domingo, 29 de septiembre de 2013

COLOR ESPERANZA

Un bien común a todos, por algunos perdida, por otros encontrada, y para una gran mayoría el oxígeno que carga de aire día a día sus pulmones, precisamente en los momentos en que todo parece perdido. Sin embargo parafraseando a Mercedes Sosa: “Quien dijo que todo está perdido, yo vengo a ofrecer mi corazón”.

Ofrecer, es sustancial cuando ponemos en práctica esta virtud tan necesaria para la vida, porque si no damos posiblemente nada recibamos, en el devenir todo es cambio y movimiento, que precisa de acciones y compromisos constantes.

Si bien los obstáculos, las dificultades y problemas la opacan, quitándole crédito a la esperanza, el ser humano generalmente permite que aflore para dar energía a sus días, a sus motivos de existencia. Porque quien la pierde, queda en tinieblas, cargado de miedos, de fríos internos que lo único que hacen es paralizarlo.

Cada amanecer trae consigo nuevos rayos de esperanza, de luz, que son ese motor vital para no quitarnos la ilusión, el entusiasmo y la energía, necesarios para andar, para recorrer este camino al que día a día se presentan tantas dificultades, algunas propias de nuestros errores, y otras como consecuencia de personas que con sus actos influyen para desestabilizar nuestro día, o simplemente de hechos que se presentan en forma abrupta e inesperada.

Es así que de pronto comenzamos un día llenos de entusiasmo, dinamismo, pero cuando nos enfrentamos a algunos episodios tediosos o molestos, el color del día cambia, porque lo que comienza por ser un diálogo cordial, sin darnos cuenta rápidamente se convierte en un malentendido cargado de epítetos que no vienen al caso. Está en cada uno de nosotros dar el justo valor a este incidente, o permitir que nos opaque el día y nos cargue de una energía totalmente negativa.

Incidentes de esta índole nos acechan a diario, depende de cada uno si pretendemos dejar que la esperanza se siente a nuestro lado, para permitir volar nuestros mejores deseos y anhelos, o por el contrario si dejamos que nos acompañe el malhumor, el enojo, el fastidio, reacciones razonables y entendibles, pero a las que no podemos dar demasiada cabida. Ya sé que me dirán que no es sencillo, aunque tampoco es imposible cambiar nuestra actitud frente a los problemas.

Quien toma una actitud de sobreponerse a lo que le pasa, permitiendo que el buen humor, la calma y el positivismo lo acompañe, es porque ha decido dejar pasar a la esperanza, a ese halo de bienestar, de sentir que es posible un cambio, una salida. No es sentarse a soñar, a delirar sino dar margen a las posibilidades de salir de lo que nos disgusta, incomoda o molesta.

Cuando damos cabida a la esperanza, alejamos al desaliento, al pesimismo, a la dolorosa tristeza, para dar paso a la perseverancia, virtud que nos permitirá llevar a cabo todo lo que anhelamos o deseamos poner en práctica. De este modo, liberaremos todas las fuerzas que poseemos en pro de hacer lo que creemos justo y necesario.

Es una de las tres virtudes teologales e implica distintos momentos en su consecución: el primero es visualizarla, el segundo tener conocimiento de lo que queremos llevar a cabo, y el último es tomar consciencia y determinación de que lo que deseamos o esperamos es posible. Este tercer momento es decisivo para ponerla en práctica, para continuar con la dinámica permanente que conlleva la vida.

Sin embargo, para dar paso a la esperanza, quien parece llegar y cargar rápidamente en forma casi mágica nuestros días, debemos permitir el pasaje de la armonía, una palabra tan buscada y anhelada por el hombre, pero que sin embargo es bastante difícil de alcanzar. La dificultad radica en esa búsqueda personal tan importante y necesaria, a la que tantas veces el hombre se niega, por correr tras fines materiales que en definitiva no son la verdadera solución a sus problemas.

Aunque es difícil en este mundo cargado y plagado de posibilidades materiales, no confundir esa búsqueda, el espectro de alternativas es cada vez mayor y tentadora, entonces el caer en esos lugares de búsqueda equivocados para satisfacer ese yo interno es pan de todos los días, por eso es muy importante vislumbrar ¿qué es lo que verdaderamente buscamos?

En ese anhelo cargado de esperanza, muchas veces lo que deseamos no es algo individual, sino que forma parte del colectivo humano, entonces es cuando nos hermanamos con otros semejantes en esa búsqueda por concretar una acción a favor de la Humanidad, que por momentos parece hallarse desnuda, desolada, olvidada o peor, bombardeada por el propio hombre.

Según Antonio Machado: “El que espera desespera, dice la voz popular. ¡Qué verdad tan verdadera! La verdad es lo que es, y sigue siendo verdad, aunque se piense al revés”. En este verso Machado, nos invita a reflexionar sobre la espera que tiene notas de incertidumbre, de inquietud, pero a su vez nos permite alojar pensamientos positivos, esperanzadores, en la medida que nos comprometamos y dispongamos a esperar, lo que depende de nuestra acción, de esa superación personal para concretar algo, de esa búsqueda incansable de la verdad.

Cada individuo que nace es una luz, es un mensaje de esperanza, porque esa nueva vida puede traer consigo una enseñanza, está en cada uno ver esos pequeños y a su vez grandes destellos que nos posibilitan esos cambios tan necesarios que tantas veces pasan desapercibidos, porque nos encandilamos ante una realidad que nos deja enceguecidos, sin poder vislumbrar el rumbo.

La esperanza por momentos, se desdibuja y palidece. Existen situaciones que nos sobrepasan, nos dejan sin aliento, sin respuestas, casi sin aire. Es entonces, cuando precisamos que ella haga su aparición, con su mano tibia, con su mirada cálida, de modo de avizorar una salida, un camino, lo hay, sólo que algunas veces es muy arduo encontrarlo. Entonces pedimos o invocamos una señal que nos guíe, y tarde o temprano aparece.

Señales surgen a diario, aunque insertos en nuestros problemas la visión se dificulta, y es bien cierto el dicho que dice que “no hay peor ciego que el que no quiere ver”. Por tal motivo, es importante estar dispuestos a buscar, a encontrar y aceptar lo que nos sucede.

Nuestro camino es largo, y seguramente tantas veces la perdimos, la añoramos, sin embargo a pesar de nuestro descreimiento suele aparecer como una fuerza que nace desde muy adentro, para hacernos ver que las posibilidades están allí, sólo es cuestión de encontrarlas y no darnos por vencidos, quizás el primer paso sea sacar fortaleza de toda situación dolorosa.

Finalmente, la esperanza es una gran aliada que nos da fuerza, nos impulsa, nos ayuda a avanzar, a sacar fuerzas de donde menos lo pensamos, porque mientras haya un corazón dispuesto a latir, aparecerá el color esperanza.

jueves, 26 de septiembre de 2013

ENTREVISTA CON RAMBLERAS

Una película dirigida y guionada por Daniela Speranza, nos invita a disfrutar la Rambla, ese paseo público montevideano por excelencia. En la Rambla Sur, surgen vivencias que transcurren en un marco distendido, donde la ternura y el humor aparecen, a la vez que nos invita a reflejarnos con alguno de sus personajes.

Patricia (Vicky Rodríguez), una chica treintañera, soltera y en busca del amor. Jacqueline (María Elena Pérez), jefa y amiga de Patricia, quien está en un momento problemático en su relación con su marido, Juanca (Eduardo Migliónico). Y Ofelia (Adriana Aizenberg), que debe acoger en su habitación a una Patricia poco entusiasmada con la situación. Tres mujeres distintas y aún así, con aspectos en común, que deben tomar una decisión con sus vidas para encontrarle sentido y, que al interactuar entre ellas podrán lograrlo.

El corazón del film, descubrir cómo las personas con sus acciones diarias impactan en el entorno que las rodea. Tres mujeres con diferentes situaciones que afrontar, pero dónde la disconformidad, la soledad, el amor y el desamor se harán presentes, a la espera de esa toma de decisión relevante que les permitirá a cada unas de ellas avanzar.

Daniela Speranza (Directora)

Daniela Speranza nació en Montevideo, Uruguay, en 1965. En 1987 recibió una beca de la Escuela Internacional de Cine y TV de Cuba, de la que se graduó en 1990 como directora. En 1995 participó en el “Curso de guión cinematográfico”, dictado por el guionista argentino Jorge Goldenberg en Universidad ORT de Uruguay.

Ha sido guionista y directora de numerosos cortos documentales e institucionales y asistente de dirección en varios largometrajes de ficción tanto en video como en cine.

En 1999 obtuvo los premios FONA y Fondo Capital, otorgados por la Intendencia Municipal de Montevideo, con los que produjo Mala Racha (que también escribió y dirigió), película que fue estrenada comercialmente en el 2002 y ha obtenido varios reconocimientos locales e internacionales.

Desde hace varios años es docente en la Escuela de Cine del Uruguay, Cinemateca Uruguaya y desde el 2009 en la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación, Universidad de la República.
Es guionista y directora de Rambleras, con cuyo guión obtuvo una beca para participar en el “1er. Curso de Desarrollo de Proyectos Cinematográficos Iberoamericanos” organizado por Casa de América, España. 

Vicky Rodríguez Cartagena (actriz)

Ha participado en más de 30 obras teatrales. En cine participó desde 1999 en varios cortometrajes y en el largometraje La Cáscara (2006). Trabajó en TV desde 1995 hasta el 2006 integrando los elencos de Plop!, Guau!, Show del Mediodía y de las series Mañana será otro día y Constructores. En el 2012 dirige por primera vez teatro. Obtuvo el Premio Tabaré en 1997 como mejor actriz humorística, el Premio Iris en 1999 y el Premios Florencio para niños a mejor actriz por El reino de Rada. Además fue nominada al premio Florencio en el 2003,2008 y 2009.

María Elena Pérez (actriz)
Ha participado desde 1990 en numerosos espectáculos con directores como Eduardo Schinca, Nelly Goitiño. Mariana Percovich, Jorge Denevi y Gabriel Calderón entre otros. En 1997 obtiene una mención a “Mejor actriz” en los premios Florencio. Participó en diferentes festivales de teatro en el interior y en el exterior del país. En cine participó en Una forma de bailar (1997) y recibió por dicho trabajo el Premio especial a mejor actriz en los premios Tabaré. Fue actriz protagónica de la serie televisiva Rec. (2012).Ha trabajado con directores como Beatriz Flores Silva, Guillermo Casanova, Esteban Schroeder, Diego Arzuaga, Marcelo Piñeyro, entre otros.

VER VIDEO DE LA ENTREVISTA:


domingo, 15 de septiembre de 2013

HOJAS EN BLANCO

Al comenzar cada día empezamos así, con una hoja en blanco por llenar. El contenido dependerá de varios factores externos, pero me animaría a decir que un gran porcentaje guarda un nexo de dependencia con uno mismo, con esas ganas y entusiasmo que ponemos en cada amanecer.

A esas hojas se irán incorporando recuerdos, vivencias, que aparecerán como destellos de todo lo que ha pasado por nuestras vidas. También afloraran los desvelos, los anhelos y las preocupaciones. Porque todo lo que vivimos y lo que vendrá inexorablemente se ha de juntar en el único punto en el que transcurre la vida, que es el presente, pero que sin embargo no lo disfrutamos porque nos aferramos a lo sucedido o al futuro.

Experiencias inconexas, aparecerán dibujando esta hoja, a las que miraremos con asombro, porque no sabemos de dónde provienen, pero sin embargo, están allí ilustrando ese papel que dará lugar a nuestro día. Nuestro inconsciente acumula millones de experiencias que pronto se revelan y no les vemos demasiado sentido.

Los márgenes que dejemos hablarán de nosotros mismos, si nos apegamos al margen izquierdo es que no nos despegamos con facilidad del pasado, mientras que si nos recostamos sobre el derecho significará que siempre vivimos mirando el futuro. Y aunque parezca una gran paradoja, el tiempo más difícil es el presente, porque ocupados en el pasado y en el futuro no le dejamos transcurrir.

Como seres humanos cargados de virtudes y defectos, tantas veces dejamos que la balanza se incline para las sombras, impidiendo brillar a esos momentos que nos llenaron de luz y paz, que nos hicieron sentir bien con quienes nos rodean y con nosotros mismos. Por momentos, si miramos a la distancia, pareciéramos masoquistas nutriéndonos de nuestro propio dolor, pero es un tema relacionado en cómo asumir las situaciones, desde si es posible salir adelante, o quedar estancados en el problema.

Estas hojas a las que hago alusión son parte de la ruta de la vida, de ese camino que transitamos a tumbos, a ciegas, sin tener el control de lo que queremos y hacemos, porque no dejamos surgir al cuestionamiento, a la pausa para analizar ¿cómo continúa este libro que escribimos día a día? Y este análisis quizás no sea realizado en forma fehaciente, no por desconocimiento, sino por temor a enfrentar determinadas situaciones difíciles de asumir, de comprender, aceptar y tolerar.

De este modo, al escribir estas hojas adquirimos sabiduría. Según Lavater, para ser sabio “hay que aprender a interrogar razonablemente, a escuchar con atención, a responder serenamente y a callar” cuando no tengamos nada para decir. Para interrogar razonablemente, debemos permitir que la paciencia tome asiento a nuestro lado, dar paso al silencio de modo de serenarnos y ver las cosas desde una perspectiva clara. Escuchar con atención es brindarnos cien por ciento a quien tenemos delante de nosotros. Responder serenamente es no dejarnos llevar por el ofuscamiento, el enojo o la ira. Por último callar a debido tiempo es algo que nos cuesta muchísimo y requiere de un gran autocontrol.

Si bien el color blanco tiene un significado especial e intenta aclarar emociones y pensamientos, está relacionado con la búsqueda, con la paz interior. Sin embargo, es importante teñir nuestra hoja de todos colores que están en nosotros y que surgirán asombrosamente de la mano de nuestro estado anímico, en el que una lucha constante dará lugar una paleta inmensa, donde los trazos y la textura serán parte fundamental de esta obra.

Habrá hojas más completas, otras más inconclusas, algunas de mayor agrado otras no tanto. Algunas perfumadas con notas silvestres como el sándalo, lavanda, tomillo, laurel… y romero, porque los aromas, como las notas musicales nos llevan a momentos especiales, que el corazón guarda y atesora con profunda riqueza. Así tendrá lugar esa permanente búsqueda que el ser humano hace día a día, al comenzar una nueva jornada, en forma casi automática e inconsciente.

Si nos detenemos un momento veremos que hemos llenado muchas hojas en blanco, y que aún nos quedan muchas más por escribir, por plasmar con lo mejor de nosotros mismos. En la medida que tomamos consciencia de lo vivido es posible reparar en aquello que nos molesta, lastima, o no está como quisiéramos. Afortunadamente, cada día tenemos la posibilidad de revertir un gran número de acontecimientos y situaciones que forman parte de lo que somos y anhelamos.

Según Isaac Newton “lo que sabemos es una gota de agua; lo que ignoramos es el océano”. En tal sentido, esas hojas de ruta forman parte de esa pequeña gota sobre la cual tenemos conocimiento en la medida que miramos, analizamos y reflexionamos sobre lo que hemos vivido y experimentado. Cada situación y persona por nuestro camino dejan huella en nosotros, una marca sobre la que tenemos mucho por aprender.

Respecto a lo que conocemos, Einstein dice que “cada día sabemos más y entendemos menos”, porque en la medida que dejamos entrar a la humildad en nuestra vida, comprendemos que nos resta muchísimo por aprender, entender y avanzar. El ser capaces de reconocer nuestras limitaciones, defectos, nos permite mirar con nuevos ojos lo que nos rodea, con una cabeza abierta a los cambios en un intento por superar un mundo plagado de egoísmo, donde prima el yo como palabra más corriente.

Y el comenzar a llenar esa hoja día a día implica un gran desafío, porque cada día es un comienzo nuevo, en el que enfrentamos con valentía cada acto que sucede, por más que nos disguste o aflija. No todo es color de rosa, tampoco es blanco o negro, los matices están continuamente aflorando, en esa puja en la que toda la paleta de colores se presenta. Estar fuertes y capacitados dependerá de esa búsqueda personal y permanente que cada ser humano hace para superarse y crecer cada día.

Sin embargo, debemos batallar continuamente frente a una sociedad que nos da soluciones mágicas y efectivas para todos los problemas, posibilidades infinitas de comunicación, aparatos cada vez más sofisticados para todas la necesidades, olvidando que la necesidad básica está en nuestro interior, en el ser más profundo que debe ser nutrido constantemente, para lograr equilibrar la escritura de nuestras hojas en blanco.