jueves, 5 de noviembre de 2015

CONDIMENTOS DE LA IMAGINACIÓN

El ruido de los motores se había tornado en un murmullo continuo y penetrante, al tiempo que la somnolencia flotaba y conquistaba sin miramientos a quien apagaba la luz de su asiento o cerraba la pequeña ventana que lo contactaba con el exterior.

El cielo, una de las maravillas de la naturaleza, era lo que se percibía parcialmente desde esa pequeña abertura. Celeste en sus comienzos se entremezclaba con tonos rosas y ocres delicadamente esfumados, a su vez las nubes frondosas jugaban con las formas.

Un cuadro hecho con tonos pasteles congratulaba los sentidos ¡Qué maravilla volar a esa altura y perderse en ese magnífico cielo inmenso y majestuoso! Respiré profundo, y me sentí absolutamente perdida, extasiada en un atardecer que sigilosamente cautivaba e invitaba a dejar volar la imaginación.

¿Hasta dónde es capaz de llegar la imaginación? Posiblemente, si la dejamos no tenga límites ni premuras, camine sin prejuicios hasta llegar a un lugar escondido, prohibido o poco conocido.

Cuando comenzamos a imaginar se mezclan sueños, deseos y anhelos, y se paran nuestros recuerdos desdibujados y desteñidos a querer participar de la obra que posiblemente gestemos.

La magia es un ingrediente clave a la hora de imaginar, con ella podemos convertir lo más sencillo y cotidiano, en algo único, diferente y atractivo. Hechizos y conjuros pueden ser parte de estas tonalidades a crear.

Al imaginar podemos llegar a un lugar indescriptible, el que posiblemente por nuestros propios medios sería inalcanzable o inaccesible. Aunque pensándolo bien si las alas se despliegan es posible volar alto, sólo es cuestión de dejarse llevar conjuntamente con la fantasía otro ingrediente fundamental en este vuelo.

Los misterios que la vida nos pone como prueba cada día, son verdaderos inspiradores de la imaginación, posibles maestros al servicio de develar conocimiento sólo a aquel que esté dispuesto a ver, a abrir sus sentidos a la vida.

Dispuestos a ponerlos en práctica, bastó mirar alrededor, para notar la inquietud de algunos pasajeros que caminaban impacientes por los diminutos pasillos, otros se sentaban sobre el posa brazo que da al corredor.

Una conversación en tono de reproche irrumpió el murmullo del vuelo, una pareja discutía bajo, pero acaloradamente, una escena de celos era el punto de la discusión.

-Estoy harta de tus tonterías amorosas, llevas una vida coqueteando y haciendo estupideces. Cada vez estamos más distantes, tú siempre preocupado por tu celular. Te podría decir que ya no creo ni la mitad de las cosas que cuentas- dijo la mujer enfurecida.

Siempre la misma cantinela, parecés un disco rayado, no te aguanto- le contestó el hombre que la acompañaba y aparentemente era su pareja desde hacía muchos años.

La mujer oscilaba los cuarenta y pico largos, con exceso de maquillaje, y un rubio platinado que llamaba la atención. El hombre de cincuenta años, con un casting castaño , tenía una peladilla que empezaba a asomar en su cuero cabelludo. Eran dos personas bien conservadas para la edad que tenían, de buena posición económica, aunque en su vestir el buen gusto estaba ausente.

Los gritos no paraban, a esto se sumaba la colorida chaqueta de cuero rojo de la mujer, y el chaleco multicolor del hombre, los que atraían los ojos a la escena.

De pronto, se acercó la azafata y les preguntó si precisaban algo, a lo que bajaron la voz, a esta altura medio avión los miraba con curiosa atención.

Finalizada la conversación, comencé a imaginar el recorrido de esta pareja, utilizando mi imaginación.

Era una pareja que por el trato llevaban unos veinte años fácil, con aventuras mediante a lo largo de los años, pero sin embargo algo los mantenía unidos… ¿vaya a saber qué?

Algunas parejas duran una vida, a pesar del desgaste, del agotamiento y engaño, producto de estar en esa zona de “confort” de la que no están dispuestos a salir. ¿Pero por qué?

Podrían haber infinidad de razones: económicas, laborales… o ya habían soportado demasiado como para deshacer una familia, los hijos aún vivían con ellos, y posiblemente quisieran ser “buenos abuelos” y seguir mostrando que “eran una familia perfecta”.

Por otra parte, ya no eran dos chiquilines sabían que el declive de los años era parte de lo que venía, quizás la vejez sería mejor recibida junto a alguien que ya se conocía las manías de memoria.

Igualmente, me dio escozor pensar: “¡Cuántas mentiras lo separaban, cuántos engaños los unían, cuántos secretos los dejaban amarrados a una vida llena de hipocresía!”, por un momento me dije a mi misma: “Qué horror, tu imaginación ha logrado altos niveles de perversidad”

Pero, regresando a la imaginación es volátil, capaz de lograr lo que quiera, la mía estaba dispuesta a todo no descansó siguió hurgando.

¿Por qué no se separaba esta pareja?, fue la pregunta que siguió rondando en mi cabeza. Todas las hipótesis anteriores no me cerraban, quizás era este su segundo matrimonio, y el tema del dinero y los bienes era un pilar de peso en sus vidas.

Luego de un rato, desistí y me alegré al ver que habían dejado de pelear y pensé: “¿Cómo la imaginación me ha llevado a tejer esta novela sobre dos personas que desconozco absolutamente?”

Sin embargo, me di cuenta que es lo que hacemos todos los días cuando vamos en el ómnibus y nos distraemos escuchando una conversación, o nos sentamos en un bar a tomar café, y nuestra imaginación recrea lo que vemos a piacere y antojo, cosa que me produjo cierto frío al pensar ¡cuántas veces juzgamos desconociendo totalmente las circunstancias!

Andrea Calvete