio que dice “la suerte de la fea la bonita la desea” y está relacionado con esa personalidad que nos viste y nos permite brillar ante los ojos de ciertas personas.

Si bien existen patrones de belleza como en todos los órdenes de la vida, lo que genera cada persona que conocemos es único y diferente para cada uno de nosotros. Así sucede que algunas personas nos parecen encantadoras, y otras nos resultan poco agradables. Por lo tanto, hay personalidades atractivas y atrapantes con la generamos empatía en forma inmediata y otras que nos generan rechazo por falta de compatibilidad.

La personalidad son pinceladas que esbozan la forma de ser una persona y pueden llegar a reflejar esa profundidad poco tangible y escurridiza, por eso requiere de paciencia para descubrirla y poder conocerla. En ella se albergan rasgos positivos y negativos de la persona. Existen entonces ciertos rasgos que nos caracterizan y distinguen, de allí que nuestra inteligencia tenga tanto que ver con esos rasgos que nos definen.

Dentro de los aspectos o rasgos negativos que sean propios de cada uno podemos trabajar para mejorarlos y superarlos, sin embargo, en algunas ocasiones  no somos conscientes de los rasgos negativos, o al menos nos cuesta mucho reconocerlos, y allí tenemos un problema. Es mucho más sencillo ver los aspectos positivos que los negativos, el admitir lo negativo requiere fortaleza, y también de humildad para poder corregir lo que realmente nos perjudica y continuar por el sendero que nos genere plenitud y paz en la vida.

Algunas personas más intuitivas que otras en los primeros encuentros con sus semejantes logran ver ese ser profundo que tiene que ver con esos aspectos que colorean y esculpen nuestra personalidad, y posiblemente al mirarnos a los ojos son capaces de llegar a conocer ese verdadero ser que nos habita. Por eso, no es de extrañarnos que tengamos más o menos empatía con ciertas personas que con otras.

La personalidad como el cristal de la roca, nos define tal cual somos con nuestras luces y sombras, con nuestras aristas por pulir, cubiertos por el brillo único y especial que nos distingue como seres humanos y nos posibilita transmitir los rasgos de ese ser que nos sustenta y acompaña en el camino de la vida.

Andrea Calvete


lunes, 9 de enero de 2017

LEJANÍA

Lejos quedaron los sonidos y las caras del pasado, confusos enmascarados se presentan por las noches entre sueños para visitarla. Aturdida por sus propios pensamientos no encuentra sosiego, busca un minuto de paz- mucho para quien no lo consigue, pero un aliciente para quien lo desea. Por el fin, luego de luchar con sus miedos se duerme iluminada por la luna que se cuela por la ventana, mientras el aire fresco de la noche le acaricia.

¿Por qué será que por las noches todo se ve más oscuro, por qué los deseos se aceleran, las búsquedas se inquietan y las ideas se alocan para tocar una respuesta?, se pregunta Pamela mientras se sirve el desayuno. Su tostada untada con manteca y mermelada la remonta a su niñez un lugar que le llena de alegría, la única pena que le invade es pensar que de aquellos días sólo ella ha quedado. Sin embargo sus padres y hermanos siguen vivos en su corazón, la visitan en sus sueños, en sus recuerdos, o en los colores del amanecer o en el cielo estrellado del verano.

Tocan a la puerta, abre de inmediato, una mujer alta perfumada y elegante le dice que le urge hablar con ella. Pamela confundida la invita a pasar y a desayunar. La mujer se quita el abrigo, toma asiento y comienza a explicar el motivo de su visita: “ Te vengo observando hace mucho tiempo y veo que no logras salir de tu pasado, dejas escapar cada minuto perseguida por tus recuerdos, y desperdicias todas las oportunidades que se te presentan día a día. El martes pasado te llamaron para ocupar esa vacante de trabajo que tanto soñabas, y no has sido capaz de contestar, sigues aquí encerrada intentando rescatar no entiendo qué?” dice la dama en forma pausada y enérgica.

Pamela tarda unos segundos en contestar, no entiende quién es esta mujer, pero algo es claro la conoce y muy bien. “Buena pregunta la que me haces, tengo miedo a olvidar sus rostros, los maravillosos momentos que vivimos, sus caricias, sus risas, sus consejos, los años pasan y todo se hace más confuso y lejano. Vivo corriendo trabajando y sólo en los sueños logro rescatar los rostros de mis padres, las risas de mis hermanos, la casa llena de ruido y algarabía. ¡Cómo desearía que no se hubieran marchado!” le contesta Pamela con los ojos llenos de lágrimas. Se seca los ojos y agrega con melancolía: “ Lejos ha quedado mi niñez, mi juventud, tantos personas que no he vuelto a ver, tantas oportunidades que dejé pasar, tantos errores, tantos trenes que no volverán”.

La dama se pone su abrigo y antes de marcharse le dice: “Eso se llama nostalgia, hay que recordar con alegría. No soy yo quien pueda resolver tus miedos, ausencias y dudas, eres tú la que debes aprender a vivir tu presente tal cual es, aceptar tu realidad hoy y disfrutarla, los errores son parte de nuestro aprendizaje, el único tren que no debes dejar pasar es el de tu propia vida que te espera. Seguramente no vas a olvidar a alguien que ha dejado una huella en tu camino, de alguna manera esa persona siempre estará contigo presente”. Dichas estas palabras la mujer se esfumó. De inmediato Pamela queda sorprendida por una extraña sensación, se siente liberada, piensa: " No importa la distancia que nos separa siempre habrá un cielo que nos una". Sonriente toma el teléfono y decide responder al llamado por el nuevo puesto de trabajo.

Andrea Calvete





jueves, 5 de enero de 2017

“TODOS LOS CAMINOS CONDUCEN A ROMA"

De diferentes formas en el algún momento de nuestra vida buscamos renacer, dejar de ser esclavos de lo que nos somete o domina. Y para ello nos sumergimos en la oscura noche del alma, hasta tocar fondo y tomar contacto con ese estado de vacío en el que todo da igual.

Luego de mucho caminar vemos que lejos estamos de ser dueños de la verdad, a cada paso que damos el horizonte se aleja y esfuma. Quizás si meditamos en el no ser podamos tomar consciencia de lo que somos. Algunas veces presas de los límites de la sociedad patriarcal se hace muy difícil abrirnos camino a la espontaneidad.

En la educación puede estar la luz para salir de este mundo en el que el dinero todo lo puede y todo lo rige. Cuando la persona es capaz de elegir libremente lo que hacer con su destino, entonces puede volar,  crear, imaginar que otro mundo es posible, a pesar de que la serpiente de metal intente atraparla y esclavizarla. Aún es tiempo de buscar a nuestro niño interior tan perdido y olvidado luego de caer y trastabillar en reiteradas oportunidades.

Los caminos no están cerrados, el amor una senda en la que se puede vislumbrar la luz cuando el cuerpo enferma porque el alma parece arrastrarse por un pantano putrefacto y espeso. Por eso no importa el camino, “todos los caminos conducen a Roma”, sólo es cuestión de encontrar el que nos permita salir de la noche que oscurece nuestro día.

Andrea Calvete