lunes, 7 de marzo de 2011

HAY DÍAS QUE ENTRE TODOS NO FORMAMOS UNO


Por Andrea Calvete

Dicen que la alegría va por barrios, pero muchas veces también nos toca enfrentar problemas de salud, que nos preocupan y nos quitan por momentos la sonrisa del rostro.

Aunque sabemos que la Medicina está muy avanzada no nos resulta grato comenzar a chequearnos, pues parece el cuento de nunca acabar. Deberíamos internarnos un par de días y hacernos todos los estudios pertinentes, pero resulta imposible pues las camas de hospitales o sanatorios apenas alcanzan para quienes tienen que estar internados.

Sin ir más lejos,  un grupo de amigos comenzamos a comentar nuestros achaques, y en tono de broma les dije: “Entre todos no formamos uno sano”, pues todos tenían lo suyo.

Quizás la salud es uno de los bienes más preciados, que tan sólo valoramos en instancias en las que se nos presentan algunas dificultades.

Y aunque entre todos no formemos uno es importante continuar, no perder las fuerzas y el ánimo,  pues es cuando más precisamos de ellos.

Estos momentos en los que nuestro organismo se ve afectado por algún problema, tomamos conciencia de tantas cosas que en ese vertiginoso correr olvidamos.

Olvidamos que existen muchas personas que sufren dolor, miseria, hambre, guerras, enfermedades, discriminación, abuso, marginalidad… y que necesitan ser ayudadas.

Sin embargo, pese a todos estos problemas creo en el ser humano, en que existe gente buena, capaz de hacer tanto por sus semejantes. No debemos perder la fe en el hombre pues allí ya no creeremos en más nada.

El no creer en nada significa permanecer, transcurrir, sin ser partícipes, como si nos ubicáramos por fuera del mundo, pero nuestra vida es aquí y ahora, debemos reaccionar, y enfrentar los desafíos que se nos presentan, sin olvidar de que las personas que nos rodean precisan de nosotros, tanto como nosotros de ellas.

Finalmente, aunque algunos días  no formemos uno, debemos pensar que ya vendrán tiempos mejores y “al mal tiempo buena cara” e intentar dormir sin miedo y despertarnos sin angustia, quizás así resulte menos complejo enfrentar lo que nos ha tocado vivir.