lunes, 17 de diciembre de 2012

BALANCE DE FIN DE AÑO

Al terminar el año la mayoría de las personas suele hacer un balance del año vivido, se enfrentan a un gran espejo donde ven reflejada su figura en el correr de esos doce meses. Los especialistas en salud mental aconsejan no tratar de cerrar heridas abiertas, ya que no es el momento más adecuado, como tampoco plantearse metas inalcanzables.

Es así que los cuestionamientos, problemas por resolver y situaciones complejas, surgen de improvisto y se posicionan en rojo, generando enojo, frustración y enfado. Por lo general, estas sensaciones corresponden al fin de un ciclo, y estas manifestaciones son parte de la respuesta que da nuestro organismo a este período.

Por tal motivo, son frecuentes frases como: “estoy agotado”, “no doy más, necesito urgente un descanso”. Este cansancio y decaimiento es el resultado de lo vivido por la mente y el cuerpo, a lo largo de estos doce meses que culminan.

Más allá del resultado de este balance, es importante no olvidar que hay mucha gente que sufre: hambre, miseria, dolor, enfermedad e injusticia. Por eso miremos a nuestro alrededor y colaboremos con ellos.

Asimismo, no dejemos de dar valor a lo que realmente lo tiene, cosa que se complica cuando pretendemos analizar lo sucedido en nuestras vidas, porque la objetividad y la crítica parecen ponerse en contra cuando se trata de mirarnos hacia adentro.

Pero cuando nos preguntamos ¿cuánto hemos hecho y cuánto queda por hacer?, vemos que los balances no son obra solamente de contadores y economistas, sino del común de la gente que a determinada altura se cuestiona y analiza.

Quizás el momento más frecuente para los balances sea fin de año, pues acompaña el fin de un ciclo. Aunque se sucedan independientemente en cualquier etapa del año, dependiendo de nuestras necesidades personales.

Quienes son pesimistas verán el vaso medio vacío, pero al optimista aún le quedará medio vaso por tomar. He aquí un punto neurálgico en cualquier balance, la visión o perspectiva futura serán fundamentales a la hora de analizar los resultados.

La idea de cambiar determinados parámetros para enfrentar nuevos desafíos, demandará objetivos concisos y claros, producto de ese análisis que hemos realizado, muchas veces difícil de asumir y enfrentar.

Con respecto a las perspectivas, estas suelen ser distintas dependiendo de la altura de la vida en que nos encontremos, la experiencia marcará muchos cambios determinantes a la hora de apreciar y encarar la vida. Los años vividos, la situación que estemos enfrentando y el estado anímico influirán de manera ineludible a la hora de realizar este balance.

Probablemente lo que nos preocupaba a los veinticinco luego de pasados unos cuantos años, siga siendo de nuestro interés, pero desde otra perspectiva. No en vano pasan los años y de ellos algo aprendemos.

Es así que nuestra perspectiva cambia y nos vamos despojando de todo el cargamento pesado para alivianar el camino, dejando en el equipaje lo que realmente necesitamos, de este modo será más sencillo caminar y lograr ese equilibrio que todo ser humano busca para sentirse bien consigo mismo.

Pero cuando realicemos este balance, será muy importante ver dónde nos hallamos parados, porque quien viva añorando el pasado o soñando con el futuro, no podrá vivir el presente, el ahora, que es el tiempo vital de cada día. Asimismo, los resultados en sí no son tan importantes como lo que hayamos dado de nosotros mismos, y en esta cuenta casi inconsciente veremos que independientemente de los resultados cuando la entrega es realizada al cien por ciento, entonces las culpas y los reproches no tendrán lugar en el balanza, sólo se hará presente el sentir del deber cumplido, que no es poca cosa.

Y en estos momentos será un gran desafío “rejuvenecer como el águila”. El mito del águila me recuerda al ave fénix que resurgió de las cenizas. El águila es un ave que llega vivir 25 años, y en esta etapa sus plumas comienzan a caerse, su pico se gasta y ya casi no se alimenta. Sin embargo, algunas con un inmenso esfuerzo vuelan bien alto, y allí, a solas, se arrancan las plumas que les quedan y el pico. Tras un tiempo vuelven rejuvenecidas con un nuevo plumaje y su pico renovado.

Y los seres humanos a la hora de hacer los balances también somos como las águilas, algunos tocamos fondo y nos dejamos vencer, mientras que otros renovamos nuestras energías, nuestras esperanzas, para renacer, dejando morir todo aquello que nos perjudicó, nos empobreció, o quizás no sirvió para tomar el primer paso hacia el despertar.

El rejuvenecer del águila, implica tener coraje, agallas, estar abiertos a los cambios, a no dejarnos derrotar, a ver que aún es posible soñar, anhelar, buscar nuevos caminos y mirar con nuevos ojos.

El nuevo año debe alentar la esperanza, porque la vida continúa y queda mucho por hacer, por dar y por vivir. La vida es continuo devenir, el pasado ya fue, el futuro es incierto, por eso vive con intensidad el momento presente, sin afligirte ni contracturarte, por que “cada día es un comienzo nuevo” como dice Mario Benedetti , y continúa: "no te rindas, aún estás a tiempo, de alcanzar y comenzar de nuevo", pues "aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños, porque cada día es un comienzo nuevo, porque esta es la hora y el mejor momento".

No te Rindas

No te rindas, aún estás a tiempo

De alcanzar y comenzar de nuevo,

Aceptar tus sombras,

Enterrar tus miedos,

Liberar el lastre,

Retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,

Continuar el viaje,

Perseguir tus sueños,

Destrabar el tiempo,

Correr los escombros,

Y destapar el cielo.

No te rindas, por favor no cedas,

Aunque el frío queme,

Aunque el miedo muerda,

Aunque el sol se esconda,

Y se calle el viento,

Aún hay fuego en tu alma

Aún hay vida en tus sueños.

Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo

Porque lo has querido y porque te quiero

Porque existe el vino y el amor, es cierto.

Porque no hay heridas que no cure el tiempo.

Abrir las puertas,

Quitar los cerrojos,

Abandonar las murallas que te protegieron,

Vivir la vida y aceptar el reto,

Recuperar la risa,

Ensayar un canto,

Bajar la guardia y extender las manos

Desplegar las alas

E intentar de nuevo,

Celebrar la vida y retomar los cielos.

No te rindas, por favor no cedas,

Aunque el frío queme,

Aunque el miedo muerda,

Aunque el sol se ponga y se calle el viento,

Aún hay fuego en tu alma,

Aún hay vida en tus sueños

Porque cada día es un comienzo nuevo,

Porque esta es la hora y el mejor momento.

Porque no estás solo, porque yo te quiero.

Mario Benedetti

lunes, 3 de diciembre de 2012

CICATRICES

Son parte de nuestra historia, nos cuentan de nosotros mismos, de lo que somos y de lo que fuimos. Marcas, testigos silenciosos, que se hacen perceptibles en el cuerpo o en el alma.

Han cincelado lentamente, tallando, dejando huellas, surcos, espacios recorridos, marcando con su presencia nuestros días, haciendo cada uno diferente y significativo.

Si miramos con atención, recordaremos cada una y el preciso momento en que se originaron. Algunas dejan secuelas más severas que otras, pero todas tienen un sentido, un porqué, quizás sean interrogantes que nos permitan ver que nada es casual.

Las más difíciles de asumir o enfrentar son las que se instalan en el alma, esas generan un dolor profundo, intenso, que socava muy hondo.

“Lo esencial es invisible a los ojos. Sólo se ve con el corazón”, esta frase del libro El Principito, es la clave de toda cicatriz, pues sólo a través de nuestro corazón podremos percibir qué es lo que realmente nos marcó.

Generalmente, lo que está a la vista no es lo que dejó la cicatriz, es algo más profundo, no tan sencillo de identificar. Muchas veces requiere la ayuda de un profesional, que nos permita descubrir donde se generó y por qué.

Esta sumatoria de cicatrices forma parte nuestro ser. Aunque parezca algo contradictorio, algunas embellecen nuestra persona, pues nos otorgan sabiduría, conocimiento y experiencia, de este modo, aún de las situaciones más duras habremos de descubrir su valor.

Algunas tardan años en cerrar, otras quedan abiertas y al mínimo movimiento en falso, comienzan a sangrar y a doler. Y es en estos momentos, cuando desearíamos poderlas borrar con un pincel mágico que las hiciera desaparecer al instante.

Son producto de la vida, de no saber distinguir, de decidir de prisa, de no pensar, de atropellarnos y saltar al vacío. Por eso, algunas dejan una sensación de frustración, un sabor amargo.

En tal sentido, el tiempo es un gran cirujano plástico, logra aplacarlas, de tal modo que algunas desaparecen casi por completo. Apenas es posible vislumbrarlas con mucho detalle o detenimiento.

Y no sólo el tiempo colabora en la cicatrización, el aceptar lo que nos ha marcado, el poder eliminar sentimientos de culpa, de frustración, de dolor, de resentimiento, para convertirlos en aprendizaje, en conocimiento, en crecimiento personal. De este modo, se convertirán en una marca que nos ha permitido dar un paso más en el camino de la vida.

Aunque como seres humanos algunas veces contradictorios, lo que hacemos para aliviar dolores, sufrimientos, desencantos, parece ir en detrimento de la propia superación del problema, porque tomamos por sendas que realmente nos alejan de ella. En tantas ocasiones obligados por las circunstancias, y otras por nuestros propios conflictos internos.

Y días atrás, una persona amiga hablando de este tema dijo “yo no soy normal”, por eso me han ocurrido tantas cosas. Y les pregunto ¿qué es ser normal?, ¿es que acaso somos todos “normales”? Yo entendí perfectamente que esta persona se sentía diferente a los demás, pero creo que día a día a través de nuestros pequeños actos nos sentimos diferentes, no comprendidos y excluidos de una serie de situaciones, diría algo que a todos en algún momento nos sucede.

Sin embargo, algunas personas se muestran fuertes, impenetrables por nada ni por nadie, parecen sobreponerse a todo como si fueran de hierro. Sinceramente, eso no despierta admiración ni respeto en mí, por el contrario, me cuestiono y digo ¿qué es lo que les pasa, no tienen corazón?

Entonces, pienso han quedado anestesiadas, ya nada les inmuta, nada les conmueve, nada les afecta, y me recuerdan a las piedras estáticas y duras, generando resistencia a todo, hasta su propia existencia.

Aunque la anestesia es un producto que sirve para aplacar el efecto del dolor, como analgésico y calmante, quien se endurece a tal punto, es porque ya ha sufrido demasiado, y superado, en un acto de puro egoísmo, decide aislarse para seguir el camino de la mejor manera.

Y cada cual sabrá ¿cuál es la mejor manera de superar lo que lo ha dañado, lo que le ha lastimado? Sin embargo, el apartarnos o recluirnos en lugares confortables aislados, no es una solución factible, es una mera forma de seguir transitando. Y según Eladia Blázquez “permanecer y transcurrir no es perdurar, no es existir, ni honrar la vida”.

Creo que ser sensible es una gran virtud, que habla de la capacidad de las personas de sentir, de vibrar, de experimentar el sufrimiento, porque les importan sus semejantes, porque se comprometen con lo que hacen y dicen. En definitiva no han perdido el sentido autocrítico, tan esencial para corregir los errores.

Y algo que es importante recordar, es que al buscar el camino nos equivocamos, nos frustramos, y entonces decidimos inconscientemente auto castigarnos, porque las cosas no salen como desearíamos. Y aunque estas heridas que también pueden cicatrizar, son unas de las más complejas, porque son auto impuestas, en una suerte de castigo.

El castigo es producto de una educación arcaica en la que se nos inculcó que a través de él podemos educar y corregir en pro de mejorar. Estoy totalmente en desacuerdo, las cosas se hablan, se entienden, en el diálogo está la salida, en la búsqueda permanente por progresar, y no en la represión.

Surgen entonces de la mano del castigo, los límites, los que debemos implementar en forma personal cuando realmente tomamos conciencia de que son necesarios y parte de nuestra vida, no cuando son una exigencia o un formulismo.

El crear límites personales, para equivocarnos menos, es una decisión que requiere de un verdadero pensamiento crítico. Estos pueden ser estimulados por quienes nos quieren y rodean, pero en definitiva la decisión de respetarlos y llevarlos adelante, siempre es personal.

Y según Khalil Gibran “del sufrimiento surgen las almas más fuertes. Los caracteres más sólidos están plagados de cicatrices”. Seguramente, ellas forman parte del aprendizaje de hombres y mujeres, que tuvieron que caer y volver a empezar de cero tantas veces, con las bocas cargadas de amargura y desánimo, pero sin embargo, no se dieron por vencidos.

También reconozco que nos insensibilizamos, tras ver en forma continua atrocidades que no tienen ni pie ni cabeza, maltratos, insultos, injusticias y violencia, que aunque no seamos partícipes en forma directa somos testigos presenciales. Y así vamos perdiendo lentamente sensibilidad, tras dejarnos anestesiar por esa contaminación ambiental y mental que nos circunda y atrapa.

“Sabemos lo que somos, pero aún no sabemos lo que podemos llegar a ser”, así lo expresa Shakespeare, por eso intentemos que esas cicatrices nos fortalezcan en lo que vendrá, tras la búsqueda incansable por ser mejores personas.